Crónica enviada por María – IV Night nd Bike Murchante

Publicado: junio 22, 2015 en Otros

CRÓNICA DE UNA VOLUNTARIA NOVATA

Me llamo María, soy de Murchante aunque vivo en Logroño y participé como voluntaria en la IV Night & Bike de Murchante.

Por distintas causas no había podido participar como voluntaria en las ediciones anteriores de la Night & Bike, pero este año, gracias a mi madre, Menchu, que ya había participado el año anterior y me avisó y yo estar libre de eventos por esas fechas, decidí dar un paso al frente y apuntarme como voluntaria.

En mi casa de Murchante, bueno la de mis padres, la Night & Bike se vivió muy intensamente: participaban mi hermano Javi, recién llegado de la Highland Trail en Escocia, mi marido Joaquín e Iñaki, un amigo de Javi, que por la mañana participó en la Irati Xtrem; pero del follón en casa ya hablará mi madre…

Por la mañana a las 11 fuimos mi madre y yo a por la equipación: camiseta chula y pito para avisar de la llegada de los corredores. En un mapa me indican mi posición: casi enfrente de la Peña el Jaleo, donde el corral de las vacas. Más arriba cortando la calle estarán Menchu y Antonia.

Marta le pide a Arancha que por favor le ayude a colocar los carteles de las duchas, inscripciones, parking de caravanas, etc. por el Polideportivo y donde la Báscula; y junto con Ruth, la bombera que por la noche participaba, nos fuimos a colocarlos ¡Enhorabuena Ruth!

¡Primera mujer en llegar a meta!

Tras el “duro” trabajo de la mañana nos fuimos a refrescar con una cerveza, allí estaban los Karrikiris tomándose un respiro antes del sprint final y la conversación era el tiempo, si el recorrido estaba limpio, que a ver qué tal esta noche… y sobre todo lo emocionante que es este acontecimiento en Murchante.

Después de comer el cielo empezó a cubrirse y a las 5 de la tarde, como en los toros, el cielo se abrió y decidió en convertirse en el protagonista de la tarde. Llovió y llovió con ganas…

Mientras buscábamos el método para pasar la noche al resguardo. La solución fue coger una sombrilla y forrarla de plástico para que no empapase, un par de sillas de camping para esperar… y rezar para que esa lluvia que deslucía todo parase. El ruego de tantas personas debió hacer efecto y a las 7 paró tras descargar 12 litros en el pluviómetro del patio. A esa hora llega Iñaki tras correr la Irati Xtrem, nos enseña sus guantes y el casco completamente empapados y con papel de periódico y dos secadores empezamos a secarlos. Tras media hora de uso intensivo de los secadores los guantes y el casco volvían a estar operativos.

Es la hora de recoger los dorsales, y allá vamos Javi, Iñaki y yo en representación de mi marido que aún no ha llegado…

Llega Joaquín y hay que preparar las bicicletas, el sótano se ha transformado en un taller. Se llevan a cabo los últimos ajustes, se controlan las luces… y se reza para que no empiece a llover.

A medida que se acerca la hora los nervios se van notando; mis padres se van de vinos antes de la salida, Javi e Iñaki a calentar y Joaquín no me deja salir aún. Por fin va al Polideportivo y yo me dirijo a la plaza a ver la salida. Un momento emocionante…

Ya lo han contado otros antes que yo, la salida pone los pelos de punta:

Todo el pueblo en la calle aplaudiendo a los valientes que se enfrentan a 49 kilómetros de ruta y con la incógnita de cómo iban a estar los caminos…

Tras la salida busco a Menchu y Antonia y me preguntan si he cogido mi kit de supervivencia (bocadillo y bebida) que se recogía antes de la salida. Yo en mi ignorancia de novata les digo que no y preguntamos si se puede aún. Santos nos indica que aún queda algo y allá vamos. Al avituallamiento previo.

Cogemos el coche y lo aparcamos a la entrada del pueblo donde vamos a pasar la noche y con nuestros bocadillos bajamos al bar de García a comerlos en la terraza, vemos a una pareja que se han retirado, les aplaudimos igualmente, y al Far Play a tomar “algo” antes de iniciar la jornada laboral. A las 11.05 subimos, hay que estar preparados a las 11.15.

Allá vamos, por si las moscas, es decir, por si vuelve a llover sacamos la sombrilla plastificada, las sillas plegables para esperar cómodamente sentadas la llegada de los corredores.

¡Teníamos un chiringuito en plena calle! Además fue un gran invento. Se veía de lejos y facilitaba el trabajo de Menchu y Antonia, los coches que venían por la carretera de la balsa automáticamente reducían la velocidad y se desviaban…

Con el chiringuito ya montado yo bajé un centenar de metros y me coloqué en mi puesto, entre la sombrilla y la Plaza del Quesito, enfrente del corral de las vacas. Ya sólo queda esperar… Poco antes de las 11.30 aparece Iñaki con la última recomendación: “Cuándo veas pasar a los corredores, toca el pito.” Y yo le contesté: “De acuerdo, eso haré”.

Todos estábamos expectantes, la rumorología decía que el primero estaba a punto de llegar, peñas y vecinos atentos y preparados para salir a aplaudir y animar a todos los ciclistas. Y de repente, ahí está el sonido lejano de un silbato y el del motor de una moto, arriba Menchu y Antonia, rodeadas de muetes comienzan a hacer sonar el pito “Piiiiii Piiiiii Piiiii….” ¡y ahí está el primero! son apenas las 11.40 y yo empiezo a hacer mi trabajo, “Piiii, Piiiii, Piiii” y como una exhalación pasa el primero… todos aplauden y gritan y ya está, a esperar a los demás…

Cuando llegan el segundo y el tercero sigo con lo mío. Al poco llega el cuarto y me dice: “¡Hola, hermana!”. Mi respuesta: “¡Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! ¡JAVIIIIIIIIII, CAMPEÓN!!!!”

La cuadrilla de muetas que hay enfrente cada vez que pasa un corredor anima con olas, palmas y el fabuloso cántico de “Quítate el maillot” y todos los corredores agradecen que unas chicas tan guapas y majas se dediquen a vitorearles en la llegada.

Poco a poco se va animando la carrera, los pitidos son continuos y los aplausos y ánimos a los corredores también. Al filo de la 1.20 una luz se dirige a mí y me saluda. ¡Es Joaquín, mi marido! Tras el pitido de rigor le grito “¡¡¡¡¡ÁNIMO CARIÑO!!!! Al resto de espectadores les grito: ¡ES MI MARIDO! y la ovación es de campeonato. Yo estoy emocionada porque en su primera participación ha logrado completar el recorrido. Tengo la garganta seca e irritada de tanto pitido (Gracias Peña el Jaleo, la cerveza me supo buenísima) y hacia la 1.45 vemos acercarse al último corredor, quads, motos y coche escoba, doy el pitido final, y finalizo mi participación con una sensación estupenda por haber podido ser una parte pequeñita de este gran evento.

Ayudo a Menchu y Antonia a recoger el chiringuito y nos acercamos a la plaza a ver el ambiente… ¡Inmejorable! Comparto con amigos, familia, voluntarios, corredores…. anécdotas, un caldico estupendo, sensaciones y la emoción de esta gran noche.

El año que viene quiero volver a repetir.

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