No todo son crónicas :-)

No es que se me olvide escribir, o no me apetezca… pero la cosa es que estoy en una fase, que resulta especialmente difícil de relatar.

¿Imaginas una crónica de “20 minutos de meditación interior”?
(No…, no me ha dado por seguir a ningún gurú  indio. … De verdad… palabra de Karrikiri)

Pues algo parecido ocurre en este caso:

En mi caso, (soy Iñaki) aunque Patxi, me da algunos capotazos y escribe alguna crónica, no puedo estar continuamente pidiéndole que escriba, porque, entre otras cosas… es algo esclavo  y es un compromiso personal que no se puede transferir a terceros.

A lo que voy.

El tema es que “algunos” estamos entrenando (si, a ver… es eso que se hace, en vez de “salir en bici para divertirse”, y que tiene que ver más, con lograr objetivos futuros, que con divertimento propiamente dicho, pero… así es.

Y es que cada cual se busca sus retos, o sueña con ovejas eléctricas.

Relatar salidas de llano, a pulsaciones medidas, sin piques, subidas, zonas técnicas, en paisajes monótonos y demás adornos… no creo que resulte muy atractivo para ti, lector/a y de ahí que opte por no escribir acerca de ello.

Algunos de mis compañeros Karrikiris continúan saliendo y hacen rutas “de las de siempre”, divertidas y jugosas, pero como otros,  estamos, a lo que estamos… la parte periodística queda algo mermada en cuanto a mi experiencia personal (porque entiendo que a pocos o a nadie lo interesan los relatos de estrenos, que a menudo son similares, a excepción de pequeños cambios en duración, pulso y /o alguna serie…).

Las visitas al blog siguen mostrando que las entradas, históricamente más buscadas y leídas, (a excepción de las relacionadas con la Night And Bike  Murchante) son las de tipo más técnico o de temas más generales:

  • Empezar en el BTT: ¿Que bici me compro?
  • Vestimenta y BTT durante el otoño y el invierno
  • Y dices que para practicar BTT me debería de comprar un pulsómetro?
  • Postura adecuada en la bici

Por citar algunas de ellas.

Es cierto que las crónicas semanales tienen bastantes lecturas, en la semana en que se escriben y la siguiente, pero la suma del “día a día” con accesos de terceros, no suscritos, al blog, desde cualquier punto de Internet, hacen que las señaladas, vayan sumando, día a día, y sin pausa. Por tal razón, podría ser buen momento para escribir de… otras cosas relacionadas con la bici.

El problema es que no tengo mucho tiempo/ganas (30/70%) para estar pensando temas nuevos, por lo que si tienes inquietud en que escriba sobre algún tema (relacionado con la bici), házmelo saber (bien por e-mail) o dejando aquí debajo, un comentario.

No es preciso que estés suscrito al blog, no importa, tu idea será bienvenida.

Como supongo que no serán miles (jajaja) los que se animen, no te preocupes, no creo que me cueste mucho leerlo, pero aun así, si te diera por pedir algún tema, advertid@ quedas de que es más que probable que lo escriba… pero sin fecha comprometida (aunque si es el primero… vete a saber si no lo ves pasados un par de días… (¿he dicho yo eso?).

Y con ello, te dejo, deseándote sueñes con tus mejores rutas sobre la bici!!

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Crónica: 90 Kmts, Pedaleando bajo el huracán

Pensaba titular la crónica como:

“El ataque de las matas voladoras (mutantes)”

Pero cuando lo repetí en mi cabeza 3 veces, me di cuenta que no se trataba de una película de terror de bajo presupuesto (aunque alguno que estuvo por allí, aun piense que efectivamente, lo era…).

Desde el martes, mirando la previsión del tiempo. Sin riesgo de lluvias, pero, cada vez que miraba… incrementaban la velocidad del viento para el domingo.

A causa de esto, se preveía que el número de deserciones (lease: dolores agudos de garganta, a última hora, virus gastrointestinales repentinos  tras ruta con la flaca, o incluso salidas nocturnas hasta ciertas horas de la madrugada que hacía imposible salir a rodar: SOIS UNOS CAGAOS!!).

Una vez puestos los créditos (como en cualquier peli que se precie…), sigamos con la crónica:

Salgo de casa y le faltó un pelo, para volver a meterme. ¿¿PERO QUE LECHES ES ESTO??? Se puede saber quién ha cabreado a “La Pandora”? y lo que es más importante:

¿Se puede saber quien deja una caja llena de vientos cabreados a una persona tan… irascible?

En ese momento, llega el Whatssapp de Bauti:

-“Día cojonudo,  venga os esperamos en el puente del Ebro en 20 minutos”
(este tiene una pedrada peor que la del resto,porque vamos, que me diga eso… pasa de optimista y roza lo tratable por especialista… pero me sirve para dar las primeras pedaladas).
Unos minutos después, los  incautos valientes que acuden al parque son:

Fermin, Saso, Unai, Toño, Ezequiel y yo (Iñaki).

Aun no hemos salido del pueblo cuando se nos une Antonio.

Sería el frío, el viento “de cola” o un Fermín especialmente motivado, que nos plantamos junto al Ebro, en un plis plas.

Allí, Bauti y Diego se unen a la expedición y salimos hacia Bardenas Reales.

Por los sotos del Ebro, la vegetación y los árboles, nos resguardan y parece que no es para tanto la cosa. El tema se complica cuando alcanzamos el camino que enlaza con la carretera, donde nos pega de lo lindo. Solución: desvío por un camino  que por estar más bajo, se supone que nos resguardará algo. Problema: acabamos en “rotabator mode”, por un arrozal.

Por una vez, nos entra el sentido común y damos la vuelta para volver al último desvío y retomar el camino correcto.

En la recta de Arguedas, debía estar esperándonos Gerardo pero no hay noticias del moozo, por lo que continuamos, tranquilamente para enlazar a una pista que nos lleva hacia Bardenas.

Al fondo, a cosa de un kilómetro vemos un maillot amarillo.

Baaaa, que no será él. Me digo a mi mismo.

A ver si va a ser…

Pero que no…

La cosa es que el mozo lleva buen ritmo, pero con semejante viento (que en ese momento nos pega “de cuchillo”), el grupo avanza más y lo pillamos en las cuestas de las viñas.

-“¡¡¡Hombre Carlos!!!. ¿No te dije que si salías, me dieras un toque?”

Nuestro amigo, Carlos Palacios, con quien compartimos ruta en Moncayo, pocas semanas atrás, se une a la expedición y pasa a engrosar las filas del pelotón Karrikiri.

Llegados a la carretera de los militares, continuamos hasta los Aguilares, para volver a meternos por camino. Tras continuar sufriendo con el viento, un rato después estamos en Castildetierra,

donde nos esperan:

Samuel, Gerardo y Ramón.

Continuamos por la perimetral, hacia el Rayón que preside al fondo del paisaje. Por fin, giramos y el viento nos empuja,

Sin despeinarnos, avanzamos a mas de 45 Kmts/h.

Antonio tiene compromisos y tiene que darse la vuelta. Una pena, pero otro día seguro que podemos completar la vuelta con él.

El resto continuamos, a todo meter hasta la entrada al circo donde empieza la diversión.

El giro de 180º  grados, es como una bofetada, bien dada.

El viento nos da de llno y parece que  “su enfado” va a más. Avanzamos con piñones suaves y alta cadencia, sorteando grietas, mientras agachamos el cuerpo intentando pasar desapercibidos para el huracán.

Por fin llegamos bajo el Rayón y en vista a volver a casa con reservas de sobra en las piernas, comento con Diego, que mejor NO subir.

Mientras hablamos, el resto del grupo llega y se ponen a subir.

Pues nada, nada… al tajo.

Arriba parece que estamos tras el motor de un Boeing 747 a plena carga.

Unos descabalgan e intentan avanzar bici en mano, consiguiéndolo a duras penas, otros son descabalgados por Eolo y a mi, en una leve rampa, se me levanta la rueda sin desearlo, por efecto del viento.

En dos palabras: IN-CREIBLE.

Descendemos y volvemos al terreno “divertido”.

Atravesando algunas grietas, montículos y divertimentos varios, llegamos a: “la piedra de las fotos”, donde comprobamos, una vez mas que aguanta el peso de los Karrikiris posando (ya verás el día que no aguante el peso…).

Llegamos al momento culmen de la ruta, y nos situamos sobre el paso de los ciervos.

Arranca Samuel. Le dejo unos metros de ventaja y salgo tras el.

El terreno, esta vez está muy muy suelto y bajo los primeros 20 metros casi derrapando con ambas ruedas, mientras voy soltando freno para mantener la dirección.

La segunda parte está mejor y suelto las manetas para bajar en un divertido zig-zag, entre los dos precipicios que asoman a ambos lados.

Poco a poco, baja el resto de compañeros, con una sonrisa en la cara, y continuamos.

Toca una preciosa trialera, donde, si dejas fluir la bici, te encuentras, dando saltos, subiendo y bajando con poco esfuerzo y a buena velocidad.

Unos cientos de metros después reunimos al grupo para descender otra pendiente pronunciada.

Ahí, nos deleitamos con el estilo de Toño, que podría calificarse como…. como….

veamos…

Lo sinet pero no encuentro palabras…Hay que verlo. Indescriptible.

Continuamos junto al barranco, por una senda plagada de boquetes (también hay agujeros, pero la mayoría por tamaño, son boquetes) hasta que toca volver a la pista.

La vuelta comienza con viento lateral, hasta que giramos en dirección al cuartel militar.

El problema, ya no era el esfuerzo a realizar, ni el que el viento se empeñase en movernos la dirección de la bici (con el peligro que conlleva), sino que un e´jercito de matas voladoras (como las de las películas del Oeste, de esas), nos atacasen brutalmente.

Mientras avanzamos, vemos más adelante, en los cultivos, como decenas de estas 2matas maléficas”, ruedan en una dirección que las pone en nuestra trayectoria.

Algunas , incluso parece que se detienen para volver a tomar velocidad cuando pasamos.

Que se lo digan a Diego, quien tuvo un “affaire” con una,  mata.

O a Carlos a que “la mata madre de todas las matas” por poco le envuelve (salió de sus fauces, pero aun no se como).

Samuel, Gerardo y Ramón se despiden y vuelven al coche, para librarse de nuevo de la tempestad, a quienes se les une Ezequiel.

El resto volvemos, poco a poco a casa, tras una mañana en la que finalmente salen 90 kilometros de aventura, diversión y lucha contra el huracán.

 

No llegamos al circulo polar ártico… pero lo parecía

Varios compañeros salieron ayer, sábado, puesto que las previsiones para este domingo eran algo así como un mensaje oculto diluido entre las palabras de los meteorólogos:

-“No se alarmen… pero… si tienen un arca, metan a su familia y  animales dentro y esperen a que pase lo que se les viene encima…”

Pero claro, como decía Confucio (o… era Samuel), un Karrikiri nunca se rinde… si es preciso pedalea con las manos…

Hicimos honor al proverbio y del parque “manaban Karrikiris”.

A ver si no me olvido de nadie:

Chelu, German, Jarauta, Samuel, Roberto, Jose, Saso, Patxi, Cesar, Fernando, Ines R, Vicente, Javi (Aouita), el cuñado del anterior, Unai, el híbrido y yo (Iñaki).

Ya cuando salí de casa, creía que me iba a quedar congelado antes de montar en la bici, pero cunado salimos hacia el cementerio, se confirmó: si sales con esa temperatura, no estás bien de la azotea… o eres un Karrikiri, claro está…

Pasan unos kilómetros y el terreno empieza a inclinarse, mientras charlamos animosamente lo que provoca que, sin querer aumentemos el ritmo y el pelotón se estire.

Pronto un compañero se empieza a descolgar, y reducimos la marcha.

Continúa la ruta y vamos ganando altura. De forma suave, sin grandes cuestas, pero hacia arriba en definitiva, con lo que vamos echando un ojo atrás, previendo, la mañanica que uno que se ve al fondo, va a pasar…

Poco antes de comenzar, la  verdadera subida, veo que Javi, lleva un solo plato.

Y un solo piñón.

Y horquilla rígida de carbono.

(están locos estos romanos)

La primera rampa es muy corta pero supera el 20 % de desnivel positivo, y ahí está “el peludo” en cabeza!!

Continuamos ganando altura, por una pista, rodeados de árboles. Cada vez se hace más estrecha, lo que le da un ambiente singular. Todo un placer rodar por ahí.

La pendiente se endurece y aparecen más piedras. Toca apretar los dientes y darlo todo… venga venga!!!!!

Y estamos “arriba”. Un “arriba”  con boca pequeña, porque aun no hemos coronado, pero nos hemos quitado un buen tramo de subida.

Nos detenemos a reunir al grupo que, al ser numeroso, llega disperso.

Una vez juntos, todos, continuamos por un pequeño llano, durante unos 300 metros, para volver a subir, por pista, y pendiente moderadamente fuerte. Menos mal que no llega a un kilómetro!!

La gravilla hace que tengamos que ir sentados, para no provocar el derrape de la rueda de detrás, así que Roberto y yo, nos lo tomamos con calma, mientras vemos a “ThepostMan” (al servicio de su majestad) ascender en solitario, con su único piñón, mientras nos grita:

-“ánimo!! venga chicos!!…”

Alguno cabecea, negativamente, con una sonrisa, mientras aprieta los dientes y pregunta a modo de confirmación:

-“¿De verdad que solo lleva un piñón?”

Por fin estamos todos arriba. Reunimos al grupo y dejamos que descanse el personal, mientras notamos como se nos va congelando el alma.Estar parados hoy, aqui arriba es, poco menos que una temeridad.

Empezamos una breve zona de toboganes que anuncia la inminente bajada y los “zumbaos” del descenso salimos en tropel.

Pasada una pronunciada curva, y ya seguros de que todos los compañeros han fijado el rumbo correcto, comenzamos a descender.

Voy delante, y justo detrás escucho jadear a Samuel. Sin verlo, si quiera, sé que a continuación estará Roberto.

Alcanzamos el siguiente desvío y decidimos detenernos. Al no ser el camino mas obvio,  es mejor volver a reunir al personal.

Continuamos por una serpenteante… pista/sendero? gritando de forma continua:

Piedra!! otra! cuidado!

Y volvemos a subir… “un pelín”.

No son mas de 300 metros en línea recta, hasta llegar al siguiente cruce, donde, volvemos a tomar posiciones y “Yahooo!!”

Nos lanzamos a todo lo que dan las bicis.

Llevo a Samuel justo delante y no se lo que marca el odómetro, pero le grito:

-“No frenes ehh!!!”

Me va saltando una lluvia de gravilla a la cara, fruto de su rueda trasera y bajo dando alaridos, mientras Roberto, situado detrás de mi
se da cuenta de que mi rueda es mucho más educada.

Abajo, nos detenemos y nos miramos con una sonrisa absurda

-“juajajuaujauj   jiji jjajaja jojo”

-“Que pasada eh…”

-“Si si si…. jijiji”

Esperamos a que la gente civilizada descienda para volver a retomar la marcha.

Toca rodar por buena pista, moderadamente descendente para seguidamente volver a subir en un tobogán, y otro…. y otro más… hasta cruzar la carretera.

Tras dejarla atrás, continuamos descendiendo, para volver a subir en otro tobogán… y bajar…. y volver a subir… y detenernos para reunir al grupo.

Creo que hace más frío que al punto de la mañana, y así lo confirman algunos de mis compañeros. Uffff, estas paradas te dejan frío, frío!!

Todos juntos de nuevo, volvemos a bajar. Encontramos varios charcos que intentamos sortear para volver a subir la última cuesta del día. Corta y de suave pendiente
pero cuestica al fin y al cabo.

Pasamos junto a una granja y giramos a la derecha.

El grupo va estirado, y los de delante, no nos damos cuenta (fallo nuestro), de que las cosas se vana a complicar detrás, a partir de este punto.

Continuamos, con una cosa en mente: La trialera de bajada que alcanzaremos un par de kilómetros más adelante.

Llegados a dicho punto, nos tiramos. Samuel nos coge la posición y Roberto y yo luchamos por coger la trazada buena, sin conseguirlo ninguno.

Resultado: Bajamos ambos en paralelo, pillando todos los saltos, piedras y dificultades habidas y por haber…a muuuucha velocidad…. jijiji

Al llegar abajo, todo son risas, mientras nos miramos…. ¡¡¡que brutos!!!

Nos detenemos, puesto que puede haber dificultades en ese punto y es mejor reunir al rebaño.

Van llegando… casi todos.

Faltan Javi y su cuñado.

Suponemos que Javi se ha quedado a esperar al sufrido cuñado, y esperamos… casi un cuarto de hora.

Al final optamos por ir deshaciendo el camino, hasta que, al fondo vemos el maillot amarillo del cuñado (¡¡que alivio!!).

Pero viene solo y dice que siguiendo el GPS que nos muestra!!!! Toma moreno!! Ahora se nos ha perdido el peludo!!

Le llamo a su  “LondonPhone”.

Tras varios tonos, un tipo empieza a decirme:

-“Plus… four… four…”

¡Vaya!, salta el contestador…

Suena mi teléfono.

Yo: -“Donde andas..”?

Javi:-“Me he quedado a esperar a este y al final ni lo he visto pasar y ahora he subido a unos molinos y estoy aquí ….blablabla”

Ufffffffff

Le indico como llegar a nuestra posición.

El resto del grupo se ha quedado congelado y optan por continuar. El frío es cada vez más intenso.

Viene Samuel, hasta mi posición. Cinco minutos después vuelvo a llamar a Javi.

-“Que tal vas, ¿Te orientas?”

Al final llegamos a la conclusión de que está al otro lado de los molinos y que con su GPS, tirará una línea hacia el pueblo.

Mientras hablamos, empieza a nevar. Madre como se está liando esto… hay que salir “por llantas”.

Sam y yo, emprendemos trote, y rodamos a todo meter.

Pasan los minutos y no vemos a nuestros compañeros, pero continuamos rodando como si detrás nuestra viniese una manada de hienas hambrientas.

Al fin, el ritmo da su fruto y vemos allí delante el pelotón y conseguimos alcanzarlo.

Llegamos al pueblo y algunos vamos a tomar algo (casi caliente).

Yo continúo con el tema en la cabeza y llamo a Javi, para ver donde anda, pero conforme descuelgo, lo veo por la ventana.

Ha llegado sano y salvo.

Terminamos una ruta preciosa, divertida y con muchas anécdotas que sino en Murchante, bien podría haberse desarrollado en Siberia (a tenor del frío, claro está).

 

 

Crónica del domingo: Del Val a la Nava

Salimos de Tudela hacia el parque: Bauti, Diego, Cesar y Yo (Patxi) para encontrarnos con Fermin, Guillermo, Dani, Saso, Chelu y Roberto. Un buen número teniendo en cuenta que ayer también hubo salida.

Hoy el plan es fácil: Seguir a “Diego Bolsón” atravesando la tierra oscura del pantano del Val para arrojar al “enanillo” en la estación abandonada de la Nava (se puede tirar a cualquiera, pero creo que Chelú se lo olió a tiempo). Nos enfilamos por camino a Tarazona, alguno gruñe un poquito porque le aburre la pista, pero a mi personalmente, evitar el Tarazonica me alegra siempre (es tan práctico como aburrido). En cabeza de pelotón Bauti, Cesar, Diego y Roberto (según pulsaciones), los demás seguimos con distinta fortuna según los grados de inclinación del terreno. Eso si: también llevamos alguno con la cabeza como un pelotón (compensado el grupo).

Llegamos a Torrellas y tomamos una pista que nos situara sobre el pantano del Val, lo seguiremos entre pinares y desniveles constantes que acompañan el perfil del embalse.

Echamos alguna foto pero la parada es breve para cumplir con el horario de vuelta a casa.

Nos dirigimos a Soria, “camino de rosas, camino de flores, camino me engañas, camino me jodes”, nos va sacando el Machado que llevamos dentro, pero vaya… más que recitando versos algunos vamos resoplando como burros, cuesta parriba, cuesta pa´bajo, y otra, y otra…eso si algunos como Bauti no dejan de hablar, el resto contestamos con monosílabos. “ssi”, “nooo” “arf”, “burfff”, “arghhhhh”.

Daniel, Saso y Chelu se vuelven para llegar a tiempo a Murchante porque la hora de regreso comienza a ser algo incierta (aunque finalmente llegaremos según la hora programada por Diego).

Los kilómetros hacia la estación abandonada de la Nava se hacen duros por el desnivel acumulado y el aire en contra no facilita la tarea. En uno de esos momentos Fermín saca unos Kit Kat sobre la marcha que me saben a gloria, luego se amorra a la botella de coca-cola y llueven las sugerencias sobre posibles mezclas más apetecibles aunque salga un poco diluida la mezcla. Y finalmente para postre, reparte galletas príncipe que compartimos gustosamente como buenos compañeros para quitarle peso. (Aún así no disminuye el volumen de la mochila verde: ¿pero que demonios llevara dentro?).

Recorremos Monte Alto con viento en contra y pendiente constante, hasta el corral de Bolchaca. Es el cruce de caminos donde solemos parar habitualmente, por donde desciende la nocturna o continuamos hasta la antena camino de Valverde.

Hasta aquí parece que todo ha sido cuesta arriba desde que dejamos Murchante, ahora…¡¡¡¡a disfrutar!!!, nos lanzamos cogiendo velocidad y sentimos que por fin descansan algo las piernas, aunque en algún momento el aire nos daba bandazos muy fuertes o incluso obligaba a darle a los pedales. Cesar va delante (algún día no muy lejano te ganaré), le sigue Roberto, y en un intento juguetón, intento pasarle, pero al ponerme junto a él empieza a darle ritmo y parece que su método de entrenamiento da resultado porque me deja atrás. (lo tenía que haber dejado en el fondo del Val, que ahí si que no le iban a subir las pulsaciones)

Llegamos finalmente a Murchante, con sensación de cansancio (al menos yo) pero habiendo terminado un recorrido de 70 kms novedoso y bien trabajado. Ahora que cada cual descanse como pueda o le dejen, yo con mi siesta de manta de cuadros, y algún otro con los críos de peña en peña. Siempre ha habido clases.

Probamos la futura cicloturista de Alcalá de Moncayo.

El Club ciclista Turiaso, nos invitaba a probar el recorrido de la que será la cicloturista de Alcalá de Moncayo.

A las 7:30, Jarauta aparece en la plaza con la furgoneta y el “Karrikiri-karro”.

Con las 10 bicis cargadas, arrancamos hacia la falda de Moncayo:

Jarauta, Marta Bonilla, Samuel, Jose, Dani, Sara, Marta Garriz, Gerardo, Ezequiel y yo (Iñaki).

Un rato después llegamos a Alcalá de Moncayo, descargamos bicis y nos preparamos.

En unos minutos estamos, unos 40 compañeros dispuestos a disfrutar de una mañana, fresca, pero que promete dar paso, a un precioso día.

Allí me encuentro con mi amigo, Carlos Palacios, con el que compartimos ruta y diversión, y mientras charlamos nos llaman para, tomarnos la foto, cual alineación futbolística.

Dado que no sabemos cuánto detalle quieren guardar, los artífices de la ruta, acerca de la misma, intentaremos dar una visión de ésta, sin desvelar ciertos elementos.

Salimos muy tranquilamente, por pista, hasta un desvío con una pequeña bajada que da paso a un camino estrecho. Tras pasar un puente, ascendemos por una cuesta de cemento rayado que lleva casi… hasta el cielo :-). Lo que se llama un repecho majo, vamos…

Arriba, nos perdemos. Nos detenemos a esperar a compañer@s, que SE SUPONE, vienen por detrás, y perdemos al grupo de delante.

Pasado un rato, el mini-pelotón que integramos, decidimos seguir, con un único GPS que no quiere desvelar la ruta fácilmente.

Descendemos y casi abajo, vemos a nuestras “ovejas descarriadas”, que se han salvado de la subidita, por medio de no se que camino.

Ya reunidos, y engrosando un pelotón mayor, continuamos, escoltados por organizadores, continuamos por una pista, tendida, que llevará a una carretera.

Es momento de quitarse ropa y cambiamos los guantes de invierno por unos menos abrigados, eliminamos la “braga del cuello” y proseguimos para alcanzar a nuestros compañeros.

Tras un breve trayecto por carretera, volvemos a un camino que se irá estrechando e inclinando para convertirse en un ascenso pedregoso, entre  los árboles que le dan un ambiente digno de las mejores rutas.

Arriba, enlazamos con una pista y esperamos para agrupar al personal. Continuamos, esta vez ayudados por la gravedad, en un descenso con buen firme.

Abajo, hay que cruzar un riachuelo y más de un@, no ve la forma de cruzar sin acabar en el agua, pero finalmente todo el pelotón termina por superarlo y continuar por una nueva pista.

Ascendemos otra pequeña cuesta y continuamos un par de kilómetros hasta….¿¿¿ Encontrarnos a los de cabeza de frente???

Resulta que por casualidad, nos hemos confundido en un pequeño tramo circular y dice que hemos perdido unos dos kilómetros, así que damos la vuelta y les seguimos.

La mañana está perfecta, el ritmo es muy suave y todo es ideal, hasta que nos veo descabalgando, a todos, para  ascender a pié entre árboles en una suerte de senderos ascendentes entre risas y golpes de ramas. Esta sección, nos indican que será convenientemente adecuada para el día de la cicloturista, aunque personalmente pienso que tiene su atractivo y bien se podría dejar así. al fin y al cabo, es monte y cualquiera entendería que hay que lidiar con esos pequeños tramos de “Rotabator Mode”.

Ya en un camino, no avanzamos mas de veinte metros para ir a parar a una pista asfaltada. Al fondo, “la cuesta”.

Me he parado a atender el móvil y estoy muy atrás, así que me toca acelerar hasta que veo equipaciones KarrikiriBTT.

Justo antes del ascenso hay un pronunciado descenso, y le digo a Marta B:

-“Aquí no freno!!”

Y me lanzo cual misil, hacia el riachuelo que se ve al fondo.

Cuando lo atravieso, el odómetro,sobrepasa los 80 kmts/h, pero poco me durará, ya que el importante desnivel positivo que toca ascender, me frena poco menos que en seco.

Mirando hacia arriba se ve, como a los ladrones del cuento de Ali Baba, a los cerca de cuarenta esforzados bikers que aprietan dientes para coronar la subida.

La primera mitad de la cuesta me la tomo tranquilamente, hasta que veo unos cientos de metros más adelante, un amigo de amarillo que hace más “eses” que una culebra para escalar la dichosa cuesta.

Acelero el paso hasta alcanzarle y subimos juntos mientras charlamos entre jadeos.

Arriba, comemos algo y mientras esperamos, los primeros dicen que continuemos.

En nuestro caso, preferimos agrupar y esperar al resto de nuestros amigos, y una vez todos allí, dejamos algo más de tiempo para que coman (“por no hacer la parada del hijo…”).

Soltamos frenos y comienza un precioso descenso, por pista, de unos 8 kilómetros, hasta otra población cercana y pronto me veo con Oscar de Tarazona (agradecerte desde aquí el recibimiento y atenciones durante toda la ruta), y Samuel bajando a toda mecha con una sonrisilla en la cara.

En el pueblo, nos detenemos a por agua.

Continuamos realizando varias paradas y a ritmo suave, dado que hay compañeros con calambres y problemas varios, pero… no hay prisa.

Con esta coyuntura, los organizadores que nos acompañan, deciden no hacer la última subidilla que queda y continuamos por un camino más tendido a fin de facilitar el rodar a todo el mundo.

A escasos kilómetros de meta, nos toca realizar una pequeña reparación en el freno de una amiga, para continuar unos tres kilómetros por carretera y terminar el periplo satisfechos de haber realizado una ruta preciosa, completa y que a buen seguro se hará con un sitio en el calendario deportivo de la zona.

Tras degustar una cerveza en el bar de Alcalá, volvemos a casa, con ánimo de reservar el próximo 17 de Mayo para repetir esta preciosa vuelta por los alrededores de Moncayo.

Dar las gracias y la enhorabuena a los artífices de, tan grata ruta / atención, y desearles mucho éxito en su nueva cicloturista.

 

A ver si los Reyes vienen por las Bardenas…

He sido bueno, muy bueno… y por ello he escrito una carta a los Reyes Magos de Oriente, con la esperanza de que caiga… al menos algo.

Y por si acaso, pensando en convencerlos  en persona, decidimos ir por las Bardenas, ya que según creo yo… si vienen de oriente y las Bardenas son el oriente de Murchante…. estos deben venir de… (lo ves? tu mente empieza a pensar igual, verdad?).

El caso es que nadie, que yo conozca, ha subido al Castillo de Peñaflor. Si, bueno, lo vemos desde abajo y sin embargo… que pasa si resulta que dentro de esa torre en ruinas esta el verdadero bastión de los Reyes Magos? EH? lo has pensado??

La cosa es que al contarlo a varios Karrikiris, se organizó una extensa expedición, DI-SI-MU-LA-DA… para poder dar con la guarida de los misteriosos Reyes y de paso… poner “el cazo” si no querían que revelásemos su paradero… (esto es España, oiga…y de cazos…. sabemos un rato…).

La cosa es que en el parque nos encontramos:

Guillermo, Chelu, Germán, Roberto, Sierra y unos prometedores canteranos: Unai, Alejandro.

Sí, también estaba yo, Iñaki.

Emprendemos hacia Tudela, atravesando el pueblo y bajando la cuesta de la cooperativa para hacer el trayecto por el camino que empieza tras e puente de la autopista.

Callejeamos por Tudela hasta el puente del Ebro y allí nos econtramos con Bauti y Patxi que nos esperan para completar la compañía del anillo el grupo.

Por los sotos del Ebro y hasta la recta de Arguedas, avanzamos tranquilamente, hasta que tomado el  camino paralelo a la recta de Arguedas, el viento sopla y nos ataca “de cuchillo”.

Pasado ese pequeño trance,  enlazamos con la carretera para entrar en la población, y pedaleamos por sus calles, para ascender hacia “el Yugo”, por la estrecha cuesta de cemento.

Enseguida se forman grupos y poco a poco Bauti y Patxi se nos adelantan a Unai y un servidor que imponemos un ritmo conservador mientras charlamos  entre jadeos.

Detrás, el resto del grupo se fracciona y cada cual sube como más le apetece o puede.

Arriba, hay un autobus… vacío. Alguno casi le retira la palabra a Patxi por la promesa de una legión de…

( se me ha olvidado…y si te quedas con la curiosidad… haber venido… claro…jejeje).

Todo lo que sube, baja y a nosotros, los Karrikiris, tambíen nos afectan las leyes de la física.

Como muestra tenemos que descender, dirección al plano a trote lechonero (lease: sin frenar y con una sonrisa en la cara… que nos lo hemos ganado!!).

Unos kilómetros más adelante, llegados a determinado cruce, giramos a la izquierda para notar el viento de cara.

Bauti y yo vamos hablando delante y para cuando queremos darnos cuenta, un par de compañeros han decidido darse la vuelta.

El resto del grupo, continuamos hcia el embalse del Ferial, un par de kilómetros más, hasta que un amabla paisano en un todo terreno, nos advierte que poco más adelante hay “batida de caza”. De lejos divisamos, la parafernalia con los chalecos, y vehículos.

Valorando como valoramos nuestro pellejo… decidimos no adentrarnos en terreno de caza (algunos estamos fuertes; los cazadores  muy probablemente acaban de meterse algúnos lingotazos acaban de almorzar, y no escuestión de que se cobren tan preciada pieza).

Hay que rehacer la ruta a aprtir de dicho punto y decidimos, ir en busca de la guarida de los tres camellos tipos que montan en camello.

Volvemos sobre nuestros pasos para atravesar el cruce y esta vez continuar recto, dejando el Yugo y su sierrra, a nuestra derecha.

Avanzamos por una pista hasta que grito: “Chelu a la izquierda!”

– Por aquí??

-Tira…!!

Vamos “campo a través” sabiendo, más  o menos donde estoy.

Alcanzamos un pinar, y cojo lo que podría llega a ser un sendero… si mucha gente pasa por allí a partir de ahora.

Subimos por aquí,,, equilibrio allí,  arrfffpprrffff.

Menudo cabezazo le he metido a la rama de pino, pensaba que estaba más alta.

Arranco y al fondo escucho la dulce voz de Chelu:

-“”Arrggrrfffff”

Y el mozo queda colgado de la camelback, cual marioneta de trapo…jijiji

Poco después le toca el turno a Bauti, a Guillermo, a Patxi y a Sierra que por poco da, otra de sus, ya características, “vueltas de campana”.

Mi sentido arácnido “nosequé” me dice que voy bien, y aunque nunca hemos hecho esa senda, entiendo que la pista que nos lleve a la tapadera de los tres tipos de oriente torre del Castillo de Peñaflor., debería de estar unos metros a nuestra derecha en algún sitio entre nosotros y una loma… pero no la veo…

Me detengo, antes de liarla (a ver si los estoy llevando al fin del mundo…), y en ese momento vemos la pista. Perfecto!!

Ya en el camino, atravesamos varios barrizales y al poco, allí arriba se ven las ruinas del castillo.

Patxi, intenta aleccionar a Guillermo:

-“Esta torre fundada por el rey tal, para proteger y…”

-“Yo pongo la herramienta de derribo…. y todo escombro…”

Patxi, manos en  la cabeza no asimila esta ligera percepción/valoración de la edificación y cabecea con una sonrisa en la boca…jijiji.

Vamos un poco justos de tiempo y por ello, descartamos subir a ver si los reyes están ahí dentro, pero nos detenemos a hacer unas fotos, justo debajo mientras, atentamente aguzamos el oído en busca de pistas sonoras que delaten el sonido de un camello sobrecargado (no se si estos bichos braman, barritan, gorjean o ladran así que si sabes como se llama el “berrido camellíl” me lo haces saber).

Como, no hay constancia alguna de la presencia del séquito real (que sé que están allí… pero no puedo demostrarlo…), reemprendemos el camino por un precioso sendero en el que Guillermo se empeña en hacer (dicho por el propio Guillermo): un apoyo, fronto-lateral forzado (que no caída técnicamente), mientras Chelu se descojona, mirándolo a ver si tiene alguna rama por la cabeza… (pero caída, lo que es caída… no fué… si acaso… un aterrizaje… eso si… totalmente “fronto-lateral”.

De ahí salimos a pista y atravesamos los dos barrancos que llevan hacia Castildetierra, no sin tocar más barro y algunas risas.

Saliendo del característica formación bardenera, nos cruzamos con Fermín que, en coche, van de visita familiar.

Ya en la carretera de los militares, nos detenemos un instante, para beber. Continuamos, por cierto lugar del que no me quiero acordar y atravesamos el “camino más pedregoso del mundo”, hasta la recta de Arguedas.

Poco después, por los mismos sotos del Ebro que veíamos horas antes, nos acercamos a Tudela y seguidamente a Murchante, tras una divertida ruta de 80 kmts.

Otro magnífico día en compañía de los Karrikiris!!! 🙂

 

Crónica: Garnacha al modo Karrikiri

Hoy estrenamos equipación.

La verdad es que han quedado muy chulas y no porque las anteriores no lo fuesen sino porque realmente creo que lo son y, porqué no… tal vez al ser nuevas siempre se vean las cosas con otros ojos.

En el parque estábamos puntuales: Guillermo, Chelu, Diego, Cesar, Bauti, Patxi, Jarauta, Carlos, Samuel, Roberto y yo, Iñaki.

Da gusto vernos a todos uniformados con nuestras nuevas y flamantes equipaciones.

Salimos hacia la estación de tren de Murchante (tarazonica) para internarnos en el Saso.

Cruzamos la carretera de Ablitas-Tudela y pedaleamos junto al recinto de las vacas de Arriazu, con el torreón de las Bodegas de Pago de Cirsus a nuestra izquierda vigilándonos de sde lo alto. Impertérrito ante nuestro paso (solo faltaría…).

Cruzamos la carretera Ablitas-Ribaforada por la puerta de las bodegas para enlazar con la pista que parte frente a ésta.

Alguna subida y tobogán después, estamos bajo El Buste.

De unas pistas pasamos a otras, y vamos rodeando la meseta por la izquierda (vista desde Murchante), para pasar por la estanca de Borja, una serie de granjas de cerdos, siempre por buena pista. Ha pasado una hora y media desde que salimos del parque y estamos en Borja, quitándonos ropa (menuda mañana para andar en bici).

Minutos después estamos abandonando Borja en dirección a Moncayo, ya en el track de la ruta de la Garnacha.

El terreno es un falso llano que no pica y el grupo va compacto, pero esto durará poco.

Varios kilómetros más adelante, giramos a la derecha y empieza el ascenso.

Al principio suave, la ascensión de varios kilómetros no se atraganta, pero llegados a la cantera, la cosa cambia. Las rampas se hacen verdaderamente duras y toca apretar dientes.

Arriba esperamos para agruparnos.

Continuamos por pista un kilómetro para dejarla y entrar en un estrecho sendero que desemboca en una nueva pista.

Tras unos cuantos toboganes llegamos al santuario del Buste (ecce homo´s home). El lugar es perfecto para recargar agua y proseguir.

El ascenso continúa por una pista entre pinos, suave y tendida que corona en el punto más alto de la zona (alguno está hasta las castañuelas de subir).

Nos detenemos un instante para tomar un par de fotos y continuamos hacia una zona de disfrute total (bajada).

Pasan tres kilómetros hasta empezar a descender por una pista de grandes piedras que sirven a modo de trampolines de salto hasta llegar a la altura de la carretera. Atravesamos la carretera y continuamos bajando por senderos disfruones, hasta alcanzar  pista en la parte más baja de la meseta (no sin algunas dificultadas añadidas a la ruta original que no es cuestión de contar aquí…:-) ).

Avanzamos por suaves toboganes hasta que toca volver a subir una pendiente corta (no llega a un kilómetro) pero técnica y con pendiente.

Arriba reunimos al grupo y proseguimos.

Esta parte es digna de disfrute y a los que nos gusta bajar nos aparece una amplia sonrisa en la cara.

La bajada tiene algunos escalones hermosos, grietas, piedras y buena inclinación, lo que permite dejar la bici “caér” de salto en salto y fluir…

Se nos echa la mañana encima y vemos que no será posible completar la Garnacha, por lo que de nuevo en la pista que circunda el Buste, decidimos poner rumbo a Murchante.

Volvemos a pasar granjas, estanca y poco rato después, hemos dejado atrás El Buste.

Alguno tiene las piernas cargadas y vamos regulando el ritmo, pero el grupo permanece compacto.

Ya pasado el cerco de la ganadería Ablitense, la sección Tudelana, se separa, dejñandonos por una pista que conduce al canal y la finca de “Las coronas”, mientras los Murchantinos tenemos la mirada puesta en el Saso.

Los últimos kilómetros merman las piernas de algunos integrantes del grupo, que van algo justos, pero como dijo una vez Saumel:

-“¡¡Un Karrikiri no se rinde nunca, si hace falta pedalea con las manos!!

En Murchante, el cuenta kilómetros marca 88 kmts. Una distancia menor a la inicialmente planeada pero que por unas cosas u otras no ha podido ser mayor.

Una ruta para repetir que tiene de todo y al gusto de todos, por lo que no será la última vez que visitemos la tierra de Borja en pos de divertimento.