Empezando la temporada

Ya casi no recordaba esto de escribir crónicas, pero bueno, seguro que las ideas regresan conforme vaya tecleando…

Tras un verano en el que unos han ido a la Calcenada, otros de vacaciones, algunos ni recuerdan donde guardaron la bici allá por junio e incluso algún karrikiri que ha encontrado karrikir@ que lo quiera… habrá que empezar de nuevo.

Este pasado domingo y para empezar a quitar el óxido a máquinas y Karrikiris, Guillermo nos incitaba a ir a Moncayo.

Al lugar de siempre, al parque, acudíamos Guillermo, Marta, Cesar Aguado, Fermín, Daniel, Feliciano y yo (Iñaki).

Saliendo por el cementerio y cruzando la carretera que va de Cascante a la balsa de pulguer, orientábamos las bicis en dirección a Tarazona por caminos muy bien conocidos por todos, cuando menos porque parte de éstos fueron parte de la pasada edición de la Night & Bike Murchante.

Como es habitual, siempre ocurre alguna anécdota y en este caso en una zona “técnica” a un compañero se le ocurre subir por donde no se podía: resultado: vuelta de campana, arañazos, susto y… finalmente se levantó con una sonrisa preguntando:

-“Alguien lo ha visto?”

Transcurren los kilómetros y cuando Cesar nos deja (osea, que el DEJA de tirar del grupo…), vamos charlando y poniéndonos al día, hasta que empiezan los toboganes y cuesticas cercanas al embalse de agua, se terminan las conversaciones, empiezan los tirones… vamos… lo habitual…

Llegamos a Tarazona y ascendemos rodeando la población hacia el embalse de Santana, y de allí a Torrellas.

Perdiendo la tradición, no nos detenemos y continuamos a Los Fayos, donde paramos a comer algo.

Algunos aun se quedan tomando café, mientras otros continuamos hacia Vozmediano a ritmo lento, tranquiiiiiilo y sosegado mientras charlamos.

Tanto hablar hace que los 10 kilómetros casi exactos de cuesta arriba que separan los dos pueblos, pasen sin darnos cuenta, mientras los cafeteros nos dan caza justo cuando llegamos al cruce con la carretera.

Proseguimos todos juntos hacia Agramonte, donde la mayoría decidimos bajar y solo Dani y Feliciano se animaron a continuar para arriba.

Volvímos tranquilos y sin asustar a nadie por el Tarazonica señal de que estamos flojos…jejeje

La cosa es que al fin hemos vuelto a rodar y más nos vale porque el último fin de semana de Septiembre (un mes queda)… tenemos tajo…

P.D: Doy por hecho que las promesas (o ex-promesas que ellas ya me entienden…) habrán entrenado para la ciclo de Fustiñana (acordaros de la inscripción!!!).

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Crónica: Vozmediano y CASI Grisel

El tiempo no era nada malo…sino fuese por el creciente viento.

Al punto de la mañana (las 8:30 a.m.) no soplaba mucho y aparecía la gente en el parque rápidamente.

Será el tiempo que va mejorando (ya no hace esos fríos de semanas atrás), o que estamos en puertas de la Javierada o vete a saber que confluencia de factores, han animado a los 17 que salíamos hoy:

Oscar, Samuel, Enrique,Dani, Marta Bonilla, Enrique (compañero de Marta), Eduardo, Guillermo, Feliciano, Marta Garriz, Inés Orta (te avísé…), Juan Carlos, Chelu, Cesar Cope, Cesar (Tudela), Bautista y yo (Iñaki).

Empezábamos la ruta, saliendo del pueblo por el cementerio. Como la amalgama de niveles y gentes erá muy dispar, rodábamos suave, mientras charlábamos de esto y aquello (de aquello más que de esto, concretamente). Llegados a la carretera que va de Cascante al cruce de Corella (la que pasa por la balsa de Pulguer), atravesábamos la vía para cruzar una zona de rampas cortas pero divertidas que nos dejaban en otro camino.

Sin saber como, el grupo se divide y no vemos a la otra mitad.

Vuelvo y unos cientos de metros detrás aparecen rodando. Han tenido que parar un instante, pero ya está.

Me uno a ellos y empalmamos con el resto que esperan detenidos.

Avanzamos un par de kilómetros más e Inés decide volverse a casa (la verdad es que hoy no era ruta para personal no acostumbrado a la bici y es la mejor decisión ya que mejor al lado de Cascante que internados en la maraña de caminos en la que nos íbamos a ver inmersos más adelante).

Seguimos, sin parar de ascender, de forma suave pero contínua por un camino que nos es conocído a la mayoría, puesto que solemos realizar esta ruta varias veces al año y pasan los kilómetros entre conversaciones y la frase del día (Marta: “Bébe”). La pobre Marta Garriz, abrasada por mi cansina y repetitiva voz, hacía caso y será por eso o no… menuda ruta ha realizado…

En determinado cruce y a escasos dos kilómetros de Montealto, girábamos 90º para poner rumbo a Tarazona.

Eso implica cambio de tipo de camino, más ancho y mejor piso… y pequeños toboganes o rampas que teníamos miedo de que mermase las fuerzas de quienes fueran un poco justos de fuerzas, pero nada más allá de lo normal, porque todo el grupo superaba las rampas bastante bien.

Por fin llegábamos a la última rampa de ese tramo, y que termina en el sifón que cruza el camino, para empezar a descender hacia Tarazona.

Que bien se va cuesta abajo !! jejeje

Llegábamos a Tarazona por la zona de Tórtoles y tras un pequeño despieste, subíamos por detrás de la cuidad, ascendiendo hacia el embalse de Santa Ana.

Desde allí ya olía a bocadillo (claro está… depend de lo fino que tengas el olfato, pero es que el mío a la hora del almuerzo es tal que ni el de un podenco) y tras un corto periplo por la zona, nos encontrábamos en el bar de la Lupe en Torrellas.

Hoy no estaba y su hermana al ver llegar a semejante grupo ha decidido pedir ayuda, por lo que al poco ha aparecido la susodicha.

Nunca he tendo complejo de comer lento, pero una de dos… o yo como lento o esta panda de lob@s hambrientos devooooora!!!. Porque acaban casi tod@s antes que yo…

Tras un pedazo de bocata y un café, seguimos hacia los Fayos, para, desde allí emprender la subida a Vozmediano por la pista que discurre junto al río Queiles.

Es una zona muy chula, al resguardo del viento y la subida no es exigente (aunque muy contínua).

Son 10 kilómetros de subida desde Los Fayos y dado que Marta Garriz se animaba a probar, la otra Marta le aportaba un chute de glucosport.

Valiente, ha subido hasta escasos dos kilómetros de Vozmediano, donde finalmente ha decidido dar la vuetla, acompañada or Chelu que pese a estar casi convaleciente, ascendía como un campeón (ya verás con el flaco…).

Guillermo y yo que estábamos acompañandoles, nos quedamos solos y visto que íbamos muy retrasados del grupo, subimos como trolebuses, hasta el cruce con la carretera (donde nos están esperando algunos de nuestros compañeros). De allí a Vozmediano quedan escasamente 500 metros donde el resto espera.

El tirón para alcanzar al resto hace que empiece la ascensión a Agramonte  bastante alto de vueltas y cansado pero una vez alcanzado mi ritmo, voy recuperando, poco a poco, mientras gano altitud.

Llego al cruce de Agramonte, donde paramos para reunir al grupo y empezar la bajada.

Desde este punto la ruta consistía en bajar hasta el siguiente cruce y ascender ala diezma (molinos de Grisel), pero las horas han pasado y entendemos que hay que bajar a casa, por lo que emprendemos el descenso a trote lechonero (o dicho de otro modo.. a too meter).

El viento arrecia cada vez más y bajando por el tarazonica, el “expreso del Termolúdico” (Juan Carlos), pone todas sus horas de bici estática al servicio del grupo.

El pelotón se divide en varios trozos y finalmente nos reunimos en la antígua estación de trén de Murchante para despedir a los Tudelanos y empezar a husmear al viento de cara, por si trajera eflivios de la comida que vamos a degustar en breves momentos.

Parece que ya es una tradición no terminar esta ruta (la parte de la Diezma) y la próxima vez avisaremos al bar para no perder tiempo esperando los bocatas. Pero han sido 80 kilómetros que de no ser por el fuerte viento fronto-lateral durante la vuelta, han resultado de lo más divertidos.

La semana que viene toca la Javierada y empezaremos el viernes a las 8 en casa de Oscar para dejar las cosas (incluyendo la manta “antiroces”). Acordaros!!!

Diciembre se estrena con Moncayo nevado

Ya empieza a ser habitual que, por compromisos de unos y otros, las rutas de los fines de semana se producen tanto sábado como domingo (unos salimos un día, otros el otro y alguno…ambos), y es que diciembre tiene “muchos tajos” porque si no es una cena de empresa, es el evento de no se donde… y es dificil coincidir todos en un mismo día.

En cualquier caso, ayer sábado quedábamos en el parque: Marta, Guillermo, Roberto, Samuel, Eduardo, Toñin (manolete) y yo (Iñaki).

Como había llovido, horas antes, se presentaba el dilema de a donde ir: A la Bardena no, porque sería un barrizal. Hacia el Buste, tres cuartos de lo mismo…

Nos quedaban dos posibles direcciones: O hacia los montes de la zona de Cintruénigo, o hacia Moncayo.

Ambas zonas cuentan con caminos de bastante piedra y por tanto menos barro (eso…en teoría al menos).

La decisión final se toma, viendo lo blanco de un Moncayo ya blanco y por tanto nos decidimos a subir.

Salimos por el cementerio, hacia Cascante y antes de llegar a la granja sita en la carretera de la balsa (a la salida de Cascante), ya encontramos “chocolate” del rico… Vamos, un barrizal de los que hacen sufrir a las lavadoras, con solo verlo.

Con la ropa ya adornada y asumiendo que vamos a terminar rebozados, continuamos cruzando algún campo hasta llegar al camino que buscamos.

En este punto es donde Marta “discute” con un ladrillo, si el camino es de uno o de ella porque alparecer, ese camino era muy pequeño para ambos… (sonido de Western con duelo al sol…).

Cruzamos la vía romana (la que va de Cascante a Fitero) y continuamos en falso llano, por un camino que nos dejará a los piés del embalse de donde se nutren los depósitos de agua de los pueblos circundantes (entre ellos Murchante).

De allí cotinuamos, ya por caminos menos embarrados, hacia la siguiente población.

El día va a mejor, en cuento a climatología pero tengo los piés hechos un témpano de hielo. Menos mal que queda poco para detenernos…

Cruzamos Tarazona por encima, tomando una carreterilla que lleva al embalse de Santa Ana y desde dicho punto bajamos hasta la carretera que cruzamos y nos permite entrar en Torrellas.

Es curioso, que hay cuestas que siempre te marcan de un modo u otro, y la de la entrada de Torrellas, pese a ser muy corta y asfaltada, es de esas que siempre requieren de un esfuerzo mental para encararlas (y eso que una vez puesto, en un minuto estás arriba…pero que pereza da subirla).

Ya empieza a ser una tradición, que cuando hacemos esta ruta, paramos en el Bar de Samuel y la Lupe, buenos amigos, donde nos detenemos y comemos algo (y no voy a describir el menú…jejeje).

Con fuerzas renovadas, nos volvemos a montar en nuestras embarradas bicis y nos acercamos a los Fayos.

Cruzamos el pueblillo hasta el cruce que da acceso a la presa, aunque continuaremos recto, siguiendo el curso del río Queiles.

Es una zona con un paisaje digno de mención y conforme asciendes los 10 kilómetros que tiene el camino, se aprecian choperas junto al río, que discurre a nuestra izquierda, pinares en la ladera derecha y una falta de arbolado en la ladera superior izquierda en la que solamente se aprecian arbustos…

La subida, sin ser exigente, es sostenida y va desgastando, pero el día acompaña y aunque los piés indican que la temperatura es cada vez más baja, no se puede pedir más a un día de Diciembre.

En la entrada a Vozmediano, donde confluyen a carretera que viene de Ágreda y “nuestro” camino, paramos y esperamos unos instantes para reagruparnos.

Desde este punto, seguiremos ascendiendo por carretera hasta Agramonte, donde por fín daremos la parte de subida, por finalizada.

Aun estábamos barajando si ascender a los molinos de Grisel, pero la hora que marcaban los relojes, nos indica que teníamos que descender definitivamente.

El descenso trancurre de forma relajada y nos dejamos caer hasta Tarazona donde nos incorporamos a la vía verde.

En el Tarazonica (nombre común de la vía verde), empezamos bajando a 27 km/h, de forma relajada, pero poco a poco, vamos aumentando el ritmo, para terminar a relevos y apretando los dientes a ritmos bastante superiores…(hay que terminar de quemar…lo que hemos recargado en Torrellas…)

Hoy domingo, salían de nuevo, pero…id a saber a donde les habrán llevado las pedaladas esta vez… 🙂

 

Por la vera del Queiles

Habíamos quedado Marta, Guillermo y yo para dar cuenta de la salida semanal. Aesto se suma Raul con el que no disfrutaba de una vuelta en bici desde hace varios años.

Por unas cosas u otras Marta no podía, por lo que finalmente nos juntamos en la estación de tren de Murchante (la del Tarazonica, hombre…).

Entre presentaciones y saludos vamos pedaleando hacia Cascante con la idea de hacer “la ruta del Queiles” (me acabo de inventar el nombre así que no la busques en Google, porque te puede salir cualquier otra cosa).

Una vez en Cascante, nos desviamos para salir del pueblo por la carretera de Corella.

A la altura de la granja de vacas tomamos pista para ir subiendo hacia Tarazona.

Cruzando la vía romana y por una pista” que ya nos debe de conocer”, vamos rodando. Es aquí donde se aprecia el silencio, señal de que la pista pica para arriba y el ritmo, sin ser alto, no nos permite chanzas…

Toboganes y cruces varios nos dejan en una carreterílla (no se su denominación) que transcurre por encima de Tarazona y que pasa por una laguna cercana a Torrellas. A la cuesta asfaltada para entrar en el pueblo parece que solo le falta el cartel de: “Aqui no queremos ciclistas”, porque pese a ser corta nos hace levantarnos del sillín.

Hoy vamos relajados y no tenemos prisa, por lo que paramos “en el bar de Samuel y la Lupe”, para almorzar, pero por causas familiares (de aumento de familia, concretamente) no están ninguno de los integrantes del matrimonio. No pasa nada, porque nos atiende de maravilla la hermana de “la dueña”.

Los bocadillos? pues del tamaño de un lanzagranadas (tanto es así que dejamos parte en el plato…QUE SI, creedmeee…).

Una vez repuestos de los primeros 30 kilómetros, continuamos hacia Los Fallos, pueblo que tambien dejamos atrás para llegar al cruce que sube a la presa. Tomamos recto la pista asfaltada por la vera del río, para volverse de tierra unos cientos de metros despues.

La pista es una maravilla de piso y sin tener rampas excesivamente exigentes, los proximadamente 10 kilómetros son de contínua subida por lo que empezamo a sudar, mientras disfrutamos del paisaje.

Raul, que no conocía la zona , parece que le está gustando y en varias ocasiones nos dice lo que está disfrutando.

Llegamos al final del camino, donde hacemos una breve parada donde se cruza con la carretera que viene de Agreda.

Paran unas despistadas en coche.

-“Estamos buscando Vozmediano, nos podeis indicar por donde…?”

– “Por ahí pero vamos, que como metas tercera te pasas el pueblo”

(cara de poker. esta tía no me ha entendido…)

-“Que nada que ahí mismo a menos de un kilómetro lo teneis”

-“Ahhh….gracias”

Continuamos la ruta por la carretera. Aun nos faltan unos kilómetros de subida, no muy exigente pero contínua hasta Agramonte, por lo que vamos subiendo mientras disfrutamos de la ruta y de un día que en esa zona está perfecto tanto de temperatura como de viento…

Ya llevamos 49 kilómetros de subida y por fin llega la recompensa (NO, no volvemos a almorzar…:-) TOCA BAJADA…y como a algunos no nos gusta ni nada…

La bajada, por la carreteranos depara una sorpresa de infarto.

Un chico (inteligente, majo…) con un itroen ZX (aunque él pensaba que llevaba un Ferrari), por poco se nos come haciendo el “gamba, animal,bobo” en una curva, pero una vez salvado al chimpance (digo al conductor) del bolido…sin problema.

Para finalizar el día Raul protegonizo una caida tonta, casi en parado originada por el pinchazo en una rueda (y que no tuvo consecuencias).

Una buena mañana en buena compañía.