Crónica: Camino del agua soriano

Seis de la mañana.

Abro un ojo y me aseguro de que realmente es la hora de levantarse y no quedan un par de minutos para remolonear…

Y no, no queda más remedio que levantarme si no quiero llegar tarde.

Hoy no habrá vehículo de apoyo y llevamos los bocadillos y todo lo necesario en las “camelback”, así que la llevo, “a estallar”.

Como la bici se quedó en casa de Juan Carlos (en el carro), tengo que ir andando a la plaza (con las zapatillas con calas, la camelback y la indumentaria andando por el pueblo, me siento como un buceador paseando por la castellana).

Llego a la plaza donde Fermín ya está esperando, y en un par de minutos aparece toda la tropa.

El autobus llega con el carro de las bicis enganchado a él y montamos, rumbo a Soria.

Descargamos las bicicletas a la entrada de Soria y tras despedir a la conductora, buscamos un bar para tomar un café.

Por suerte a doscientos metros, hay uno y prácticamente nos hacemos los dueños del mismo, y arrinconando a los hombrecicos que de par de mañana estaban desayunando.

Un cortado con su croissant y algún churro después, salimos de la ciudad para empezar con la ruta en dirección a casa.

Bajamos por la carretera y bajo un puente tomamos un desvío que nos mete de lleno en el camino del agua soriano y que será nuestra ruta del día.

Empezamos pasando bajo la carretera y seguido, aun con las piernas frías, toca subir cuesta. Se oyen las primeras menciones al perfil de la ruta:

-“Pero esto no era cuesta abajo?” Pues se ve que no del todo…

La verdad es que tampoco era muy larga y una vez arriba, la pista empieza a descender entre la nacional y un pinar paralelo a ésta, hasta llegar al puente sobre el río Duero.

Primer objetivo del día conseguido.

La ruta consiste en unir en un camino el Duero y el Ebro, por lo que el primer punto está conseguido.

Guiados por Fermín y Enrique con sendos GPSs seguimos por carretera un par de kilómetros hasta que al pasar el siguiente pueblo, nos desviamos a la derecha para volver al camino.

La ruta está totalmente indicada y balizada, con carteles de color granate que facilitan seguirla de la forma correcta.

Vamos rodando a buena velocidad pero sin atropellarnos por un paisaje que mezcla los campos de cultivo en secano, con zonas de sotobosque y carrasca, por caminos en buen estado que se aprecia que han cuidado para promocionar la ruta.

Cruzamos la carretera y pasamos junto a estaciones de tren, abandonadas y maltrechas por el tiempo y el descuido en su mantenimineot una vez la vía cerrada.

Pasamos a una zona rompepiernas de sube y baja contínuos donde el grupo se estira más de la cuenta, por lo que decidimos parar para esperar y que la gente se recupere un poco.

Dos minutos después de la llegada del último, continuamos para cruzarnos, con tractor/excavadora (llevaba pala, eso sí) y seguido con un corzo asustadizo que salía corriendo y quedaba vigilñandonos desde una loma cercana, por si las moscas.

Continuamos varios kilómetros hasta que al pasar junto a un torreon medieval, decidimos detenernos y dar cuenta de los bocatas.

Mención a parte merecen las barritas (de chorizo, no de las energéticas) de alguno o la flauta de otro que hubiera dado para alimentar a una familia entera.

Guillermo ve un tractor y se acerca al hombre que le advierte que ahora nos toca una cuesta… de las buenas.

Recogemos y continuamos en busca de esa cuesta, hasta que llegamos a un pueblo donde pasamos por una fuente… madre que fuente… con motobomba incluida…

A la salida del pueblo, no hay duda de por donde va el camino y nos esperan un apr de kilómetros de subida bastante durillos.

Y no solamente por el desnivel a salvar, sino porque, la sangre no está por la labor de socorrer a las piernas ya que la tenemos concentrada en el estómago.

A base de aprentar dientes pasamos el que, para un servidor será el peor momento del día, mientras pedaleo pensando en el mal momento elegido para almorzar.

Arriba esperamos el resto del grupo que va ascendiendo al ritmo de cada cual.

Mientras esperamos, Roberto y Marta se intercambian la cámara de vídeo y empezamos a descender, por una pista llena de grava que no ofrece mucha seguridad, por loque bajamos bastante despacio.

No hemos descendido mucho, cuando tenemos que volver a subir, mientras se produce otro encuentro con 3 corzos de buen tamaño.

La pista vuelve a bajar y pese a la gravilla, aceleramos un poco y vamos saltando los pequeños troncos que hay cruzados cada cierta distancia en el camino.

En un momento, Oscar que va delante de mi da el alto.

-“Quietooooossss”

Delante nuestra hay unos escalones bastante pronunciados que terminan ahí abajo, e una vía abandonada y que hay que bajar muy despacio o a pié.

Seguimos por una pista que poco a poco se torna en llano cuando dan el alto de nuevo.

Feliciano ha pinchado.

Para cuando queremos parar, hay 4 mecánicos en torno a la bicicleta que al parecer ha pinchado las dos ruedas.

Mientras reparan la avería, el resto nos relajamos echados junto al camino.

-“Mira, mira!!!”

Me dice Roberto.

Giro la cabeza y veo a Feli, inflando la rueda a un ritmo que calculo metería del orden de, 9000 litros de aire por segundo, en la rueda y aun no entiendo como la bomba de inflar no reventó ante semejante test de resistencia.

Que campeón!!!

En un instante estabamos de nuevo en marcha y proseguiamos hacia muro de Agreda, donde lo que parecía una cuestilla, sin mucho desnivel, nos hace tensar de enuvo los músculos.

Salimos del pueblo para continuar cuesta abajo, hasta que Enrique, nos dice que hay que tomar un desvío a la izquierda.

Miro y veo un cuestON.

El grupo se detiene porque el otro GPS dice que la ruta es cuesta abajo y por fin Enrique confiesa:

-“Es que allí arriba, hay un mirador y tal…”

-“Yo no quiero mas cuestas, que menudo día llevamos”, dicen por atrás.

En cuanto dicen eso, la sentencia está echada:

-“Arriba!!!”

Subimos hasta cerca de la estratosfera a la cima de un monte donde sacamos algunas fotos y disfrutamos de las vistas, aunque comprobamos que no hay salida y por tanto hay que volver atrás para proseguir con la ruta.

Llegamos a Agreda, donde paramos y reponemos bebida comprada en un supermercado y después de un pequeño ló con llos GPS, salimos por un parque (parque de la dehesa, creo que se llama).

La pista va directa hacia Moncayo y la pista se hace más dura, ascendiendo bastantes metros en poca distancia hasta que gira y tras un par de toboganes, empalma con la carretera que lleva a Aldehuela.

Es en este pueblecillo, donde nos desviamos por un sendero que baja hasta el nacimiento del Queiles donde comemos algo y continuamos 500 metros para tomar café en el bar de Vozmediano.

Volvemos a montar para bajar por una pista bien conocida por nosotros y que discurre junto al río Queiles en dirección a Los Fayos.

Ya en este pueblo, salimos por un camino rodeado por choperas y arbolado de otras clases que lo hace muy bonito.

Tan distraidos vamos que en una curva se produce un choque, sin consecuencias, con un grupo que viene en dirección contraria.

La tropa continúa para pasar bajo la carretera y tener que encarar la uñtima subida de la jornada hasta el cementerio de Tarazona y posteriomente atravesar esta población para terminar en el Tarazonica.

Empezamos suave peor como siempre la cosa se va a celerando y poco despues me veo rodando a toda velocidad, pirmero a 40 Km/h…

La velocidad va a umentando y parece que a 45 km/h se estabiliza, hasta que llegando a Tulebras el grupo da otro acelerón provocado por El Espreso del Tarazonica y rodamos entre 48 y 53 Km/hora.

Llegamos a la estaciónd e Murchante en un plis plas y nos despedimos tras mas de 115 Kilçometros

Ha sido un día muy chulo, con una  ruta que recordaremos gratamente.

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Camino del Agua Soriano

No hace mucho tiempo, publicábamos aquí mismo, el calendario de actividades para 2012.

Hay que decir que era de lo más completito, pero siempre hay sitio en el año para meter alguna otra cosa, si ésta lo merece… y parece ser el caso.

Nuestra, Lady Bonilla (Marta), siempre deseando hacer cosas nuevas, nos pone los dientes largos con esta ruta que al parecer también es conocida como “Camino Antonio” y que va de Tudela a Soria.

La ruta tiene una longitud de 116 kilómetros, pasando por Tarazona, el Moncayo (Vozmediano) para unir el Ebro y el Duero en una sola ruta.

Téngase en cuenta que desde Murchante el inicio estaría en la parte derecha de la imagen

Como la promotora de la ruta ya está imaginandose haciendo la ruta y un servidor no va ser quien le quite la ilusión :-), habrá que pensar en una fecha para su realización, no?

Dicho esto os dejamos una serie de enlaces con información más detallada sobre la ruta para que vayais disfrutándola, incluso antes de rodarla.

P.D: Ya está actualizado el calendario de actividades 2012, incluyendo esta salida

Enlace del Ministerrio de Medio Ambiente

Sitio en Facebook dedicado a esta ruta

De Murchante al Ferial de Rada

Después de tanto cambio de propuesta durante la semana, finalmente hemos realizado, la que “el presi”, nos había diseñado.

Como ya sabíamos que la cosa podía alargarse, decidimos quedar a las 8:30 y no a las 9:00 como estamos acostumbrados, en el sitio de siempre.

El pelotón de hoy lo conforman Guillermo, Enrique, Roberto, Samuel, David y yo (Iñaki).

Entre las vacaciones de algun@s, las cenas de otr@s y las visitas a parques temáticos de algun@ más…quedábamos nosotros para cumplir con el fin de semana y creo que hemos mantenido el listón en su sitio.

Salimos de Murchante en dirección Tudela (por la cuesta de la cooperativa) y tras el puente de la autopista nos desviamos, a la derecha, para bajar por el camino.

El tiempo, a esta hora, es fresco pero como ya habían vaticinado Roberto y Enrique, más tarde haría buen día, dado que el sol brillaba y no soplaba viento.

Una vez en Tudela, primera parada para inflar mi rueda trasera que en una rotonda ha hecho un estraño. Bueno, que todas las paradas sean así…

Bajamos por el casco viejo  al puente del Ebro y lo atravesamos para girar a la izquierda nada más terminar el puente, por el camino que va junto al río.

No llevamos 500 metros de camino y segunda parada, porque yo llevaba un tornillo flojo (tanto limpiar con detalle y después me dejo las cosas a medias…jejeje). Ya me ha dicho Roberto que se sale de casa con todo revisado (y que razón tiene).

Rodando, a ritmo tranquilo, vamos acercándonos a la recta de Arguedas, a donde, 500 metros antes de llegar, coincidimos con un grupo “de los de Gamen”.

Entramos en un camino que discurre paralelo a la recta (creo que son 8 km de recta) y empezamos a rodar tranquilos.

Entre los comentarios de unos y otros empezamos a hablar de carreras y sin darnos cuenta empezamos a tirar a un ritmo mayor.

Que si uno tiene hambre, que si el otro almorzaría…vamos, que para cuando llegamos a Arguedas, tenemos claro que hoy toca almuerzo en algún sitio (juasjuas, Chelu: sé lo que estás pensando y esas palabras son MUY feas…).

Llegamos a Arguedas y enfilamos hacia la subida del Yugo, que sin ser excesivamente fuerte, si que tiene algunas rampas con un desnivel importante y es larga.

En pelotón llegamos al Yugo sin mayores complicaciones, donde decidimos, si paramos a almorzar (mira que estaba cerca de allí, Chelu… peeero…), o seguir hasta el “embalse del Ferial”.

Finalmente decidimos seguir ya que solamente hemos hecho 30 kilómetros y tenemos que gastar más energía para hacer ganas de verdad.

Que dulce es la bajada que va desde la ermita del Yugo hacia el plano…(y que dura se hará después, cuesta arriba!!!).

Bajamos tranquilos y yo con un catarro que no me deja respirar, me pongo tras Samuel. Lugar que me asegura que bajaremos en condiciones.

El chico va mirando hacia atrás pensando que voy a meter un hachazo pero mi nariz no me lo permite…aissss

Llegados al siguente cruce vamos a la izquierda, donde ya marca una señal que esa pista conduce al Ferial (ya queda menos).

No se si era el hambre, las ganas de comer o el qué exactamente, pero Enrique se pone delante a tirar y los demás contemplamos como la velocidad que los cuenta kilómetros marcan, cada vez asciende a una cifra mayor.

Quedan aproximadamente 4 kilómetros pra le Ferial, y estoy al lado de Enrique, aguantando el tirón y no se oye una sola conversación por detrás…jejeje

En ese momento, el increible olfato de Guillermo (digo yo que sería eso…) debió detectar la comida, porque se pone en paralelo y aun tira más fuerte, a lo que no queda otro remedio que aumentar el ritmo…

La cosa es que nadie se quedaba atrás (buenos somos nosotros cuando se trata de comer…), y para cuando hemos querido darnos cuenta estábamos sentados a la mesa, esperando que nos sirvieran unos platos combinados como manda ley y con la botella de vino repartida en las copas.

A medio almuerzo, Samuel me pregunta; que me parecía el estado del embalse…que si el nivel del agua…

A lo que tengo que responder la verdad:

-“Venía pensando en la comida y ni he mirado el embalse…jijiji”

Aproximadamente una hora y media después, tras café y “redbull navarro” (pacharán), nos saluda “el Pina”, de Cadreita y que nos invita a volver con él, pasando por una caseta que tiene por allí. Pues nada, dicho y hecho. Volvemos por el plano, con una breve parada para inspeccionar su caseta.

Tras esto bajamos hacia el cruce (en el que marcaba al Ferial ), con la vista puesta en la temida cuesta del Yugo.

La cuestica es larga de narices, aunque con la tripa llena, las cosas se ven de otro modo…

Subimos todos bastante bien y con ritmo parejo, hasta el aparcamiento, donde nos despedimos del Pina, sacamos alguna foto de grupo…

Bajamos del Yugo hacia Arguedas, como flechas y desde allí, por una pista asfaltada y justo a una ganadería de vacas, nos dirijimos a la recta.

Alcanzamos el camino, paralelo a la recta, donde se desata la adrenalina.

Vamos a 28km/hora y le digo a Guilleemo:

-“Ehhh, que vamos fuertecicos…tranquilo…”

Su respuesta no se hace esperar y sin decir una palabra la emprende y aumenta a 32 km/h, conmigo al lado.

Conforme avanzamos veo que empiezan a aparecer los 33km/h en el cuenta kilómetros, hasta que agachando la cabeza aumentamos el ritmo a los 34 km/h sostenidos.

Cuando creo que ya llevamos un ritmo potente, aparece Enrique (como estaba hoy Enrique!!!), aun más fuerte a lo que respondo apretando dientes (todos debíamos de pensar lo mismo: no aflojo ni aunque se me salga un ojo por la presión…). 35 y hasta 36 km/h vimos alguna vez a partir de ese instante y con ese ritmo llegamos hasta el final de la recta.

Adios calorías del almuerzo…

Ya en el camino que va junto al Ebro, avanzamos hacia Tudela, punto al que llegamos y atravesamos por el casco viejo, como si nos persiguiese un ejército de Orcos enfadados.

Llegamos al Jardilín echando humo y por fin, ya, en la calle de la Virgen de la Cabeza, bajamos ritmo para volver a respirar.

Desde este punto, y ya más tranquilos, subimos al pueblo por el mismo camino por el que saliamos horas atrás.

La verdad es que pensaba que nos saldría una distancia superior, pero los 82 km, han sido más que suficientes para quemar el almuerzo (algo ha ayudado las dos veces que hemos ascendido el Yugo…).

P.D: Ya nos llegan noticias de que el equipo “promesas”, con Cesar “Cope” al frente, va organizándose y salen de forma regular. Un@s salen los sábados y otr@s el domingo lo cual demuestra ganas y organización. Tendremos que ponernos las pilas porque sino en cuatro días, nos van a dejar en ridículo. ANIMO A TOD@S!!! 🙂