Crónica: Y llegó el invierno…

Publicado: noviembre 25, 2013 en Crónicas
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Me da igual si alguien sale a apuntillar que aun estamos en otoño y que si bla bla bla…

En el club, se sabe cuando es invierno, porque  se levanta aire, hace frió y el pelotón se queda en cuadrillica (y por las justas).

Chelu anunciaba el día anterior, la ruta, en la que proponíamos SOLO 60 kilómetros y por zonas sin complicación.

Que si quieres arroz Catalina.

Amanece, se mueven las hojas de los árboles… y ahí termina la ruta para la mayoría.

Por otro lado, algún que otro animado, llegaba al parque a las 9:00.

Cesar y Diego, desde Tudela, llegan cuando ya empezaba a pensar que rodaría solo (Iñaki). Un par de minutos después, Jarauta aparece acompañado de Carlos (Sierra), que se estrenaba hoy con el club.

Bajamos hacia Tudela, muy tranquilicos y tapándonos como podíamos del frío cierzo.

Recordamos que Inés, nos había dicho que los chicos del Clara Campoamor, también tenían como destino, El Balcón de Pilatos, por lo que apretamos un poco el paso, pero sin forzar, que queremos que la gente repita y tenemos nuevo fichaje.

Nada más pasar el hotel “Aire de Bardenas” (ya decía Cesar que, el nombre le venía al pelo…), vemos a lo lejos al otro grupo de “luchadores del viento” comandado por Inés.

Los alcanzamos y ya juntos empezamos a ascender la cuesta que toca al dejar el curso de la carretera de Ejea.

Vamos subiendo tranquilamente pero las ráfagas de viento, a veces nos detienen la bicicleta en seco. No recuerdo haber experimentado nunca esa cantidad de aire sobre la bici… hasta ese momento.

Arriba esperamos al grupo que poco después asciende hasta el alto de Valdecruz, donde nos detenemos para esperar al resto.

Alguien comenta que, muy por detrás, Inés va acompañando a gente perjudicada, con lo que Cesar y yo  volvemos a bajar hasta encontrarlos, para intentar quitarles algo de viento.

Al final, son unos valientes y pese al esfuerzo, no se rinde nadie. Vamos despacio, pero sin pausa y aunque no podemos hacer mucho, intentamos aliviar algo el vendaval, a los que van más justos de fuerza.

Cuando ya queda menos de un kilómetro para el balcón, vemos que el grupo se ha detenido, resguardado tras las piedras de una vieja caseta de pastor, ya en ruinas. Se toman un par de fotos y decidimos continuar hasta el final.

Por el sendero que va junto al cortado, el viento alcanza su máxima fuerza y pienso que se me van a volar las gafas.

Nos desvía del camino y avanzamos como peleles, a su merced, pero sarna con gusto no pica y aun echo alguna carcajada viendo como Jarauta se agarra al manillar para no salir volando.

De vuelta, bajamos por el camino más recto, hacia la carretera de Ejea para facilitar que nadie se agote.

Cuando estamos junto a la carretera, Diego me dice:

-“No nos vamos a casa ya, no? no hemos hecho nada…”

-“Nooo, vamos a donde sea…”

Me dice que  el otro día salió y había una cuesta que tal y cual…  Pues adelante.

Al otro lado de la carretera está el camino y nada más meternos en él, aparece la cuesta arriba.

No es dura para nada, pero en la revuelta que tocaba contra el viento, parecía que se iba a partir la cadena…aunque después, con el aire en popa, subíamos sin esfuerzo alguno.

Arriba esperamos al resto y comprobamos que volvemos a estar, los Karrikiris y dos amigos, uno de Tudela y otro de Rincón de Olivedo que también les venía corto el otro recorrido. Mejor que mejor.

Empezamos a descender y lo del viento ya es un huracán fuerza 4, vamos…

Cesar y yo bajamos primero y detrás… todos acaban fuera del camino, por un barbecho, gracias a las rachas laterales (a nosotros dos, nos faltó bien poco).

Nos detenemos a esperar a los “exploradores de barbechos”  y mirando atrás, al camino, observamos como avanzan con la bici en diagonal, como si estuvieran tomando una curva peraltada, si bien el camino era un tiralíneas.

Por fin llegamos a Cabanillas y dado que el Ebro no se podría cruzar por el Bocal, decidimos volver por carretera.

El resto es coser y cantar. Nos despedimos de los amigos que nos han acompañado y tras dejar a los Karrikiris Tudelanos, llegamos a Murchante,  tras 58 kilómetros que supieron a más.

 

comentarios
  1. diego dice:

    Para ser un día tan malo lo pase muy bien y eso q casi me la meto bajando x culpa del huracán lateral.

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