Crónica: Entre las Lanzas y el Buste

Publicado: diciembre 4, 2013 en Crónicas
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La mañana parecía que no iba a ser mala del todo en cuanto a lo climatológico.

Al salir de casa, el culote de invierno, no llega a proteger de la temperatura ambiente y noto en las piernas la frescura de la mañana.

Cuando llego al parque, está Chelu que ha sido aun más puntual que yo. al poco aparece Guillermo.

Diego y Cesar, aparecen a continuación. Finalmente se suman Samuel, Aitor y Javi (alias: LondonMan) que como cada año en diciembre se une a nosotros, y Patxi, que repite con los Karrikiris, después de un MUY ventoso, fin de semana anterior en la ruta al balcón de Pilatos.

Salimos en dirección “al Saso” y pasamos junto a la laguna de Ablitas, para enlazar con la carretera que nos llevará a Malón.

Continuamos hasta que, casi al salir de Cunchillos, alcanzamos un desvío que nos interna en camino de nuevo, en dirección a “Las Lanzas”.

Rodamos tranquilos, entre comentarios y cháchara.

En un momento dado, Aitor, me deja probar su flamante, e impoluta Scott que tiene la particularidad de incorporar la nueva medida de rueda 27,5 (o tipo ” 650B” para los más puristas).

A los mandos, me sorprende que en cuanto a ergonomía (y salvando la talla diferente que usamos ambos usuarios) está todo en su sitio. Me explico:

Hay bicis que en cuanto te montas, aprecias que el manillar está demasiado lejos en proporción a otras medidas, o que la inclinación de la tija te hace pedalear en una posición muy relajada o al ataque…

En esta no. Todo está casi igual que en mi Specialized y no me cuesta adaptarme ni un instante.

Rodamos varios kilómetros y si bien hecho en falta el “brain” (normal, me ocurre en todas las que pruebo), el resto es muy agradable.

Persiste esa sensación de ir en algo más grande, aunque no de forma tan acentuada como en las 29″ que he probado, cosa que es normal porque así es… pero no se nota esa torpeza en cuanto a reacciones e inercias en curva que se sentían en las de rueda grande.

Me desconcierta un poco la rigidez del conjunto (para bien) y no se que parte achacar al eje de rueda QR15, al carbono del cuadro…pero es agradable y ayuda a que la bici pase por donde se le indica, sin problema alguno.

Aunque finalmente, cuando se acerca la cuesta arriba, tengo que cambiar a mi montura, me ha gustado mucho las sensaciones que transmite la 27,5″.

Ascendemos hasta los molinos del puerto de las Lanzas (por camino) y arriba, nos detenemos a comer algo, esperar a que se recomponga el grupo…y pasar un poco de frío, por que no decirlo.

Reemprendemos la marcha y se me dibuja una sonrisa. BAJADA!!!

Un par de minutos después, en cabeza vamos Samuel y yo a paso de tortuga, echando pestes de una bajada sosa, sin pendiente ni aliciente alguno…

Como había precedentes y ya “algunos” enlazaron Lanzas y Buste a base de poner el modo rotabator…

Hago señales a un todo terreno de cazadores que viene de frente, para preguntar y nos dan las indicaciones suficientes.

Según las conversación mantenida, debemos bajar por la “cañada del chopo blanco” hasta la carretera del Buste.

Calculo que habría unos cinco kilómetros de camino/cañada, en la que aceleramos el paso y disfrutamos dando pedales en pelotón.

Al finalizar el tramo, llegamos a la carretera donde comprobamos que no queda otro remedio que ascender el Buste por asfalto, lo cual hace que se me caíga el alma a los pies (feo, soso y aburrido…arrrg). En ese punto Samuel y Aitor, conocedores de la oferta gastronómica de los bares Murchantinos, hacen mutis por el foro y nos abandonan en pos de  sensaciones culinarias… (triperos!!).

Empezamos a ascender y no me apetece nada de nada… ascendemos tranquilos hasta el pueblo y de allí callejeamos para adentrarnos en la pista que lleva a la bajada de los pinos (la idea era hacerlo por la cuesta del cementerio pero una pequeña confusión hizo que saliéramos a esta otra).

Ya bajo el Buste, el viento nos da de frente y un par que yo me se, empiezan a jurar en arameo (que si la ruta, que si el viento, que si el norte, que si yo… que si tal que si cual…). La cosa es que uno iba acatarrado y el otro llevaba demasiados fines de semana sin salir… así que…poco se podía hacer mas que aguantarlos (que es mucho!!!).

A ritmo tranquilo, para que los gruñones no se enfadasen, aun más, nos acercamos al Pago de Cirsus, pasamos junto al cerco de las vacas de Arriazu y llegamos a la carretera  Ablitas-Tudela, cerca del campo de aviación.

De allí nos volvemos a meter por “el Saso”, hasta llegar a la antígua estación de tren de Murchante.

Despedimos a parte de los Tudelanos y continuamos con Patxi que ha subido en coche hasta Murchante.

Finalmente salieron algo más de 60 kilómetros (no me fijé, la verdad) en buena compañía y disfrutando de la bici.

Gracias a Javi y a Patxi por unirse a nosotros. Nos vemos el fin de semana que viene!!

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