La ruta de Diego y el Conce Dracúla (acento bien colocado).

El sábado, la familia dejó solo en casa a Diego y éste no tuvo otra ocurrencia que pillar el programa del GPS y empezar a crear una ruta…

A las 8:30 quedábamos en el parque un montón de gente (tanta que se me olvidará alguno así que por una vez no los voy a nombrar uno a uno (total, ellos ya saben que estaban allí…).

La cosa es que podía ser la primavera (que la sangre altera), o la fase lunar… la cosa es que… parecía que habíamos anuciado almuerzo (a ver si no me enteré de esa parte…).

Abandonamos Murchante por el cementerio y pasamos cerca de Cascante por una de nuestras más transitadas rutas.

Yo estoy cansado y no he dormido bien, me noto flojo. Menos mal que con la cháchara la gente no aprieta.

Pasamos Tarazona, por encima, llegando al Embalse de Santa Ana y recorriendo la carreterilla que serpenteando nos lleva a Torrellas.

Nos detenemos a comer algo. Pronto viene la parte dura de la jornada y es mejor que nos pille avituallados.

Guillermo, cual pastor, obliga a “la ovejica” a meterse por el camino hacia Los Fayos mientras ella decía:

-“Yo por carretera, yo por carreteraaaa”

(al camino derecha…)

Pasamos la chopera, el pueblo y dejamos la presa a nuestra derecha para continuar junto al río Queiles por el valle que tantas veces hemos recorrido en dirección a Vozmediano, hasta que un par de kilómetros

más adelante, el Sherpa, nos indica una pista a la derecha que sube hasta la misma cresta del monte.

Son u par de kilómetros de cuesta, llevadera, pero cuando uno no tiene su día…

Arriba esperamos hasta reunir al grupo. La ruta discurre por la mencionada cresta, empalmando caminos hasta Vozmediano. La parte buena es que el mayor desnivel ya lo hemos ascendido…. de golpe.

En Vozmediano, nueva parada a reponer algo.

Continuamos por carretera en dirección a Agramonte, para girar a la izquierda donde el maestro DiegoSam, guru del GPS, nos dice.

Comenzamos una bajada por pista, con alguna pequeña grieta y piedra suelta. Feliciano va a mi lado a velocidad terminal, hasta que encontramos un cruce. Hay que parar porque nuestro guía es más… civilizado, bajando.

Mientras freno, miro atrás y veo a Jarauta (jodo, como baja tu bici eh…. y lo preocupado que estabas el día que la estrenaste porque había que “hacerse” a ella).

Justo detrás, entre los matorrales aparece el conde Dracúla. Inmediatamente recuerdo las películas en blanco y negro y miro el cuello de Marta. No, no se ven indicios de mordisco.

Sin embargo el conde Orta (digo Dracúla), con la boca ensangrentada y con hilos de sangre cayendo hacia el cuello, está acechando y por fín veo que Feliciano está con la mano en el cuello…

Tras desenganchar al “Vampiro de la retro” y limpiarle, le explicamos que no tiene que morder todas las ramas del camino, ni poner los morros cuando una se cruce en su trayectoria.

Con la lección bien aprendida proseguimos, si bien compruebo, como el grupo mira de reojo al “Nosferatu Moncaino” y cada cual, protege el cuello con la braga e incluso con calzoncillo de cuello alto… por si las moscas.

La ruta marcada es una sucesión interminable de sube y baja, hasta que atravesamos la carretera que desciende desde Agramonte a SantaCruz, para continuar, una vez atravesada ésta, por el otro lado de la ladera.

Es aquí donde me emociono, al ver el formidable grupo que formamos…

No es que seamos buenos ciclistas… es que hay más arte que en el Circo del Sol!!!!

Llega una bajada, con piedras hermosas, redondas, gorrrrdas y bien repartidas y “el  trapecista” nos muestra como se hace un looping…

Frena con el de adeltante y voala!!!!  ahí tienen al hombre ariete!!!  jijiji

(Por suerte no se hizo daño… o eso decía, vamos…)

Continuamos bajando y llegamos a la carretera que va de Vera a SantaCruz. Esta vez tomamos el asfalto y comenzamos el descenso a Tarazona.

Vamos tranquilos, hasta pasar la rotonda donde está el cruce para descender al pantano del Val.

Nosotros continuamos a Tarazona pero un bólido musculado pasa a toda velocidad…

Es un meteorito? un avión? superman??  NO. Es Feliciano, dando pedales que parece que se le va a salir la cadera!!!

Salto y voy con él. Detrás se nos unen unos cuantos más…

Vamos dando relevos o demarrajes… no lo tengo claro, pero si que al pasar de 67 km/h) me cuesta aumentar velocidad, porque no me dan las piernas…

Llegamos a Tarazona y…. nos detenemos.

Dani? donde está Dani…?

Ha desaparecido.

Telefono en mano, veo cabecear a Feli, hablando con el desaparecido…

Cuelga.

Vale, que nos vamos… que él ha parado y bla bla bla… y que dice que bla bla bla…

Seguro??? que si que si… que dice que …. bla bla bla…..

Ah vale….

Por la vía verde del Tarazonica, vamos a ritmo alegre pero sin forzar, que mal día llevo y encima acojonado… toda la vía verde con el vampiro a mi “lao” mirándome la yugular…

Por fin llegamos a Murchante y me siento a salvo. Ahora voy a por una ristra de ajos para frotármela por el pescuezo, que tras la ducha… me volveré a encontrar con “éste” y solo falta que tenga hambre….

Anuncios

Crónica: Vozmediano & Agramonte. A la ladera del Moncayo

La previsión indicaba que era un dia perfecto en cuanto a viento (inexistente) y eso en la ribera… es algo para celebrar (Vade retro Cierzo!!).

Al salir de casa se nota un frío intenso, señal de que estamos a bajo cero (pero sin viento!!!!).

Guillermo y yo (Iñaki) somos los primeros en llegar al parque pero pronto aparecen Bauti, Diego, Cesar y su cuñado que se ha animado a acompañarnos.

Aparecen también Jarauta y Carlos (Sierra) y al poco lo hacen Marta y Roberto.

Son las 9:05 y sabemos que no merece la pena esperar más… no va a venir nadie más, así que salimos por el cementerio hacia Cascante y antes de llegar, nos desviamos para ir haciendo un tramo de la Night & Bike, pero en sentido inverso.

Rodamos por los caminos hablando entre nosotros. Cuando estamos a poco más de cinco kilómetros de Cascante, se nos cruzan tres corzos de buen tamaño y tras atravesar el camino, siguen a trote por un yeco… que chulo es verlos en estado salvaje.

Continuamos nuestro recorrido pasando por el embalse de la mancomunidad de aguas (donde se llenan los depósitos de agua de algunas poblaciones riberas. Entre ellas, Murchante) y seguidamente subimos la cuesta de los sifones.

Continuamos hacia Tarazona con la mente puesta en el embalse de Santa Ana, que dejamos a nuestra derecha y continuamos por una carreterilla hacia Torrellas.

Al salir, nos metemos en el camino que atraviesa la chopera, que por cierto, está precioso (en cualquier estación del año, todo sea dicho) para llegar a Los Fayos, donde nos detenemos a comer algo.

Con las energías repuestas, volvemos a nuestros cómodos sillones “bicicletiles” y proseguimos junto al río Queiles a Vozmediano.

La ascensión  es poco menos que una carrera/cronoescalada y los diez kilómetros que separan ambas poblaciones se pasan en un santiamén. Entre hielo, escarcha y paisaje invernal  avanzamos con la temperatura sin subir un ápice (probablemente lo haga pero como vamos ascendiendo… no lo notamos.

En Vozmediano, esperamos y reunimos al grupo para continuar a continuación por asfalto hacia Agramonte.

La carretera, en las zonas de sombra está helada y las ruedas hacen crujir el delgado manto blanco (cronkch, cronch…).

Llegamos arriba y nueva parada para reunir al grupo. Por fín se han terminado las cuestas arriba y empezamos a descender.

En Santa Cruz, nos desviamos para bajar por un sendero a Tarazona, donde disfrutamos como enanos  pero… no dura mucho y pronto estamos en al antigua Turiaso, desde donde bajamos por el Tarazonica y disfrutar de la merecida comida.

Han sido unos 85 Kilómetros de fría pero agradable ruta. ¿Se puede pedir más?

Alpinismo BTT

Nota: Como aprecio en gran medida mi integridad física, no podré quien dice las frases y me limitaré a recitarlas en el anonimato de sus respectiv@s  interlocutor@s.

Como aun no tenemos el calendario de la nueva temporada confeccionado (pese a los millones de e-mails que llegan de los socios dando ideas…). No teníamos una ruta predefinida.

Como aun hace buen tiempo y no será cosa de muchas semanas más…aprovechamos para repetir una ruta consistente en hacer cima en el Moncayo con la bici.

La verdad es que la otra vez que subimos arrastramos menos tiempo la bici y fuimos más tiempo montados (será cosa que estábamos más fuertes entonces…).

El grupo, lo componían: Guillermo, Marta, Samuel y yo (Iñaki). A estos se unían Jesus Mari Jarauta y Gerardo Lamana por un lado y Mery por otro, que con un par de “webs” y haciendo caso a mi (sí vente, que no es para tanto…) se sumó a la expedición.

Cuando subimos con los coches por Santa Cruz, encontramos a Fermín que subía en bici desde el pueblo, para encontrarse con nosotros en la salida!!!!! (no, no llamamos a los loqueros. Montamos a  montura y biker en carro y coche y proseguimos…).

Salimos de la fuente del fraile a unos 1400 metros de altitud, con la meta en los 2315 metros donde se sitúa la cima.

Se comienza rodando un kilómetro en llano por pista, hasta que repentinamente se inclina, aun por la mencionada pista y has de cambiar de desarrollos sin pensarlo dos veces.

-“Tranquilos, esto es de lo peor de la ruta…”

El camino tiene alguna rampa durilla pero en general es bastante llevadero y yendo a ritmo tranquilo, todos vamos ascendiendo bastante bien a travesando  “collado Bellido”.

-“Ya se va pasando lo peor…”

Tras aproximadamente 10 kilómetros de ascensión contínua, nos detenemos para reunir al grupo, ya que abandonamos el camino y ascendemos por un sendero hasta la cresta del monte.

-“Tranquilos… ya ha pasado lo peor…”

La parte inicial de sendero está imposible y tenemos que descender de las bicis para arrastrarlas monte arriba.

Poco después termina el sendero y ya solamente hay una  larga cresta por la que continuar.

-“¿Por donde?, hacia arriba, sin más…”

Digamos que a partir de ese instante es la guerra total contra el monte.

Quien puede monta en la bici y en molinillo asciende unos metros para volver a bajar ante un pedregal con  rocas sueltas y hermosas…

Uno con la bici al hombro, otro la arrastra como puede y en cuanto termina la pedrera, volver a montar para volver a empezar…

-“Queda mucho?, es aquella de arriba la cima?”

-“No, de aquella hay que subir a otra más alta y a su vez a una tercera. De allí se ven la segunda más alta y por fin desde ella la cima”

Cara de poker… agacha la cabeza y continúa (creo que el cerebro de quien preguntaba se negó a creerme, o no se vió ocn fuerzas para agredirme  en dicho momento…).

Unos metros detrás Mery…

-“Que tal vaaaaaaaaaaaaaaaaasssss”

-“Aguanto que no es poco… cuando me infle, me paro y ya bajareis a por mi.”

-“tranquila que lo peor ya  ha pasado…”

Reemprendemos la ruta y por fin hacemos cumbre en la primera cima importante.

-¿Aquella de allí es la cima?

-“No. No se ve aun…”

De esta cima a la siguiente, hay collado y por tanto tenemos que descender un poco lo cual es casi motivo de celebración…

Con tanto deleite se da alguno al descenso que entre yantazos, pedradas por los tobillo que van saltando y cabriolas para no caer, Samuel revienta la rueda (pequeño reventón por suerte).

 

-“La pendiente aquella no la subiremos NO????”

-“No… hacemos así en cuchillo y  (que quiere que le diga si se ve claramente que es por ahí!!!!!), además… traquil@, lo peor ya ha pasado…”

-“Nos  vamos por delante, ya nos pillareis…”

Gracias a Dios, vamos pertrechados con espuma “anti casi todo” y tras  un par de minutos, la rueda está perfecta para continuar…

Emprendemos la ascensión y entre la inclinación y la pizarra rota, como si de gravilla se tratase, es imposible montar ne la bici…

Si alguien canta una saeta, incluyen la ruta a modo de penitentes en la próxima semana santa…

Por fin, montamos de nuevo y vamos a cuchillo (dije que iríamos a cuchillo… pero… casi al final de la rampa…) al encuentro de la cresta.

A todo esto, los montañeros, domingueros  y alpinistas que ascienden por la normal, se frotan los ojos al ver a 8 taladraos, apretando los dientes a molinillo pasar junto a ellos…

Alguno saca fotos, otros susurran no se que de camisas de fuerza… jiiji

Al fin se ve al fondo la cima…

Mirad…

-“Veis como lo peor ya ha pasado?”

En la cima fotos y una Mery exultante, que ha aguantado lo indecible para estar ahí… QUE PASADA DE MOZA!!!

Hay que emprender el regreso y lo hacemos des andando el camino.

Casi todo es cuesta abajo, pero es enduro del bueno.

La suma de ir monte a través, con piedra suelta y velocidad… hace que vayamos dando saltos, derrapes y aplicando técnica sin mesura para no dar con nosotros en el suelo.

Tan emocionados vamos que de cuando en cuando tenemos que parar para reunir el grupo.

No sabemos exactamente en que instante pero nos desviamos de la cresta principal, yendo en dirección a Cálcena.

-“Por aquí no hemos pasado…”

(ya hacía tiempo que no nos perdíamos eh… las tradiciones hay que conservarlas…).

Tras discutir un rato las posibilidades y siendo conservadores, decidimos trazar una ruta que nos lleve inevitablemente a la pista.

Por fin, la alcanzamos aunque algún kilómetro más adelante de donde la abandonamos…

Empieza la bajada por pista y si antes íbamos rápido…

Parece la carrera de los autos locos…

En un instante Samuel me mira para atrás y me grita:

-“XedfRTEGF,   va totalmente cruzadooooo!!!”

Reducimos la velocidad tras la curva y por fin aparece con una sonrisa en la boca….

Sí, se me ha ido un poco…. jijijii

Finalmente llegamos a los coches donde Fermín, decide ir a casa en bici.

Ha sido una ruta, completa (no se si hemos hecho más pierna o brazo tirando de la bici), pero ha sido algo diferente y de recordar y a mi entender… son las rutas que merecen la pena…

¿Lo mejor de todo? que TODOS llegamos arriba…

Lo malo… que alguien se comió en una mañana más calorías en barritas que las que asimila en un mes…

Va a necesitar un presupuesto muy serio en barritas y geles…

 

 

Crónica: Calcenada 2012 “la gran temida”

5:30 AM, que gusto estamos cogiendo a los madrugones, por fin ha llegado una de las pruebas más esperadas y temidas del año “La Calcenada 2012”.
Una expedición de Karrikiris nos disponemos a realizarla y a la hora antes mencionada nos juntamos en Murchante Guillermo, Marta Bonilla, Juan Carlos y yo Bauti. Bicis en la furgo y rumbo a Calcena.
Ya por el camino nos vamos encontrando varios coches con bicis y con la misma dirección que nosotros, entre risas y nervios vamos avanzando por un puerto muy chulo hasta llegar a Calcena a eso de la 7:00.
Ya hay bastantes coches y el ambiente es excepcional. Aparcamos y fuimos a retirar dorsales.
Tomamos un café y rumbo a descabalgar nuestros sementales y colocarnos dorsales, etc..
Por fin ya montados, rodando despacio nos colocamos en la salida con cierta tensión y ganas de empezar.
8:00 Comienza la Calcenada 2012, salimos por carretera unos kilómetros dirección Purujosa, es llano y el grupo se va estirando poco a poco y empezamos a adelantar a bastante gente, unos de Ablitas, de Corella, de Cintruenigo, Borja, se ve que los clubs de la zona no nos queríamos perder esta cita.
Nos desvían por un camino y empezamos a ver lo que va a ser la primera cuesta del día, la verdad no es exageradamente exigente y lo solventamos más o menos bien, rodamos un poco mas ya todo por caminos y llegamos a la hermana mayor de la anterior, cuesta larga, bastante empinada y algo rota, empiezan los primeros adelantamientos y todos ellos acompañados de los pitiditos de todos los pulsometros que se estaban disparando.
Una vez arriba aparece el primer avituallamiento de los 21 que teníamos en el recorrido impresionante la organización.
Aquí paramos a reagruparnos, bebimos algo y a seguir por la primera gran bajada del día. En dicha bajada Juan Carlos se monto en el expreso y se lanzo camino abajo y ya no le vimos hasta el final.
La bajada y el avituallamiento nos hizo olvidar rápido la subida que habíamos hecho y continuamos rodando por llanos con sensación de estar a tope.
Al poco aparece el segundo avituallamiento, y nos recibe una buena mujer a grito pelado “Vamos vamos la primera chica muy bien bravo” de donde sois? Nos pregunta, de Murchante “viva Murchante” vamos daba gusto verla con la emoción que lo vivía, de repente le apuntan que no que ha pasado otra chica antes y contesta la buena señora, que no, esta es la primera la otra llevaría bigote por qué no la he visto, así que todos por los suelos de risa.
Al lado los del club de Ablitas con una avería en la bicicleta, el cambio parece ser, mala pinta.
Bueno vuelta “al trabajo”.
Ya no recuerdo bien creo que fue después de Borobia y antes de Cueva de agreda apareció la segunda subida exigente del día, la cual otra vez superada con gran esfuerzo pero con buenas sensaciones.
Entre sube, baja y rueda llegamos a la carretera que va a Vozmediano y comenzamos una bajada trepidante por asfalto hasta San Martin de Moncayo, en este tramo nos acompaño un compañero de trabajo de Marta que nos estaba esperando en el cruce con su flaca.
Avituallamiento en San Martin y nada más salir empezamos a subir. La cuesta tenía una curva cerrada y Marta aprovecho para practicar técnicas de aparcamiento de bicis, primero caballito, luego marcha atrás, luego derrapo un chillido característico y ala a seguir para arriba como si nada, que fenomena.
Al poco zona rompepiernas sube, baja, sube, baja muy chulo este tramo pero en un cambio de ritmo “ plas” la cadena se me sale, pare la recoloque y vuelta a seguir, menos mal no parece nada importante.
En nuestro camino paramos en bastantes avituallamientos, unos naranjas y plátanos, frutos secos, agua, acuarius la verdad muy completos, hasta que llegamos a Litago, aquí la parada en el avituallamiento fue un poco más larga pues casi era comida, plato pasta, bocata de jamón, café, vamos un lujo después de 60 km recorridos.
Entre bocado y bocado comentamos las mejores jugadas y nos echamos unas buenas risas observando la cara de Marta que debido a una mezcla explosiva de crema solar, polvo y sudor parecía una troglodita más que una biker (Rápidamente se fue a lavar la cara no vaya a ser que crean que lleve bigote jajaja)
Cuando estamos listos para salir aparecen los de Ablitas, y comentamos con ellos que tal ha ido la avería, nos dicen que no la han podido solucionar así que llamaron no se a quien y le trajeron una bici nueva, vamos ni los del Tour llevan semejante apoyo.
Salimos de Litago con fuerzas renovadas dirección a la carretera de Añon a subir la Morca, una cuestita de asfalto muy larga con más del 17% de desnivel, la verdad que con 70 km en nuestras piernas había que echarle memoles para subirla dignamente, pero ahí estábamos los Karrikiris dando el do de pecho y subimos la verdad bastante enteros. Reagrupamos y bajada trepidante en la que los velocímetros superaron los 64 KM/H bufff madre mía.
Pasamos por Alcala y llegamos a Talamantes, donde paramos a reponer fuerzas, en estas que ya se me había salido la cadena otras dos veces y el cambio me hacía cosas muy extrañas, pero bueno malo será que no llegue.
Salimos y comenzamos a subir unas pequeñas rampas tipo rompepiernas y ya no hago carrera con la cadena cada 100 mt. se salía, “no por favor que solo quedan 20 km no me hagas esto”.
Pues si, me lo hizo, imposible imprimir fuerza en los pedales así que hacia arriba a pie y para abajo frenando para no votar y que no se me agarre la cadena.
Otra vez a tirar de Duatlhon que afición chico.
Llegamos al principio del último cueston de la ruta como la describiría….. “Preciosa” y yo sin poder subir montado y con una mala lecha que vamos hubiera sido capaz de subir en plato grande.
Soltamos sirgas, que nos comento uno que pasaba y nada así que tira para arriba andando, la verdad me iba subiendo la moral según adelantaba gente montada, jeje empecé a oír -tío no nos hagas esto tu andando y nos adelantas que nos bajas la moral por el suelo, jejeje. (A alguno le sonara esto)

Llegamos arriba y unos chavales de Cintruenigo me la apañaron y más o menos pude continuar sin forzar mucho.
A trancas y barrancas llegamos al último avituallamiento, no sin antes pinchar (No era mi día) pero gracias al milagro tubeless ni me baje a mirar y arreglado, pero que avituallamiento con tirador de cerveza y to. Cervecita de rigor y dirección Calcena,” que bien por lo menos acabo”. A tres kilómetros ya en asfalto plaf patilla rota y cambio a cascarla. Quitamos cadena, sujetamos el cambio con bridas y a empujar. En alguna cuesta abajo aun me empujo Guillermo para ayudarme a avanzar. En estas apareció Juan Carlos que ya había llegado hace rato y salió a buscarnos, él fue el encargado de remolcarme hasta la meta, que fuerza de arrastre parecía un John Deere.
La verdad que chapo por mis compañeros que no me dejaron en ningún momento y me acompañaron durante mis tortuosos 20 km finales hasta la línea de meta, para entrar todos juntos.
Recogida de diplomas, duchita, baño en la piscina, comida y pa casa que ya llevamos unas cuantas horas fuera.
Cicloturista preciosa, organización espectacular son verdaderos especialistas, recorrido duro pero que si vas preparado se hace bien y disfrutando.
El año que viene volvemos fijo.
104 KM., 2.700 de desnivel acumulado y 8 horas contando tiempos parados y averías.

Crónica: A la cima de Moncayo

Ya hace tiempo que rondaba por mi cabeza, la idea de ascender en bici hasta la cima de Moncayo.

Terminado el calendario del primer semestre y a la espera de confeccionar el del segundo, la semana pasada propuse dicha ruta.

Como soy consciente de que, en nuestro grupo, hay mas gente tan descabezada como yo, sabía que no tardarían en responder… y así fué.

Durante la semana comento el tema con varias personas y sus ánimos son indescriptibles:

  • Es una matada…
  • Vais a llegar a casa a la hora de la merienda-cena…
  • Vais a ir con la bici al hombro todo el día…
  • Vais a rajar las cubiertas…

Fueron algunas de las frases de ánimo que unos y otros me daban…

Finalmente un amigo nos pasa un track, a la vez que nos advertía que cuando el subió estaba muy mal y le han dicho que ahora estaba peor (pues si que estamos bien…).

Visto lo anterior y en un intento de minimizar los problemas, pensamos en madrugar y quedamos a las 7:30 a.m. del domingo.

Por unas cosas y otras la salida, finalmente, se realiza a las 7:30 y partimos Guillermo, Chelu, Bauti, Dani, Cesar Aguado y yo (Iñaki).

Aunque hubo un amago de salir desde Murchante, tan negro nos lo pintaron, con la ruta que finalmente realizamos que desistimos de añadir otros 90 kilómetros adicionales a la ruta.

Llegamos, en coche, a Moncayo y aparcamos en la fuente de los Frailes.

El parking está al lado de la carretera que asciende hasta el Santuario, justo en el punto donde termina el asfalto y prosigue en forma de pista.

En la parte opuesta a la carretera, hay otra pista, y que será donde comienza nuestra ruta.

Empezamos rodando tranquilamente, en un intento de reservar fuerzas, visto lo que quienes habían ascendido, nos comentaban…

Avanzamos unos kilómetros y la pista va ascendiendo progresivamente.

Conforme más avanzamos, más dura se hace la pendiente, hasta que por fín, se estabiliza y avanzamos varios kilómetros con la subida sostenida.

Eso nos permite avanzar con un ritmo y cadencia adecuados y facilita el avance. Por contra, hace poco, ha pasado una máquina “arreglado el camino” y ha dejado tierra suelta que aumenta la dureza y hace que se clavfe la rueda en el terreno…

Las vistas son impresionantes y divisamos la zona de Cálcena desde una posición privilegiada.

Dejamos la pista y tomamos un sendero a la derecha que aumenta el porcentaje de ascensión de forma importante. Eso sumado a la gravilla que lo cubre, hace que descabalguemos y arrastremos la bici hasta llegar a la cresta.

Ya sobre la cresta, el sendero desaparece y el GPS nos marca, lo que en principio es evidente…

Continúar ascendiendo por la cresta, hasta llegar a la cima más alta.

El terreno es un pedregal que por zonas varía, desde lajas de pequño tamaño hasta pedreras, tipo morrena, compuestas por rocas del tamaño de hornos microondas…

En esos puntos, no quedaba otra que bajar de la bici y saltar de piedra en piedra, intentando no dañar la bici ni a uno mismo.

En otros puntos, con pendientes entre el 18 y el 23 %, montamos y ascendemos en molinillo, durante varios  kilómetros de “monte a través”.

Cada metro ascendido nos premia con mejores paisajes, hasta llegar a estar por encima de las nubes, algo que pese a ocultar todo lo descrito, también era digno de ver.

 

Al fin llegamos a la siguiente cima, más alta que la anterior y desde ésta divisamos la Morca ( aun más arriba y segunda cima más alta del Moncayo).

Continuamos por la cresta entre pedregales,  fuerte viento típico de la zona y precipicios a nuestra derecha.

Con todo ello y la soledad de la zona, la sensación de aventura y libertad es máxima.

En medio de u pedregal, tenemos que echar pie a tierra y arrastrar las bicis y es en ese momento que vemos a una persona bajar corriendo.

-“Madre madre!!! Que hacéis aquí arriba con las bicis!! Esto está muy inclinao para montaros y las tendréis que llevar del ramal.., por cierto, habéis visto alguna oveja por aquí??”

-“No…”

-“Es que más adelante hay un pastor buscando varias que se le han perdido y se ha subido hasta aqui arriba!!!”

Con versando con él, os dice que se llama Javier y es de Ainzón (un saludo desde aquí), y se brinda a tomarnos algunas fotos.

Cuando nos despedimos de Javier, avanzamos veinte metros y volvemos a montar en las bicis, haciendo equilibríos y varios intentos, solamente para poder cabalgar. Lo abrupto del terreno, la inclinación y el viento, hacen de esto todo un arte, difícil de dominar.

Finalmente el terreno desciende un poco para volver a subir más allá a la Morca.

Los metros de descenso, no son un alivio, porque también tenemos que ir muy despacio así que al menos dejamos de imprimir tanta fuerza en los pedales.

Es en este collado, entre esas dos cimas, donde encontramos a al pastor que Javier nos había anunciado. Con una oveja a su lado, u cordero retenido por las patas delanteras en su mano y el perro dando vueltas por allí, lo encontramos e intercambiamos unas palabras, sin desmontar de las bicis.

-“Buenos días!!”

-“Euuhh, habéis visto alguna oveja por allí?”

-“No, no hemos visto ni oído nada…”

-“Vale, que es que se me han escapado varias y a esta la he encontrado recién parida aquí mismo…”

Mientras nos alejamos, ascendiendo la Morca, me da que pensar, el hecho de que el pastor suba hasta casi la cima de Moncayo a buscar por kilómetros cuadrados de monte unas ovejas y el esfuerzo que requiere por parte de un hombre mayor, lo que a este le estaba tocando realizar.

Casi en la cima del Morca, tenemos que echar pie al suelo. La zona es de gravilla fina, mezclada con pedruscos como sandías y no hay quien ruede por ahí, así que vuelta al “modo arrastre”.

Avanzamos doscientos metros de ese modo y volvemos a montar, sobre un pedregal con elementos del tamaño de cajas de zapatos. Este terreno nos permite ensayar nuestras famosísimos cantes del equilibrio:

-“Ahiiiiiiii, ahi ahi ahi ahi”

-“Aaaaaaaa ufff ufff ufff Ahi ahi ahi”

Tan distraídos estamos mirando al suelo y apretando los dientes que casi no nos damos cuenta de que personas que syben a pié nos estan mirando con cara de sorpresa.

Al final, llegamos a su altura (acabamos de coronar el Morca) y charlamos con ellos:

-“Subís desde la parte de Agreda?”

-“No. Subimos desde la fuente de los Frailes”

-“Y como habéis subido? Sois humanos??  jujuuju estáis locos!!!”

Les explicamos la ruta y nos miran sin parpadear.

La verdad es que yo miraba a sus manos por si alguno marcaba de forma disimulada al centro psiquiátrico más cercano, pero gracias a dios, se ve que consideraron que aunque locos… solamente somos peligrosos para nosotros mismos…

Continuamos, ya por terreno bastante llano, con las vista del pico San Miguel (cima del Moncayo) al fondo.

Descendemos unos metros para atravesar el collado que une las dos cimas y encaramos el último repecho hasta la cima.

Por fin estamos en la cima del Moncayo.

Varios, vamos de corto ..y el viento viene que corta…

Así que salgo disparado a un semicírculo de piedra para resguardarme del viento, mientras mis compinches me siguen raudos.

La gente que sube, nos pregunta y mira con cara rara pero cada alpinista va con el equipo que quiere, no? pues el nuestro tiene dos ruedas…

Comemos una barrita y alguno de los dátiles de Dani y pedimos que nos echan una foto de recuerdo.

Bauti, que es precavido, había traido chaqueta de manga larga e impermeable.

Gracias a eso, me presta el impermeable y evito seguir temblando como lo hcía hasta el momento (que frío!!).

Mencionar que la bajada se debería de realizar por la misma ruta de subida y pese a ser técnica no sería extrema.

En nuestro caso, optamos por bajar, por el sendero que usan los montañeros para ascender, lo cual pasa a otro nivel de dificultad en descenso.

Arriba, bajo el sillín y monto.

Con las ruedas permanentemente sobre trozos de pizarra que se mueven y resbalan, pedruscos enormes a ambos lados, algún que otro precipicio y la inclinación del terreno hacen que Dani y yo estemos contínuamente montando (entonando de nuevo el canto del equilibrio) y desmontando en la bici, mientras otros optan por bajar permanentemente andando.

Tras mucho rato, derrapando, haciendo trial y cabriolas para no caernos, al fin, llegamos a la zona donde hay árboles.

El terreno aquí es mucho más fácil y pese a ser técnico, se baja sin la tensión de la zona anterior.

Entre raíces, escalones y árboles, descendemos, disfrutando como enanos hasta que un rato después nos situamos encima del cucharón.

Reunimos el grupo y proseguimos los pocos metros que nos quedan hasta nuestra recompensa.

Cuando estoy apunto de encarar la última rampa veo a una pareja de excursionistas mirando desde abajo y me quedo perplejo mirando al chico, mientras me voy acercando.

No puede ser.

Se parece… pero no.

Es de Caspe… y no tiene sentido que esté aquí, tan lejos…

Es que es clavadico al Saetas…

Cuando estoy a cinco metros, me dicen:

-“Hombre Iñaki!!!, pero que hacéis aquí!!!”

Nuestro buen amigo, ha coincidido una vez más con nosotros y nos alegramos de saludarle tanto a el como a su acompañante. Tras una breve charla, nos despedimos y terminamos la bajada en el bar (hotel / santuario), donde damos cuenta de la recompensa.

Son las 12:40 del medio día, lo que nos permite relajarnos un rato para proseguir, minutos después, por el camino.

Aun no nos hemos alejado 500 metros, cuando Cesar, parte la patilla del cambio.

Parece mentira que después de todo lo pasado, se vaya a fastidiar en el camino, peor seguramente estaba a punto de caramelo desde más arriba.

Cesar lleva patilla de recambio, pero no le sirve (no es compatible), así que optamos por quitar cambio y cadena y que baje por “fuerza gravitatoria”.

Unos kilómetros más abajo llegamos a los coches.

Ha sido una ruta muy chula, lo hemos pasado genial y llegamos a casa dentro de un horario normal. Que más se puede pedir?

 

 

Diciembre se estrena con Moncayo nevado

Ya empieza a ser habitual que, por compromisos de unos y otros, las rutas de los fines de semana se producen tanto sábado como domingo (unos salimos un día, otros el otro y alguno…ambos), y es que diciembre tiene “muchos tajos” porque si no es una cena de empresa, es el evento de no se donde… y es dificil coincidir todos en un mismo día.

En cualquier caso, ayer sábado quedábamos en el parque: Marta, Guillermo, Roberto, Samuel, Eduardo, Toñin (manolete) y yo (Iñaki).

Como había llovido, horas antes, se presentaba el dilema de a donde ir: A la Bardena no, porque sería un barrizal. Hacia el Buste, tres cuartos de lo mismo…

Nos quedaban dos posibles direcciones: O hacia los montes de la zona de Cintruénigo, o hacia Moncayo.

Ambas zonas cuentan con caminos de bastante piedra y por tanto menos barro (eso…en teoría al menos).

La decisión final se toma, viendo lo blanco de un Moncayo ya blanco y por tanto nos decidimos a subir.

Salimos por el cementerio, hacia Cascante y antes de llegar a la granja sita en la carretera de la balsa (a la salida de Cascante), ya encontramos “chocolate” del rico… Vamos, un barrizal de los que hacen sufrir a las lavadoras, con solo verlo.

Con la ropa ya adornada y asumiendo que vamos a terminar rebozados, continuamos cruzando algún campo hasta llegar al camino que buscamos.

En este punto es donde Marta “discute” con un ladrillo, si el camino es de uno o de ella porque alparecer, ese camino era muy pequeño para ambos… (sonido de Western con duelo al sol…).

Cruzamos la vía romana (la que va de Cascante a Fitero) y continuamos en falso llano, por un camino que nos dejará a los piés del embalse de donde se nutren los depósitos de agua de los pueblos circundantes (entre ellos Murchante).

De allí cotinuamos, ya por caminos menos embarrados, hacia la siguiente población.

El día va a mejor, en cuento a climatología pero tengo los piés hechos un témpano de hielo. Menos mal que queda poco para detenernos…

Cruzamos Tarazona por encima, tomando una carreterilla que lleva al embalse de Santa Ana y desde dicho punto bajamos hasta la carretera que cruzamos y nos permite entrar en Torrellas.

Es curioso, que hay cuestas que siempre te marcan de un modo u otro, y la de la entrada de Torrellas, pese a ser muy corta y asfaltada, es de esas que siempre requieren de un esfuerzo mental para encararlas (y eso que una vez puesto, en un minuto estás arriba…pero que pereza da subirla).

Ya empieza a ser una tradición, que cuando hacemos esta ruta, paramos en el Bar de Samuel y la Lupe, buenos amigos, donde nos detenemos y comemos algo (y no voy a describir el menú…jejeje).

Con fuerzas renovadas, nos volvemos a montar en nuestras embarradas bicis y nos acercamos a los Fayos.

Cruzamos el pueblillo hasta el cruce que da acceso a la presa, aunque continuaremos recto, siguiendo el curso del río Queiles.

Es una zona con un paisaje digno de mención y conforme asciendes los 10 kilómetros que tiene el camino, se aprecian choperas junto al río, que discurre a nuestra izquierda, pinares en la ladera derecha y una falta de arbolado en la ladera superior izquierda en la que solamente se aprecian arbustos…

La subida, sin ser exigente, es sostenida y va desgastando, pero el día acompaña y aunque los piés indican que la temperatura es cada vez más baja, no se puede pedir más a un día de Diciembre.

En la entrada a Vozmediano, donde confluyen a carretera que viene de Ágreda y “nuestro” camino, paramos y esperamos unos instantes para reagruparnos.

Desde este punto, seguiremos ascendiendo por carretera hasta Agramonte, donde por fín daremos la parte de subida, por finalizada.

Aun estábamos barajando si ascender a los molinos de Grisel, pero la hora que marcaban los relojes, nos indica que teníamos que descender definitivamente.

El descenso trancurre de forma relajada y nos dejamos caer hasta Tarazona donde nos incorporamos a la vía verde.

En el Tarazonica (nombre común de la vía verde), empezamos bajando a 27 km/h, de forma relajada, pero poco a poco, vamos aumentando el ritmo, para terminar a relevos y apretando los dientes a ritmos bastante superiores…(hay que terminar de quemar…lo que hemos recargado en Torrellas…)

Hoy domingo, salían de nuevo, pero…id a saber a donde les habrán llevado las pedaladas esta vez… 🙂

 

Aun no sabemos si será BTT o Natación, pero el plan es…

El plan para mañana se presenta complicado (es lo que tiene el otoño).

Dado que los caminos estarán como para “hacer largos a braza” (y no todos tenemos neopreno y aletas de buceo), hemos pensado que tenemos alguna posibilidad de ruta con algo “alternativo”.

La idea es ascender al Moncayo PERO POR CARRETERA.

No es el plan ideal, ni el que nos gustaría a todos, pero entendemos que, en caso de poder salir, será una de las pocas opciones que nos permitan el uso de la bici.

En principio se mantienen horario (9:00) y lugar (el parque) de siempre para salir. La decisión complicada será  minutos antes, cuando nos asomemos a nuestras respectivas ventanas y miramos al cielo (y al suelo…).

Esperemos que el tiempo se apiade un poco de nosotros y la mañana del domingo  permita salir.

P.D: Conste que alguno gozaría con el barro, más que un crío en un charco…verdad Samuel? jejeje