Javierada Karrikiri 2016

La previsión meteorológica nos tenía en vilo…

Pero la verdad es que al final, desde radio, televisión e Internet, nos confirman que en lo climatológico, esta Javierada iba a ser desastrosa.

Claro, decididos como estábamos a peregrinar, no queda otra que intentar minimizar el tema y después de esperar a la última previsión, indicaba que en Carcastillo llovería sobre las 11 de la mañana, en Cáseda y Javier, empezaría sobre las 12:00 suave y a partir de la una, fiesta de maillots mojados…

Por otro lado, gente nueva se sumaba este año a la peregrinación Karrikiri y al no saber como ni cuanto andaban en bici queríamos asegurar al máximo la jornada…

Visto lo visto, decidimos madrugar más y salir pronto… tan pronto como las 6 de la mañana de Murchante, a fin de llegar a Javier pronto y evitar la lluvia al máximo.

El viernes, quedamos en el hangar del “KarrikiriKarro” para montar maletas en el “KarrikiriMovil” capitaneado por el Sheriff Chirico y la inestimable ayuda de Marta que este año va de apoyo.

Allí hablamos del tema, mientras cae una fina lluvia que hace prever lo peor.

La expedición por parte de miembros del club la componen:

Chelu, Carlos, Jarauta, Fermín, Unai, Patxi, Ines, Samuel, Feliciano y yo (Iñaki)

A los que se suman:

Victor, Miguel y Alfredo por parte de “los trotamúsicos” y un último fichaje “Tomás” que se incorporó a filas como uno más.

Tras las fotos de rigor, salíamos de madrugada desde la plaza de los fueros, camino a Tudela.

Con frío, pero menos del que se pensaba, bajamos hasta el puente del Ebro y poco después alcanzamos la recta de Arguedas.

Con la oscuridad e inmersos en conversaciones y cháchara, nos confundimos de camino (tres veces…), pero por suerte, no recorremos mas de 5 metros en cada ocasión, sabedores de que no era así el que buscábamos.

Finalmente, encaramos hacia los Aguilares y minutos después, estamos dando pedales con Castildetierra al fondo.

Ya huele a desayuno!!

Realizamos una parada en condiciones y sin prisa, pues parece que vamos sobrados de tiempo.

Caen pastas… muchas pastas de chocolate, que junto al cafecico que preparó horas antes Chelu, nos calienta y reconforta ante la fría mañana.

Tocan fotos y al poco, estamos otra vez sobre el sillín, por “la perimetral”.

Se suponía que iba a soplar bastante viento. unos 30Km/h con rachas de hasta 55km/h pero… A Dios gracias, lo que allí soplaba era más que soportable (cómodo, me atrevería a decir).

Aunque el terreno es eminentemente llano, vamos tranquilos y sin prisas, cuidando de que el rebaño vaya, mas o menos junto, y evitar desfondamientos, calambres y problemas varios…

La parte hasta el monumento del pastor la paso vigilado de cerca por Alfredo que me quiere atrás del grupo y si acaso… a su lado (peor nunca delante…jejeje).

Comentan que si alguno va un poco más flojillo y preguntamos a ver si come, bebe y se cuida como debiera. Por suerte, una vez metemos combustible, da visos de recuperarse lo suficiente como para llegar a Carcastillo.

En este pueblo, Alberto (Chirico) y Marta nos esperan parrilla en mano, llena de Panceta , chistorra, vino y demás viandas típicas de todo buen avituallamiento pro-tour.

Vamos adelantados sobre el horario que nos habíamos marcado y almorzamos tranquilos… muy tranquilos… y tanto es así que se nos va más de una hora en ello. que nos quiten lo “bailao”.

Emprendemos la marcha adelantando a muchos caminantes, adentrándonos por las primeras zonas de barro y charcos. La cosa es que como esperábamos peor tiempo, más barro y agua.. todo nos parece poco y si no es por las salpicaduras de barro, casi ni nos damos cuenta.

Llegamos a un punto, donde los peregrinos de a pie toman un camino hacia Montepeña y nosotros continuamos junto al río.

Es zona de toboganes y algunos disfrutamos las bajadas como chiquillos.

El ritmo ayuda, porque al ir relajados, podemos apretar los dientes unos segundos y relajar de nuevo hasta volver a reunirse todo el pelotón.

Llegando al puente de Cáseda, hay quien, con menos kilómetros en el zurrón, va justico, pero tirando de coraje y mandíbula, continua sobre la bici.

Ya en el pueblo, nos esperan, como es tradición, la pareja de apoyo. Unos comen, otras evacuan y todos paramos, antes de continuar.

Comento con un integrante del pelotón, que salga ya y que el acompaño para que, en las cuestas que se avecinan no tenga que ir con el gancho, “haciendo la goma” y vamos ascendiendo a ritmo muy suave.

Parece que va suficientemente bien y para cuando nos alcanza el grupo, ya llevamos la mitad de la subida hecha.

Como mi compañero va arropado por el grupo, y los lobos saltan, decido dar un pequeño arreón y gozar un poco subiendo.

Veo allí delante a Feliciano que ha saltado comandando la tropa y me lanzo a por él.

Lo alcanzo y me voy a un lado del camino, en lo más empinado de la cuesta, para adelantarlo.

Es cuando, “el mercancías”, me mira de reojo, saca hombro y “vira el timón”, inclinando la bici hacia mi (esa técnica la he bautizado como “la melé del ciclista”, puesto que solo un jugador de rugby venido a ciclista, puede ejecutarla, haciéndote sentir que se te echa encima un transatlantico).

-“Ande vas, animaaalllll”

Y allí me veo por el “labrao”, fuera del camino… mientras “el hombre de hierro”, a carcajada limpia, solo atina a decir:

-“Perdonaaa, que creía que eras Unai!!!”

Entre risas y cabeceos, aun no se como, consigo volver al camino, sin echar pie a tierra y coronar.

Arriba, nos reímos, mientras esperamos a reunir al personal.

Alguno echa pie a tierra en los últimos metros, pero ya se aprecia que tiene la convicción de terminar sin montar en el coche.

Esa es la actitud!!

Avanzamos ahora, junto al canal y adelantamos a gente que desciende de MontePeña.

Vamos tranquilos, pues hay amigos que van castigados, aunque Patxi y Unai, salen por delante enzarzados en un pequeño pique disfrutón.

No tardamos mucho y estamos descendiendo para acercarnos a Yamaguchi.

Allí, junto al restaurante, detenemos la comitiva de nuevo, para rellenar botellines y esas cosas.

Por delante, ya solo queda una cuesta, un poco larga, pero que a buen seguro, nadie va a rendirse tan cerca de la meta.

Es en este tramo, donde decidimos ir algo más a nuestro ritmo, pues, en general llevamos toda la mañana, sin desfogarnos.

Chelu, Unai, Patxi y yo, ascendemos a buen ritmo pero sin forzar y llegamos arriba mejor que nunca. Parece que el trabajo diario funciona incluso mejor de lo esperado.

Esperamos entre chistes (malos) y tonterías, al grupo y una vez reunidos, descendemos hacia Javier para retratar el momento.

Con las fotos realizadas, atacamos el último tramo del día, que nos lleva a Yesa.

Vamos tranquilos, y relajando pierna, mientras charlamos.

Cae una fina lluvia y comentamos:

-“Justo a tiempo!!!”

Aunque la verdad es que poco duraría y no se dio mas agua en la jornada (madrugar para nada, pero vaya…).

Buena ducha, mejor comida y regreso a casa tras pasar un día genial junto a gente del club y amigos que esperamos, se unan a más rutas en futuras ocasiones.

 

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Merece la pena? Ni lo dudes…

Ayer, mientras entrenaba sobre  la bicicleta estática en el gimnasio (quitando horas, de donde se deja, al día a día), un conocido se acercó y me comentó:

-“Te veo día tras día, si no es montado ahí, entrenando de una forma u otra y  me preguntaba… ¿Realmente merece la pena tanto esfuerzo?”

La verdad es que no esperaba ni la pregunta ni la forma tan directa de la misma pero respondí casi de forma automática:

-“Sí claro, por supuesto!!!”

Y cuando volvimos a estar solos (la bici, yo, y unas horas por delante para pensar en el sentido del universo…), le empecé a dar vueltas…

Y solamente me venía una frase contundente a la cabeza:

SI!!!, CLARO QUE LA MERECE!! SIN DUDA ALGUNA!!!

…Casualidad, por la noche me entretenía viendo un documental de un famoso Youtuber, sobre sus vivencias en  la Titan Tropic en Cuba y leía unas frases que decían algo como (es probable que no fuesen textualmente exactas pero creo que se entenderá):

  • “Vas a estar muerto por toda la eternidad”
  • “Que la muerte tiemble al recibirnos”
  • “Esta es tu vida y se está acabando a cada instante…”

Y muchas otras que la verdad… es que tienen su enjundia…

Y las frases reactivaron mi mente con lo que volví a darle vueltas a la pregunta que  me hizo este conocido…

Que piensas contar cuando seas viejo, si es que llegas, a tus nietos?

Estarás satisfecho de la vida que llevaste, cuando eches la vista atrás?

Y mil preguntas dignas de analizar con un psiquiatra o un amigo tras 30 cervezas juntos }:-P

Creo que  todos, admiramos y nos gustaría emular, en mayor o menos medida a grandes aventureros, gente que realiza enormes retos o alcanzar gestas inimaginables para la mayoría de los mortales. Y la verdad es que podemos hacerlo, aunque hay que pagar un precio por realizar los sueños (sacrificar tiempo, pensar, meter horas…).

Esto no quiere decir que todos debemos lanzarnos a escalar el K2 sin oxígeno, o intentar hacer apnea en la fosa de las marianas hasta llegar al fondo, …pero si soñar con aventuras, retos y sueños que, el día exacto en el que se cruzan por primera vez por tu cabeza, son poco menos que imposibles para ti (y precisamente eso es lo que las hace geniales y merecen la pena!!).

Y que pasa si al final, no lo consigues?

Lo que pasa es que aprendes bastantes cosas y obtienes grandes beneficios para el resto de tu vida diaria (no solo en la faceta deportiva):

  • Aprendes que el reto empieza el día del primer entreno y no cuando se da la salida (o incluso antes, con  la misma planificación inicial).
  • Que aprendes muchas cosas necesarias para poder acercarte al reto (sea de entrenar, de planificar un reto, de logística o de mil cosas relacionadas de alguna manera con aquello con lo que sueñas).
  • Que la aventura alimenta tu día a día y te hace más feliz,minimizando otros problemas que todos tenemos.
  • Que mejoras tanto física como mentalmente (osea que inviertes en ti mism@),
  • Que te haces mas fuerte (hablo de perseverancia, confianza propia…) y a esto le sacas partido desde el primer día cada una de las horas que tiene cada jornada.
  • Que aprendes a gestionar y optimizar  mejor tu tiempo (vaya que si lo haces…).
  • Que tienes una escapada mental al resto de tu vida cada vez que le dedicas minutos u horas a ese sueño (y hay días que lo necesitamos todos¿ verdad?).

Y todo esto, claro… si no consigues el reto, o sin ni siquiera llegar a tomar la salida…

Así que me pregunto:

¿Y si lo consigues?

El placer mental (debe ser la moneda de cambio al dolor físico, supongo) y la euforia debe alcanzar niveles de orden galáctico y en tu cabeza tiene que implantarse una idea durante mucho, pero que mucho tiempo:

-“Ahora sé que puedo superar lo que me proponga!!”

Y a buen seguro no estás cruzando la meta, ya tienes ideas de retos mayores o incluso mejora del mismo desafío, en ediciones posteriores (si no las tienes ya durante los meses de preparación).

Y me preguntan si merece la pena?

La respuesta adecuada, tal vez sea que probablemente, no merezca la pena vivir sin retos, ilusiones o metas superiores (y cuidado que no tiene porqué ser deportivas, sino de cualquier tipo).

Si tienes una idea, reto o necesitas, simplemente recuperarte de algo (que es un gran reto!!), tu puedes!! HAZLO!!.

Que cuando estés exhalando tu último aliento, estés deseando contar todo aquello que fuiste capaz de plantearte un día… allá a donde vayas…

 

Seguimos vivos… y reuniendo al rebaño

Es un invierno raro.  Pero no peor o mejor que otros en lo deportivo. Simplemente, diferente.

Unos estamos centrados en entrenamiento para retos primaverales, otros están sumidos en “su guerra” con el triatlon e incluso los hay disputando carreras  de montaña a pie, con la familia, día sí, día también.

No faltan las que salen poco y cuando lo hacen (en muy contadas ocasiones) lo hacen por carretera… o quienes siendo híbridos, no aparecen ni con ruedas gordas ni con flacas.

Alguna indispuesta a la que recordamos esperando  que en breve vuelva a montar y correr como le gusta hacer y muchos otros…con su guerra e ilusiones diarias…

La cosa es que se pasa el invierno y los Karrikiris estamos separados por grupúsculos…pero con retos por doquier y entiendo que con la misma ilusión que siempre y retos futuros rondando las cabezas.

La directiva continúa preparando una nueva Night And Bike que va por su quinta edición y que preparamos con ilusión… y novedades, respecto de ediciones previas.

Hay mucho nuevo por contar al respecto, pero todo a su tiempo.

El fin de semana que viene, 5 de Marzo,  toca Javierada y a muchos nos vendrá bien para despejar la cabeza, reunirnos con amigos, con los que hace tiempo que no rodamos  e incluso para
olvidar el día a día (que tampoco es poca cosa y conviene oxigenar neuronas de vez en cuando).

Confiamos en disfrutar de una peregrinación con buen tiempo, pero visto lo visto… vete a saber que día tendremos. En cualquier caso intentaremos disfrutar independientemente del factor climatológico.

Tras la Javierada se abre un periodo de nerviosismo pues se acercan los retos y carreras peor además será teimpo de informar  sobre algunas de las novedades de  la Night And Bike.
Quedará aproximadamente una semana para abrir inscripciones (11 de Marzo) y aunque hemos estado más callados que de costumbre, todo tiene su sentido y razón.

En esta ocasión vamos a premiar a quienes antes se apunten (aunque el premio se conocerá a posteriori…pero vaya apuntando cada interesad@, porque podéis tener a buen seguro que va a ser así…).

Cambiando de tema, en poco tiempo, la tribu Karrikiri estrenaremos alguna prenda nueva. No es que interese tener que usarla mucho, pero cuando sea preciso, al menos iremos bien pertrechados…”y guapos”.

Y aunque no es todo lo que se puede contar, si que es todo lo que quiero revelar y por no perder la costumbre y mantener la cabeza ocupada, os dejo rumiando noticias o  la falta de éstas en los casos en las que no haya contado más.

Sed buen@s y pedalead mucho!!

No todo son crónicas :-)

No es que se me olvide escribir, o no me apetezca… pero la cosa es que estoy en una fase, que resulta especialmente difícil de relatar.

¿Imaginas una crónica de “20 minutos de meditación interior”?
(No…, no me ha dado por seguir a ningún gurú  indio. … De verdad… palabra de Karrikiri)

Pues algo parecido ocurre en este caso:

En mi caso, (soy Iñaki) aunque Patxi, me da algunos capotazos y escribe alguna crónica, no puedo estar continuamente pidiéndole que escriba, porque, entre otras cosas… es algo esclavo  y es un compromiso personal que no se puede transferir a terceros.

A lo que voy.

El tema es que “algunos” estamos entrenando (si, a ver… es eso que se hace, en vez de “salir en bici para divertirse”, y que tiene que ver más, con lograr objetivos futuros, que con divertimento propiamente dicho, pero… así es.

Y es que cada cual se busca sus retos, o sueña con ovejas eléctricas.

Relatar salidas de llano, a pulsaciones medidas, sin piques, subidas, zonas técnicas, en paisajes monótonos y demás adornos… no creo que resulte muy atractivo para ti, lector/a y de ahí que opte por no escribir acerca de ello.

Algunos de mis compañeros Karrikiris continúan saliendo y hacen rutas “de las de siempre”, divertidas y jugosas, pero como otros,  estamos, a lo que estamos… la parte periodística queda algo mermada en cuanto a mi experiencia personal (porque entiendo que a pocos o a nadie lo interesan los relatos de estrenos, que a menudo son similares, a excepción de pequeños cambios en duración, pulso y /o alguna serie…).

Las visitas al blog siguen mostrando que las entradas, históricamente más buscadas y leídas, (a excepción de las relacionadas con la Night And Bike  Murchante) son las de tipo más técnico o de temas más generales:

  • Empezar en el BTT: ¿Que bici me compro?
  • Vestimenta y BTT durante el otoño y el invierno
  • Y dices que para practicar BTT me debería de comprar un pulsómetro?
  • Postura adecuada en la bici

Por citar algunas de ellas.

Es cierto que las crónicas semanales tienen bastantes lecturas, en la semana en que se escriben y la siguiente, pero la suma del “día a día” con accesos de terceros, no suscritos, al blog, desde cualquier punto de Internet, hacen que las señaladas, vayan sumando, día a día, y sin pausa. Por tal razón, podría ser buen momento para escribir de… otras cosas relacionadas con la bici.

El problema es que no tengo mucho tiempo/ganas (30/70%) para estar pensando temas nuevos, por lo que si tienes inquietud en que escriba sobre algún tema (relacionado con la bici), házmelo saber (bien por e-mail) o dejando aquí debajo, un comentario.

No es preciso que estés suscrito al blog, no importa, tu idea será bienvenida.

Como supongo que no serán miles (jajaja) los que se animen, no te preocupes, no creo que me cueste mucho leerlo, pero aun así, si te diera por pedir algún tema, advertid@ quedas de que es más que probable que lo escriba… pero sin fecha comprometida (aunque si es el primero… vete a saber si no lo ves pasados un par de días… (¿he dicho yo eso?).

Y con ello, te dejo, deseándote sueñes con tus mejores rutas sobre la bici!!

Crónica: Cuando Diego apagó el GPS

A decir verdad, salí de casa con una actitud, digamos, poco ciclística.

Todos los años, cercanos a las fechas navideñas, realizamos una ruta corta, que de ruta tiene más bien poco, y que se asemeja más a una procesión, camino del bar de turno para almorzar en condiciones.

Y en esas estaba yo (Iñaki), viendo que era la última, antes de Navidad, salivando cual perro de Paulov.

Llego al parque y tras intercambiar cuatro palabras con Chelu, constato que viene en la misma disposición.. (ESTO PROMETE!! SI!!!).

Me comenta que Cesar también se ha interesado por el tema culinario y lo doy por hecho. Hoy toca almuerzo!!

Y llegan los Tudelanos: Ines, Patxi, Cesar y Diego.

Diego: He preparado una rutica de unos 85 Kilometros que discurre por…. …la tengo en el GPS…

Mientras Patxi, revisaba la rueda trasera de Inés, vamos discutiendo el tema… Y acaban por llegar Roberto y Unai…

Y el almuerzo?

Diego:-“Tengo la tripa llena de ayer… arreando…”

No negaré que hubo conatos de echar abajo la ruta. Unos porque decían de hacer otra, yo porque me aferraba a ese par de huevos con patatas fritas y Chelu me miraba desconsolado viendo la ilusión depositada, escurrirse hacia el alcantarillado…

El teniente, Diego, venía con las ideas, claras:

-“Hoy vamos a Valdegutur y de allí a Valverde de Agreda y tal… y si vamos “ligericos”, nos da tiempo y estamos a una hora decente en casa…”

Tan decidido venía y tal era su insistencia, que el grupo abandona cualquier idea gastronómica y ponemos rumbo a Cintruénigo.

Debía de haber preparado la ruta con mucho cariño en casa, por lo que al final había que darle gusto al mozo que tanto se había molestado…

Viéndolas venir… yo me hago cuatro cuentas mentales y los tiempos me salen muy muy justos… pero no digo nada.

Me veo en casa a las 4 de la tarde… Porque la ruta, me da, que blincará de “90 Kmts” desconocidos (siempre hay equivocaciones y demás…) y percances al final, salen de debajo de las piedras.

Con todo ello, animados por ese “ligericos” que Diego había proclamado en el parque, Cesar y un servidor, nos ponemos a desperezar al grupo.

Nos acercamos hacia el boquerón y de allí a Cintruénigo, para salir, en dirección Fitero, para tomar un camino, antes de abandonar el casco urbano, en dirección a esta otra población.

Atravesamos Fitero y salimos, por el puente, en dirección al puerto del Espinete.

Oigo un grito por atrás y nos detenemos.

La rueda de Ines va muy baja de presión.

Que si es esto, que si es aquello… que si no talona…

Bombona de CO2, y unas vueltas para que el líquido haga su trabajo y adelante.

La pobre dueña del velocípedo, no pone muy buena cara, que se torna preocupada, pero monta de nuevo y proseguimos… durante cosa de kilómetro y medio…

Volvemos a descabalgar y tras una sucesión de brazos bombeadores (hay que ver cómo drena las calderas Roberto…con el brazo derecho…) y otra botella de CO2, se destapa el problema real y por tanto el diagnóstico de la avería.

No sabemos si un palo o una piedra afilada, ha perforado el lateral de la cubierta que tiene un agujero con pocos visos de taponarse.

Ante el panorama, algunos volvemos a hacer campaña (política no, sino culinaria):

-“Lo veis? De aquí vamos al Sanda que está ahí mismo a pocos kilómetros y ya está, si es que el destino no quiere que….”

El Teniente, cabecea lentamente, mientras Ines y Patxi deciden volver a Fitero para llamar al rescate motorizado.

Resultado:

Ni Sanda, ni almuerzo, ni la madre del cut… asi no hay quien guarde las tradiciones (atención que no avisamos, pero el fin de semana que viene almuerzo si o si…y no le vale Valdegutur ni…)

A lo que iba (que se me nublan los recuerdos pensando en el almuerzo que pudo y no fué).

Diego pedalea hacia Roscas, y tanto Chelu  como yo, tras mirarnos tristemente, no vemos otra opción que arrear en la misma dirección.

Vuelvo a coger el ánimo y, ya que toca guardar la línea, disfrutaremos del trayecto.

Llegamos a la carretera de Cabretón y mientras Diego busca, no sé qué camino (al que nunca llegaremos) nosotros admiramos el paisaje.

El ritmo se torna más alegre y disfrutamos de unos “tironcillos divertidos”.

A pesar de todo, vigilo que sigamos todos juntos, y continuamos dando pequeños tirones, para amenizar la mañana.

En el cruce de Cabretón, donde se unen las carreteras procedentes de Baños de Fitero (por la que circulamos) y la que lo hace desde Valverde, giramos en dirección a esta última población, pero será por poco tiempo, porque el “capi”, con su GPS (“apagao” porque sino no se explica el tema…), nos dice que giremos a derecha…

-“Este es el camino!!”

Para 150 metros después dictaminar:

-“Media vuelta, que NO es el camino”

Salimos a la carretera y 10 metros más allá vuelve a anunciar, que sí, que ahora es el camino correcto.

No avanzamos 100 metros que vuelve a anunciar:

-“Pues no, este tampoco es el camino…”

Volvemos a la carretera y empezamos a ascender una cuesta,y es entonces,  donde se produce un conato de retirada de un miembro del grupo.

Por suerte, el ánimo del resto y seguramente la promesa de un restaurante cercano,  convencen para proseguir con el grupo, al disidente.

Salimos de la carretera y nos metemos de nuevo en camino. Parece que esta vez, el sherpa, si que ha dado con la ruta y avanzamos.

No tardamos en volver a la carretera y tras unos 400 metros, se nos ordena dar media vuelta…

Entramos en un pedregoso camino, cuesta arriba. Yo que voy abriendo ruta miro a Diego, a mi lado al ver que el camino da a un barbecho.

-“El camino debe estar allá arriba”

Y el guía mira allá a unos 200 metros sobre un terraplén que hay más allá de una acequia…

Yo empiezo a gozar como un crío.

No hay almuerzo eso es verdad, pero tenemos aventura, desconocimiento de la ruta, pedregales, barbecho, modo rotabator y cruces de río…

¿Se puede pedir más?

Tras un, casi perfecto, espagar realizado por Diego y un servidor, dignos de las mejores gimnastas de la antigua U.R.S.S., subimos el terraplén para descubrir que, en efecto, el camino está donde debiera y …”sin maldad alguna”, giramos nuestras cabezas, para disfrutar viendo como el resto del grupo hace cábalas para cruzar el riachuelo, seguros de que alguno acabará con “una pata” en el agua.

Unos mueven piedras de más de 100 kilos, para meterlas en el agua y cruzar, otros intentan lo propio por el lugar donde nosotros lo cruzamos y finalmente, tras un rato de caras divertidas y situaciones rocambolescas, todo el personal acaba por cruzar nuestro particular “mar rojo” (Nota: No se abrieron las aguas por más que yo me concentré).

Entramos en un camino muy chulo, de tierra blanca, casi amarillenta, y seca como la mojama, que a menudo está salpicada por piedras de diversos tamaños, en grupos de “a miles”.

Al mirar a la derecha, un pueblico, se erige ante nuestros ojos. Es Valdegutur.

A las afueras del pueblo, empalmamos una pista que asciende hormigonada y un amiguete tiene un momento de esos malos sobre la bici.

Decido subir junto a él y tras una parada para eliminar ropa, parece que se recupera y, el chaval, sube perfectamente. A decir verdad… mejor de lo que esperaba…

Arriba, miramos la hora y la ruta. Como temía, la sucesión de incidentes, nos ha hecho perder demasiado tiempo y nuestro objetivo se va alejando (si es que queremos llegar a casa… y no  dormir  en nuestros respectivos sofás…).

Antes de volver, decidimos bajar hasta el embalse que hay al fondo del valle y que realmente merece la pena visitar por su belleza y tranquilidad dle paraje.

Tanto es así, en cuanto a tranquilidad, que un poste situado junto al camino bautiza la ruta como: “Rutas del silencio”.

Solo diré que no es aconsejable ir a solas por la zona, ya que probablemente ante un percance, no vas a tener mucha compañía.

La verdad es que me quedo con las ganas de haber avanzado por ese valle, hacia Valverde de Ágreda, pero el horario manda y lo responsable es dar media vuelta.

Ascendemos de nuevo para volver a bajar hacia Valdegutur y cuando estoy en la cúspide, mientras el resto pone cara afilada y postura aerodinámica, yo miro a la izquierda y veo una sucesión de labraos, a modo de terrazas, y no me lo pienso, allá que voy.

Roberto que venía detrás me mira y le hago el gesto:

-“Vamos, vamos.. métete por aquí!!”

Bajamos como animalicos disfrutando de cada bote con una sonrisa en la cara.

El resto de compañeros que bajan por la pista cementada, al mirar a un lado y vernos bajar, se quedan con gesto confundido:

 

algunos de esos gestos y miradas, a buen seguro dicen cosas como:

-“¡De donde salen estos?”

-“¡Porque no me han avisado?”

-“¡Estos están taladraos”

Casi abajo, encuentro un punto en el que poder volver a la pista y terminar el descenso de forma más civilizada.

Entramos en Valdegutur y conforme entramos, ya estamos saliendo (no es Manhatan…las cosas como son). el pueblico, que tiene su encanto es pequeño y al poco estamos rodando hacia Cabretón.

Dada la hora que es y viendo que se nos echa encima el tiempo, decidimos deshacer camino por la carreterica y disfrutamos de unos buenos relevos a lo Karrikiri.

Nota del texto: Dícese del relevo Karrikiri, aquél que no guarda forma alguna ni orden, siendo más parecido al ataque de los Unos sobre Roma que a deporte de equipo alguno… en el mejor de los casos.
En la ilustración se aprecia un grupo de karrikiris en perfecto relevo.

braveheart

Una vez entrenada, nuestra depurada técnica de carretera, volvemos al camino que circunda Roscas, para, desde éste acceder a Fitero.

Salimos por el polideportivo de Fitero, hacia Cintruénigo y vamos vigilándonos unos a otros para que nadie se descuelgue.

Atravesamos el “planeta Cirbón”, para salir por su polígono industrial y terminar volviendo a casa tras unos 80 kilómetros aproximados con una muy buena sensación sobre las piernas.

Crónica: A Sancho Abarca: de pinchazo en pinchazo, y vuelta a pinchar, porque toca.( 29-11-2015)

En Tudela esperamos Inés, yo (Patxi) más dos amigos, Vicente y Oscar.

Nos sumamos al grupo de Murchante. Chelu, Iñaki, Guillermo, José, Roberto, Antonio Nonin y Unai, rodando un total de 12 madrugadores.

Cruzamos el puente dirección a la Negra con destino al Santuario de Sancho Abarca. Avanzamos jugueteando como críos por los toboganes junto a la carretera de Ejea para finalizar en esa cuestecilla corta pero empinada que a veces se sube sobre la bici, y otras no.

Nos desviamos en el km 12 hacía Portillolobo para encarar la subida de otra pendiente, ésta más larga y desafiante que nos dejará directamente sobre la Negra (paraje natural, no señora hiperpigmentada).

Aunque empezamos a subirla como buenos amigos y compañeros, al final la cabra tira al monte y veo por delante Iñaki, Unai, Roberto y manoletes que se van haciendo más pequeñitos con la distancia, ellos contarán en que acabó la cosa, yo solo puedo describir lo bonito del paisaje que bla,bla,bla (vaya, que no me apetecía ni podía forzar mucho la maquinaría).

Describo la anécdota de un individuo/persona humana con casco que bajaba en bici cuesta abajo, pero los ruedines traseros no debían caberle por la pista y mira que es ancha: aún se atrevió a amonestarnos por no echarnos al lado que quería él, recibió alguna contestación merecida que no pudo discutir porque para ello hubiera tenido que volver a subir, y no se le veía ni muy en forma ni muy educado. (además los esféricos centrales le debían pesar mogollón, es lo único que justifica que uno que baja descansado no tenga la cortesía de dejar paso a los que suben jadeando)

Agrupamos y llaneamos por buena pista por la que a ratos alguno tira que da gusto para el que pueda seguir ritmo. (Roberto, Iñaki…) y llegamos a la última pendiente en Sancho Abarca que algunos la suben al modo tradicional y otros optamos por el alternativo, escaleras arriba, que poderse se puede, haciendo el cabra loca. Resulta divertido y lo mejor es que se llega antes que por la pista.

En el bar tomamos alguna bebida al sol mientras esperamos al resto del grupo que no acaba de llegar. Luego nos enteramos de que Chelu ha tenido pinchazo y ha utilizado la espuma/nata para arreglarlo.

Llegamos a las cabañas de Farrique para descender por la Hoyaza. Me quedo él último (siempre quedará la duda de si por cortesía o capacidad) y encuentro a José y Carlos junto a la bici malherida de Chelu: sigue teniendo fuga de aire en la rueda trasera pese a la espuma. El equipo de sabios decidimos cambiar la cámara. La puñetera cubierta se resiste a destalonarse pero Sierra hace gala de la furia murchantina y la goma salta de la llanta sin rechistar. Chelu y José hacen el guarrete quitando con un calcetín viejo la espuma de la cubierta. Saco la cámara con liquido antipinchazos, intentan hincharla con una bombona de gas pero el obús se queda insertado en el adaptador y la válvula se queda sin él. Afortunadamente llevamos un obús de repuesto aunque Carlos intenta desenroscarlo con los dientes y se casca una paleta. Nosotros risas, Carlo no, el dentista si. Por fin, conseguimos montar la rueda y alcanzamos al grupo.

Encaramos hacía Fustiñana por carretera para acortar la vuelta a casa. Hace aire y el regreso de Sancho Abarca suele pasar factura con los kilómetros y el aire en contra. Oscar, Vicente, Roberto, Antonio y Nonin vuelven junto al canal a mayor velocidad. Mientras el pelotón carrikiri culebrea por el arcen de la carretera hasta que…otro pinchazo. La rueda trasera de Guillermo no ha soportado la velocidad ni su peso y  se ha deshinchado. La arreglamos y mal que bien conseguimos llegar a Tudela donde nos despedimos.

Dicen las malas lenguas que Guillermo aún pinchó otra vez, y que hay una foto en la que porta la bici en un hombro y la rueda en una mano, y suena una música triste mientras “una voz en off” pide donaciones para pagarle la vuelta a Murchante en taxi o burra, lo que sea, pero bici…no.

Crónica: Vozmediano

Conste que “alguien” (que no soy yo…) debe una crónica y de ahí, este parón en el blog… Así que, Ejem….sigo esperando…

Hoy el día amanece gris y al salir a la calle noto el fresco típico de esta época, aunque a poco que empiezo a pedalear me doy cuenta que no hace tanto frío como otros dias y ademas… no sopla viento!!.

Llego al parque y como es tradición espero varios minutos a que lleguen mis compinches.

Es una manía como otra cualquiera, pero disfruto de ese rato a solas, tranquilo y con todo hecho, sin mas obligación que saborear el silencio en el parque y de ahí que cada domingo llego un cuarto de hora antes al punto de encuentro.

Por cierto, como casi siempre, el que escribe soy yo, Iñaki.

El primero en aparecer es Chelu al que sigue Roberto.

Al poco aparecen los Tudelanos: Ines, Patxi, Diego, Cesar, Antonio y  Samuel que se les ha unido en la calle mayor.

Aparece seguidamente Antonio Nonin y Guillermo cerrando los asistentes a la ruta.

Debatimos la ruta entre todos y en un par de minutos estamos pedaleando hacia el cementerio con la mente puesta en tierras mas altas.

Atravesamos la carretera de la balsa  y  un par de campos y acequias para llegar a un camino que nos deja en la carretera Cascante-Fitero.

De este punto continuamos hacia Monte alto, para girar en la muga con Aragón y poner rumbo a Tarazona.

Delante nos precede un grupo de Cirboneros al que alcanzamos y compartimos varios kilometros juntos (hasta las inmediaciones del embalse de Santa Ana).

Nuestros caminos se separan y el nuestro nos lleva hacia Torrellas y posteriormente a Los Fayos.

No me canso de admirar la chopera por la que llegamos a esta última población.

Independientemente de la época del año en la que pasemos, tiene un atractivo especial. Es un lugar sencillo, sin grandes paisajes pero que transmite paz y la belleza de los lugares especiales con un atractivo único.

Dejamos atrás el embalse y recorremos el camino paralelo al Queiles hasta que transcurridos algo mas de dos kilómetros tomamos un desvío a la derecha y empieza la cuesta de verdad.

Aquí cada uno sube a su ritmo…o como buenamente puede…

El terreno es muy suelto y se pierde tracción con facilidad, lo cual unido a una inclinación de cierto nivel, hace que se marquen ritmos diferentes.

El camino serpentea , lo que hace que la cuesta sea menos “psicológica”.Esto, unido a que cada vuelta permite ver el barranco que se forma en el valle excavado por el río, nos distrae del esfuerzo.

Arriba esperamos. En poco rato aparece el personal y recomponemos el grupo.

Proseguimos por el camino que discurre por la cresta y al poco, dirigiendo la mirada a la derecha, muy abajo, allá al fondo, se ve el pantano del Val.

Seguimos dando pedales de tobogán en tobogán, y tras algún conato de deserción y vuelta (sofocado a costa de jugarme el postre…) llegamos a la carretera que une Agreda y Vozmediano.

Rodamos dirección a este último pueblo sin llegar porque poco antes nos desviamos a un camino de bajada.
Algunos tienen prisa por llegar a compromisos familiares, mientras que un par se despiden porque van a seguir por Moncayo.

Disfrutamos de la bajada, donde al poco de empezar veo a Samuel a mi lado comandando el descenso.

Detrás y sin perder ojo Diego, Cesar y Antonio “Tudelano-Cabanillero”  cierran el grupo de los “derrapadores de la saeta”.

En cada curva y como si de una procesión sevillana se tratase, se escucha el derrape y la consiguiente saeta:

-“Aiiiiiiiiiiaiaiaiaiaiaiiiiiiiiii’
-“Uffff”

El camino esta con mucha gravilla y la verdad es que nos da algún sustillo aunque… Para que decir otra cosa: disfrutamos con la adrenalina generada.

Poco antes de llegar a Los Fayos, reunimos al personal y tomamos un desvío que lleva a un puentecico de madera tras el que parece haber un sendero de bajada…así que lo investigamos.

Resulta denominarse “Sendero Botánico” y la verdad es que en cosa de un kilómetro disfrutamos de un paisaje precioso.

Acabamos en asfalto y bajamos al pueblo para atravesar lo y salir por la misma chopera, que nos dió la bienvenida, horas antes.

Como parece que hay prisa y alguno ha tenido ya suficiente ruta por hoy, decidimos bajar a Tarazona por carretera. Son dos o tres kilómetros, pero no me siento seguro pensando en los posibles “estalentaos” con licencia de conducir…

Llegamos al Tarazonica y rodamos a velocidad constante. A buen ritmo pero sin forzar y a relevos, lo que nos permite llegar a casa bastante frescos y en hora.

Ha sido una ruta muy disfrutada de unos 80 kilómetros que se hacen cortos.

P.D: hoy ni repaso el texto así que erratas y faltas (mas de las habituales) espero sean perdonadas. 🙂