Seguimos vivos… y reuniendo al rebaño

Es un invierno raro.  Pero no peor o mejor que otros en lo deportivo. Simplemente, diferente.

Unos estamos centrados en entrenamiento para retos primaverales, otros están sumidos en “su guerra” con el triatlon e incluso los hay disputando carreras  de montaña a pie, con la familia, día sí, día también.

No faltan las que salen poco y cuando lo hacen (en muy contadas ocasiones) lo hacen por carretera… o quienes siendo híbridos, no aparecen ni con ruedas gordas ni con flacas.

Alguna indispuesta a la que recordamos esperando  que en breve vuelva a montar y correr como le gusta hacer y muchos otros…con su guerra e ilusiones diarias…

La cosa es que se pasa el invierno y los Karrikiris estamos separados por grupúsculos…pero con retos por doquier y entiendo que con la misma ilusión que siempre y retos futuros rondando las cabezas.

La directiva continúa preparando una nueva Night And Bike que va por su quinta edición y que preparamos con ilusión… y novedades, respecto de ediciones previas.

Hay mucho nuevo por contar al respecto, pero todo a su tiempo.

El fin de semana que viene, 5 de Marzo,  toca Javierada y a muchos nos vendrá bien para despejar la cabeza, reunirnos con amigos, con los que hace tiempo que no rodamos  e incluso para
olvidar el día a día (que tampoco es poca cosa y conviene oxigenar neuronas de vez en cuando).

Confiamos en disfrutar de una peregrinación con buen tiempo, pero visto lo visto… vete a saber que día tendremos. En cualquier caso intentaremos disfrutar independientemente del factor climatológico.

Tras la Javierada se abre un periodo de nerviosismo pues se acercan los retos y carreras peor además será teimpo de informar  sobre algunas de las novedades de  la Night And Bike.
Quedará aproximadamente una semana para abrir inscripciones (11 de Marzo) y aunque hemos estado más callados que de costumbre, todo tiene su sentido y razón.

En esta ocasión vamos a premiar a quienes antes se apunten (aunque el premio se conocerá a posteriori…pero vaya apuntando cada interesad@, porque podéis tener a buen seguro que va a ser así…).

Cambiando de tema, en poco tiempo, la tribu Karrikiri estrenaremos alguna prenda nueva. No es que interese tener que usarla mucho, pero cuando sea preciso, al menos iremos bien pertrechados…”y guapos”.

Y aunque no es todo lo que se puede contar, si que es todo lo que quiero revelar y por no perder la costumbre y mantener la cabeza ocupada, os dejo rumiando noticias o  la falta de éstas en los casos en las que no haya contado más.

Sed buen@s y pedalead mucho!!

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Crónica: Frío y nieve en el nacimiento del río Queiles!!

La verdad es que , dada la previsión meteorológica para hoy, domingo.

Tenía pensado meterme bajo cubierto y pasar unas horas mirando el pulsómetro. Vamos, un plan relajante, técnicamente positivo para entrenar… pero muy aburrido!!

A las 7:35 a.m, miro por la ventana.  El termómetro marca entre -3 y -4 Cº y hace un viento (nombre técnico: “ciercera helada de tres pares de narices”) de esos que corta la respiración.

Bien desayunado y pertrechado, salgo de casa, y me encamino al parque. Hace viento, viento… desagradable… pero no es para tanto, a decir verdad…

Llego al parque y en unos minutos aparecen por allí:

Guillermo, Samuel, Roberto, Patxi, Carlos Saso, y yo (Iñaki).

En el último momento se nos une Aitor Alfaro.

Que si es mejor tirar hacia allí, que si el viento no se que….

La cosa es que finalmente acabamos yendo hacia Moncayo.

No es la mejor ruta para hacer base de entreno (mejor llanito que hacia arriba, no?), pero bueno, marcamos un ritmo tranquilo, mientras Roberto, nos enseña algunos caminos nuevos, para subir hasta Tarazona.

Da gusto ir ascendiendo, hasta ver la primera mancha de nieve, bajo un cañaveral sombrío, a la altura de Monteagudo. Ver incrementarse el tono blanquecino, en los campos y como, la superficie helada de los charcos helados, intenta soportar el peso a nuestro paso.

Llegamos al cementerio de Tarazona, y el asfalto está limpio. A los lados hay algo espolvoreado: ¿Tal vez, “azúcar glas” ?

Mientras Roberto y yo charlamos, sobre el asfalto, hay una línea de unos 5 metros de largo y unos 4 centímetros de ancho, de duro hielo.

Sin darme cuenta, mi rueda delantera cabalga sobre la arista y sale disparada hacia un lado.

Menos mal que ipsofacto consigo sacar un pié del pedal y con el apoyo de Roberto (apoyo real, ya que me apoyé lateralmente en el mozo) consigo no ir al suelo. Ufff que poco le ha faltado.

La bajada hacia la chopera  que hay bajo Torrellas, está peligrosa, con más hielo, y bajamos con mucha precaución.

La chopera está preciosa. Da igual la época del año en que se visite. Es un bonito lugar y siempre guarda encanto.

Patxi, me dice que pierde aceite, que tiene que parar, que se ve más bajo…

Y es verdad: La tija ha perdido fuelle, aceite, aire o vete a saber el qué, pero hay que hacer un apaño.

Por suerte, el mozo, es apañadico y en un par de minutos estamos rodando de nuevo.

Abandonamos “Los Fayos”, con una discusión entre Patxi y Guillermo.

El primero habla de la ermita de San Atilano donde estuvo de ermitaño junto a otro santo que…

Y a todo esto Guillermo, profesional de obras públicas, derribos y movimientos de tierra, quiere traducir el tema a: “en cuantos viajes de camión se traduce esa ermita”.

Con una subida de tensión arterial por parte de Patxi, continuamos.

Ya junto al curso del río Queiles, y en dirección a vozmediano, empieza la cuesta.

Vamos a ritmo suave y tranquilo. sin forzar lo más mínimo y disfrutando de un piso, que a veces es nivoso, otras de hielo y de cuando en cuando, mezcla una franja donde se ve la tierra congelada.

Es una sensación genial, la de escuchar la nieve que se aprieta bajo el peso de las ruedas. El leve derrapar de la trasera y los leves sustos al hacer fuerza sobre una placa de hielo.

Mientras, se suceden los kilómetros, charlando y disfrutando del paisaje.

La ruta es perfecta para hoy. Estamos al abrigo y no es de menospreciar!!

Llegamos a Vozmediano y decidimos acercarnos al nacimiento del río.

Desde la plaza del pueblo en adelante, la ruta se convierte en una pista de hielo.

Las estrechas y sombrías callejuelas, guardan perfectamente el hielo, que nos hace derrapar y casi caernos en bastantes ocasiones.

Tanto es a´si que nos detenemos en una casa a echarnos unas fotillos con unos carámbanos de hielo.

 

Carambanos4 Carambanos3 Carambanos2

 

Ya calmado el crío que llevamos dentro, proseguimos por las heladas calles hacia el nacimiento del río, con una capa de nieve importante.

Seguimos haciendo algunas fotos y damos media vuelta.

Desandamos el camino, no sin cierta precaución, a causa del hielo, hacia Los Fayos y desde allí bajamos a Tarazona.

Bajamos a Murchante por el Tarazonica y por fin llegamos a casa, donde una ducha caliente nos va a venir que ni pintada!!

Crónica: La Ruta Guillermina

Estrenábamos ruta.

Guillermo, me comentaba, ayer sábado, la posible ruta que se le había ocurrido realizar y la verdad es que tenía muy buena pinta (…tooo pa´rriba).

Como, a priori, la ruta era más corta que las últimas, decidimos dormir un poco más y salir a las 9:00 del lugar habitual.

Puntuales como un clavo, aparecen por el parque: Guillermo, Roberto, Jarauta, Bauti y yo mismo (Iñaki).

Junto a Bauti, viene de Tudela, Roberto Val. compañero de Spinning con el que hoy compartiremos ruta.

Salimos del pueblo por el Soladrero, camino de la antigua estación de tren “del Tarazonica” y por la misma vía verde, subimos tranquilamente.

Llegados a la altura de Vierlas, abandonamos el trazado  para empalmar con la carretera que va a Cunchillos.

Tras un par de kilómetros asfaltados, llegamos a este último pueblo, saliendo del mismo por un camino que ya va acercándonos a la primera subida del día.

Subimos a los molinos del puerto de “Las lanzas” en una mañana perfecta.

Temperatura adecuada, sin viento, un sol agradable… QUE MAÑANICA!!!!

Vamos, tanto es así que arriba, y por primera vez este año, cambio los guantes de invierno por los de primavera, ya empezamos a tener ganas de quitarnos forros…

Ha sido la primera cuesta pero como ya avisaba a mis compinches, había que guardar fuerzas para lo que estaba por llegar…

Abandonamos los molinos por la pista de la izquierda (una vez arriba como decía) para acercarnos al punto más alto del puerto en cuanto a su versión asfaltada se refiere.

Los próximos 3 kilómetros son los únicos que, ni el guía oficial ni yo, conocemos aunque, dice el “Sherpa Orta”, que vio una pista que bajaba a la subestación eléctrica desde su camión (madre, madre…).

Allí y sin cruzar el puente, empezamos el descenso por un camino que se transforma en sendero y poco después en rastrojera cuesta arriba…. hasta que escucho un

-“Ye Heeeeeeeeee”

Miro atrás y no hay nadie… Upss

Vuelvo y abajo están esperando:

-“Tiene que ser por ese otro que se ve al otro lado de esa finca”

Minutos después y tras un corto tránsito de modo rotabator, seguimos bajando, ahora sí, por el camino apropiado.

Cuando se ve la instalación eléctrica, Guillermo me dice:

-“Lo veeeeeeesssssss, si ya te decía yo pero no confías en mis dotes de orientación…!!!”
(EJEM…)

Anunciamos al resto del grupo lo que se nos viene en breve.

Pasando bajo la carretera (por un túnel) daremos con una cuesta de las de aupa. Frente a nosotros, la sierra de la Diezma, y un “caminacho” que parece subir como si de una vía al K2 se tratase.

Roberto Val, mira y replica:

-“¿¿¿Seguro que se puede subir eso…???”

Quinientos metros más adelante estamos todos en molinillo, luchando por que la rueda delantera no despegue del suelo y rezando para no caernos (a ver quien vuelve a montar en una pendiente que supera, por amplio margen, el 20%).

La cuesta calculo que medirá del orden de un kilómetro y medio, que queda impreso en la mente de aquel que la asciende. 

Todos sin excepción subimos montados en las bicis (dicen las malas lenguas que Jarauta decía al que llevaba al lado):

-“Esto lo subo por mis Webs, cojones que si la subo…!!! “

Y a decir, que cumplió su palabra…

Arriba, aun con el resuello, Roberto Val, pregunta:

-“¿Esta cuesta tiene nombre?”

-“No”

-“Pues hay que ponerle porque lo merece…”

Un par de minutos después, anuncia

-“EL Molinillo, así la llamaremos”.

A lo que Jarauta responde (yo la llamaría “Putadón”)…

Así que con ese par de nombres que queda bautizada y que quienes la prueben digan con cual se queda cada cual…

Estamos en la cresta de la sierra, pero aun nos queda por subir. Sin embargo, la altura alcanzada hace que el resto sea pan comido.

Continuamos por una pista que asciende suavemente y nos deja al final de la carretera de subida a la Diezma (la que sale desde Grisel) y terminamos la ascensión por asfalto.

Arriba, nos detenemos para comer algo y continuamos por la pista de los molinos hasta una bajada conocida como “la cicatriz”.

Es aquí donde vemos tres asustados corzos, que corren ladera abajo evitando el contacto con nosotros.

Por la pista, unos paseantes, se detienen para ver como se les acercan, mientras el niño que les acompaña, sale corriendo despavorido viendo que se le echan encima al grito de:

-“Que nos pillaaaaaaaaaaaaaaaaann”

Los asustados animales al ver que frente a ellos había “berreadores comunes” (subespecie humana) optan por cambiar de rumbo y evitar todo contacto con humanos.

Descendemos y terminamos en la carretera de Veruela, desde donde bajamos hacia la rotonda de Santa Cruz.

En ella, están un grupo de amarillos (no son chinos, sino ciclistas del C.C. Murchante), esperando por el resto de su grupo.

Nos detenemos un par de minutos para charlar con ellos y continuamos, bajando hacia el pantano.

Pasamos Los Fayos y nos adentramos en la chopera que tantas veces hemos cruzado este invierno, para volver a subir, al cementerio de Tarazona.

Ya arriba, Jarauta no quiere oír hablar del Tarazonica así que nos anima a elegir alternativa de vuelta (¡¡y que acertadamente!!).

Decidimos volver por “los sifones” y tras algo de turismo (visitando caminos nuevos…), terminamos por dar con el dichoso sifón (y con “el aglomerao” aunque… esa es otra historia… ).

Pasamos junto a la reserva de agua de “La Mancomunidad de Aguas del Moncayo” y continuamos nuestro descenso a Monteagudo.

De Monteagudo pasamos a Cascante donde Guillermo vuelve a ejercer su mando de guía oficial y nos desvía para pasar frente al Termolúdico… (qué tramará…)

Por la entrada a Cascante, que viene de la carretera de Fitero, y en dirección “al Romero” avisa:

-“Preparaos para una última de molinillo”

-“Al romerooooooo??”

-“NO!!”

Nos desviamos y como de la nada, junto al camino sale una especie de (no se ni como llamarlo): Bulto de tierra????

Empinado, muy empinado y tomando carrerilla cada cual intenta subir como puede.

De arriba y sin tiempo para pensar,  arranca un vertiginoso descenso con escalones incluidos de los que a mi y algún otro (“sevillano” que andaba por Castejón…) nos sacan la sonrisa.

Que bonito!!

Animados por esta sorpresa, decidimos evitar el trayecto final previsto y decidimos volver hacia nuestro pueblo por “otro lugar”, y que no podemos citar porque…podría ser parte de cierta
prueba cicloturista nocturna a celebrar el próximo 14 de Junio… así que… digamos que llegamos a Murchante con una sonrisa en la boca tras una ruta completa que terminó con 76 Kilómetros
preciosos y que seguro que repetimos.

Crónica: A Carcastillo por la Bardena

Amanece mientras disfruto un desayuno mirando al cielo, con el ansia de saber si hará buen día…

La previsión es “suficientemente” buena. dicen que no lloverá por la mañana, aunque si anuncian viento de fuerza creciente…

La Javierada se acerca y hay que empezar a probar distancias más largas, así que hoy toca ir a Carcastillo, lo que en teoría suponen unos 120 Kmts.

En el parque estamos “los habituales”: Chelu, Guillermo, Roberto, Jarauta, Carlos (Sierra) y un invitado que ha venido de Buñuel para empezar la ruta con nosotros.

Anselmo, que es como se llama nuestro amigo, conoce a varios de nosotros por lo que, con un poco de suerte, esperamos se sienta como en casa.

Por cierto, había otro que también estaba en el parque y era yo (Iñaki).

Dado el kilometraje de la ruta, sabemos que no va a aparecer nadie más así que a las 8:30 en punto cruzamos el pueblo en dirección a Tudela, y atravesamos sus callejuelas
para llegar al puente del Ebro.

Allí nos espera la sección Tudelana, con Diego, Cesar, El cuñado de Cesar (con flamante bici nueva), Patxi y una sorpresa: Inés, mujer de este último y compañera de Spinning,
de Anselmo y un servidor.

Que bonito es ver una cuadrilla, de cierto número, rodando juntos.

Por nuestra ruta habitual, junto a los sotos del Ebro, avanzamos para llegar y atravesar la recta de Arguedas y entrar en las Bardenas por el Barranco de las Limas.

El camino es descarnado, y Chelu, que no le tiene mucho cariño que digamos va jurando en de bote en bote.

Atravesamos el “labrao”  y continuamos por una zona… … hasta que nos acercamos a Castildetierra (la censura hace que no pueda escribirlo todo todo y todo…).

Allí se producen cambios en el grupo.

Por un lado, Cesar, su cuñado y Diego, nos abandonan, pues tienen que estar pronto en casa y a éstos les sustituyen las campeonísimas del club

Marta… y Mery que se va a acordar de no haber salido en bici por una temporadilla… jejeje.

Salimos por la perimetral del polígono de tiro, a un ritmo asequible para todos (de una forma u otra, todos llevábamos el ritmo 🙂 ).

Entre tonterías varias y la leyenda de “Chelu y la pirámide”, pasan los kilómetros y algunos, que tenemos buen olfato, ya empezamos a discernir en el ambiente,
el inconfundible aroma del bocata que “se cuece” en Carcastillo…

Anselmo ya es uno más del grupo y hace las veces de “rotabator” como dice él, dándome relevo en algunas funciones de cabeza tractora… (es difícil de explicar…).

Pasamos junto al monumento del pastor y al poco estamos en la carretera.

Entre mi bocadillo y yo solo hay 5 kilómetros, ya no me para ni un tanque!!.

Empezamos a rodar, con una barra de pan en mente, y compruebo que, no solo yo, tengo hambre, pues Chelu y Patxi van dando relevos a troche y moche
apretando dientes …no sea que se termine el pan y se queden sin nada…

En menos que canta un gallo, estamos en el centro del pueblo y en pocos minutos llega el grupo.

Todos damos cuenta de un bocadillo, excepto uno (tripero…) que acaba robando trozos a las pobres “mueticas” que venían desfallecidas…y muertícas de hambre…

Da pereza volver a salir ahí fuera, sabiendo que el viento va cobrando fuerza, viene  en dirección contraria a nosotros y con el sudor frío nos va a costar volver a entrar en calor
pero no queda otro remedio.

Ya en los primeros kilómetros por la carretera, el viento nos pega bien y hay que poner “watios en los pedales” para avanzar.

Pasamos el monumento del pastor y varios kilómetros más allá, a una, le sale “el gremlim” que lleva dentro y empieza a jurar (mira que le dije a su amiga que no le diera de comer después de media noche!!!).

-“Fulanita, Tomate una glucosa…”

-“Que no!!, que voy bien y patatín…”

Otro porrón de kilómetros más allá y tras haber jurado lo suyo… se toma la glucosa…

5 minutos después…

-“¡Cojones!… Anda que no se me nota, me la tenía que haber tomado antes… ahora voy canela….”

¿Como?    …jijiji

Por fin llegamos de nuevo a la perimetral del polígono y el viento nos da de espalda, con lo que el ritmo es algo mayor y sin esfuerzo
hasta Castildeterra.

Allí Marta y Mery nos abandonan  y el resto continuamos.

Al poco de salir, empezamos a tirar para ganar tiempo y en poco tiempo estamos junto a “los Aguilares” en pos del camino favorito
de Chelu.

Inés, muy valiente, aguanta tirones y envites del personal… más el viento frontal  y pese a llevar cien kilómetros en las piernas, no se queja ni una sola vez…

Alguno me comenta:

-“la chica los tiene bien puestos!!!” (algo en lo que coincido).

Pasamos la carretera de Arguedas y pese que alguno siente flaquear las fuerzas, tampoco escuchamos una queja. Que buenos fichajes
hemos hecho en este club en los últimos meses oye…

Antes de llegar al puente del Ebro, se produce una pequeña estampida que ayuda a soltar adrenalina al sprint .

Llegados a Tudela y con unos 110 kilómetros a cuestas, nos despedimos de nuestros amigos Patxi e Inés, para continuar,el resto,a Murchante.

Anselmo está en forma y llega como un campeón, mientras Chelu, hasta me disputa la “meta volante” de la cooperativa…jejeje

(Este Chelu está como un toro… no te jode tras robarle el bocadillo a alguna…).

Han sido una bonita ruta, que además nos ha permitido rodar con mucha gente y empezar a poner en forma a “alguien” y reírnos un rato
tras los 118 kilómetros que a final de trayecto marca mi cuenta kilómetros.

Gracias a Anselmo e Inés por acompañarnos así como a Mery que es una valiente).

 

 

 

Crónica: Sancho Abarca

La verdad es que aun no tengo clara la razón por la cual, este fin de semana no se reflejaba en el calendario KarrikiriBTT con la correspondiente ruta. Posiblemente cuando lo hicimos pensamos que serían Carnavales en vez del anterior?

El viernes charlando entre unos y otros,a alguien se le ocurre una posible ruta:

-“Y si vamos a Sancho Abarca?”

Casualidad la semana anterior, “alguien”, me había dicho que una vez fué y que nunca más!!!

Así que escribo el e-mail avisando del adelanto de la hora de salida a los socios… y se me trabaron los dedos al poner a donde íbamos (sin MUCHA mala intención..jejeje).

Algo debía de olerse la persona en cuestión… que no acudió a la cita.

Los que si acudieron fueron: Enrique, Guillermo, Marta, Cesar Aguado y yo (Iñaki).

Aunque Cesar se empeñaba en decir que no hacía frío… Enrique y yo íbamos hablando de lo pasmados que estábamos mientras bajábamos a Tudela.

En el puente del Ebro nos esperaba Diego y tras saludarnos, proseguimos nuestro camino.

Pasamos tras la papelera y nos metemos en la cañada para posteriormente cambiar el rumbo. Si inicialmente iríamos paralelos a la carretera de Ejea, pensamos en una nueva ruta que nos permitiese ir más “ligeros” en cuanto al ritmo.

Nos metemos durante unos trescientos metros en la carretera de Cabanillas hasta dar con un camino que circunda el pueblo “por encima del mismo” y que posteriormente nos dejará en Fustiñana.

Vamos hacia Portimayor, ascendiendo durante algunos kilómetros por rampas no muy fuertes. Al fondo, se divisa la plana de la negra.

Hoy tenemos una premisa… llegar a la hora de comer “SI o SI”, ya que de ello depende que alguien no nos corte partes
apreciadas de nuestra anatomía…

Al grito de “Venga que no llego!!!, Veeeenga que no llego!!!” avanzamos a un ritmo que dudo podamos mantener el resto de la ruta.

Empezamos la ascensión de una cuesta a la que no tengo especial cariño (la Z que sube a la plana de la negra).

Las primeras rampas que a ojo, tendrán un kilómetro son las más duras y el terreno está rizado por el paso de algún tractor…

Como siempre los escaladores Tudelanos, nos sacan unos metros, mientras el resto ascendemos en bloque.

Una vez arriba, las sensaciones no son malas, y eso que pensaba que tras el tute de los kilómetros anteriores lo pagaríamos en ese punto.

No nos da tiempo ni de ver el paisaje.

-“Venga que no llego a comeeeerrrrrr!!!”

Parece el encierro del 7 de Julio, vamos cual mozo ante las astas del morlaco a todo meter.

Por suerte, algunos conocen la ruta por lo que solo tenemos que preocuparnos de dar pedales y agachar la cabeza.

-“Vengaaaaa que a las dos tengo que estar en casaaaaa” (no se callará….)

Enrique me dice:

-“Menuda media llevamos hoy… y eso que vamos subiendo…”

En plato grande y jugando con los piñones más pequeños, atravesamos toda la plana hasta la zona que sale de las Bardenas. Allí, aprovechando las corrientes de aire ascendentes, hay un grupo de Buitres esperando que alguno no pueda mantener el ritmo.

Al fondo y entre la persistente niebla que nos acompaña toda la mañana, se ve el pié de repetidores de telefonía, lo cual advierte que no queda mucho para Sancho Abarca.

Tan apresurados vamos, que para cuando quiero prepararme para la última rampa… han pedido los cafés y estamos dando cuenta de un MINI almuerzo.

Allí están 3 amigos de Buñuel con quienes charlamos, hasta que se van siguiendo su ruta.

Allí se cumple otro tópico: Termino el útimo el bocadillo y casi tengo que beberme el café como si de un machacado se tratase (mano encima, golpe en la mesa y pa´ dentro).

-“Vengaaaaaaa”

Llevamos ya unos 50 kilómetros y el ritmo ha sido muy alto, por lo que la pregunta es: Aguantaremos así hasta casa? Nos pasará factura cuando pesen los kilómetros?

-“Vengaaaaaa” (ni pensar deja…!!!)

Bajamos del hotel de Sancho Abarca y tras escasos dos kilómetros, nos cruzamos con una cuadrilla de BTTeros del club KEA, lo que nos sorprende, ya que están un tanto lejos de su lugar de origen. Nos saludamos y proseguimos.

La cuesta de Santo Domingo, pero llena de Miuras parece el camino, porque aquí… tonto el último…

No miramos ni pulsómetro ni velocidad,  solo pensamos en no perder rueda y dar el relevo en cuanto toca…

..Hasta que encontramos a los chicos de Buñuel. Reducimos un pelín el paso y ya junto a nuestros amigos, nos acercamos a la “Z”, esta vez… en sentido contrario (hacia abajo!!).

Antes de bajar, nos detenemos un instante para que alguno descargue, a lo que  se oye:

-“Venga Vengaaaaa que no llego a la comida!!!!”

Salen disparados mientras yo dejo hacer a la gravedad…

Cuando adelanto a Guillermo a toda velocidad dice que él va a 67 km/h… es mejor estar atento al camino.

Estoy a punto de dar alcance a los primeros cuando veo una mano levantada. Coche!!!!

Uffff, pasamos y ha que volver a frenar en la curva cerrada que viene a continuación…

Seguimos disfrutando de la bajada hasta que termina lo bueno y el terreno vuelve a ponerse horizontal.

El grupo se reúne y aunque vamos charlando… el ritmo es bastante majo.

Bajamos hacia Fustiñana y los chicos de Buñuel deciden acompañarnos ya que tienen poco hasta su pueblo.

Vamos algo más relajados pero aun así, Enrique se me pone al lado:

-“A 32 Km/h, jujuju “

Llegados a Fustiñana, nos despedimos de los tres mozos y atravesamos el pueblo por su centro para salir en dirección a Ribaforada.  Los que hoy hacen de guías parece que han echado algo de Cognac a su café y van decidiendo la ruta conforme cambia el aire (jijiji) a lo cual alguien va ronroneando:

-“Ya verás como al final no llego… ya lo verás…”

En Ribaforada tenemos que esperar a que un superrebaño de ovejas cruce el puente, hasta que nos damos euncta de que el camino que queremos tomar está cortado más adelante. Cambio de rumbo.

Salimos en busca del canal de Lodosa para seguirlo, si bien cuando estamos para entrar, los del carajillo, deciden que es mejor ir al pago de Cirsus (al “Chateau” dijeron), y de allí, junto a las vacas de Arriazu (mira que nos conocen…) encarar hacia el Saso para llegar a la hora prevista.

Atravesado el Saso y llegados a la antígua estación de tren de Murchante, los Tudelanos, se despiden para bajar por el Tarazonica mientras nosotros encaramos hacia el pueblo con un hambre que…

-“VENGAAAAAAAA!!!!!!!!!!”

Finalmente sobre la 13:15 estamos en casa tras 100 kilómetros hechos, en modo rally.

Cuenta la leyenda que, quien metía prisa, llegó a la comida e incluso le dio tiempo de lavar la bici antes de ir a la celebración.

Una ruta que seguro que nos vale como entreno para ir a Javier con las piernas un poco más hechas… o deshechas…jejeje

Crónica: Vozmediano y CASI Grisel

El tiempo no era nada malo…sino fuese por el creciente viento.

Al punto de la mañana (las 8:30 a.m.) no soplaba mucho y aparecía la gente en el parque rápidamente.

Será el tiempo que va mejorando (ya no hace esos fríos de semanas atrás), o que estamos en puertas de la Javierada o vete a saber que confluencia de factores, han animado a los 17 que salíamos hoy:

Oscar, Samuel, Enrique,Dani, Marta Bonilla, Enrique (compañero de Marta), Eduardo, Guillermo, Feliciano, Marta Garriz, Inés Orta (te avísé…), Juan Carlos, Chelu, Cesar Cope, Cesar (Tudela), Bautista y yo (Iñaki).

Empezábamos la ruta, saliendo del pueblo por el cementerio. Como la amalgama de niveles y gentes erá muy dispar, rodábamos suave, mientras charlábamos de esto y aquello (de aquello más que de esto, concretamente). Llegados a la carretera que va de Cascante al cruce de Corella (la que pasa por la balsa de Pulguer), atravesábamos la vía para cruzar una zona de rampas cortas pero divertidas que nos dejaban en otro camino.

Sin saber como, el grupo se divide y no vemos a la otra mitad.

Vuelvo y unos cientos de metros detrás aparecen rodando. Han tenido que parar un instante, pero ya está.

Me uno a ellos y empalmamos con el resto que esperan detenidos.

Avanzamos un par de kilómetros más e Inés decide volverse a casa (la verdad es que hoy no era ruta para personal no acostumbrado a la bici y es la mejor decisión ya que mejor al lado de Cascante que internados en la maraña de caminos en la que nos íbamos a ver inmersos más adelante).

Seguimos, sin parar de ascender, de forma suave pero contínua por un camino que nos es conocído a la mayoría, puesto que solemos realizar esta ruta varias veces al año y pasan los kilómetros entre conversaciones y la frase del día (Marta: “Bébe”). La pobre Marta Garriz, abrasada por mi cansina y repetitiva voz, hacía caso y será por eso o no… menuda ruta ha realizado…

En determinado cruce y a escasos dos kilómetros de Montealto, girábamos 90º para poner rumbo a Tarazona.

Eso implica cambio de tipo de camino, más ancho y mejor piso… y pequeños toboganes o rampas que teníamos miedo de que mermase las fuerzas de quienes fueran un poco justos de fuerzas, pero nada más allá de lo normal, porque todo el grupo superaba las rampas bastante bien.

Por fin llegábamos a la última rampa de ese tramo, y que termina en el sifón que cruza el camino, para empezar a descender hacia Tarazona.

Que bien se va cuesta abajo !! jejeje

Llegábamos a Tarazona por la zona de Tórtoles y tras un pequeño despieste, subíamos por detrás de la cuidad, ascendiendo hacia el embalse de Santa Ana.

Desde allí ya olía a bocadillo (claro está… depend de lo fino que tengas el olfato, pero es que el mío a la hora del almuerzo es tal que ni el de un podenco) y tras un corto periplo por la zona, nos encontrábamos en el bar de la Lupe en Torrellas.

Hoy no estaba y su hermana al ver llegar a semejante grupo ha decidido pedir ayuda, por lo que al poco ha aparecido la susodicha.

Nunca he tendo complejo de comer lento, pero una de dos… o yo como lento o esta panda de lob@s hambrientos devooooora!!!. Porque acaban casi tod@s antes que yo…

Tras un pedazo de bocata y un café, seguimos hacia los Fayos, para, desde allí emprender la subida a Vozmediano por la pista que discurre junto al río Queiles.

Es una zona muy chula, al resguardo del viento y la subida no es exigente (aunque muy contínua).

Son 10 kilómetros de subida desde Los Fayos y dado que Marta Garriz se animaba a probar, la otra Marta le aportaba un chute de glucosport.

Valiente, ha subido hasta escasos dos kilómetros de Vozmediano, donde finalmente ha decidido dar la vuetla, acompañada or Chelu que pese a estar casi convaleciente, ascendía como un campeón (ya verás con el flaco…).

Guillermo y yo que estábamos acompañandoles, nos quedamos solos y visto que íbamos muy retrasados del grupo, subimos como trolebuses, hasta el cruce con la carretera (donde nos están esperando algunos de nuestros compañeros). De allí a Vozmediano quedan escasamente 500 metros donde el resto espera.

El tirón para alcanzar al resto hace que empiece la ascensión a Agramonte  bastante alto de vueltas y cansado pero una vez alcanzado mi ritmo, voy recuperando, poco a poco, mientras gano altitud.

Llego al cruce de Agramonte, donde paramos para reunir al grupo y empezar la bajada.

Desde este punto la ruta consistía en bajar hasta el siguiente cruce y ascender ala diezma (molinos de Grisel), pero las horas han pasado y entendemos que hay que bajar a casa, por lo que emprendemos el descenso a trote lechonero (o dicho de otro modo.. a too meter).

El viento arrecia cada vez más y bajando por el tarazonica, el “expreso del Termolúdico” (Juan Carlos), pone todas sus horas de bici estática al servicio del grupo.

El pelotón se divide en varios trozos y finalmente nos reunimos en la antígua estación de trén de Murchante para despedir a los Tudelanos y empezar a husmear al viento de cara, por si trajera eflivios de la comida que vamos a degustar en breves momentos.

Parece que ya es una tradición no terminar esta ruta (la parte de la Diezma) y la próxima vez avisaremos al bar para no perder tiempo esperando los bocatas. Pero han sido 80 kilómetros que de no ser por el fuerte viento fronto-lateral durante la vuelta, han resultado de lo más divertidos.

La semana que viene toca la Javierada y empezaremos el viernes a las 8 en casa de Oscar para dejar las cosas (incluyendo la manta “antiroces”). Acordaros!!!

Crónica: Monte alto… y ventoso…

Algún día tenían que acertar en las previsiones meteorológicas y hoy, casi, lo han hecho.

Anunciaban viento muy frío y con rachas de hasta 65 Km/h… y se han quedado cortos, de largo…jejeje (por eso digo que no han acertado).

Aunque hoy era día de promesas y les habíamos puesto “un caramelico” a ver si se animaban, ni un/a sol@ promesas ha hecho acto de presencia por el parque (de la que os habéis libradoooooo).

Del punto de salida partíamos hacia Monte alto: Samuel, Enrique, Marta, Guillermo, Eduardo, Cesar (Tudela), Juan Carlos, Fermín Suescun, Roberto y yo (Iñaki).

Ya antes de empezar a dar pedales, estábamos pasmados y con ganas de hacer ejercicio.

El viento que soplaba era de consideración y no era nada para lo que soplaría más tarde.

Hoy estábamos de enhorabuena, porque recibíamos algunos de los frutos del trabajo de los últimos meses: las tarjetas federativas.

(A algunos os las entregará un compañero, a otros como Raul, Chelu y Miguel, os las guardo yo y os las daré… si sois buenos chicos…jejeje).

Salíamos hacia el estrecho, y ya el viento era imponente , lo que unido a que el aire venía a una temperatura bajísima, la sensación de frío era para dar media vuelta y meterse en la cama, bajo 4 mantas y sin quitarse la equipación.

Pero claro, como Karrikiris que somos, nuestra determinación era inquebrantable (por lo menos de boquilla y de cara a la galería…jejeje), y hemos procedido con la primera cuestica del día ascendiendo “Los Royales”, tras lo cual hemos disfrutado de aun más viento por los toboganes que conducen a la vía romana…

Y cuando digo disfrutar… quiero decir, disfrutar como cochinos javalines revolcándose en una charca.

A decir verdad uno de nosotros, en medio de una cuesta, y a todo meter, a decidido imitar a estos simpáticos animalillos y revolcarse (sin charca), en el duro suelo, pese a lo cual solo ha roto pantalón y guante (suerte que llevaba varias capas de ropa, porque sino de ésta se le congela… el “quinto elemento” (tengo que precisar, en que parte a sufrido la rotura textil?).

Tras cruzar la carretera (vía romana Cascante-Fitero), el cambio de ángulo que hacía el camino no mejoraba en absoluto las cosas, puesto que si hasta ese momento, nos daba de lado y nos desequilibraba, llevándonos de lado a lado… ahora lo hacía en diagonal y en sentido frontal (vamos, toda una delicia).

Llegados a un punto giramos para llegar al culmen del disfrute: rodar frontalmente contra el vendaval.

A relevos, agachados contra el manillar y apretando los dientes, avanzamos hasta llegar a una curva de unos 170 grados que por fin nos da un respiro (bueno, ahí empezaba a ascender el camino pero… a favor del viento las cosas se ven diferentes).

En ese punto del camino, y pese a llevar braga en cuello y cabeza, orejeras… a varios nos dolía la cabeza por el frío (y así de abrigado nunca hasta ahora me había dolido de esta forma), pero por suerte bastante más de mitad de subida nos acompaña la suerte y rodamos en la misma dirección (lo que nos permite que mengüe, la cefalea).

Cuando ya nos habíamos acostumbrado a la, aparente ausencia, de viento, el camino ofrece una paella de 180 grados que nos vuelve a encarar contra el aire, si cabe más frío (por la altura y falta de protección de ningún tipo) ya que estamos en la cara norte. Por suerte, queda poco para coronar y llegamos arriba en un periquete.

La bajada es espectacular: Larga, rodeada de pinos, con protección del viento… vamos que muy chula.

Es, nada más bajar, cuando la dura realidad nos golpea y los dos grados bajo cero que se nos habían hecho agradables, vuelven a abofetearnos en forma de viento huracanado.

Continuamos, ya en sentido de vuelta con el aire lateral, azotando las caras, ya insensibles (casi mejor porque, zona insensible, ya no duele tanto…).

Mientras rodamos, vemos atravesar el camino de todo.. matas voladoras, Martas voladoras… (el viento se llevaba de todo lateralmente… jejeje).

A medio trayecto de vuelta, y a nuestra izquierda, aparece una balsa de riego y no nos queda otra que parar, aun con el viento en su máximo auge.

Aunque se ve una zona con agua que aun resiste, el resto de la balsa tiene su superficie totalmente congelada y aunque no aguanta el peso de alguna atrevida… si que podía con piedras de muy diferentes tamaños que lanzábamos para probar su resistencia.

Continuamos la ruta, para llegar a Cascante, por la zona de la fábrica de “aceites Urzante”, desde la cual empalmábamos con el camino que lleva a Murchante por el cementerio.

Salían poco menos de 40 kilómetros pero, todo tiene su porqué, y si el gélido viento no os parece razón suficiente… ya buscaremos otras excusas para justificar el hacer esta ruta… :-).