Crónica: La Ruta Guillermina

Estrenábamos ruta.

Guillermo, me comentaba, ayer sábado, la posible ruta que se le había ocurrido realizar y la verdad es que tenía muy buena pinta (…tooo pa´rriba).

Como, a priori, la ruta era más corta que las últimas, decidimos dormir un poco más y salir a las 9:00 del lugar habitual.

Puntuales como un clavo, aparecen por el parque: Guillermo, Roberto, Jarauta, Bauti y yo mismo (Iñaki).

Junto a Bauti, viene de Tudela, Roberto Val. compañero de Spinning con el que hoy compartiremos ruta.

Salimos del pueblo por el Soladrero, camino de la antigua estación de tren “del Tarazonica” y por la misma vía verde, subimos tranquilamente.

Llegados a la altura de Vierlas, abandonamos el trazado  para empalmar con la carretera que va a Cunchillos.

Tras un par de kilómetros asfaltados, llegamos a este último pueblo, saliendo del mismo por un camino que ya va acercándonos a la primera subida del día.

Subimos a los molinos del puerto de “Las lanzas” en una mañana perfecta.

Temperatura adecuada, sin viento, un sol agradable… QUE MAÑANICA!!!!

Vamos, tanto es así que arriba, y por primera vez este año, cambio los guantes de invierno por los de primavera, ya empezamos a tener ganas de quitarnos forros…

Ha sido la primera cuesta pero como ya avisaba a mis compinches, había que guardar fuerzas para lo que estaba por llegar…

Abandonamos los molinos por la pista de la izquierda (una vez arriba como decía) para acercarnos al punto más alto del puerto en cuanto a su versión asfaltada se refiere.

Los próximos 3 kilómetros son los únicos que, ni el guía oficial ni yo, conocemos aunque, dice el “Sherpa Orta”, que vio una pista que bajaba a la subestación eléctrica desde su camión (madre, madre…).

Allí y sin cruzar el puente, empezamos el descenso por un camino que se transforma en sendero y poco después en rastrojera cuesta arriba…. hasta que escucho un

-“Ye Heeeeeeeeee”

Miro atrás y no hay nadie… Upss

Vuelvo y abajo están esperando:

-“Tiene que ser por ese otro que se ve al otro lado de esa finca”

Minutos después y tras un corto tránsito de modo rotabator, seguimos bajando, ahora sí, por el camino apropiado.

Cuando se ve la instalación eléctrica, Guillermo me dice:

-“Lo veeeeeeesssssss, si ya te decía yo pero no confías en mis dotes de orientación…!!!”
(EJEM…)

Anunciamos al resto del grupo lo que se nos viene en breve.

Pasando bajo la carretera (por un túnel) daremos con una cuesta de las de aupa. Frente a nosotros, la sierra de la Diezma, y un “caminacho” que parece subir como si de una vía al K2 se tratase.

Roberto Val, mira y replica:

-“¿¿¿Seguro que se puede subir eso…???”

Quinientos metros más adelante estamos todos en molinillo, luchando por que la rueda delantera no despegue del suelo y rezando para no caernos (a ver quien vuelve a montar en una pendiente que supera, por amplio margen, el 20%).

La cuesta calculo que medirá del orden de un kilómetro y medio, que queda impreso en la mente de aquel que la asciende. 

Todos sin excepción subimos montados en las bicis (dicen las malas lenguas que Jarauta decía al que llevaba al lado):

-“Esto lo subo por mis Webs, cojones que si la subo…!!! “

Y a decir, que cumplió su palabra…

Arriba, aun con el resuello, Roberto Val, pregunta:

-“¿Esta cuesta tiene nombre?”

-“No”

-“Pues hay que ponerle porque lo merece…”

Un par de minutos después, anuncia

-“EL Molinillo, así la llamaremos”.

A lo que Jarauta responde (yo la llamaría “Putadón”)…

Así que con ese par de nombres que queda bautizada y que quienes la prueben digan con cual se queda cada cual…

Estamos en la cresta de la sierra, pero aun nos queda por subir. Sin embargo, la altura alcanzada hace que el resto sea pan comido.

Continuamos por una pista que asciende suavemente y nos deja al final de la carretera de subida a la Diezma (la que sale desde Grisel) y terminamos la ascensión por asfalto.

Arriba, nos detenemos para comer algo y continuamos por la pista de los molinos hasta una bajada conocida como “la cicatriz”.

Es aquí donde vemos tres asustados corzos, que corren ladera abajo evitando el contacto con nosotros.

Por la pista, unos paseantes, se detienen para ver como se les acercan, mientras el niño que les acompaña, sale corriendo despavorido viendo que se le echan encima al grito de:

-“Que nos pillaaaaaaaaaaaaaaaaann”

Los asustados animales al ver que frente a ellos había “berreadores comunes” (subespecie humana) optan por cambiar de rumbo y evitar todo contacto con humanos.

Descendemos y terminamos en la carretera de Veruela, desde donde bajamos hacia la rotonda de Santa Cruz.

En ella, están un grupo de amarillos (no son chinos, sino ciclistas del C.C. Murchante), esperando por el resto de su grupo.

Nos detenemos un par de minutos para charlar con ellos y continuamos, bajando hacia el pantano.

Pasamos Los Fayos y nos adentramos en la chopera que tantas veces hemos cruzado este invierno, para volver a subir, al cementerio de Tarazona.

Ya arriba, Jarauta no quiere oír hablar del Tarazonica así que nos anima a elegir alternativa de vuelta (¡¡y que acertadamente!!).

Decidimos volver por “los sifones” y tras algo de turismo (visitando caminos nuevos…), terminamos por dar con el dichoso sifón (y con “el aglomerao” aunque… esa es otra historia… ).

Pasamos junto a la reserva de agua de “La Mancomunidad de Aguas del Moncayo” y continuamos nuestro descenso a Monteagudo.

De Monteagudo pasamos a Cascante donde Guillermo vuelve a ejercer su mando de guía oficial y nos desvía para pasar frente al Termolúdico… (qué tramará…)

Por la entrada a Cascante, que viene de la carretera de Fitero, y en dirección “al Romero” avisa:

-“Preparaos para una última de molinillo”

-“Al romerooooooo??”

-“NO!!”

Nos desviamos y como de la nada, junto al camino sale una especie de (no se ni como llamarlo): Bulto de tierra????

Empinado, muy empinado y tomando carrerilla cada cual intenta subir como puede.

De arriba y sin tiempo para pensar,  arranca un vertiginoso descenso con escalones incluidos de los que a mi y algún otro (“sevillano” que andaba por Castejón…) nos sacan la sonrisa.

Que bonito!!

Animados por esta sorpresa, decidimos evitar el trayecto final previsto y decidimos volver hacia nuestro pueblo por “otro lugar”, y que no podemos citar porque…podría ser parte de cierta
prueba cicloturista nocturna a celebrar el próximo 14 de Junio… así que… digamos que llegamos a Murchante con una sonrisa en la boca tras una ruta completa que terminó con 76 Kilómetros
preciosos y que seguro que repetimos.

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Crónica: Entre las Lanzas y el Buste

La mañana parecía que no iba a ser mala del todo en cuanto a lo climatológico.

Al salir de casa, el culote de invierno, no llega a proteger de la temperatura ambiente y noto en las piernas la frescura de la mañana.

Cuando llego al parque, está Chelu que ha sido aun más puntual que yo. al poco aparece Guillermo.

Diego y Cesar, aparecen a continuación. Finalmente se suman Samuel, Aitor y Javi (alias: LondonMan) que como cada año en diciembre se une a nosotros, y Patxi, que repite con los Karrikiris, después de un MUY ventoso, fin de semana anterior en la ruta al balcón de Pilatos.

Salimos en dirección “al Saso” y pasamos junto a la laguna de Ablitas, para enlazar con la carretera que nos llevará a Malón.

Continuamos hasta que, casi al salir de Cunchillos, alcanzamos un desvío que nos interna en camino de nuevo, en dirección a “Las Lanzas”.

Rodamos tranquilos, entre comentarios y cháchara.

En un momento dado, Aitor, me deja probar su flamante, e impoluta Scott que tiene la particularidad de incorporar la nueva medida de rueda 27,5 (o tipo ” 650B” para los más puristas).

A los mandos, me sorprende que en cuanto a ergonomía (y salvando la talla diferente que usamos ambos usuarios) está todo en su sitio. Me explico:

Hay bicis que en cuanto te montas, aprecias que el manillar está demasiado lejos en proporción a otras medidas, o que la inclinación de la tija te hace pedalear en una posición muy relajada o al ataque…

En esta no. Todo está casi igual que en mi Specialized y no me cuesta adaptarme ni un instante.

Rodamos varios kilómetros y si bien hecho en falta el “brain” (normal, me ocurre en todas las que pruebo), el resto es muy agradable.

Persiste esa sensación de ir en algo más grande, aunque no de forma tan acentuada como en las 29″ que he probado, cosa que es normal porque así es… pero no se nota esa torpeza en cuanto a reacciones e inercias en curva que se sentían en las de rueda grande.

Me desconcierta un poco la rigidez del conjunto (para bien) y no se que parte achacar al eje de rueda QR15, al carbono del cuadro…pero es agradable y ayuda a que la bici pase por donde se le indica, sin problema alguno.

Aunque finalmente, cuando se acerca la cuesta arriba, tengo que cambiar a mi montura, me ha gustado mucho las sensaciones que transmite la 27,5″.

Ascendemos hasta los molinos del puerto de las Lanzas (por camino) y arriba, nos detenemos a comer algo, esperar a que se recomponga el grupo…y pasar un poco de frío, por que no decirlo.

Reemprendemos la marcha y se me dibuja una sonrisa. BAJADA!!!

Un par de minutos después, en cabeza vamos Samuel y yo a paso de tortuga, echando pestes de una bajada sosa, sin pendiente ni aliciente alguno…

Como había precedentes y ya “algunos” enlazaron Lanzas y Buste a base de poner el modo rotabator…

Hago señales a un todo terreno de cazadores que viene de frente, para preguntar y nos dan las indicaciones suficientes.

Según las conversación mantenida, debemos bajar por la “cañada del chopo blanco” hasta la carretera del Buste.

Calculo que habría unos cinco kilómetros de camino/cañada, en la que aceleramos el paso y disfrutamos dando pedales en pelotón.

Al finalizar el tramo, llegamos a la carretera donde comprobamos que no queda otro remedio que ascender el Buste por asfalto, lo cual hace que se me caíga el alma a los pies (feo, soso y aburrido…arrrg). En ese punto Samuel y Aitor, conocedores de la oferta gastronómica de los bares Murchantinos, hacen mutis por el foro y nos abandonan en pos de  sensaciones culinarias… (triperos!!).

Empezamos a ascender y no me apetece nada de nada… ascendemos tranquilos hasta el pueblo y de allí callejeamos para adentrarnos en la pista que lleva a la bajada de los pinos (la idea era hacerlo por la cuesta del cementerio pero una pequeña confusión hizo que saliéramos a esta otra).

Ya bajo el Buste, el viento nos da de frente y un par que yo me se, empiezan a jurar en arameo (que si la ruta, que si el viento, que si el norte, que si yo… que si tal que si cual…). La cosa es que uno iba acatarrado y el otro llevaba demasiados fines de semana sin salir… así que…poco se podía hacer mas que aguantarlos (que es mucho!!!).

A ritmo tranquilo, para que los gruñones no se enfadasen, aun más, nos acercamos al Pago de Cirsus, pasamos junto al cerco de las vacas de Arriazu y llegamos a la carretera  Ablitas-Tudela, cerca del campo de aviación.

De allí nos volvemos a meter por “el Saso”, hasta llegar a la antígua estación de tren de Murchante.

Despedimos a parte de los Tudelanos y continuamos con Patxi que ha subido en coche hasta Murchante.

Finalmente salieron algo más de 60 kilómetros (no me fijé, la verdad) en buena compañía y disfrutando de la bici.

Gracias a Javi y a Patxi por unirse a nosotros. Nos vemos el fin de semana que viene!!