Crónica: A Sancho Abarca: de pinchazo en pinchazo, y vuelta a pinchar, porque toca.( 29-11-2015)

En Tudela esperamos Inés, yo (Patxi) más dos amigos, Vicente y Oscar.

Nos sumamos al grupo de Murchante. Chelu, Iñaki, Guillermo, José, Roberto, Antonio Nonin y Unai, rodando un total de 12 madrugadores.

Cruzamos el puente dirección a la Negra con destino al Santuario de Sancho Abarca. Avanzamos jugueteando como críos por los toboganes junto a la carretera de Ejea para finalizar en esa cuestecilla corta pero empinada que a veces se sube sobre la bici, y otras no.

Nos desviamos en el km 12 hacía Portillolobo para encarar la subida de otra pendiente, ésta más larga y desafiante que nos dejará directamente sobre la Negra (paraje natural, no señora hiperpigmentada).

Aunque empezamos a subirla como buenos amigos y compañeros, al final la cabra tira al monte y veo por delante Iñaki, Unai, Roberto y manoletes que se van haciendo más pequeñitos con la distancia, ellos contarán en que acabó la cosa, yo solo puedo describir lo bonito del paisaje que bla,bla,bla (vaya, que no me apetecía ni podía forzar mucho la maquinaría).

Describo la anécdota de un individuo/persona humana con casco que bajaba en bici cuesta abajo, pero los ruedines traseros no debían caberle por la pista y mira que es ancha: aún se atrevió a amonestarnos por no echarnos al lado que quería él, recibió alguna contestación merecida que no pudo discutir porque para ello hubiera tenido que volver a subir, y no se le veía ni muy en forma ni muy educado. (además los esféricos centrales le debían pesar mogollón, es lo único que justifica que uno que baja descansado no tenga la cortesía de dejar paso a los que suben jadeando)

Agrupamos y llaneamos por buena pista por la que a ratos alguno tira que da gusto para el que pueda seguir ritmo. (Roberto, Iñaki…) y llegamos a la última pendiente en Sancho Abarca que algunos la suben al modo tradicional y otros optamos por el alternativo, escaleras arriba, que poderse se puede, haciendo el cabra loca. Resulta divertido y lo mejor es que se llega antes que por la pista.

En el bar tomamos alguna bebida al sol mientras esperamos al resto del grupo que no acaba de llegar. Luego nos enteramos de que Chelu ha tenido pinchazo y ha utilizado la espuma/nata para arreglarlo.

Llegamos a las cabañas de Farrique para descender por la Hoyaza. Me quedo él último (siempre quedará la duda de si por cortesía o capacidad) y encuentro a José y Carlos junto a la bici malherida de Chelu: sigue teniendo fuga de aire en la rueda trasera pese a la espuma. El equipo de sabios decidimos cambiar la cámara. La puñetera cubierta se resiste a destalonarse pero Sierra hace gala de la furia murchantina y la goma salta de la llanta sin rechistar. Chelu y José hacen el guarrete quitando con un calcetín viejo la espuma de la cubierta. Saco la cámara con liquido antipinchazos, intentan hincharla con una bombona de gas pero el obús se queda insertado en el adaptador y la válvula se queda sin él. Afortunadamente llevamos un obús de repuesto aunque Carlos intenta desenroscarlo con los dientes y se casca una paleta. Nosotros risas, Carlo no, el dentista si. Por fin, conseguimos montar la rueda y alcanzamos al grupo.

Encaramos hacía Fustiñana por carretera para acortar la vuelta a casa. Hace aire y el regreso de Sancho Abarca suele pasar factura con los kilómetros y el aire en contra. Oscar, Vicente, Roberto, Antonio y Nonin vuelven junto al canal a mayor velocidad. Mientras el pelotón carrikiri culebrea por el arcen de la carretera hasta que…otro pinchazo. La rueda trasera de Guillermo no ha soportado la velocidad ni su peso y  se ha deshinchado. La arreglamos y mal que bien conseguimos llegar a Tudela donde nos despedimos.

Dicen las malas lenguas que Guillermo aún pinchó otra vez, y que hay una foto en la que porta la bici en un hombro y la rueda en una mano, y suena una música triste mientras “una voz en off” pide donaciones para pagarle la vuelta a Murchante en taxi o burra, lo que sea, pero bici…no.

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Crónica: Vedado de Eguaras

Debe ser parte de la condición humana… y es que resulta que tras un fin de semana en el que muchos Karrikiris se dieron al desenfreno, este tocaba purificar
cuerpo y mente. De ahí que en el parque nos juntásemos un nutrido grupo compuesto por:

Chelu, Guillermo, Saso, Jose, Roberto, Unai, Fermín, Antonio Nonín y yo (Iñaki).

Ayer, propuse varias rutas por Whatssapp y tras un par de minutos, cerramos el destino entorno al Castillo de Peñaflor.

A ojo de buen cubero, comentaba que la ruta debía  extenderse a lo largo de unos 79 kilómetros y entre Unai y el que escribe
jugamos a ver si acertaba o erraba en la predicción.

Salimos de Murchante, hacia la Cooperativa de vinos, para atravesar bajo el puente de la autopista e internarnos en el camino que lleva a Tudela.

Pasamos Tudela, por una sucesión de calles que a buen seguro, nuestras bicis son capaces de realizar sin nosotros encima…

Aparecemos en la urbanización del Mercadona, vamos hasta la rotonda que hay bajo el juzgado, para proseguir hacia la que hay junto al chalet de la viuda de Añon.

Desde allí continuamos hacia el colegio “Virgen de la Cabeza”, y poco después pasamos bajo el cristo para enlazar una suerte de callejuelas que nos dejan en el
puente del Ebro.

Atravesamos el puente, con un río en total calma. Se nota que no corre una brizna de viento…

El día, neblinoso, es fresco, pero no tanto como pudiera parecer. Se aguanta bien, y más sin dejar de pedalear.

Por esos sotos del Ebro, que tantas veces hemos recorrido en nuestras rutas hacia las Bardenas, avanzamos entre conversaciones y risas, a ritmo constante
pero sin forzar.

Llegamos a la recta de Arguedas y escogemos un camino, paralelo a la carretera , para acercarnos al pueblo. Es un camino monótono, recto y aburrido que, gracias a la
compañía y una interesante conversación, acaba por desaparecer a nuestras espaldas.

Llegamos a Arguedas y hacemos una visita NO guiada, por muchas de sus calles.
Las que conducen al inicio del estrecho, están cortadas por obras, y hacemos encaje de bolillos para llegar hasta el inicio de la cuesta.

Nos tomamos el ascenso con filosofía y sin apretar.

Roberto y Unai avanzan posiciones y me uno a ellos. Han puesto un “ritmico” llevadero. Solo en el último momento, roberto parece que va a dar un hachazo y me levanto para arrear,
pero finalmente, acabamos de ascender los tres, al mismo ritmo.

A Unai, se le ocurre que en vez de coronar por carretera, podemos hacerlo por la rampa que arranca a la izquierda.

Hace años que nos ascendemos por la misma, así que puede estar bien, un cambio.

Esperamos al grupo y pese a algunas pequeñas protestas y dudas… “la manada”, acaba metiendo molinillo para ascender sin más problemas.

La niebla, sigue acompañándonos,y por más altura que ganamos, continúa ahí.

Pasamos junto a la entrada de “Senda Viva” y seguimos hacia el santuario del Yugo, ya queda poca cuesta.

Atravesamos el parking y dejamos la iglesia a la derecha, para empezar la bajada.

Hace ya un buen rato que me he quitado las gafas. Total, entre el agua que desprende la niebla, y lo que se empañan, gracias a mi propia respiración, no hay quien vea un carajo.

Suelto frenos y voy aumentando la velocidad…

Los ojos me lloran, cierro uno, para que las lágrimas se vayan con el viento, mientras intento ver con el otro y repito la operación a la inversa… Que difícil es esto…

Casi abajo veo a un par de cazadores, desesperados con la niebla. Miran al rededor, suplicando al cielo que levante para poder practicar su afición.

Paro y les pregunto, si saben de batidas por el Vedado de Eguaras, a donde nos dirigimos.

Me dicen que eso es otra zona peor que creen que no y mientras hablamos,  acaban viniendo el resto de Karrikiris.

Reunido el grupo, despedimos a los fans de “John Waine” y continuamos pedaleando.

Ascendemos la tachuela, que hay tras bajar del Yugo y ante nosotros se abre el paisaje  neblinoso de esta zona de la Bardena.

Al fondo, con la niebla algo más abierta, aun se intuye la elevación de “El Plano de La Bardena”.

Mientras ascendemos, comento a Unai, que ese mismo camino, es el que llevan los peregrinos  de Murchante, cuando van a Javier. Es el camino más directo y corto.

Arriba, y otra vez el grupo reunido, continuamos por, un Plano, yermo y desolado, donde parece que nunca ha pisado el hombre…
Tenemos que encontrar varios caminos para acercarnos al Vedado y permanezco atento para no equivocarme.

Tras un par de kilómetros giramos a la derecha. Pasamos junto a una caseta de pastores que tengo como referencia mental y continuamos para pasar junto a un montón de piedras
en un cruce, donde giramos a la izquierda.

-“¡¡Este es el camino!!”

No es que se vea muy lejos y de ahí que pierda algunas de mis referencias habituales, pero finalmente, la suerte nos acompaña y damos con la entrada al vedado.

Un camino, que sale en ángulo recto a la derecha y que al fondo se ve descender entre la vegetación.

Avanzamos junto a un campo de cultivo y comentamos las fotos con amapolas que hicimos hace años, en ese mismo lugar.

Es un camino que, si bien, cuenta con bastantes toboganes, en el cómputo total, es de descenso y disfrutamos de la zona, mucho más frondosa que los caminos
de kilómetros previos.

Acabamos bajando, no sin susto incluido al no contar con un árbol caído justamente en medio del camino y tenemos que desviarnos por la finca adyacente.

El terreno se abre y aunque no se ve, al fondo, está el Castillo de Peñaflor.

Nos acercamos y poco a poco vencemos niebla y  distancia para acabar viéndolo desde su misma base.

Aprovechamos para comer algo, recordar anécdotas (como la del “Zorro simpático” que vivía hace pocos años en la zona) y continuamos por los senderos, mientras
a nuestro flanco se extiende el barranco, con sus particulares formas.

No tardamos mucho en llegar a un camino que nos llevará al barranco grande, para atravesarlo y de allí acercarnos hasta Castildetierra.

Para evitar el campo yeco, hoy seguro embarrado, y la tortura que le supone a Chelu, los 10 kilómetros de camino pedregoso, que siguen a continuación, elegimos
ir por carretera hasta los Aguilares y desde allí…

Empezamos a rodar por la carretera de los militares, hacia Arguedas. Antonio se pone en cabeza y empieza a tirar.

Yo voy a rueda y veo como van bajando los piñones hasta que acabamos ascendiendo los toboganes a más de 30 Km/h.

El ritmo va aumentando y en una de las subidas, Roberto adelanta.

Antonio acelera para cogerle la rueda y yo hago lo propio.

De repente veo, el desvío, dejo de hacer fuerza sobre los pedales y les grito:

-“Ehh, que es por aqui…..Ehhhh Ehhhhhhh!!”

Ni caso, estos siguen a muerte…

Yo:

-¡¡¡¡Einnn???!!!

Aprieto dientes y acelero más y más. Parece que no voy a pillarlos nunca, agachados y dando pedales a relevos, van disparados, hasta que
consigo recuperar los 10 o 12 metros que me habían sacado. Sigo a ritmo y les adelanto.

Inmediatamente Antonio se levanta y acelera, seguido por Roberto a la caza, hasta que…

-“Alto!!!! que es por aquí… que es el último camino antes del pueblo!!!!!”

Por fin parece que hacen caso y nos metemos en el camino, entre sonrisas y resuello, felices de la batallita que acabamos de montar.

En pocos minutos aparece Unai, que se nos une.

-“¿El resto?”

Unai hace un gesto tipo

“Fa, Far away…”

Ala, ya la hemos liado…

Ahora no sabemos si se han metido por donde procedía… o han seguido nuestros pasos por la carretera… o qué…

Al final decidimos parar en un cruce donde, vengan por donde vengan, tienen que pasar obligatoriamente.

Allí esperamos y finalmente los vemos aparecer al fondo. Han continuado por la carreterilla tras nosotros.

A todo esto, una madre con varios niños, pasea en bici y uno de los pequeños se detiene con su pequeña montura a interrogarnos.

Que si de donde sois… a donde vais…

Y por poco acaba metiendo en un apuro a su madre cuando casi nos autoinvitamos a comer todos en su casa…

Nos acercamos a la recta de Arguedas y al poco de empezar a rodar, Chelu pincha.

Pensábamos meter una botella de CO2 pero no contábamos con la :

-“Mooochila Mooochila!!!!” (los que sois padres y madres con niños pequeños, sabéis que cancioncilla me refiero, verdad?)

No es que tengamos a Dora, en nuestro club, pero tenemos a Fermín, que deja la mochila de Dora la Exploradora al nivel del barro…

Saca una bomba, mejor dicho: Una lanza, una pértiga, un compresor de impulso humano,un….   (yo que sé)  de unos 50 o 60 centímetros de larga (una vez desplegada)
mientras el resto, ojipláticos, y mandíbula desencajada, no entendemos que sistema utiliza el mozo para meter desde un somier, a un tresillo en la mochila.

Recompuestos y seguros de que nada nos puede pasar si Fermín y su mochila están cerca, continuamos.

Volvemos a los sotos del Ebro, para meternos en Tudela y atravesar la plaza nueva. de ahí por el paseo del Queiles, seguimos hasta la rotonda
de debajo de los juzgados y comenzar el último tramo por el camino que va a Murchante.

Al final 79 kilómetros (clavaos Unai!!) de divertida ruta.

Una pena que algun@ se quedara practicando “caming” (y es que…..muchas excusas tiene ya ….!!!!)

 

 

Crónica: A Cervera el fin de semana de la Hoguera del Cristo

El fin de semana de la hoguera del Cristo de la buena siembra en Murchante, implica… que la mañana del domingo se utiliza en su mayor parte a disfrutar de una productiva resaca y de ahí que el clan Karrikiri estuviera mermado en esta salida.

Subiendo hacia el parque paso junto a algunos bares y los más “madrugadores”, están ahí…disfrutando del “desayuno cubatil”.

En el punto de encuentro aparecen Guillermo (que es raro que no esté desayunando con la tribu de los bares) y Antonio Nonín.

Al poco aparece la caballería en forma de componentes Tudelanos del Club Karrikiri, encarnados estos por, Inés, Patxi, Cesar y otro Antonio (el artista invitado).

El grupo lo cierro yo (Iñaki) que propongo una ruta que, si bien hice no hace muchas semanas, no conocía ninguno de los asistentes a la ruta del día.

Con una niebla, que ridiculiza el clima londinense, salimos hacia el parque. La ruta continúa junto al cementerio, depósitos de agua….

Pasamos San Gregorio de Cascante y giramos a la derecha.

Rodamos por una pista en buen estado, lo cual se agradece, porque la visibilidad no es la mejor.

Alguno no sabe si está por “el estrecho” (como se conoce el paraje por el que circulamos) o en Calatayud…

Con el paso de los minutos nos acercamos al boquerón, cerca de Cintruénigo y continuamos hacia la carretera de Madrid, para cruzarla y entrar en el camino que nos dejará en el polígono industrial de Fitero.

Allí, pese a la niebla, hay un fiestón montado y digo fiestón porque los vehículos son de cazadores, los truenos, también lo son (no se supone que con niebla, está prohibido? será exceso de “Terri” en el desayuno de algún aficionado a la  cinegética?). Vaya usted a saber…

Pasamos, casi agachando el cogote por la carretera, junto al aparcamiento de los “escopeteros” y proseguimos hasta la entrada de Fitero, donde giramos sin llegar a cruzar el puente, entrando en la carreterilla del puerto del Espinete.

A pocos metros volvemos a desviarnos y alcanzamos el camino que recorre la huerta bajo, Roscas.

Una enorme cosechadora de uva y varios tractores después…

Llegamos a la carretera que va de Baños de Fitero a Cabretón y bajamos hasta la orilla del río, para recorrerla activamos el modo “Rotabator”. Antonio Nonín al venir del mundo de la carretera, no sabe donde está el botón pero unos kilómetros después lo encuentra…(ha empezado su transformación Karrikiri, con dosis extra de sendero cada 8 horas por vía intravenosa!!).

Entramos en un campo de manzanos, para continuar hacia un sin fin de senderos que recorren las laderas de las montañas sitas a la izquierda del valle que lleva a Cervera del Río Alhama.

Unos con más placer y otros con mayor resignación, avanzamos hasta el que debería ser el Balneario de la Albotea y que de momento no ha visto la luz, puesto que está cerrado.

Nos detenemos para comer algo y al pco continuamos, ya por el mismo sendero, ahora convertido en vía verde, muy divertida para las bicis.

Disfrutamos como enanos, hasta que llegamos a Cervera, donde el reloj nos dice que no debemos continuar hacia Aguilar, por muchas ganas que tengamos, si es que queremos llegar a la hora de comer, a casa.

Una parte del grupo, ha tenido sobredosis de sendero y optamos por volver hacia la rotonda del Sanda, por carretera y disfrutamos de unos relevos, hasta realizar la incursión en el paseo que hay paralelo a la carretera que nos dejará en la entrada de Fitero.

Desde allí, un Antonio con menos prisa, decide irse a subir el Espinete, mientras el resto encaramos manillares a Cintruénigo.

El resto es la ruta normal, por “El Boquerón”, pasando por el estrecho y accediendo al pueblo desde el monte de los pinos.

Una mañana divertida en la que alguno, tras pasar la noche alegre,  estará maldiciendo de cada tiro de escopeta que escuche a lo lejos…

P.D: 4 días, pero al final…acabada queda esta crónica.

Crónica: Txotx!!!

Es algo relativamente habitual pero sigue pareciendo casual, esto de hacer amistad tan bonita con gente que nunca has visto.

Unos tipos aparecen un día, desde lejos, para participar en la primera cicloturista nocturna que organizábamos. Uno se “accidenta” y tras su paso por el hospital… con férula y todo, acaba la noche, junto a sus dos compinches, de marcha hasta el amanecer…

Y claro, en nuestra compañía.

Son especiales y debió ser eso lo que nos hizo entablar esta amistad con estos maravillosos locos.

Fieles a la cita, nos han visitado en todas las ediciones (aunque Richard “Garfio”, se perdiese una por “logística de boda”) y les debíamos la visita.

Finalmente y tras varios intentos infructuosos, quedamos para el domingo 18 de Octubre y pese a que las previsiones meteorológicas no son halagüeñas, en lo que al agua se refiere… hay que ir…

Salimos as las 6:15 a.m Marta, Guillermo, Chelu, Bauti y yo (Iñaki) y tras algunas peripecias, llegamos a Oiartzun sobre las 8:30.

Allí nos esperan Marcos, Aitor, Ricardo y Xabi quienes tras los saludos nos presentan a los dos integrantes del grupo que aun no conocíamos: Iñaki y Pablo.

El cielo respeta y ni las mejores previsiones acertaban la perfecta mañana que se presentaría.

Comenzamos la ruta por el bidegorri (que aprendemos que es un carril bici en Euskera) y nos sorprende la enorme cantidad de ciclistas y corredores que nos cruzamos. Tal y como les decimos, en un mes entero, no vemos tanto deportista por nuestra zona… increíble.

Pasamos cerca del puerto de Pasajes, enclavado en una preciosa bahía natural que lo protege de las inclemencias del mar. Curioso y bonito. Desde nuestra posición se aprecia a la derecha, el monte Jaizkibel (del que había escuchado hablar pero no sabía su localización). A la izquierda, se ve Igueldo en la bahía de la Concha.

Nuestro periplo continúa hacia el monte de San Marcos, con el fuerte de San Marcos en su cima, tras una cuesta que sin ser fuerte nos ayuda a quitarnos la chaqueta.

Entramos de visita en la fortaleza, y poco después continuamos por un corto tramo de carretera descendente para volver a ganar altura en unos escasos 100 metros.

Al poco, tomamos un desvío a la izquierda, con el que nos internamos, en un precioso sendero, con el sonido de las escopetas de caza de banda sonora. Esperemos que no sea día de “caza mayor”.

La ruta sigue por una pista cementada, perdiendo altura y tras pasar un cruce de carretera, pasamos un par de toboganes, para pasar junto al restaurante Mugaritz (no tenemos nivel, ni nada!!), pero como no hemos hecho hambre decidimos no entrar (no por otra cosa,… solo por falta de hambre…).

Sin embargo parece que el destino quiere que hagamos un descanso en la puerta y tras notar la rueda trasera baja, descabalgo para ver que llevo un clavo del quince, que ha atravesado la rueda por dos partes (frente y flanco).

Preparado con una botella de “espuma mágica” me dispongo a repararla pero todo termina en un espectáculo de aspersión digno del circo del sol, mientras mi tocayo, Iñaki, cabecea (no, no , no…). Me veo terminando la vuelta, cuando aun no ha dado casi comienzo.

Por suerte, mis “compis” llevan cámara y unos minutos después hemos sacado las toneladas de líquido y espuma que alojaba la rueda para ataviarla con la dichosa cámara.

Ni mi inflador de CO2, ni el del otro Iñaki funcionan así que Marcos saca el modelo “Deluxe” y acabamos de inflar la rueda.

De nuevo en ruta, pasamos algunos toboganes más y empieza una cuesta arriba en la que Bauti acelera el ritmo y me pongo a su rueda. Pablo e Iñaki se suman a la escapada y coronamos para reunir al grupo. Lo siguiente será atravesar una verja por donde tendremos que levantar las bicis y continuamos ascendiendo.

En pocos minutos acabamos lo poco que queda de cuesta y empieza un precioso descenso, que disfrutamos, intentando mirar el paisaje a la vez que no rompernos la crisma.

El sendero se torna llano y nos internamos en un precioso bosque de los que quitan el hipo. Un paisaje de esos que solo se ven en ciertos documentales de BTT rodados “ayende los mares” y que sin embargo tenemos el placer de disfrutar.

Entre fotos, paso de riachuelos y muchas risas, avanza la mañana y el sendero se torna pista forestal en sentido descendente. Ésta pasa junto a la “casa de los pavos” (como los amigos la bautizan) que no viene a ser otra que la del jardinero del programa Bricomanía, que resulta tener pavos reales “con fama de ser fieros” jejeje.

No son más de cien metros desde la casa de los pavos, los que la separan, de una curva muy cerrada y tras ésta…una enorme y precioso caserío junto a nuestro camino. ¡¡Indescriptible el paraje y la edificación!!

Continuamos bajando por la pista cementada, para poco después ir a dar a una ermita con un precioso techado de madera donde aprovechamos para completar el book de fotos.

Montamos y algo más tarde llegamos a Oiartzun donde nos espera otra sorpresa.

Un amigo de Aitor, productor de sidra en un enorme caserío, nos tiene preparado fresca bebida, quedo y chorizo. ¡¡Manjares dignos de Dioses!! Disfrutamos de tan agradable ágape, mientras nos cuenta cómo hace la sidra…GENIAL!!

La ruta termina en el polideportivo y tras asearnos partimos para la sidrería Petritegui, donde…para que contar…si os va a dar envidia…jajaja.

Las cosas como son… TXOOOOOOZT!!!!

No era una salida más…

Pero dejaremos el porqué en suspenso, de momento…

Llego al parque a las…nueve??? las nueve antiguas, las nueve nuevas? cambié el despertador al contrario? son las ocho? las diez??

Mientras frío los sesos pensando y comprobando si realicé el cambio de hora de la forma adecuada, llega Saso.

-“Hola Iñaki!!”

-“Ya estaba haciendome películas con la hora…jejeje”

Seguido aparece Chelu, Guillermo, Samuel, Aitor, Dani, Jarauta, Jose y nuestro trio de  Tudelanos Bauti, Patxi e Inés con una “pedazo bici” en fase de pruebas…

Salimos hacia el cementerio, para girar, a continuación hacia el matadero de conejos de Bonilla y pasar bajo la “Campa de Santos”.

Poco después, dejamos los depósitos de agua a nuestra izquierda y continuamos para atravesar la carretera que va de Cascante al cruce de los nueves.

Pasamos por la gravera de Guillermo y junto a San Gregorio de Cascante para girar seguidamente a la derecha.

A partir de este punto tengo que poner el GPS mental, a funcionar de verdad.

Dani va unos metros delante del grupo, como a él le gusta rodar y yo le voy diciendo cada poco:

Izquierda, este a la izquierda otra vez, este a la derecha….

Y así se suceden un buen puñado de cruces de caminos mientras, poco a poco, ganamos altitud.

Atravesamos la carretera de los toboganes “Fitero-Cascante”, para seguidamente continuar tomando desvíos y algo más de altura.

Cuando la próstata de alguno… nos deja continuar…

Descendemos para ir a parar a una pista, antaño muy rota y que los Cascantinos han tenido a bien reparar. Ahora da gusto rodar por ella.

Un par de kilómetros más adelante, volvemos a girar a derecha y alguno me dice que es una ruta muy difícil de aprender… pues tanto mejor…jejeje

Volvemos a subir una pequeña cuesta, a la que sigue una pequeña bajada…

No nos relajamos porque un kilómetro más adelante volvemos a ascender pero ya sin parar.

Bauti me pregunta si aquí empieza la cuesta y yo le indico que con esta no contaba pero que si, que podemos añadir unos cientos de metros más al cómputo total de cuesticas.

Un par de minutos después, empieza la verdadera cuesta con una rampa fuerte. Por suerte es corta y le sigue un llano de unos doscientos metros, con un boquete medio señalado
en medio del camino que bien podría tragarse a alguno de nosotros.

Entramos en zona de bosque y algún bombero, me pregunta cuanto queda hasta arriba….

Tras mi respuesta, responde:

-“Alaaaa, no puede ser tanto…. no jodas que tal…”

Yo me callo y aprieto dientes.

Cojo la Rueda de Bauti y justo delante nuestra van Samuel y Dani.

Personalmente no he escuchado nada pero pondría la mano en el fuego, a que uno de estos dos, ha visto un Javalí corriendo
hacia nosotros, o al menos lo ha escuchado cerca, porque sino… no es preciso que subamos a este ritmo!!!!

Bauti así lo atestigua pero no hablamos mucho, que perdemos rueda.

Justo detrás está Jarauta, Aitor y Jose que deben de otear al “cochino javalín” tras sus traseros, dado que no pierden un metro.

Llevamos ya varios kilómetros ascendiendo entre pinos, por un bosque impresionante,  y el terreno se inclina más… parece una rampa corta pero “ufffff”…
Agachando la cabeza, coronamos esa parte y Jose pregunta que cuanto falta….

-“Calculo… que entre un kilómetro y uno y medio de cuesta arriba”.

Aitor, me mira, con media sonrisa y creo que empieza a creerme respecto de las distancias que indicaba abajo.

Toca un pequeño descanso, en una zona sin arbolado e intentamos bajar pulsaciones para lo que queda.

Entramos en pista ancha y el terreno vuelve a inclinarse. Esto es lo más duro.

Por fin arriba, esperamos a reunir al grupo y aprovechamos para sacar algunas fotos.

Continuamos por una zona de toboganes que tendrá unos 400 metros y empezamos a descender.

La bajada parece que nos la sabemos todos, hasta que…. tomamos un desvío!!

Muy pocos conocen ese camino, pues la entrada está cubierta de hierba y no da a pensar que detrás haya un terreno ciclable, pero ahí está y nosotros lo disfrutamos.

Unos minutos despúes, estamos abajo y continuamos por pista buena.

Donde el grupo piensa que vamos a girar a la derecha, lo hacemos a la izquierda y atravesamos la carretera, por un cruce magníficamente situado ( con buena visibilidad y seguro).

Continuamos por pista  buena, hasta llegar al “cruce de la hecatombe” y tras consultar al personal las distintas opciones, optamos por subir una pequeña cuesta para descender seguidamente
hacia Cintruénigo.

Controlando siempre las distancias, creemos que podemos subir una última cuestecilla,  y en un par de minutos estamos cerca del hogar de los “Cirbonitas”, inmersos en un reto que no conozco bien
pero que movió a un montón de gente de la citada población por esos caminos.

Nos acercamos al boquerón y tras consultarlo, giramos a la izquierda para rodar por la pista que asciende a los molinos, si bien antes de la cuesta, encaramos el manillar a la derecha para bajar por un “tramo divertido”.

Solo queda volver a casa.

Pasamos junto a la “granja de la Sociedad” y cruzamos la carretera de nuevo, para volver hacia el huerto de los malejanes.

Guillermo, lleva no se cuantos días soñando con escaleras y para quitarle el gusto, aprovechamos para ir a San Gregorio y bajar las escaleras.

Bueno… casi todos, porque algun@s optan por dar media vuelta y no probar el descenso.

No pasan más de cinco minutos y estamos en Murchante.

48 kilómetros, realmente bonitos, en una ruta  espectacular y a buen seguro repetiremos bastantes veces…

Dame pan y …

Por fin un horario decente para poder dormir el domingo.

La ruta es a las 9 a.m.

Hoy componen el  pelotón Karrikiri: Guillermo, Roberto, Marta, Chelu, Bauti, Cesar, Emiliano, Hernando, Saso Jr., Jose, Germán y yo (Iñaki).

Una vez reunidos todos, queda patente que no hay ruta decidida y la gente tampoco está por pegarse la paliz, así que solo queda una idea en el aire:

“Hoy almorzamos”.

Alguien nombra “Roscas” y salimos del pueblo en dirección a fitero.

Pocos kilómetros más adelante, giro alternativamente la cabeza, izquierda (Fitero), derecha (Tudela).

Según Marta, lo de Fitero es Mordor (cielo oscuro) y a la derecha, parece que hay buena mañana y mejores perspectivas en lo climatológico.

Finalmente con el almuerzo en la mollera, decidimos dar una vuelta “por ahí” y la gente simplemente pedalea in pensar a donde los llevamos.

Cruzamos la carretera de Corella y nos acercamos a los molinos que hay junto a la Serna.

De allí rodamos bajo el rítmico silbar de las aspas, hasta que giramos para descender por una cuesta en dirección a Alfaro.

Continuamos unestro pedaleo, hacia el aeródromo en la margen contraria  de la autovía, a “la Guardian” y una vez alcanzado el camino que discurre paralelo al tráfico
volvemos a subir para acercarnos a Barcelosa.

Bajamos la pirmera cuesta hasta donde el canal sale de su entierro. Poco más adelante, a la derecha hay una cuesta que por alguna razón, tanto Roberto como yo,
(y cada uno sin saber que el otro pensaba en la misma) queremos llevar al grupo.

Tras algunas caida, atasco y risa, llegamos arriba, ocmporbando que el/los “torpes” (jijiji) están bien.

Desde este punto, tengo pensada el siguiente tramos de recorrido peor no diré nada para evitar… “vetos”.

Llegamos a la zona del tiro al arco y sin decir nada, giro a la izquierda.

Llevo 50 metros por el sendero y escucho gritos:

Guillermo:

– “No te pares, tira, tira que aun te van a meter una pedrada por venir por aquí….”

De fondo escucho a Doña Blanca junto a la Gintonica  a cada cual rabiando más…

Llegamos a la cuesta de la potabilizadora y pienso:

-“Si espero a que lleguen… pedrada o veto…”

Así que re emprendo la marcha:

-“Venga, ,venga que ya vienen!!!”

Nos internamos por otro sendero, precioso, con un terraplén a nuestra izquierda desde el que se ve media Mejana y el Ebro.

A decir verdad, meses atrás, ese sendero estaba bastante decente y no era peligroso, pero lo que nos encontramos es un pelín… emocionante.

De cuando en cuando, las antaño grietas, se han convertido en zanjas y donde había un paso que permitía rodar, ahora es un pequeño abismo que tenemos que
atravesar bici al hombro y saltando…

Alguno, quiso estrenar el casco nuevo, DOS VECES SEGUIDAS en cinco metros.

Que si ahora doy una vuelta de campana, que si ahora a ver que tal se cae de esta forma…

Roberto me adelanta y aumentamos el ritmo, hasta que tiene un ataque narcolépsico y decide echarse a dormir sobre unos arbustos…jujuuju

Ya en la carretera que sube desde Tudela a los depósitos de agua, reunimos al grupo.

Quienes  creían qeue se terminaba la diversión, se ven sobre un promontorio y una “cuestecica”….

Algunos bajamos y otros… optan por dar un rodeo…jejeje

Llegamos al polígono por encima de los bomberos y de ahí partimos a dar cuenta del almuerzo.

No es que hayamos hecho una kilometrada (creo que rondaría los 40 kmts al llegar a casa) pero lo hemos pasado bien.

 

Crónica: A por el Buste!!

8:30 de la mañana. Estoy reventado… pero voy a acudir a mi ruta “bicicleteril”.

Ya están Jóse y Roberto en el parque, cuando llego yo (Iñaki).

Al poco asoman Diego y Cesar. Un par de minutos después se presenta Guillermo, Emiliano, Hernando y Ferrer.

Cuentas las malas lenguas que alguna, devota como lo es de TODO EL SANTORAL… estaba adorando a San Mateo…. patrón del laurel, y el zumo fermentado de uva…

También debía estar tomando medidas para una hornacina para el santo, hecha  de ALUMINIO, algún otro….

Los mentideros decían que, algún gigante… tras correr 6 kilómetros por Cortes, estaba reventado y no ha podido levantarse…

O que el clarividente oráculo (que todo lo ve  más que bien…”doble”), …estaba de boda…

También decían de un ferretero, que este año cumplía tradición…viniendo a la primera ruta…. y ya no volvía en todo el año…

Que raros son los rumores… que dicen tanto y de nadie hablan…

 

Aun así y todo, la compañía del anillo (eso es de otra crónica),  salimos del parque hacia Soladrero para salir por la parada de autobús.

Mientras abandonamos el pueblo, vemos a los “andarines”, que empiezan a disfrutar de una marcha (si no recuerdo mal denominada “Los Olivos”) y van cuadrilla.

Pasamos la antigua estación de tren de Murchante y nos internamos en el término del Saso, a partir de donde iremos charlando hasta la recta de Ablitas.

Continuamos hacia el Pago de Cirsus, pero un responsable Roberto, nos anima a NO pasar junto a las vacas de Arriazu, pues “están alteradas con las fiestas de tanto pueblo y….”

(recuerdos taurinos: https://karrikiribtt.wordpress.com/2011/08/31/que-faena-la-de-aquella-tarde-dos-orejas-y-el-rabo/)

Tras el desvío, continuamos por tierras Ablitenses, para volver, unos kilómetros más adelante, a empalmar con la ruta original.

Nos toca ascender varios toboganes suaves, y nos lo tomamos con calma.

Llegamos al corral de Ovejas, donde empieza la cuesta de los pinos.

Reunimos el grupo y empezamos a ascender. La verdad es que la mañana es perfecta. Sin sol directo, con un viento suave… vamos, ideal para dar pedales sin sofocos.

Arriba, donde terminan los pinos,  volvemos a reunir al grupo para proseguir juntos.

Continuamos por los toboganes hasta el pueblo del Buste.

Mientras Jose y yo charlamos, los 3 flacos se adelantan unos metros para detenerse en la fuente.

Unos segundos después llegamos nosotros,y saludamos a un grupo, que creo son de Tudela y que también han parado en el pueblo.

Van llegando el resto y no localizo a Guillermo.

Miro atrás y veo que está charlando con los chicos del otro grupo.

Después me diría que durante la conversación, le comentaron que nos suelen leer, lo cual me hace especial ilusión (un saludo desde aquí chavales!!).

Los malacate-boys, quieren volverse pero les convencemos/engañamos para que asciendan hasta arriba.

Subimos hasta la casa de San Roque (lo pone junto a la entrada) y poco más adelante a la ermita, sin detenernos.

Toca el último repecho del día. Nos adentramos en el camino ascendente y unos minutos después estamos arriba junto a los molinos.

Desde allí, los MB (malacate-boys), acompañados Cesar, alias “EL HOMBRE DEL GPS” ,se vuelven, para llegar pronto a casa….jajaja

(Hay rumores de que “los primos”, escuchan decir: “GPS”, y se echan a temblar, después de la experiencia de ayer…)

 

El resto del grupo rodamos por encima de la meseta en busca de la ladera próxima a Borja, para descender por la cuesta del avión.

Empezamos el descenso y Guillermo, me dice:

-“Iñaki, arrea!!”

No quiero correr como lo hacía antes pero me pongo en posición y empiezo el disfrute… (lease: teorema de la cabra y el monte)

Como puedo, miro de reojo, y veo que Roberto y Guillermo se han tirado, tras de mi.

Bajamos disfrutando como enanos, hasta que recuerdo una curva un poco traicionera y reduzco, derrapando un poco de atrás para que la bici gire y….

PASA GUILLERMO Como un toro desbocado, ojos abiertos del tamaño de sartenes y la cara desencajada.

Creo que aun le escuchaba decir:

-“Sooooo!!!! quieeeeta!!!! paraaa!!!! sooo sooo sooooooo!!”

Por suerte, junto a la curva había un camino, a la izquierda que entre derrape y baile tembleque… procede a investigar…

Roberto y yo una vez que vemos que está vivo y coleando, nos echamos a reír (que reír… nos descojonamos!!!). jajaja

Volvemos a tomar velocidad y llego a una curva un pelín…. pasado…

Coche de frente!!

Ancla al suelo, derrape de atrás y consigo girar, mientras grito, desgañitándome:

-“Cuidado, Cacheeeee, Cocheeeee!!!!”

Lo último que veo del vehículo, es al hombre, braceando cariñosamente hacia mi…

Detrás compruebo que Roberto y Guillermo han salvado la situación.

Ya abajo, esperamos al resto, rezando para que ninguno pusiera sus babas en el parabrisas del “cariñoso hombre del  puño en alto” (que es como le he bautizado).

Pasamos por la granja de cerdos en dirección de la Estanca de Borja y….

Psss, psssss Pssssss,Pssss

He pinchado y nadie lleva espuma mágica. Yo llevo poco líquido el las cubiertas….

No queda otra, que meter una cámara que Jose, por suerte, lleva…

Minutos más tarde estamos rodando de nuevo.

Bajamos hasta el Pago de Cirsus, a buen ritmo y de allí nos atrevemos a pasar por las vacas, rogando al cielo que ninguna esté por ese lado de la finca.

Dejamos atrás el ganado y a Diego se le ocurre echar una siesta.

Ni corto ni perezoso, prueba a ver si los arbustos junto al camino son cómodos, pero se levanta disparado al grito de:

-“Estoy bien, estoy bien!!”

Casi sin darnos cuenta, estamos cruzando la carretera de Ablitas y al fondo vemos dos figuras….

Una de negro/ blanco y otra de amarillo…

-“No puede ser!!”

-“Si son los M-B!!!!”

Les damos alcance y Emiliano nos mira con ojos de incredulidad…

Hernando confiesa:

-“Hemos hecho caso del GPS!!!  Mecagüen que mañanica…. por labraos…. por aquí, por allá…. anda anda que…… tira tira….”

Con una sonrisa en la boca, llegamos al pueblo tras 66 kilómetros de divertimento.