Crónica del fin de semana: Montealto y más alla.

Domingo 13 de Octubre: día resacoso en Murchante.

Como era de prever, la mayoría de Karrikiris están retozando mientras unos pocos salimos desde el sitio y horas habituales.

8:30 y en el parque  estamos Cesar Aguado, Diego, Jarauta y yo (Iñaki).

Esperamos unos minutos pero es inútil… cuando hay fiesta de por medio, este club parece una peña San Ferminera camino a los toros…

El verano se aleja y ya en mano del otoño, las mañanas se tornas frescas, cuando no frías.

Aun de pantalón corto, pero con el cortavientos en la parte superior, creo que voy suficientemente bien para el día de hoy que parece que será bueno.

Salimos hacia los Royales, y subimos la primera rampa del día, para seguir, un tramo por el recorrido de la prímera Night & Bike Murchante.

Ascendemos Monte alto, hasta donde lo hicimos en la nocturna pero, tenemos que detenernos porque inexplicablemente, he perdido un tornillo de una de las calas. Por suerte, Cesar, lleva de estos y tras reparar el problema, proseguimos.

Cuando llegamos al punto más alto de la ruta nocturna,en vez de bajar, continuamos ascendiendo hasta el repetidor,por una rampa más fuerte que nos obliga a agachar la cabeza. Ya arriba hay descenso seguido hasta Valverde.

Los Tudelanos discuten si tomar un café o seguir hasta el siguiente pueblo. Al final, se pasó la mañana sin detenernos.

Ya desde el repetidor de Monte alto, se escuchaban los rugidos de motores, que provienen de los bólidos que participan en un rallie/subida cerca de Cabretón.

Cuando salimos de Valverde, un ciclista que viene en sentido contrario nos anima a cambiar de ruta porque a él, le han cortado el paso, con motivo de la prueba deportiva de motor.

El propio hombre nos da la alternativa por medio de una carreterilla que partiendo desde donde nos encontramos, va a parar a Cabretón y Baños de fitero con un único cruce que da a elegir cual de las localidades mencionadas será el destino seleccionado.

Tras varios derroteros, nos decidimos ir hacia baños de Fitero, si bien no llegaremos porque en nuestra mente ya tenemos fijado el próximo desvío.

Nos detenemos en el punto donde hace dos años (cuando nuestras promesas participaron) pusieron el avituallamiento los organizadores de la cicloturista Cirbonera (en una curva de esa carreterilla).

Frente a nosotros una cuesta  con rampas del 20% que merecen una parada antes de ser afrontadas.

En menos de cinco minutos, hemos engullido una barrita y hemos guardado el maillot de manga larga, en previsión de los sudores que vamos a pasar en breve.

Empezamos la cuesta con paciencia y sin prisa, sabedores de que es más importante guardar el equilibrio, que otra cosa, y pocos minutos después hemos pasado lo peor y llegamos a un descanso.

Tomamos aire y vuelven las rampas aunque ya no son tan fuertes como las primeras.

Un poco de paciencia y coronamos.

Diego y Cesar que han llegado un poco antes, están mirando la cadena de Diego que se ha partido justo arriba.

Es momento para mostrar a Jarauta, uno de los mejores inventos tras la rueda y el fuego: El “eslabón rápido”.

En menos de  diez segundos, está puesto, sin necesidad de herramientas, compróbado y estamos en disposición de reempreder la ruta, aunque esta vez en sentido descendente.

Bajamos hacia roscas y me pongo delante por un sendero. en mal estado.

Me detengo a esperar al resto que bajan detrás cuando noto en la sién, un dolor agudo:

-“Aiuos$”·”diifddjsfs,fmnf@@”#$$2$!1! en todo lo que se meneaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!

Debía de ser avispa porque cuando llegan mis compañeros solo ven el enrojecimiento pero no hay rastro de aguijón…

Por cierto Chelu y yo aconsejamos llevar pomada para las picaduras como alo indisponsable en la camel de todo ciclista.

Por suerte, el aire viene fresco y me alivia pero aun llegaría a casa con el dolor del picotazo (debía de ser radiactiva la bicha esa…).

Pasamos junto a Roscas y continuamos bajando hacia el Espinete para terminar la bajada en el río.

Entramos a Fitero y salimos por el camino que hay junto al polideportivo y que nos llevará a Cintruénigo.

En el planeta Cirbón, hay un “algo” de motos de cros o así que no acertamos a ver bien pero continuamos.

Ya henmos salido de la población y nos acercamos al Boquerón y ocurre algo raro de verdad…

Pierdo un tornillo de la cala de LA OTRA zapatilla (me da a mi que una pareja han estado jugando con las herramientas que no debían…)

Por no molestar, decido continuar de esta forma hasta casa.

Han sido 66 Kilómetros don una mañana excepcional que celbramos con una caña junto a los chicos de carretera que han salido (ellos  sí, en buen número).

 

 

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Salída día 23 de Diciembre

Hola,

Como sabeis, la salida es de las que denominamos “promesas”.

Además es un día especial, ya que será nuestra salida de Navidad.

Esperamos veros a todos, seais socios o no.

Nos vemos el domingo a las 9 en el parque.

Crónica: A la cima de Moncayo

Ya hace tiempo que rondaba por mi cabeza, la idea de ascender en bici hasta la cima de Moncayo.

Terminado el calendario del primer semestre y a la espera de confeccionar el del segundo, la semana pasada propuse dicha ruta.

Como soy consciente de que, en nuestro grupo, hay mas gente tan descabezada como yo, sabía que no tardarían en responder… y así fué.

Durante la semana comento el tema con varias personas y sus ánimos son indescriptibles:

  • Es una matada…
  • Vais a llegar a casa a la hora de la merienda-cena…
  • Vais a ir con la bici al hombro todo el día…
  • Vais a rajar las cubiertas…

Fueron algunas de las frases de ánimo que unos y otros me daban…

Finalmente un amigo nos pasa un track, a la vez que nos advertía que cuando el subió estaba muy mal y le han dicho que ahora estaba peor (pues si que estamos bien…).

Visto lo anterior y en un intento de minimizar los problemas, pensamos en madrugar y quedamos a las 7:30 a.m. del domingo.

Por unas cosas y otras la salida, finalmente, se realiza a las 7:30 y partimos Guillermo, Chelu, Bauti, Dani, Cesar Aguado y yo (Iñaki).

Aunque hubo un amago de salir desde Murchante, tan negro nos lo pintaron, con la ruta que finalmente realizamos que desistimos de añadir otros 90 kilómetros adicionales a la ruta.

Llegamos, en coche, a Moncayo y aparcamos en la fuente de los Frailes.

El parking está al lado de la carretera que asciende hasta el Santuario, justo en el punto donde termina el asfalto y prosigue en forma de pista.

En la parte opuesta a la carretera, hay otra pista, y que será donde comienza nuestra ruta.

Empezamos rodando tranquilamente, en un intento de reservar fuerzas, visto lo que quienes habían ascendido, nos comentaban…

Avanzamos unos kilómetros y la pista va ascendiendo progresivamente.

Conforme más avanzamos, más dura se hace la pendiente, hasta que por fín, se estabiliza y avanzamos varios kilómetros con la subida sostenida.

Eso nos permite avanzar con un ritmo y cadencia adecuados y facilita el avance. Por contra, hace poco, ha pasado una máquina “arreglado el camino” y ha dejado tierra suelta que aumenta la dureza y hace que se clavfe la rueda en el terreno…

Las vistas son impresionantes y divisamos la zona de Cálcena desde una posición privilegiada.

Dejamos la pista y tomamos un sendero a la derecha que aumenta el porcentaje de ascensión de forma importante. Eso sumado a la gravilla que lo cubre, hace que descabalguemos y arrastremos la bici hasta llegar a la cresta.

Ya sobre la cresta, el sendero desaparece y el GPS nos marca, lo que en principio es evidente…

Continúar ascendiendo por la cresta, hasta llegar a la cima más alta.

El terreno es un pedregal que por zonas varía, desde lajas de pequño tamaño hasta pedreras, tipo morrena, compuestas por rocas del tamaño de hornos microondas…

En esos puntos, no quedaba otra que bajar de la bici y saltar de piedra en piedra, intentando no dañar la bici ni a uno mismo.

En otros puntos, con pendientes entre el 18 y el 23 %, montamos y ascendemos en molinillo, durante varios  kilómetros de “monte a través”.

Cada metro ascendido nos premia con mejores paisajes, hasta llegar a estar por encima de las nubes, algo que pese a ocultar todo lo descrito, también era digno de ver.

 

Al fin llegamos a la siguiente cima, más alta que la anterior y desde ésta divisamos la Morca ( aun más arriba y segunda cima más alta del Moncayo).

Continuamos por la cresta entre pedregales,  fuerte viento típico de la zona y precipicios a nuestra derecha.

Con todo ello y la soledad de la zona, la sensación de aventura y libertad es máxima.

En medio de u pedregal, tenemos que echar pie a tierra y arrastrar las bicis y es en ese momento que vemos a una persona bajar corriendo.

-“Madre madre!!! Que hacéis aquí arriba con las bicis!! Esto está muy inclinao para montaros y las tendréis que llevar del ramal.., por cierto, habéis visto alguna oveja por aquí??”

-“No…”

-“Es que más adelante hay un pastor buscando varias que se le han perdido y se ha subido hasta aqui arriba!!!”

Con versando con él, os dice que se llama Javier y es de Ainzón (un saludo desde aquí), y se brinda a tomarnos algunas fotos.

Cuando nos despedimos de Javier, avanzamos veinte metros y volvemos a montar en las bicis, haciendo equilibríos y varios intentos, solamente para poder cabalgar. Lo abrupto del terreno, la inclinación y el viento, hacen de esto todo un arte, difícil de dominar.

Finalmente el terreno desciende un poco para volver a subir más allá a la Morca.

Los metros de descenso, no son un alivio, porque también tenemos que ir muy despacio así que al menos dejamos de imprimir tanta fuerza en los pedales.

Es en este collado, entre esas dos cimas, donde encontramos a al pastor que Javier nos había anunciado. Con una oveja a su lado, u cordero retenido por las patas delanteras en su mano y el perro dando vueltas por allí, lo encontramos e intercambiamos unas palabras, sin desmontar de las bicis.

-“Buenos días!!”

-“Euuhh, habéis visto alguna oveja por allí?”

-“No, no hemos visto ni oído nada…”

-“Vale, que es que se me han escapado varias y a esta la he encontrado recién parida aquí mismo…”

Mientras nos alejamos, ascendiendo la Morca, me da que pensar, el hecho de que el pastor suba hasta casi la cima de Moncayo a buscar por kilómetros cuadrados de monte unas ovejas y el esfuerzo que requiere por parte de un hombre mayor, lo que a este le estaba tocando realizar.

Casi en la cima del Morca, tenemos que echar pie al suelo. La zona es de gravilla fina, mezclada con pedruscos como sandías y no hay quien ruede por ahí, así que vuelta al “modo arrastre”.

Avanzamos doscientos metros de ese modo y volvemos a montar, sobre un pedregal con elementos del tamaño de cajas de zapatos. Este terreno nos permite ensayar nuestras famosísimos cantes del equilibrio:

-“Ahiiiiiiii, ahi ahi ahi ahi”

-“Aaaaaaaa ufff ufff ufff Ahi ahi ahi”

Tan distraídos estamos mirando al suelo y apretando los dientes que casi no nos damos cuenta de que personas que syben a pié nos estan mirando con cara de sorpresa.

Al final, llegamos a su altura (acabamos de coronar el Morca) y charlamos con ellos:

-“Subís desde la parte de Agreda?”

-“No. Subimos desde la fuente de los Frailes”

-“Y como habéis subido? Sois humanos??  jujuuju estáis locos!!!”

Les explicamos la ruta y nos miran sin parpadear.

La verdad es que yo miraba a sus manos por si alguno marcaba de forma disimulada al centro psiquiátrico más cercano, pero gracias a dios, se ve que consideraron que aunque locos… solamente somos peligrosos para nosotros mismos…

Continuamos, ya por terreno bastante llano, con las vista del pico San Miguel (cima del Moncayo) al fondo.

Descendemos unos metros para atravesar el collado que une las dos cimas y encaramos el último repecho hasta la cima.

Por fin estamos en la cima del Moncayo.

Varios, vamos de corto ..y el viento viene que corta…

Así que salgo disparado a un semicírculo de piedra para resguardarme del viento, mientras mis compinches me siguen raudos.

La gente que sube, nos pregunta y mira con cara rara pero cada alpinista va con el equipo que quiere, no? pues el nuestro tiene dos ruedas…

Comemos una barrita y alguno de los dátiles de Dani y pedimos que nos echan una foto de recuerdo.

Bauti, que es precavido, había traido chaqueta de manga larga e impermeable.

Gracias a eso, me presta el impermeable y evito seguir temblando como lo hcía hasta el momento (que frío!!).

Mencionar que la bajada se debería de realizar por la misma ruta de subida y pese a ser técnica no sería extrema.

En nuestro caso, optamos por bajar, por el sendero que usan los montañeros para ascender, lo cual pasa a otro nivel de dificultad en descenso.

Arriba, bajo el sillín y monto.

Con las ruedas permanentemente sobre trozos de pizarra que se mueven y resbalan, pedruscos enormes a ambos lados, algún que otro precipicio y la inclinación del terreno hacen que Dani y yo estemos contínuamente montando (entonando de nuevo el canto del equilibrio) y desmontando en la bici, mientras otros optan por bajar permanentemente andando.

Tras mucho rato, derrapando, haciendo trial y cabriolas para no caernos, al fin, llegamos a la zona donde hay árboles.

El terreno aquí es mucho más fácil y pese a ser técnico, se baja sin la tensión de la zona anterior.

Entre raíces, escalones y árboles, descendemos, disfrutando como enanos hasta que un rato después nos situamos encima del cucharón.

Reunimos el grupo y proseguimos los pocos metros que nos quedan hasta nuestra recompensa.

Cuando estoy apunto de encarar la última rampa veo a una pareja de excursionistas mirando desde abajo y me quedo perplejo mirando al chico, mientras me voy acercando.

No puede ser.

Se parece… pero no.

Es de Caspe… y no tiene sentido que esté aquí, tan lejos…

Es que es clavadico al Saetas…

Cuando estoy a cinco metros, me dicen:

-“Hombre Iñaki!!!, pero que hacéis aquí!!!”

Nuestro buen amigo, ha coincidido una vez más con nosotros y nos alegramos de saludarle tanto a el como a su acompañante. Tras una breve charla, nos despedimos y terminamos la bajada en el bar (hotel / santuario), donde damos cuenta de la recompensa.

Son las 12:40 del medio día, lo que nos permite relajarnos un rato para proseguir, minutos después, por el camino.

Aun no nos hemos alejado 500 metros, cuando Cesar, parte la patilla del cambio.

Parece mentira que después de todo lo pasado, se vaya a fastidiar en el camino, peor seguramente estaba a punto de caramelo desde más arriba.

Cesar lleva patilla de recambio, pero no le sirve (no es compatible), así que optamos por quitar cambio y cadena y que baje por “fuerza gravitatoria”.

Unos kilómetros más abajo llegamos a los coches.

Ha sido una ruta muy chula, lo hemos pasado genial y llegamos a casa dentro de un horario normal. Que más se puede pedir?

 

 

Crónica: Senderos de la negra (o… peleando con los tigres)

Habíamos quedado en la plaza a las 7:30.

La razón de tan temprana hora, fué que días antes, intentamos realizar la misma ruta con mucho calor y… la pájara fue monumental…

La llamada a los miembros del club decía algo como: Ruta bonita, técnica y no apta para promesas…

Y ante tal reclamo fueron varios Karrikiris los que no quisieron perderse la nueva ruta.

Puntuales, como siempre, acudían a la plaza Guillermo, Samuel, Marta, Toño, Juan Carlos, Bauti y yo (Iñaki).

El grupo lo comandaba Aitor (sherpa de la expedición).

Por  último acudía a la llamada, Dominguez, amigo del club Murchante (“Manolete team”), que viviría una experiencia…

“diferente” esa mañana y al que agradecemos la compañía.

Hay que decir que la ruta tenía un cierto nivel técnico y que si por un lado, no exigía grandes habilidades rodadoras, si que requería de una cierta costumbre y pericia técnica para solventar los problemas que el propio terreno iba poniendo a nuestro avance.

Es por ello, que este tipo de rutas, cuando el grupo participante es numeroso, se suelen alargar (caídas…, pinchazos…, no me atrevo a bajar por ahí…) y por tanto, había que madrugar para hacerla lo más tranquilos posible y salvando las horas de más calor.

Repartidos en los coches nos dirigíamos a la zona en cuestión hasta llegar a un improvisado aparcamiento en… la nada.

La ruta comienza con unos kilómetros de subida y con las piernas frías ascendemos tranquilamente y sin prisa.

Ascendidas las primeras rampas y unos kilómetros más adelante, damos con una de las rampas de “la plana de la negra” que sorteamos para proseguir a lo largo de una pista con suaves toboganes.

En un punto determinado, abandonamos la pista y avanzamos por un campo yeco que va a dar a algo parecido a un sendero (digo parecido, porque ni se veía, ni había huella, zona marcada o nada que se le parezca… jijiji).

Al poco de internarnos en “el sendero” oigo detrás de mi un:

-“Pero que es estoooooooo!!!!!”

Se me olvidaba mencionar que de las múltiples especies botánicas dotadas de pinchos… allí se reunían, hermosos ejemplares de todas ellas con alturas imponentes que abrazaban bici y biker con cariño.

Disfrutando como enanos, Aitor, Samuel y yo bajamos ligeros hasta que escuchamos atrás un ruido de maleza.

bueno, el ruido de alguien impactando contra maleza, describe mejor el sonido.

Esta sería la primera de las muchas veces que alguien abraza un matorral y casi no puede salir del mismo…

Continuamos bajando, con la atención puesta en la vegetación que hay a la altura del manillar y que constantemente se enreda en el mismo para ayudarte a descabalgar “por orejas”…

Una vez salvado un árbol caído, en el que tenemos que hacer cadena humana para pasar las bicis… hacemos lo mismo con otro casi igual, dispuesto pocos metros más adelante.

Tras los porteos, proseguimos por nuestro sendero de los tigres (es un nombre de lo más adecuado, visto que al terminarlo, nuestros brazos y piernas están igual, que tras una pelea contra felinos).

Avanzando unos cientos de metros, parece que el terreno está algo más limpio y disfrutamos del sendero, hasta que veo desaparecer literalmente a Samuel, delante mía. No me acordaba!!!

Giro a la izquierda y ABAJO… está Aitor y Samuel descendiendo por una… cuestecilla de unos ocho metros, unpelín inclinada. Moola!!!

Es de 4esas cosas que si las piensas… no las bajas, así que que encaro la bici y desciendo para avanzar un poco más hacian la ladera contraria por l a que tenemos que ascender. A media ladera, me detengo y vuelvo la vista para ver como baja la gente. a mi lado, Juan Carlos, que ha bajado tras de mi y también toma posiciones para ver el espectáculo…jijiji

Pasa Guillermo y tras pegar un frenazo y volver a trás (la primera impresión)… baja como un jabato.

Posteriormente, asistimos a un espectáculo de treking en el que unos se agarraban a las hierbas , otros se quedaban mirando desde arriba, pensando que era una broma…

La cosa es que finalmente todos acabamos bajando y sorteando el obstáculo.

La ladera en la que estoy detenido, termina en una nueva pista, que seguimos en sentido descendente.

Tras un par de kilómetros por el camino, giramos 160 grados a la derecha y ascendemos hasta llegar a otro punto clave.

Esta vez me toca ir primero, por un sendero en sentido ascendente.

No es especialmente técnico y está mucho más limpio que el anterior. Aquí ya no hay vegetación con la que pelear, si bien discurre por un bosquecillo.

Avanzo unos cientos de metros y miro atrás. Solo veo a Guillermo y decido parar para reunir al grupo.

Tras  escuchar varios:  “clonch”, “plas”, “catapum”…

Aparecen unos riendo y otros con camuflaje (léase: ramas por el cogote y aderezos similares).

Continuamos ascendiendo sin incidentes y llegamos de nuevo a otra pista. Segundo objetivo conseguido…

Rodamos ascendiendo en primer lugar de forma suave, para posteriormente bajar una larga cuesta. Y como todo lo que baja sube (¿o era al revés?)…

Toca ascender.

La pista serpentea por una ladera en una cuesta ascendente de varios kilómetros pero sin gran pendiente.

Nos la tomamos tranquilamente y llegamos arriba.

Allí decidimos detenernos a comer algo.

Samuel saca un trozo de membrillo que parece una bovedilla, mientras el resto no alcanzamos a entender como ha sido capaz de subir con los (aproximadamente) 90 kilos que debía pesar el trozo de membrillo…

Repuestas las fuerzas, continuamos por el camino el sentido descendente pero sin perder mucha altitud.

Hoy celebran una cicloturista por esa zona y vemos cintas de balizamiento, colocadas por la organización de la misma.

Nos toca meternos en toro sendero/bosque, esta vez en sentido de bajada y nos lanzamos a por él.

Cuando estamos casi abajo, el gúia nos dice que estamos fuera de track, así que decidimos y pensamos que lo mejor es descender por la pista que hay a escasos 50 metros y empalmar con el sendero en sentido ascendente desde más abajo.

El camino baja hasta un punto en el que nos metemos hacia arriba por un sendero que se “supone” es el mismo que llevábamos de bajada (pero que posteiromente descubriríamos que no lo era).

Subo en primer lugar y detrás mía va Juan Carlos.

No llevaríamos mas de 200 metros de sendero cuando tenemos que sortear una pendiente llena de hoja de pino en leve curva.

Me siento lo más atrás posible y agacho el tronco hasta casi tocar con la barbilla la potencia.

Venga, venga!!! que derrapa!!!!  ufff…. arriba!!!

Trás de mi escucho algo como:

Derrapaaaaaaaaaaaaaaa!!! Clonch!!!! crack cotocrock!!!!

-“Que puta mañanaaaaa!!!!”

Pienso que no ha llegado a caerse “del todo” y prosigo unos metros hasta que miro atrás y no veo a nadie.

La leyenda cuenta que los animales corrían despavoridos, los pájaros salien en bandadas abandonando el bosque al oir semejante retaila de juramentos y ver a Juan Carlos en el suelo, de espaldas, con las zapatillas en sus calas perfectamente ancladas y las ruedas mirando al cielo, mientras Samuel y Toño lloraban (de pena debía ser…).

Aparece, el que cabalga boca arriba, un poco polvoriento, tras de mi y seguimos.

Tengo que agachar la cabeza hasta pegar con el manillar porque hay una rama de pino que atraviesa el sendero.

Pasa Juan Carlos… y ya no había rama de pino….

El chico es valiente y prosigue, mientras los de atrás ven facilitado el camino gracias a las buenas acciones del “Expreso de la Bardena”.

El sendero asciende de forma mas abrupta y frente a nosotros hay un río de piedras que a muchos nos recuerda ciertas zonas de la “Cañada de los Roncaleses” (piedras del tamaño de las que conforman las paredes de una catedral…).

Esta vez no queda otro remedio que descabalgar y arrastrar la bici hasta que terminan ese terreno y volvemos a montar y ascender hasta la pista que hay arriba.

Arriba Juan Carlos me enseña la mutación…

Señala cierto punto de su espinilla en la pierna izquierda y el diagnóstico es claro.

Le ha salido un tercer testículo en la pierna!!!

La “tri-testiculitis” hace que le duela (debe ser el aumento de testosterona).

Mantenemos la rara enfermedad en secreto para no alarmar al resto y seguimos por camino.

Tomamos un desvío a la izquierda y Aitor se pone al frente.

Un desvío a la izquierda y otro a la derecha nos llevan a un sendero que desciende, primero de forma suave y posteriormente se torna en una trialera soñada por cualquier biker que guste el enduro.

Por este orden, Aitor, yo, Samuel y Juan Carlos, bajamos como si de una culebra se tratase y disfrutando como pocas veces, sobre una bici.

No se oye a nadie detrás así que nos detenemos para reunir al grupo.

Al poco, aparece Guillermo, seguido de Bauti con una sonrisa de oreja a oreja, así que no hace falta ni preguntarles si les ha gustado.

Yo estoy un poco preocupado porque no es el terreno que mejor se le suele dar a Marta, pero, ésta, me deja a cuadros. Sorprendentemente tampoco tarda mucho el resto del grupo y “la secre” dice que le ha gustado…

Pues hija, si eso te ha gustado… no se ya a que le tienes miedo… (lo celebro).

Unos cientos de metros después damos con una pista, por la que recorremos unos metros y nos metemos en otro larguísimo sendero que llanea la mayoría deltiempo y otras veces asciende suavemente.

El paisaje, es digno de ver, con barrancos a nuestra izquierda y paredes a nuestra derecha, entre pinares y bajo los cortados formados en la parte trasera de la plana. Estoy alucinando…

Parece que el grupo, definitivamente, le está pillando el truco a esto de los senderos y la técnica, así que vamos más juntos, hasta que varios kilómetros más adelante vamos a parar, a una pista por la que transcurre la prueba cicloturista.

Coincidimos con varios participantes y llegamos al avituallamiento, donde, a pesar de decir que no eramos corredores, nos animan a comer y beber algo.

Nosotros que somos muy recatados (si, en ese momento, si..) declinamos el ofrecimiento, para seguir por un camino diferente al que lleva la prueba.

Charlando, que te charla, se nos pasa el punto donde teníamos que enlazar con el siguiente sendero y Aitor nos dice que hay que dar vuelta atrás…

Alcanzamos el punto correcto y nos avisa:

-“Este tiene mucha piedra”

La primera parte del sendero tiene una pequeña subida, con una tría en medio y piedras que hacen difícil la progresión, pero seguidamente empezaba una bajada con grandes piedras y algunos escalones por la que nos lanzamos disfrutando.

Abajo nos detenemos y falta uno.

Esperamos unos minutos y no aparece así que varios vuelven a buscarlo mientras Juan Carlos muestra el tercer elemento a  a los que allí nos encontrábamos…

Tras anunciar el diagnóstico, Marta riéndose, pide que se escriba en la crónica, par aque quede constancia de tan rara mutación, mientras Juan Carlos, pese al dolor, se lo toma a risa y de buen humor.

Aparece el perdido. Había pinchado pero todo quedó arreglado.

Continuamos por el sendero que hace unos toboganes y se adentra en una zona más frondosa, cuesta arriba, donde aumentan las pulsaciones, pero, para cuando queremos darnos cuenta, estamos en el camino de nuevo.

Aitor nos anuncia que ha sido el último sendero y que ahora la pista ya nos conduce de vuelta.

Realizamos el trayecto de vuelta de unos 10 kilómetros, hasta los coches donde terminamos la ruta.

Personalmente ha sido una de las vueltas más bonitas que he hecho nunca, si bien es verdad que alguno (más acostumbrado a la carretera, no tiene la misma opinión que un servidor), así que si quieres tener tu propia opinión sobre la ruta… tendrás que hacerla.

P.D: Esta va al calendario Karrikiri SI o SI (opinión generalizada), por lo que, si no has sido uno de los afortunados/as que la ha realizado, tendrás tu oportunidad.

Crónica: XI Marcha BTT “Villa de Cintruénigo”

Antes de las 7 ya escucho vibrar el teléfono movil.

Varios están habñando sobre el tiempo.

Que si está cayendo la mundial. Que mi bici no vuelve a tocar el barro. Que otra vez al taller. Pues yo voy en chándal y ya veremos. Que si yo directamente dejo la bici en casa…

Visto el plan, casi dejo la maleta en casa y salgo dispuesto a pasar la mañana en algún bat¡r cirbonero, almorzando.

Salgo de casa y ahí esta la furgoneta conducida por Guillermo. dentro Inés y Samuel me miran para ver que cara pongo…

-“Te dije que iba a llover…”, me dice Samuel

-“Grrrrrrr”

En la plaza esperamos al resto de coches. Nos desplazamos 20 Karrikiris y algún amigo más que sin ser del club,  harán bulto en el frente Murchantino.

Las conversaciones siguen el mismo hilo que antes….

– “Que mal, este tiempo, los caminos  estarán hasta arriba de agua y barro…”

– “Hace una hora diluviaba…”

Montamos y ponemos rumbo a Cintruénigo y yo, estoy convencido de que hoy no participo. No estoy dispuesto a pasar por el taller, debido al barro por enésima vez.

Samuel y Guillermo, ni si quiera, han sacado la bici de casa y van a pasar la mañana. Cesar (cope), se deja arrastrar y pese a llevar la bici en el coche, opta por devolverla a su casa…

El pesimismo, está en el ambiente.

Llegados a Cintruénigo, empezamos a hablar de nuevo sobre el tema.

Unos preguntan a gente del pueblo, otros hacen de meteorólogos aficionados…

Finalmente alguien dice:

-“Me ha dicho un tío que hay barro de aquí a Fitero y después está todo bien.”

La verdad es que no me lo creo pero, quiero hacerlo.

Vamos a la zona de retirada de dorsales y finalmente nuestras promesas empiezan a retirarlo.

Yo me desespero.

¿Como vamos a meterlas en este jaleo y ahora no salir con ellas?

Doy mas vueltas que un tigre en su jaula.

Marta Bonilla me dice:

-“Venga, vamos retira el dorsal..!!!!”

Chelu, me mira:

-“¿Que hacemos?”

Yo:

-“Si sales tu, voy yo…”

Dos minutos mas tarde estamos corriendo a las furgonetas a cambiarnos. No se si hemos hecho bien pero  era lo correcto.

En línea de salida estamos (y espero no olvidar a nadie):

Roberto y Oscar, Chema y Emilio, Eduardo, Cesar Aguado, Bauti y su mujer (Laura), Marta Bonilla, Marta Garriz, Merche, Sara, Inés Martinez, Ruth, Chelu, Enrique Lezcano y yo (Iñaki).

A lado de la salida, de pié y mirándonos con cara de: “no sabéis donde os metéis”, están Guillermo, Samuel, Cope y Arancha (y cuanto se arrepentiría después de no haber sido un pelín mas valiente…).

Salimos y tras dar una vuelta turística por Cintruénigo, salimos junto al río en duirección a Fitero.

Nada más empezar el camino y por un laterál de éste. Un tío con pocas luces y medio desequilibrado, venía paseando en dirección contraria.

Para evitar que nosotros, los ciclistas, le hiciésemos “algo”, el señor iba paraguas, agarrado a dos manos, blandiéndolo cual caballero andante con su lanza, y así, si alguno se despistaba y se metía en su trayectoria, poder ensartarlo, cual pincho moruno.

El camino tiene barro pero de momento no es nada exagerado.

Entramos a Fitero por la zona del polideportivo y tras llegar a su calle mayor, bajamos para salir hacia el puerto del Espinete.

Hacemos la primera rampa por asfalto y enseguida nos desvían a camino.

La subida es larga y rápidamente el pelotón se estira.

En un abrir de ojos, nos hemos quedado un grupo de cinco (Ruth, Enrique, Chelu, Marta y yo). Las promesas están por detrás y el resto han salido por delante.

En las primeras rampas, adelantamos a Chema y Emilio, que pese a la subida aprietan los dientes y no se dejan vencer.

Ruth se pone primera y tira de nosotros. Adelantamos a mucha gente y parece que las piernas responden. subimos en grupo compacto y pese a lo larga que es, mantenemos el ritmo.

En la ultima rampa, a Chelu se le caen las gafas y tiene que bajarse a por ellas.

Empieza la bajada y le esperamos, mientras Ruth se escapa.

Bajamos despacio y sin prisas pero aun así, se termina en un abrir y cerrar de ojos.

Nos indican que hay que subir de nuevo, esta vez por asfalto, hasta la cima del puerto.

Calculo que quedaría un kilómetro y en asfalto subimo más fácil.

Nada más llegar arriba nos desvín por un camino que desciende por un pinar, pero pierde poca altura.

Al poco, volvemos a subir una rampa, larga pero suave. El saber que estamos a altura y no ver montes mucho más altos por la zona, da seguridad, sabiendo que no puede picar mucho, así que continuamos a ritmo.

Quien nos había dicho que el barro estaba únicamente hasta Fitero, estaba de lo más acertado, y las pistas de monte por las que discurre el resto del trazado están en bastante buen estado.

Es en esta rampa cuando adelantamos por primera vez a un “ablitero”, conocido de Marta, que le insta:

-“Como disfruta Marta de su relación peso/potencia”

Empieza la bajada y vamos los primeros de un grupo de unos 20 cilcistas.

Llega bajada y bajo disfrutando, hasta que miro atrás y no veo a nadie, así que reduzco el ritmo hasta que veo al ablitero, a ritmo de trolebús.

Me adelanta seguido por otros dos y al poco aparecen mis compañeros.

La cuesta abajo termina y vuelve a subir, con lo que el ablitero vuelve a quedar atrás.

Al adelantarlo, le preguntamos:

-“Estás apuntado a la Night & Bike Murchante?”

-“Si, que vamos un grupo y tal…”

-“Ahhhh… porque te íbamos a pegar un palizón, ehhh”

-“Todo lo gordo que tengo, también lo tengo de fuerte, así que como Marta me hacen falta una docena…jejeje”

Frente a nosotros se aparece una rampa y la reconozco, ya que hemos bajado por ésta alguna vez.

Les digo que termina ahí mismo y arriba hay gente haciendo fotos.

El Ablitero, al escuchar que termina ahí mismo, arranca, con todo lo que tiene, para salir delante de Marta en la foto, jijiji (es de Ablitas, y se las saben todas…).

Comienza la bajada, por una cuesta que conozco bien.

Llevo delante al Ablitero y a otro chico de rojo.

Sigo al de rojo, pero no le veo bajar muy seguro y opto por adelantarle y alcanzar al Ablitero.

Charlamos y terminamos de bajar juntos, aunque cuando termina la rampa tengo que esperar, mientra él continúa.

El camino por el que circulamos a continuación está embarrado (siempre lo está) y seguimos a ritmo tranquilo.

Eduardo va ahí delante, a unos 5o metros, hoy se quería probar y Ruth un poco más adelante.

Miro a mi izquierda y veo una rampa… Vamos que más que rampa, parecía el K2.

Salimos a una carreterilla y vemos a un chico de la organización.

La ruta corta, discurre recto por la carreterilla y la larga por el K2.

Marta pregunta:

-“Por donde vamos?”

El chico nos dice:

-“Recto. Estáis a 13 minutos del primero así que ya por la corta”

-“Uhhh?”

No me hacía ilusión subir semejante rampa sin arnés ni piolets, pero que te digan que no puedes, te deja…

Bueno, mejor, vamos frescos y así seguiremos frescos…jejeje

Seguimos y un tío se mete entre nosotros metiéndo rueda.

Marta sale disparada y tras ella nosotros tres.

El chico acelera y chelu me hace un gesto. Al ataque!!! jijiji

Salimos a relevos y aunque no se la velocidad a la que íbamos (el barro ahogó a mi pobre cuenta kilómetros), pero perdemos al chico  de vista.

Más adeltante entre tobogán y tobogán se ve el avituallamiento. Enrique toma la delantera y nos lleva a ritmo hasta dicho punto.

Llegamos los primeros, ya que hemos sido los primeros a los que nos han permitido hacer la larga.

Dicen que nos van a reunir a todos en este punto y nos lo tomamos con calma, discutiendo si lo de los 13 minutos no era poco tiempo entre el primero y nosotros para hacer la larga, que si las promesas irán bien…

Llevaríamos poco más de 10 minutos parados y aparece Marta Garriz. Toma!!!

Ha seguido a unos chicos, que se han metido por unos viñedos y tal… y han acortado varios kilómetros…

Oye, eso que te llevas por delante…jijiji

Poco a poco va apareciendo el resto de la gente.

Un conocido de Chelu de protección civil, nos contería después que solamente el primero subió el “K2” montado en la bici y que el resto hicieron un ejercicio de arrastre de MTB por el pedregal.

Tras más de media hora parados, nos hemos quedado fríos y tenemos ganas de volver a reemprender la marcha.

Las promesas llegan y parece que están medianamente bien.

Una de ellas, me pregunta:

-“Hay más cuestas de estas”

-“Otro tanto”

Esperaba verla desmayarse, pero se me queda mirando como si le hubiera dicho cualquier cosa y responde:

-“Ahh… pues nada…”

Llega Laura y nos dice que Bauti ha partido, por dos veces la cadena y se ha tenido que retirar. Una pena, pero ella, sigue como una campeona.

Salimos y estamos casi al final del polotón. Algunos empiezan a correr y toros esperamos a que aquello se estire.

Rápidamente me doy cuenta del porqué, de que nos hayan reunido.

Hay una aprte de camino que se recorre en sentido inverso y por seguridad (y acertadamente), los organizadores, han preferido no tener tráfico bicicleteríl en ambos sentidos de la marcha.

Empieza de nuevo el ascenso y ponemos ritmo. empezamos a adelantar a “chopocientos”, hasta rebasar de nuevo, al “Ablitero” que dice andar con calambres. pues nada, nada, tranquilidad y ya está…

Seguimos adelantando a gente y más gente (parece que lo de subir es lo nuestro, quien me lo iba a decir a mi hace “4 días”…) hasta que a Chelu se le sale la cadena por se empeña en no volver a su sitio, por lo que nos adelanta media caballería.

No problem. Desde 50 metros más abajo oigo vociferar a Chelu:

-“Arranca Iñaki, arranca….”

Volvemos a nuestro trote Karrikiri y volvemos a adelantar a la gente

.”Hola…”

-“Cuanto tiempo…”

La subida es larga y entre unas cosas y otras vamos hablando de nuestras cosas.

Llegado un momento, mientras adelanto a un chaval, sudoroso y con la lengua fuera me dice:

-“Pero que Coj..es!!!! se puede saber que hacéis habñando y riéndoos??? No puedo ni respirar!!!!”

No se que responder, así que le animo:

-“Venga que queda poco!!!”

Seguido miro arriba y no veo el final de la cuesta… Así que le sonrío y contínúo a mi ritmo, seguido de mis compis.

Finalmente llegamos arriba, por una última rampa especialmente dura y sorpresa, sorpresa. Allí está Bauti.

-“Me han traido aqui, me han arreglado la cadena y estoy esperando a Laura”.

-“Hombre que alegría… bien bien…”

Manolo (el de la Eti) que estaba allí de reportero gráfico, insta a Chelu a que se retire, dado que está en medio y no puede echar fotos.

Seguimos y tras una corta bajada toca subir por carretera.

Enrique dice que estamos en el Espinete por la otra parte y una vez situado, creo que estamos casi en la cima.

Llegamos rápidamente a ésta y nos detenemos. Chelu tiene sangre en una rodilla y no sabemos que ha pasado ()no se ha caído) pero va a la ambulancia a que lo curen.

Esperando a que salga, Marta me comenta:

-“Creo que ha pasado Sara”

-“Si?, pues vamos a por ella cuando salga Chelu.”

Reemprendemos la marcha y cantando con alegría…

(quiero decir que “Cantando con alegría o vienen con alegría” era el título de la canción que cantábamos… seguida por otras como alabaré y similares… cualquiera que nos oiga… juajuaua).

La rampa es suave y cantando, cantando, llegamos casi arriba donde vemos a Sara y le damos caza para ir todos juntos.

Bajamos tranquilos pero si bien Sara asciende muy bien, las bajadas, aun le dan respeto. a Media bajada nos detenemos y le damos algún consejo que le ayude a ir mejor.

Ya en la carretera de Cascante a Fitero, el terreno se pone llano y rodamos hasta Cintruénigo, donde tenemos una última sorpresa. Algunos de nuestros familiares y amigos nos han venido a ver y nos jalean al llegar. QUE BIEN!!!!

Posteriormente, disfrutamos de la comida entre risas y amigos, para terminar una jornada de lo más divertida.