Crónica: Ruta por Ágreda con avituallamiento a cargo de Fermín

El tiempo está loco. Sino que se lo digan al Ebro, del que suben y bajan sus aguas, como si del diluvio universal se tratase.

Y es que pensábamos ir a Carcastillo, pero con las inundaciones y estas peculiaridades climatológicas, resulta que había que dar un rodeo y la cosa se disparaba en distancias.

No hay mal que por bien no venga, y decidimos acercarnos a Ágreda.

Ayer, me dió un toque, Diego (bombero de Tarazona), para ver si íbamos a salir, con la intención de acompañarnos y a las 8:30 me presento en el parque puntual.

Acto seguido aparecen, Carlos Saso, Diego desde Tudela, Fermín, la mochila de Fermín, Marta, Feliciano, Unai y un mozo que pregunta:

-“¿Alguno de vosotros sois Iñaki?”

Tras responderle, le presento al resto de la comitiva y partimos por el Tarazonica (dos fines de semana seguidos….que penitencia!!!!) hacia Tarazona, para evitar que la ruta se alargase en demasía.

En Tarazona, Marta, repasa el santoral (Santa Rita que no suban, Santo Tomás que no vayan por la cuesta, San Atilano….)   pero de nada le sirvió…

Como es tradición, nos metemos por las calles del casco antíguo y ascendemos hasta el camposanto, para proseguir hacia la chopera de Torrellas.

En pocos minutos estamos escalando por la carreterilla que asciende al pantano del Val, sobre el pueblo Los Fayos, y tras una breve conversación, creo sofocar un conato de retirada.

Infeliz de mi, mientras disfruto por los toboganes que hace el camino, “la de rosa” se queda atrás, hasta decir un escueto:

-“Me doy la vuelta!! Adios!!”

Nuestro Tudelano, Diego, que pese a ir dopado, no está del todo bien, decide volver con ella, mientras el resto continuamos la aventura.

Dejamos atrás el pantano, y el paisaje cambia por completo.

Si unos kilómetros atrás eran pinares ahora, la frondosidad se constituye mediante chopos, juncos, cardos y algún que otro arbusto  de espinas afiladas, que a Feliciano

le traen malos recuerdos de Artajona.

No tardamos en llegar al río y por suerte hay un tronco con algunas ramas adicionales por las que hacemos equilibrios para pasar, mientras la bici va por el agua.

En un momento de despiste, meto el pié hasta el tobillo en el agua helada, pero por suerte, el GoreTex de las botas de invierno parece funcionar y saco el pié totalmente seco.

-“Madre, madre, si llego a vestir otro calzado…”

Continuamos un kilómetro y tenemos que volver a detenernos.

El camino está totalmente inundado. El río se ha desbordado en esa zona.

Como he venido varias veces, sé que habitualmente son unos doscientos metros, tras la curva (que nos impide ver el final de la inundación) el terreno que suele estar encharcado.

A nuestra derecha un talud de unos 4 o cinco metros “escalable”…. y para cuando alguno piensa en qué hacer, Feliciano y yo estmaos subiéndolo con las bicis al hombro y agarrados a las raices, para no caer. El resto, se apresura a hacer lo propio y acabamos por el monte, haciendo el corzo…

Como era de sospechar, más adelante, el camino está en perfectas condiciones, y volvemos a montar para seguir pedaleando.

Pese a ser una ruta, que repito varias veces cada año, no me canso de disfrutar del paisaje.

Unai, está pletórico y con una sonrisa que no se le va de la cara, mira de lado a lado, mientras al antes camino se torna en sendero sinuoso.

-“Que chulo, es de los sitios más bonitos en los que he montado en bici!!”

Llegamos a la catarata del pozo de las truchas y como hay algunos que no han estado, descabalgamos para hacer algunas fotos y que puedan ver el sitio tan bonito, porque… aquí, además, se complicará el camino.

Toca subir escaleras, y.. QUE ESCALERAS (alguna tendrá casi 35- 40 centímetros de alto). Mientras el amigo Unai olvida lo bonito del lugar y empieza a maldecir las largas escaleras, vamos cual penitentes paso a paso, hasta llegar arriba.

Seguidamente hay una pendiente pronunciada y tenemos que avanzar caminando unos metros para poder montar en bici.

Voy el primero, monto, avanzo unos 20 metros y oigo un chirrido metálico.

Miro detrás. Unai está mirando la bici, y el resto se detiene a ver el problema.

Por alguna razón, ha perdido un tornillo que aguantaba el plato grande y éste se ha doblado (y eso que era nuevo).

Por suerte, llevamos la mochila de Fermín y tras descartar, el uso de varios utensilio que seguro que llevaba (una bombona de oxígeno y otra de acetileno, una barra de uña, un elevador de coches tipo taller…) optamos por unos alicates que por supuesto, también lleva.

Feliciano, desdobla en la medida de lo posible, el plato poer ha quedado inservible. Con unas bridas (si, de la mochila…) se hace un apaño y se hace un conjuro para que Unai vaya en plato pequeño todo el resto de la ruta.

Continuamos subiendo y bajando por el sendero, hasta que encontramos el segundo grupo de escaleras, mientras el pobre Unai (que no tiene su día) asciende negando con la cabeza…

La ruta continúa por un sendero aéreo, asegurado por una soga dispuesta entre postes a nuestra derecha.

No tardamos en volver a transitar por camino en continua subida (cosa que taladra a un mocico que yo me sé…).

-“¿Otra subida?  ¿Pero otra más?!!?!?!?!”

No mucho después, estamos en Ágreda.

Y como es una ruta, cuesta arriba, subimos hasta lo más alto del pueblo para descender después al parque, donde nos detenemos un instante.

Nuestro catering, Fermín, (de verdad que la mochila es mejor que el bolsillo de Doraemon) saca un paquete de galletas Chiquilín, otro paquete de galletas de chocolate….y porque le paramos antes de sacar el ternasco con patatas.

Tanta abundancia nos hace acabar comiendo todos galletas.

La ruta de ida estaba clara en mi cabeza, pero hace ya bastantes kilómetros que llevo pensando en un cruce que no recuerdo bien a la hora de volver.

Salimos de Ágreda por un camino bajo la autovía que va a dar a la antigua vía del tren, hoy vía verde.

Rodamos agusto, hasta que llegados al dichoso cruce, y sin recordar, me decido.

-“Creo que es para arriba”

Unai:-“Claro, vaya hombre, iba a ser hacia abajo…. imposible…. si es que…..jejeje”

Cien metros más adelante el camino termina y hay que volver.

Por suerte, el cruce del que tenía dudas se resuelve solo y descendemos por un camino en buen estado, hasta llegar a una cuesta arriba, que yo recordaba mucho más larga.

PAsamos por un pueblico, y al salir tengo otra duda, aunque creo dar con la salida correcta.

Justo al tomar el camino le comento esto  Feli.

-“Mira, un cartelico donde pone: Valdepalomas. Ya tienes para acordarte en futuras ocasiones”.

Y la verdad es que se me quedó grabado (llamemos “Waypoint”…jejeje).

No avanzamos mucho y han estado haciendo movimientos de tierra, reorganizando caminos y esto rompe los esquemas.

¿Como voy a acordarme si me mueven los caminos de sitio?

Damos unas vueltas y por suerte, nos orientamos.

Iñaki-“La carretera debería de estar ahí cerca y…”

Diego:-“Sí, allí está!!”

La cosa está clara. Hay que bajar del monte en el que nos encontramos…

Y dicho y hecho. Campo a través, nos lanzamos hacia abajo, con una sonrisilla en la cara, hasta que cinco minutos después estamos rodando por la carretera, escasos doscientos metros hasta el cruce.

Estamos en la carreterilla de la subestación de la Nava, y Unai empieza a…. ¿Bailar?¿botar?…

Pinchazo toca cambiar cámara y nos detenemos el tiempo necesario para hacerlo.

Acto seguido nos desviamos por una pista, ascendente (pero suave) hacia Monte Alto.

Desde allí, y por una preciosa bajada descendemos, no sin algún susto (cosas de zanjas, en medio del camino…. que había que saltar a toda velocidad).

Llegamos a Monteagudo, y de allí a Cascante, donde nos cruzamos con Marta Garriz, su prole and company, para terminar nuestra divertida ruta en Murchante con algo más de 90 kilómetros a la espalda y mucho divertimento.

 

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Crónica: Camino del agua soriano

Seis de la mañana.

Abro un ojo y me aseguro de que realmente es la hora de levantarse y no quedan un par de minutos para remolonear…

Y no, no queda más remedio que levantarme si no quiero llegar tarde.

Hoy no habrá vehículo de apoyo y llevamos los bocadillos y todo lo necesario en las “camelback”, así que la llevo, “a estallar”.

Como la bici se quedó en casa de Juan Carlos (en el carro), tengo que ir andando a la plaza (con las zapatillas con calas, la camelback y la indumentaria andando por el pueblo, me siento como un buceador paseando por la castellana).

Llego a la plaza donde Fermín ya está esperando, y en un par de minutos aparece toda la tropa.

El autobus llega con el carro de las bicis enganchado a él y montamos, rumbo a Soria.

Descargamos las bicicletas a la entrada de Soria y tras despedir a la conductora, buscamos un bar para tomar un café.

Por suerte a doscientos metros, hay uno y prácticamente nos hacemos los dueños del mismo, y arrinconando a los hombrecicos que de par de mañana estaban desayunando.

Un cortado con su croissant y algún churro después, salimos de la ciudad para empezar con la ruta en dirección a casa.

Bajamos por la carretera y bajo un puente tomamos un desvío que nos mete de lleno en el camino del agua soriano y que será nuestra ruta del día.

Empezamos pasando bajo la carretera y seguido, aun con las piernas frías, toca subir cuesta. Se oyen las primeras menciones al perfil de la ruta:

-“Pero esto no era cuesta abajo?” Pues se ve que no del todo…

La verdad es que tampoco era muy larga y una vez arriba, la pista empieza a descender entre la nacional y un pinar paralelo a ésta, hasta llegar al puente sobre el río Duero.

Primer objetivo del día conseguido.

La ruta consiste en unir en un camino el Duero y el Ebro, por lo que el primer punto está conseguido.

Guiados por Fermín y Enrique con sendos GPSs seguimos por carretera un par de kilómetros hasta que al pasar el siguiente pueblo, nos desviamos a la derecha para volver al camino.

La ruta está totalmente indicada y balizada, con carteles de color granate que facilitan seguirla de la forma correcta.

Vamos rodando a buena velocidad pero sin atropellarnos por un paisaje que mezcla los campos de cultivo en secano, con zonas de sotobosque y carrasca, por caminos en buen estado que se aprecia que han cuidado para promocionar la ruta.

Cruzamos la carretera y pasamos junto a estaciones de tren, abandonadas y maltrechas por el tiempo y el descuido en su mantenimineot una vez la vía cerrada.

Pasamos a una zona rompepiernas de sube y baja contínuos donde el grupo se estira más de la cuenta, por lo que decidimos parar para esperar y que la gente se recupere un poco.

Dos minutos después de la llegada del último, continuamos para cruzarnos, con tractor/excavadora (llevaba pala, eso sí) y seguido con un corzo asustadizo que salía corriendo y quedaba vigilñandonos desde una loma cercana, por si las moscas.

Continuamos varios kilómetros hasta que al pasar junto a un torreon medieval, decidimos detenernos y dar cuenta de los bocatas.

Mención a parte merecen las barritas (de chorizo, no de las energéticas) de alguno o la flauta de otro que hubiera dado para alimentar a una familia entera.

Guillermo ve un tractor y se acerca al hombre que le advierte que ahora nos toca una cuesta… de las buenas.

Recogemos y continuamos en busca de esa cuesta, hasta que llegamos a un pueblo donde pasamos por una fuente… madre que fuente… con motobomba incluida…

A la salida del pueblo, no hay duda de por donde va el camino y nos esperan un apr de kilómetros de subida bastante durillos.

Y no solamente por el desnivel a salvar, sino porque, la sangre no está por la labor de socorrer a las piernas ya que la tenemos concentrada en el estómago.

A base de aprentar dientes pasamos el que, para un servidor será el peor momento del día, mientras pedaleo pensando en el mal momento elegido para almorzar.

Arriba esperamos el resto del grupo que va ascendiendo al ritmo de cada cual.

Mientras esperamos, Roberto y Marta se intercambian la cámara de vídeo y empezamos a descender, por una pista llena de grava que no ofrece mucha seguridad, por loque bajamos bastante despacio.

No hemos descendido mucho, cuando tenemos que volver a subir, mientras se produce otro encuentro con 3 corzos de buen tamaño.

La pista vuelve a bajar y pese a la gravilla, aceleramos un poco y vamos saltando los pequeños troncos que hay cruzados cada cierta distancia en el camino.

En un momento, Oscar que va delante de mi da el alto.

-“Quietooooossss”

Delante nuestra hay unos escalones bastante pronunciados que terminan ahí abajo, e una vía abandonada y que hay que bajar muy despacio o a pié.

Seguimos por una pista que poco a poco se torna en llano cuando dan el alto de nuevo.

Feliciano ha pinchado.

Para cuando queremos parar, hay 4 mecánicos en torno a la bicicleta que al parecer ha pinchado las dos ruedas.

Mientras reparan la avería, el resto nos relajamos echados junto al camino.

-“Mira, mira!!!”

Me dice Roberto.

Giro la cabeza y veo a Feli, inflando la rueda a un ritmo que calculo metería del orden de, 9000 litros de aire por segundo, en la rueda y aun no entiendo como la bomba de inflar no reventó ante semejante test de resistencia.

Que campeón!!!

En un instante estabamos de nuevo en marcha y proseguiamos hacia muro de Agreda, donde lo que parecía una cuestilla, sin mucho desnivel, nos hace tensar de enuvo los músculos.

Salimos del pueblo para continuar cuesta abajo, hasta que Enrique, nos dice que hay que tomar un desvío a la izquierda.

Miro y veo un cuestON.

El grupo se detiene porque el otro GPS dice que la ruta es cuesta abajo y por fin Enrique confiesa:

-“Es que allí arriba, hay un mirador y tal…”

-“Yo no quiero mas cuestas, que menudo día llevamos”, dicen por atrás.

En cuanto dicen eso, la sentencia está echada:

-“Arriba!!!”

Subimos hasta cerca de la estratosfera a la cima de un monte donde sacamos algunas fotos y disfrutamos de las vistas, aunque comprobamos que no hay salida y por tanto hay que volver atrás para proseguir con la ruta.

Llegamos a Agreda, donde paramos y reponemos bebida comprada en un supermercado y después de un pequeño ló con llos GPS, salimos por un parque (parque de la dehesa, creo que se llama).

La pista va directa hacia Moncayo y la pista se hace más dura, ascendiendo bastantes metros en poca distancia hasta que gira y tras un par de toboganes, empalma con la carretera que lleva a Aldehuela.

Es en este pueblecillo, donde nos desviamos por un sendero que baja hasta el nacimiento del Queiles donde comemos algo y continuamos 500 metros para tomar café en el bar de Vozmediano.

Volvemos a montar para bajar por una pista bien conocida por nosotros y que discurre junto al río Queiles en dirección a Los Fayos.

Ya en este pueblo, salimos por un camino rodeado por choperas y arbolado de otras clases que lo hace muy bonito.

Tan distraidos vamos que en una curva se produce un choque, sin consecuencias, con un grupo que viene en dirección contraria.

La tropa continúa para pasar bajo la carretera y tener que encarar la uñtima subida de la jornada hasta el cementerio de Tarazona y posteriomente atravesar esta población para terminar en el Tarazonica.

Empezamos suave peor como siempre la cosa se va a celerando y poco despues me veo rodando a toda velocidad, pirmero a 40 Km/h…

La velocidad va a umentando y parece que a 45 km/h se estabiliza, hasta que llegando a Tulebras el grupo da otro acelerón provocado por El Espreso del Tarazonica y rodamos entre 48 y 53 Km/hora.

Llegamos a la estaciónd e Murchante en un plis plas y nos despedimos tras mas de 115 Kilçometros

Ha sido un día muy chulo, con una  ruta que recordaremos gratamente.

Camino del Agua Soriano

No hace mucho tiempo, publicábamos aquí mismo, el calendario de actividades para 2012.

Hay que decir que era de lo más completito, pero siempre hay sitio en el año para meter alguna otra cosa, si ésta lo merece… y parece ser el caso.

Nuestra, Lady Bonilla (Marta), siempre deseando hacer cosas nuevas, nos pone los dientes largos con esta ruta que al parecer también es conocida como “Camino Antonio” y que va de Tudela a Soria.

La ruta tiene una longitud de 116 kilómetros, pasando por Tarazona, el Moncayo (Vozmediano) para unir el Ebro y el Duero en una sola ruta.

Téngase en cuenta que desde Murchante el inicio estaría en la parte derecha de la imagen

Como la promotora de la ruta ya está imaginandose haciendo la ruta y un servidor no va ser quien le quite la ilusión :-), habrá que pensar en una fecha para su realización, no?

Dicho esto os dejamos una serie de enlaces con información más detallada sobre la ruta para que vayais disfrutándola, incluso antes de rodarla.

P.D: Ya está actualizado el calendario de actividades 2012, incluyendo esta salida

Enlace del Ministerrio de Medio Ambiente

Sitio en Facebook dedicado a esta ruta