Visitamos Bardenas

Sabéis aquel que tira la piedra y esconde la mano??

Pues así ocurrió esta pasada semana…

Una moza, insistía…

-“Yo quiero Bardena, que yo quiero Bardena, que vamos a las bardenas, que hace tiempo que no vamos a las Bardenas…”

Y seguía:

-“Hacemos la ruta por las Bardenas que hicimos junto a los de Buñuel? eh ? si? eh? si? venga, venga que sí que vamos…”

Y claro, por no aguantarle… a la Bardena que vamos todos…

Lo curioso, si no insólito, ocurre cuando, dadas las 8:20 a.m. me acerco al parque, donde me encuentro a Gerardo.

Me froto los ojos y sigue ahí, no es una visión. Mr Lamana ha venido!!!

En unos minutos aparecen:

Guillermo, Chelu, Samuel, Emiliano, Roberto, Jarauta, Alayeto, Jose  y yo (Iñaki).

Además aparecen cual limones, Hernando y Ferrer.

Esperamos, esperamos y esperamos pero la cansa de la Bardena no aparece…

Empezamos a sospechar que está “apatruyando” Cintruénigo, no sea que haya una fiesta y se la cuenten…

Dejando la fauna fiestera con su resaca… a lo que íbamos:

Aun no hemos salido del parque y Hernando dice que en cuanto llegue a la recta de Arguedas, se da la vuelta.

Ya en Tudela, junto al puente del Ebro, están Cesar, Patxi e Inés que se ha animado a acompañarnos. Menuda cuadrilla!!

Pasamos el puente del Ebro y avanzamos despacio por los sotos del Ebro hasta llegar a la recta de Arguedas.

Continuamos por el camino favorito de Chelu y al poco miro atrás.

Ahí están todos, incluido Hernando.

Tengo alguna duda con respecto a dos puntos de la ruta y como sé que Cesar ha rodado bastantes veces por esa zona le pregunto.

Nos desviamos a la derecha y unos kilómetros después nos plantamos ante las primeras rampas de la ascensión a Valdecruz.

Arriba, esperamos a reunir al grupo.

Uno de amarillo, sin emitir sonido alguno llega gesticulando:

-“La madre que me pario, la madre que me vino a parir, me cago en…

(se me ha olvidado lo que pronunciaba…)

Continuamos para completar las últimas rampas, ya más suaves y volvemos a reunir el grupo en las piedras blancas donde se une con el camino
que lleva al Balcón de Pilatos.

Por fin las respiraciones se serenan y parece que todos vamos bien.

Avanzamos y unos kilómetros más adelante están un nutrido grupo de Arguedas, con los que iríamos hasta “la Nemesia” charlando.

Uno me dice que llevan la mañana accidentada de narices:

-“Uno ha caído en una zanja, ha partido el puente de la suspensión… yo llevo la patilla doblada…”

Al llegar a la balsica/charco/loque sea. Nos detenemos para volver a reunir al grupo, mientras los Arguedanos comienzan el descenso.

Se oye algún comentario:

-“¿Pero esto es normal? Todo el día cambiando, todo el día cambiando!!”

-“Normalmente con la otra (la de carretera) no cambio tanto!! amos joder!!”

Explicando lo que falta a uno, y donde estamos a otros, se pasa el rato, bajo la ladera de “Tripa Azul” y al poco volvemos a montar.

Empezamos el descenso por la madera y yo mismo me repito:

-“El hombro, no hagas el tonto, el hombro…”

Samuel va por delante y Roberto le sigue.

Samuel se está yendo…

Que le den por saco al hombro…

Yuhu!!

Varios derrapes en curva al grito de Ahiiiiiaiaiaiaiaii…ufff!!!!

Y pillo a Sam, para terminar la bajada juntos.

Llegamos abajo y Samuel me mira con ojos tamaño ensaladera:

-“Que pasada!!!!”

Y unos segundos después

-“Había curvas jodidas eh…. jijiji”

Nos detenemos y poco a poco van goteando nuestros compinches, hasta completar el grupo.

Avanzamos por la perimetral del polígono y es aquí donde tengo la otra duda del día.

Cesar me explica que el camino debería salir tras pasar la cabaña de Zapata y después de un rato
rodando, lo encontramos.

La zona es muy chula y aunque no tiene grandes complicaciones, la continuas grietas en el camino
lo hacen divertido.

Atravesamos un barranco y al poco se empiezan a dar los primeros signos de desfallecimiento de alguno.

Bajamos el ritmo y parece que el personal aguanta bien.

Me quedo atrás con uno, y mientras echo la mano a su riñón, veo delante que uno (el brújula) que se ha situado delante…

toma un desvío a la izquierda (cuando yo pensaba que iríamos a la derecha).

Salgo disparado y ya delante le digo:

-“Pero sabes a donde nos llevas por aquí?”

-“No!! uno ha dicho izquierda y oye… me he metido…”

-“Hay alguno que va muy justico y los llevas a las cuestas del rey. Por el otro lado es más largo pero todo llano… tu verás…”

Detenemos al grupo para discutir el tema y en ese momento alguien detecta la rueda baja de Ferrer.

Entre que inflamos y tal… Los que dicen que van más flojicos… dicen que van tirando para delante, otros  que también por si acaso… y al final nos quedamos
cuatro tontos abajo, hasta inflar la rueda.

Cuando emprendemos, no se ve a nadie por delante.

Empezamos a ascender y pronto vemos a la gente y subimos mientras nos toman fotos.

Avanzamos y ya arriba esperamos a reunir el grupo.

A algunos no les hace mucha gracia la cuestica y llegan, con cara de odio…(lo dijeeeee, lo dijeeeee y no me hicieron casooo).

El contrapunto, lo pone Ines, a la que le da un arrebato amoroso y salta encima mia…jejeje

(me explico) A mi espalda escucho:

-“Iñaki, Iñaki, aaaaaaaa!!!”

Y al volverme veo a Ines con bici y todo que ha perdido el equilibrio y se cae sobre mi.

Aun consigo agarrarla, con la ayuda de alguien más y conseguimos que toque el suelo… pero poco.

Más tarde, tomando una cerveza, veo que tiene algo de sangre en una rodilla, pero nada grave.

Patxi, a buen seguro, sabrá como cuidarla.

Tras el incidente, aparece Patxi, que había parado a mitad de cuesta a sacar unas fotos del personal.

En teoría, lo que queda,  es todo para abajo, pero la realidad es que aun hay unos toboganes hasta que el camino nos deje en la carretera de Ejea de los Caballeros.

Acabamos de cruzar la carretera cuando, por detrás, veo que  uno (que fuma puricos y arregla calderas… pero no daré nombres…) emprende por la carretera sin decir nada…

-“Oyeeeee, que vamos a tomar una cerveza aquí en el hotel este!!!”

Sin decir ni mu,… gira más rápido que un colibrí y se pone cabeza de pelotón a tirar hacia el hotel (el poder de la mente!!).

Tras dos tragos recupera las ganas de hablar perdidas dos horas antes…jeje

Salimos y nos acercamos a Tudela, donde despedimos a nuestros amigos Tudelanos y continuamos a Murchante.

Aun pensamos en hacerle una visita a Bauti pero si entramos en el huerto semejante cuadrilla, no queda en pié ni una planta del terruño. 🙂

Una ruta de 75 Kilómetros, no muy exigente pero completa y bonita que seguro empieza a ponernos en forma para una temporada que ya ha empezado.

Gracias a todos por acompañarnos y ESPERAMOS VEROS EN PRÓXIMOS FINES DE SEMANA!!

 

 

 

 

 

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Crónica: Ruta Bardenera

Aun era de noche, cunado miro a través del crista.

Hoy parece que hará buen día. No se mueve un pelo de aire…

Llego al parque (quien? yo Iñaki), tras Guillermo.

Al poco aparecen Chelu, Marta, Robertoy Jarauta. Parece que por mucho que esperemos, el grupo no crecerá así que nos vamos en dirección Tudela.

Cuando estamos a la atura de la casa de cultura, aparece Samuel, al que se le han pegado las sábanas (pero aquí está el mozo al fin que es lo que importa).

La temperatura es buena (a ver… buena para un día de enero a las 8:30 a.m…. tampoco es el caribe…).

Llegamos al puente del Ebro donde nos espera un acatarrado Cesar, Bauti y Diego.

Junto a ellos, Javier Espada, que al no venir sus compañeros, decide acompañarnos (y nosotros encantados, claro que sí).

Rodamos por la cañada, paralelos a la carretera de Ejea, como tantas veces, primero por camino y después por sendero, hasta cruzar el río. al fondo se ve la primera subidica del día.

Subimos tranquilos, hasta que “JondereMan” la lía y saltan los perros a por la liebre. jejeje

Atravesamos Valdecruz y dejamos el camino del Balcón a nestra izquierda, para proseguir hacia la “Nemesia” (a una balsa/abrebadero que hay más arriba).

Envueltos de niebla (aunque menos fría y cerrada que otros días), nos detenemos para dar cuetna de la barrita de turno mientras Diego, hace de “retratista”.

en la Nemesia

Continuamos para bajar una de las cuestas más conocidas de la Bardena, “La Madera”, donde Samuel y yo nos damos un buen susto en medio de una curva pensando que el terreno que teníamos delante era barro blando (por suerte solo lo parecía).

Ya abajo, entramos en la perimetral del polígono y ponemos rumbo al cuartel de los militares. La pista es eminentemente llana, en buen estado y no requiere de esfuerzo, por lo que la gente se relaja.

Relajación que duró… hasta pasar frente a la puerta del acuartelamiento, donde unos y otros empezamos a tirar y acabamos cual banda de indios tras caravana en el oeste americano (aunque más que gritar, apretábamos los dientes.

En un “pis pas”, estamos en Castildetierra, donde realizamos una breve parada.

Una parte del grupo quiere volver hacia casa mientras otros queremos hacer algo más.

Cinco minutos después, Guillermo, Marta, Bauti, Diego y yo, nos despedimos del resto y encaramos pista para alargar la ruta (y a decir verdad disfrutaríamos de algunas partes muy chulas!!).

Salimos de Castildetierra, por la perimetral en dirección al Rayón, si bien a escasos dos kilómetros, donde hay una caseta, nos desviamos a la izquierda y bajamos al barranco.

Está llenico de agua como pocas veces y damos vueltas y revueltas para ver por donde cruzar, hasta que Guillermo, ni corto ni perezoso, se lanza río a través…. y en nada estuvo que cayera de bruces al agua con las dos ruedas cubiertas de barro y agua.

Pero la providencia, le debe tener aprecio y asombrosamente salió al otro lado, con los pies “frescos”.

El resto, viendo la experiencia vivida por el “Vice”, decidimos cruzar a pié y bici al hombro por un lugar con vegetación.

Seguimos por una pista bien conocida por el grupo que a los lados, tiene formaciones de tierra de lo más curioso.

A nuestra izquierda, el “cabezo de Malafé” cuyo nombre sabemos gracias al GPS de Diego que parece la Wikipedia.

Es un cabezo (eso ya lo he dicho), afilado pero que en su cúspide tiene una piedra ENORME a modo de boina.

Nos toca cruzar de nuevo el río, pero el lugar es mucho más accesible y con menos agua por lo que cruzamos montados y sin miedo a mojarnos.

Normalmente un par de kilómetros más adelante, en un cruce, elegimos el desvío de la izquierda pero hoy he decidido enseñar a mis compañeros una alternativa, divertida, así que pese a las caras de sorpresa nos metemos a la derecha.

Unos cuentos de metros más adelante, grito a Diego:

-“A la izquierda!!”

-“Por aquí?? Yaa?”

-“Si, dale!!”

– “Pero por aquí?? no hay camino!!!”

-“Dale!!!”

Sin pensarlo más, nos metemos y cincuenta metros campo a través, nos dejan en un sendero ancho que hace que la cara de alguna (no digo quien 🙂 ) se relaje un poco.

Aparecemos en un corral de Ovejas y de allí, sin dejar que opinen (ya sabía lo que iba a opinar alguien del siguiente tramo…), me meto al barranco y por abajo, vamos rodando y saltando, entre paisaje sin igual.

Delante una rampa del “nose cuantos” por ciento, que por suerte es corta, así que “arreón y pa`rriba”.

Entramos en un sendero estrecho por el que ya hemos circulado alguna vez. Todos lo conocemos pero aun quedan unos ases en la manga y tomo un desvío que no solemos tomar.

Vamos por el borde del cañón. Las formaciones son magníficas y abajo hay momentos en que habrá 15 metros de profundidad.

Circulamos por un sendero estrecho y sinuoso,  mientras comentamos lo bonito de la zona y disfrutamos dando pedales.

Al fondo, el Castillo de Peñaflor, al que finalmente llegamos y rodeamos.

Rodamos por el “Vedado de Eguaras”, en sentido ascendente y Diego va delante mía.

Veo como el camino por el que solemos bajar queda a la derecha y Diego no lo ve, (a decir verdad el camino que llevamos parece el más evidente por lo que es normal)  hasta que algo más adelante aquello se va cerrando y comenta:

-“Este no es el camino, no?”

-“No. Hoy vamos a subir por un sendero muy chulo que no visito desde hace años con Guillermo y mi padre”

A decir verdad, no sabía si me acordaría, pero conforme avanzábamos, los recuerdos se transformaban en imágenes  y la ruta se hacía realidad.

Posiblemente sea una de las zonas más espectaculares de las Bardenas (entendiendo el Vedado como Bardena).

El sendero asciende y se cierra, entre carrascas, y arbustos, y vamos ascendiendo hasta que finalmente llegamos al plano. QUE BONITO HA SIDO!!

En el plano, rodamos para bajar por la “cuesta de las mulas”. Al fondo, no se ve, pero sabemos que está el Yugo, allá arriba…

Nos tomamos la cuesta del Yugo con mucha filosofía y tranquilidad. Arriba, son las 12:35, así que vamos muy bien de tiempo.

Descendemos en dirección Arguedas y afrontamos la larrrrrrga recta por la ya tradicional pista paralela a la carretera.

Desde este punto, entramos a los sotos del Ebro, y a Tudela.

Nos despedimos de Diego y Bauti, para proseguir a Murchante tras 91 kilómetros de preciosa y amena ruta.

 

 

Crónica: Bardenas – Ruta con los Buñueleros

8:30 de la mañana y hace un domingo espectacular.

Suave brisa, cielo despejado y temperatura… contenida por el momento…

Aparecen Juan Carlos, Cesar Aguado, Marta, Chelu, Dani, Aitor, un representante de Manolete team (Maeztu) y yo (Iñaki).

Pensaba que aparecería alguna de nuestras promesas pero lo de “ruta secreta”, me da que no les dió mucha confianza…jejeje

Salimos hacia Tudela cruzando el pueblo. Allí hemos quedado, en el puente del Ebro, con Fernando Campo, David y la tropa de Buñuel, comandada por Paco.

Una vez reunidos, cruzamos el río para girar a la izquierda y rodar por los sotos del Ebro hasta la recta de Arguedas, donde cruzamos y proseguimos por la pista que solemos llevar camino a Castil de Tierra.

El ritmo es suave y vamos conversando unos con otros, sin prisa y disfrutando de la mañana.

Llegados a un cruce, dejamos esa pista y tras varias (como decirlo…) tentativas de exploración por terreno yeco…

Volvemos a un camino conocido (al menos para los de Buñuel que hacían de guías) y que nos llevará a la cuesta de Valdecruz.

Subimos sin forzar y donde termina la parte más dura,  esperamos un instante, hasta que el grupo se reúne de nuevo, momento en que damos cuenta de unas barritas caseras que Dani ha hecho y que hay que reconocer que estaban muy ricas.

Seguimos hasta la pista que lleva al balcón de Pilatos y por la que proseguimos nuestra ruta, para dejarla y encaminar nuestros manillares hacía la Nemesia y la Madera.

Bajamos con la vista en la impresionante formación “Tripa azul”.

Aitor y yo vamos a mitad de grupo y hablamos de lo que ha progresado Marta bajando (curso aprobado!!!).

Cerca del recinto militar, casi se pierden varios en un cruce, pero por suerte (y un par de llamadas al móvil), se solventa el problema.

Rodamos suavemente hasta la base de la cuesta de Valdecruz, donde despedimos a los de Buñuel, dado que vamos tranquilos y ellos tienen bastante distancia que recorrer hasta casa.

Ascendemos por las “cuestas del rey” (al menos, así me dijeron que se llamaban) y proseguimos ese camino hasta dar con el hotel “Aire de Bardenas”.

Avanzamos por la pista que lleva hacia la carretera de Cabanillas, hasta que “algo” nos atrae y terminamos en la puerta de un huerto.

Está cerrado y Juan Carlos decide sacar “el llavero” para comprobar si alguna de las llaves que incorpora abría la puerta. Yo le ayudo aguantando la llave, por si pesaba demasiado…

Bauti nos abre las puertas de su huerto (o las abrimos nosotros…?)

Finalmente pensamos que Bauti se habría llevado las cervezas del huerto, así que decidimos dejar “el llavero” y tomar una foto de grupo que atestigüe nuestro pacífico paso por la zona.

En Tudela despedimos a David, Cesar y Fernando, mientras el resto terminamos nuestra ruta en Murchante.

Han sido 82 kilómetros de rut,a muy bonita, que ya estamos pensando en incluir en el calendario para repetirla.

P.D: Y pese a que la distancia pueda inducir a lo contrario… podría ser apta para promesas… entrenadas…