Bonita ruta la de hoy

Publicado: diciembre 26, 2011 en Crónicas
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Hemos acudido al parque: Enrique, Samuel, Roberto, Marta, Eduardo,Feliciano,  Raul, Juan Carlos y yo (Iñaki).

Saliendo por el cementerio en dirección a Cascante, aun no teníamos claro, a donde íbamos exactamente.

Finalmente decidíamos ir a “monte alto”, pues pese a estar bastante cerca, muchos del grupo no habían visitado la zona anteriormente.

Empalmamos caminos, hasta encontrarnos bajo “Los Royales”, que sería la primera cuesta del día.

Una vez arriba, vamos rodando por los toboganes de la zona hasta atravesar la carretera (antígua vía romana), que une Cascante y Fitero.

El camino que llevamos lleva directamente a la zona en cuestión.

A todo esto, estoy pendiente de realizar una investigación consistente en averiguar, que beben Roberto y Enrique cuando salen de marcha, porque parecía que todo ritmo era poco y desde Murchante se pusieron al frente del grupo tirando de todo él.

Yo, conocedor de las rampas que tendríamos que ascender a continuación, iba reservando tras ellos, mientras que alguno, aun estaba sudando los cubatas de “noche buena”, mientras cantaba la de “hacia Belén va una burra rin rin…” (y mira que ha ído y vuelto la burra varias veces…).

Poco después empezaban las primeras rampas y ya no teníamos noticias de la burra, ya que el esforzado cantante, bastante tenía con respirar y transpirar el alcohol…jijiji

Llegados a la primera cota de altura, nos detenemos porque Enrique lleva una rueda baja.

Casi todos llevan una bomba muy “fashion”, pero a la hora de inflar…la del menda!!! que no es tan fashion, ni tan ligera ni pequeñica…pero a la hora de inflar… infla… jejeje

Aprovechamos para reponer fuerzas con alguna barrita, aunque alguno ha abierto incluso un “RedBull” (mucho de isotónico no tiene pero vaya…).

Aviso a la tropa de que a continuación toca un paso un poco técnico y todo el mundo asciende sin mayores problemas, mientras contemplamos gran parte de la ribera y hasta los pirineos.

Llegados al siguiente cruce, toca sufrir un rato, ya que las rampas a las que nos vamos a enfrentar tienen zonas del 18%, así que, con filosofía y paciencia, vamos  progresando (de la burra….na de na… ni una sola llamadica a ver que tal estamos…;-) ).

Llegados arriba, nos detenemos a recuperar el aliento y esperar a la gente. El día está precioso, pero la temperatura es tan baja, que los charcos continúan helados, incluso aquellas que están al sol…

Continuamos la pista que llevamos y tras superar varios toboganes llegamos a la bajada.

El entrenamiento y los kilómetros han permitido que los más pesados consigamos ascender las cuestas mejor, pero no hay entrenamiento deportivo, que permita a “los flacos”, bajar como los más “grandes”.

Es por ello que normalmente suelo bajar de los primeros, aunque hoy la competencia que me ha salido era de campeonato, y tanto Juan Carlos como Feliciano eran huesos duros de roer…

Al llegar al final de las rampas más fuertes, nos habíamos separado tanto del grupo que hemos bajado el ritmo a fin de esperar al resto.

Algunos kilómetros más adelante, llegábamos a la parte más alta de Tarazona y concretamente en el punto, donde hasta hace poco estaba la fábrica de chucherías.

Samuel tomaba el mando del grupo y se ponía al frente, descendiendo por las callejuelas de Tarazona, como alma que lleva el diablo. El resto, bastante teníamos con seguirle zigzagueando y sorteando los obstáculos que la ruta callejeril, de por si imponía.

Eramos bastantes los que nunca habíamos visitado la “sima de Grisel”, y es por ello que decidimos subir hasta este pueblo para acercarnos a admirarla.

La verdad es que es una formación admirable y que impresiona ver situada en medio de un campo de olivos.

A pié, bajamos hasta el mirador, desde donde se puede ver el fondo con seguridad. Seguidamente y tras admirar la boca desde varios ángulos, proseguimos nuestro camino, porque las horas pasan y el medio día ya está cerca.

Algunos de nosotros, nos habíamos cambiado de guantes (a unos menos calurosos) y hasta habíamos sacado las orejas por encima de la braga, pero la bajada de Grisel a Tarazona, nos hacen detenernos para volver a colocar todo el abrigo en sus sitio. QUE FRÍO!!!

En Tarazona, nos encaramos hacia la vía verde del Tarazonica, donde empezamos rodando tranquilos…sobre unos 24 kmts/h.

Raul se pone a mi lado y me dice, seguro que conociendo el percal, salís disparados, no?….

Respuesta: -“Dale tiempo a la gente. Alguno saltará…y ya está armada…”

Llevábamos unos tres kilómetros y al frente Enrique y yo, aumentamos el ritmo hasta los 31 km/h, aprox. para ir tranquilos pero ligeros.

En ese momento, Marta que iba tras de mi, me dice:

-“Iñaki, te voy a relevar que llevas ya un ratico”

El resto ha debido entender:

-“Esto no puede ser. Tenemos que salir disparados y sálvese el que pueda!!!”

Empiezan a saltar uno tras otro, mientras aumenta el ritmo de forma progresiva.

En un momento determinado, me toca a mi y cuando miro el cuenta kilómetros me marca 43 km/h. Con razón me van las pulsaciones, como van…

Los relevos se suceden y cuando no estamos delante, el ritmo se puede sobrellevar, pero el ponerse primero a esta velocidad en una mountain bike, es realmente duro de mantener.

En Tulebras, alguien comenta entre jadeos, que hay gente que se ha descolgado y no se le ve, así que reducimos el ritmo para esperarles  reunir el grupo.

Tras unos minutos de espera, nos regrupamos y continuamos hasta pasar Cascante donde “la gente”, empieza a tomar posiciones de nuevo.

Salta Roberto, dando un hachazo al que varios respondemos aprentando los dientes y rebasándonos unos a otros de forma contínua. Para cuando nos queremos dar cuenta vamos de nuevo por encima de los 40 km/h y de esa forma llegar a la estación de Murchante en un periquete.

Tranquilamente vamos pedaleando hasta el pueblo, donde nos vamos dispersando, no sin antes saltar la último desafío del día.

Llegados a la cuesta del médico, Samuel sale disparado hacia arriba mientras yo a grito pelado, no acierto a darle caza…jejeje

Han salido unos 65 Kilómetros, muy divertidos, por zonas donde no solemos rodar mucho y lo mejor de todo es que nos hemos quitado de encima la cena de Nochebuena y la comida de Navidad.

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