Los Karrikiris vuelven a rodar

No es que haya sido un verano sin tocar la bicicleta, pero… ha sido una época de menor actividad en la que vacaciones, pereza y altas temperaturas han provocado el descanso de monturas y bikers.

A la espera de confeccionar nuestro calendario para los próximos meses, no teníamos una ruta predefinida, hasta que unos amigos, nos piden que les llevemos a las cataratas del pozo de las truchas.

Cumpliendo con la petición, quedamos a las 8:30 en el parque: Guillermo, Marta, Diego, Feliciano, Cesar Aguado, José (malacate), Cope, los invitados Fermín Casajús,  Jesus Mari Jarauta y también estaba un servidor (Iñaki).

Subimos a Tarazona por la vía verde, porque había que ir recogiendo a más gente por el camino.

Nacho se nos junta en Malón y tras algo de incertidumbre, encontramos a Gerardo Lamana en el cementerio de Tarazona (fuera del mismo… conste que no le hicimos nada).

A la entrada de Tarazona, se retiró uno de los integrantes del pelotón. Aun no sabemos si por pinchazos en la pierna o en la cabeza (originados por los cubatas de la noche anterior?…).

Queríamos seguir por la chopera que une Torrellas con Los Fayos, pero unos simpáticos cazadores, plantan su señal de batida (o lo que es lo mismo: “si pasas y te cae un balazo, no fué culpa mía…”).

A todo esto, Jarauta pincha y espero un rato, mientras unos y otros no consiguen inflar la ruda (solución: botella de CO2 y rodando en un minuto…). La cara del averiado es la misma que puse yo la primera vez que vi la maravilla de las botellas… (me da que, el lunes comprará un par de estas…).

Con la nula confianza que tenemos sobre el gremio pistolero, decidimos rodar algo más de un kilómetro por carretera para entrar por Torrellas a salvo de “imitadores de John Wein” (a ver si tanto meterme con ellos…)

Salimos de Torrellas para entrar a los Fayos por la carreterilla que los une.

Encima del pueblo, la presa; a la que ascendemos, por la carretera habilitada al efecto.

Una vez reunido el grupo, en la cabecera de la presa, re emprendemos la marcha por el camino, hasta el fondo del embalse.

Buscando un ritmo en el que todo el mundo se sintiese cómodo,  llegamos al final del pantano, donde cambia la vegetación de forma radical.

De pinares pasamos a rodar entre pequeñas praderas y choperas. Flanqueados por el río Val y siempre bajo las paredes y lomas que forman el cañon.

La verdad es que es un camino digno de ver y que no conoce mucha gente, a pesar de que está “al lado de casa”.

Tras cruzar el río (algun@ le faltó poco para hacerlo a nado), seguimos y el camino se va estrechando hasta convertirse en sendero.

Al poco, llegamos a nuestro destino del día, las cataratas del pozo de las truchas, donde hacemos algunas fotos y comemos algo.

Para amenizar la mañana, realizo una demostración de como se da una vuelta de campana montado en bici (era una exhibición de artes circenses aunque Marta siga sin creerme) y tras levantarme y mostrar que mis dientes seguían en su sitio, continuamos…

Llevamos 200 metros rodados cuando paramos. Jarauta pincha de nuevo y cambia otra cámara…

Al llegar al río, encontramos a Chevi, que se ha acercado con el coche hasta el pantano, y desde allí está haciendo la ruta en solitario para encontrar las cataratas.

Llegados a Los Fayos, nos desviamos por una suave subida que lleva a Santa Cruz, en la que unos y otros vamos pro grupos y terminamos perdiéndonos durante un rato (aunque en diez minutos volvemos a juntarnos).

La ruta inicial pasaba por salir de Santa Cruz, mediante un camino que termina a la entrada de Tarazona, si bien uno “duro de oido” no percibió los gritos/alaridos (euuuuuu, paraaaaaaa, que no es por ahiiiii….) y decidimos ir todos por carretera, tras él, hasta Tarazona.

Bajamos de nuevo por la vía verde y terminamos una bonita mañana, en la que solo un poco de cierzo al final, quería estropear el día (sin llegar a conseguirlo).

Al final unos 80 kilómetros de ruta, que sin ser dura, seguro que nos ayuda a ir haciendo pierna tras un verano de demasiado apoltronamiento.

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Crónica: Vozmediano y CASI Grisel

El tiempo no era nada malo…sino fuese por el creciente viento.

Al punto de la mañana (las 8:30 a.m.) no soplaba mucho y aparecía la gente en el parque rápidamente.

Será el tiempo que va mejorando (ya no hace esos fríos de semanas atrás), o que estamos en puertas de la Javierada o vete a saber que confluencia de factores, han animado a los 17 que salíamos hoy:

Oscar, Samuel, Enrique,Dani, Marta Bonilla, Enrique (compañero de Marta), Eduardo, Guillermo, Feliciano, Marta Garriz, Inés Orta (te avísé…), Juan Carlos, Chelu, Cesar Cope, Cesar (Tudela), Bautista y yo (Iñaki).

Empezábamos la ruta, saliendo del pueblo por el cementerio. Como la amalgama de niveles y gentes erá muy dispar, rodábamos suave, mientras charlábamos de esto y aquello (de aquello más que de esto, concretamente). Llegados a la carretera que va de Cascante al cruce de Corella (la que pasa por la balsa de Pulguer), atravesábamos la vía para cruzar una zona de rampas cortas pero divertidas que nos dejaban en otro camino.

Sin saber como, el grupo se divide y no vemos a la otra mitad.

Vuelvo y unos cientos de metros detrás aparecen rodando. Han tenido que parar un instante, pero ya está.

Me uno a ellos y empalmamos con el resto que esperan detenidos.

Avanzamos un par de kilómetros más e Inés decide volverse a casa (la verdad es que hoy no era ruta para personal no acostumbrado a la bici y es la mejor decisión ya que mejor al lado de Cascante que internados en la maraña de caminos en la que nos íbamos a ver inmersos más adelante).

Seguimos, sin parar de ascender, de forma suave pero contínua por un camino que nos es conocído a la mayoría, puesto que solemos realizar esta ruta varias veces al año y pasan los kilómetros entre conversaciones y la frase del día (Marta: “Bébe”). La pobre Marta Garriz, abrasada por mi cansina y repetitiva voz, hacía caso y será por eso o no… menuda ruta ha realizado…

En determinado cruce y a escasos dos kilómetros de Montealto, girábamos 90º para poner rumbo a Tarazona.

Eso implica cambio de tipo de camino, más ancho y mejor piso… y pequeños toboganes o rampas que teníamos miedo de que mermase las fuerzas de quienes fueran un poco justos de fuerzas, pero nada más allá de lo normal, porque todo el grupo superaba las rampas bastante bien.

Por fin llegábamos a la última rampa de ese tramo, y que termina en el sifón que cruza el camino, para empezar a descender hacia Tarazona.

Que bien se va cuesta abajo !! jejeje

Llegábamos a Tarazona por la zona de Tórtoles y tras un pequeño despieste, subíamos por detrás de la cuidad, ascendiendo hacia el embalse de Santa Ana.

Desde allí ya olía a bocadillo (claro está… depend de lo fino que tengas el olfato, pero es que el mío a la hora del almuerzo es tal que ni el de un podenco) y tras un corto periplo por la zona, nos encontrábamos en el bar de la Lupe en Torrellas.

Hoy no estaba y su hermana al ver llegar a semejante grupo ha decidido pedir ayuda, por lo que al poco ha aparecido la susodicha.

Nunca he tendo complejo de comer lento, pero una de dos… o yo como lento o esta panda de lob@s hambrientos devooooora!!!. Porque acaban casi tod@s antes que yo…

Tras un pedazo de bocata y un café, seguimos hacia los Fayos, para, desde allí emprender la subida a Vozmediano por la pista que discurre junto al río Queiles.

Es una zona muy chula, al resguardo del viento y la subida no es exigente (aunque muy contínua).

Son 10 kilómetros de subida desde Los Fayos y dado que Marta Garriz se animaba a probar, la otra Marta le aportaba un chute de glucosport.

Valiente, ha subido hasta escasos dos kilómetros de Vozmediano, donde finalmente ha decidido dar la vuetla, acompañada or Chelu que pese a estar casi convaleciente, ascendía como un campeón (ya verás con el flaco…).

Guillermo y yo que estábamos acompañandoles, nos quedamos solos y visto que íbamos muy retrasados del grupo, subimos como trolebuses, hasta el cruce con la carretera (donde nos están esperando algunos de nuestros compañeros). De allí a Vozmediano quedan escasamente 500 metros donde el resto espera.

El tirón para alcanzar al resto hace que empiece la ascensión a Agramonte  bastante alto de vueltas y cansado pero una vez alcanzado mi ritmo, voy recuperando, poco a poco, mientras gano altitud.

Llego al cruce de Agramonte, donde paramos para reunir al grupo y empezar la bajada.

Desde este punto la ruta consistía en bajar hasta el siguiente cruce y ascender ala diezma (molinos de Grisel), pero las horas han pasado y entendemos que hay que bajar a casa, por lo que emprendemos el descenso a trote lechonero (o dicho de otro modo.. a too meter).

El viento arrecia cada vez más y bajando por el tarazonica, el “expreso del Termolúdico” (Juan Carlos), pone todas sus horas de bici estática al servicio del grupo.

El pelotón se divide en varios trozos y finalmente nos reunimos en la antígua estación de trén de Murchante para despedir a los Tudelanos y empezar a husmear al viento de cara, por si trajera eflivios de la comida que vamos a degustar en breves momentos.

Parece que ya es una tradición no terminar esta ruta (la parte de la Diezma) y la próxima vez avisaremos al bar para no perder tiempo esperando los bocatas. Pero han sido 80 kilómetros que de no ser por el fuerte viento fronto-lateral durante la vuelta, han resultado de lo más divertidos.

La semana que viene toca la Javierada y empezaremos el viernes a las 8 en casa de Oscar para dejar las cosas (incluyendo la manta “antiroces”). Acordaros!!!