Crónica: Vedado de Eguaras

Debe ser parte de la condición humana… y es que resulta que tras un fin de semana en el que muchos Karrikiris se dieron al desenfreno, este tocaba purificar
cuerpo y mente. De ahí que en el parque nos juntásemos un nutrido grupo compuesto por:

Chelu, Guillermo, Saso, Jose, Roberto, Unai, Fermín, Antonio Nonín y yo (Iñaki).

Ayer, propuse varias rutas por Whatssapp y tras un par de minutos, cerramos el destino entorno al Castillo de Peñaflor.

A ojo de buen cubero, comentaba que la ruta debía  extenderse a lo largo de unos 79 kilómetros y entre Unai y el que escribe
jugamos a ver si acertaba o erraba en la predicción.

Salimos de Murchante, hacia la Cooperativa de vinos, para atravesar bajo el puente de la autopista e internarnos en el camino que lleva a Tudela.

Pasamos Tudela, por una sucesión de calles que a buen seguro, nuestras bicis son capaces de realizar sin nosotros encima…

Aparecemos en la urbanización del Mercadona, vamos hasta la rotonda que hay bajo el juzgado, para proseguir hacia la que hay junto al chalet de la viuda de Añon.

Desde allí continuamos hacia el colegio “Virgen de la Cabeza”, y poco después pasamos bajo el cristo para enlazar una suerte de callejuelas que nos dejan en el
puente del Ebro.

Atravesamos el puente, con un río en total calma. Se nota que no corre una brizna de viento…

El día, neblinoso, es fresco, pero no tanto como pudiera parecer. Se aguanta bien, y más sin dejar de pedalear.

Por esos sotos del Ebro, que tantas veces hemos recorrido en nuestras rutas hacia las Bardenas, avanzamos entre conversaciones y risas, a ritmo constante
pero sin forzar.

Llegamos a la recta de Arguedas y escogemos un camino, paralelo a la carretera , para acercarnos al pueblo. Es un camino monótono, recto y aburrido que, gracias a la
compañía y una interesante conversación, acaba por desaparecer a nuestras espaldas.

Llegamos a Arguedas y hacemos una visita NO guiada, por muchas de sus calles.
Las que conducen al inicio del estrecho, están cortadas por obras, y hacemos encaje de bolillos para llegar hasta el inicio de la cuesta.

Nos tomamos el ascenso con filosofía y sin apretar.

Roberto y Unai avanzan posiciones y me uno a ellos. Han puesto un “ritmico” llevadero. Solo en el último momento, roberto parece que va a dar un hachazo y me levanto para arrear,
pero finalmente, acabamos de ascender los tres, al mismo ritmo.

A Unai, se le ocurre que en vez de coronar por carretera, podemos hacerlo por la rampa que arranca a la izquierda.

Hace años que nos ascendemos por la misma, así que puede estar bien, un cambio.

Esperamos al grupo y pese a algunas pequeñas protestas y dudas… “la manada”, acaba metiendo molinillo para ascender sin más problemas.

La niebla, sigue acompañándonos,y por más altura que ganamos, continúa ahí.

Pasamos junto a la entrada de “Senda Viva” y seguimos hacia el santuario del Yugo, ya queda poca cuesta.

Atravesamos el parking y dejamos la iglesia a la derecha, para empezar la bajada.

Hace ya un buen rato que me he quitado las gafas. Total, entre el agua que desprende la niebla, y lo que se empañan, gracias a mi propia respiración, no hay quien vea un carajo.

Suelto frenos y voy aumentando la velocidad…

Los ojos me lloran, cierro uno, para que las lágrimas se vayan con el viento, mientras intento ver con el otro y repito la operación a la inversa… Que difícil es esto…

Casi abajo veo a un par de cazadores, desesperados con la niebla. Miran al rededor, suplicando al cielo que levante para poder practicar su afición.

Paro y les pregunto, si saben de batidas por el Vedado de Eguaras, a donde nos dirigimos.

Me dicen que eso es otra zona peor que creen que no y mientras hablamos,  acaban viniendo el resto de Karrikiris.

Reunido el grupo, despedimos a los fans de “John Waine” y continuamos pedaleando.

Ascendemos la tachuela, que hay tras bajar del Yugo y ante nosotros se abre el paisaje  neblinoso de esta zona de la Bardena.

Al fondo, con la niebla algo más abierta, aun se intuye la elevación de “El Plano de La Bardena”.

Mientras ascendemos, comento a Unai, que ese mismo camino, es el que llevan los peregrinos  de Murchante, cuando van a Javier. Es el camino más directo y corto.

Arriba, y otra vez el grupo reunido, continuamos por, un Plano, yermo y desolado, donde parece que nunca ha pisado el hombre…
Tenemos que encontrar varios caminos para acercarnos al Vedado y permanezco atento para no equivocarme.

Tras un par de kilómetros giramos a la derecha. Pasamos junto a una caseta de pastores que tengo como referencia mental y continuamos para pasar junto a un montón de piedras
en un cruce, donde giramos a la izquierda.

-“¡¡Este es el camino!!”

No es que se vea muy lejos y de ahí que pierda algunas de mis referencias habituales, pero finalmente, la suerte nos acompaña y damos con la entrada al vedado.

Un camino, que sale en ángulo recto a la derecha y que al fondo se ve descender entre la vegetación.

Avanzamos junto a un campo de cultivo y comentamos las fotos con amapolas que hicimos hace años, en ese mismo lugar.

Es un camino que, si bien, cuenta con bastantes toboganes, en el cómputo total, es de descenso y disfrutamos de la zona, mucho más frondosa que los caminos
de kilómetros previos.

Acabamos bajando, no sin susto incluido al no contar con un árbol caído justamente en medio del camino y tenemos que desviarnos por la finca adyacente.

El terreno se abre y aunque no se ve, al fondo, está el Castillo de Peñaflor.

Nos acercamos y poco a poco vencemos niebla y  distancia para acabar viéndolo desde su misma base.

Aprovechamos para comer algo, recordar anécdotas (como la del “Zorro simpático” que vivía hace pocos años en la zona) y continuamos por los senderos, mientras
a nuestro flanco se extiende el barranco, con sus particulares formas.

No tardamos mucho en llegar a un camino que nos llevará al barranco grande, para atravesarlo y de allí acercarnos hasta Castildetierra.

Para evitar el campo yeco, hoy seguro embarrado, y la tortura que le supone a Chelu, los 10 kilómetros de camino pedregoso, que siguen a continuación, elegimos
ir por carretera hasta los Aguilares y desde allí…

Empezamos a rodar por la carretera de los militares, hacia Arguedas. Antonio se pone en cabeza y empieza a tirar.

Yo voy a rueda y veo como van bajando los piñones hasta que acabamos ascendiendo los toboganes a más de 30 Km/h.

El ritmo va aumentando y en una de las subidas, Roberto adelanta.

Antonio acelera para cogerle la rueda y yo hago lo propio.

De repente veo, el desvío, dejo de hacer fuerza sobre los pedales y les grito:

-“Ehh, que es por aqui…..Ehhhh Ehhhhhhh!!”

Ni caso, estos siguen a muerte…

Yo:

-¡¡¡¡Einnn???!!!

Aprieto dientes y acelero más y más. Parece que no voy a pillarlos nunca, agachados y dando pedales a relevos, van disparados, hasta que
consigo recuperar los 10 o 12 metros que me habían sacado. Sigo a ritmo y les adelanto.

Inmediatamente Antonio se levanta y acelera, seguido por Roberto a la caza, hasta que…

-“Alto!!!! que es por aquí… que es el último camino antes del pueblo!!!!!”

Por fin parece que hacen caso y nos metemos en el camino, entre sonrisas y resuello, felices de la batallita que acabamos de montar.

En pocos minutos aparece Unai, que se nos une.

-“¿El resto?”

Unai hace un gesto tipo

“Fa, Far away…”

Ala, ya la hemos liado…

Ahora no sabemos si se han metido por donde procedía… o han seguido nuestros pasos por la carretera… o qué…

Al final decidimos parar en un cruce donde, vengan por donde vengan, tienen que pasar obligatoriamente.

Allí esperamos y finalmente los vemos aparecer al fondo. Han continuado por la carreterilla tras nosotros.

A todo esto, una madre con varios niños, pasea en bici y uno de los pequeños se detiene con su pequeña montura a interrogarnos.

Que si de donde sois… a donde vais…

Y por poco acaba metiendo en un apuro a su madre cuando casi nos autoinvitamos a comer todos en su casa…

Nos acercamos a la recta de Arguedas y al poco de empezar a rodar, Chelu pincha.

Pensábamos meter una botella de CO2 pero no contábamos con la :

-“Mooochila Mooochila!!!!” (los que sois padres y madres con niños pequeños, sabéis que cancioncilla me refiero, verdad?)

No es que tengamos a Dora, en nuestro club, pero tenemos a Fermín, que deja la mochila de Dora la Exploradora al nivel del barro…

Saca una bomba, mejor dicho: Una lanza, una pértiga, un compresor de impulso humano,un….   (yo que sé)  de unos 50 o 60 centímetros de larga (una vez desplegada)
mientras el resto, ojipláticos, y mandíbula desencajada, no entendemos que sistema utiliza el mozo para meter desde un somier, a un tresillo en la mochila.

Recompuestos y seguros de que nada nos puede pasar si Fermín y su mochila están cerca, continuamos.

Volvemos a los sotos del Ebro, para meternos en Tudela y atravesar la plaza nueva. de ahí por el paseo del Queiles, seguimos hasta la rotonda
de debajo de los juzgados y comenzar el último tramo por el camino que va a Murchante.

Al final 79 kilómetros (clavaos Unai!!) de divertida ruta.

Una pena que algun@ se quedara practicando “caming” (y es que…..muchas excusas tiene ya ….!!!!)

 

 

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A ver si los Reyes vienen por las Bardenas…

He sido bueno, muy bueno… y por ello he escrito una carta a los Reyes Magos de Oriente, con la esperanza de que caiga… al menos algo.

Y por si acaso, pensando en convencerlos  en persona, decidimos ir por las Bardenas, ya que según creo yo… si vienen de oriente y las Bardenas son el oriente de Murchante…. estos deben venir de… (lo ves? tu mente empieza a pensar igual, verdad?).

El caso es que nadie, que yo conozca, ha subido al Castillo de Peñaflor. Si, bueno, lo vemos desde abajo y sin embargo… que pasa si resulta que dentro de esa torre en ruinas esta el verdadero bastión de los Reyes Magos? EH? lo has pensado??

La cosa es que al contarlo a varios Karrikiris, se organizó una extensa expedición, DI-SI-MU-LA-DA… para poder dar con la guarida de los misteriosos Reyes y de paso… poner “el cazo” si no querían que revelásemos su paradero… (esto es España, oiga…y de cazos…. sabemos un rato…).

La cosa es que en el parque nos encontramos:

Guillermo, Chelu, Germán, Roberto, Sierra y unos prometedores canteranos: Unai, Alejandro.

Sí, también estaba yo, Iñaki.

Emprendemos hacia Tudela, atravesando el pueblo y bajando la cuesta de la cooperativa para hacer el trayecto por el camino que empieza tras e puente de la autopista.

Callejeamos por Tudela hasta el puente del Ebro y allí nos econtramos con Bauti y Patxi que nos esperan para completar la compañía del anillo el grupo.

Por los sotos del Ebro y hasta la recta de Arguedas, avanzamos tranquilamente, hasta que tomado el  camino paralelo a la recta de Arguedas, el viento sopla y nos ataca “de cuchillo”.

Pasado ese pequeño trance,  enlazamos con la carretera para entrar en la población, y pedaleamos por sus calles, para ascender hacia “el Yugo”, por la estrecha cuesta de cemento.

Enseguida se forman grupos y poco a poco Bauti y Patxi se nos adelantan a Unai y un servidor que imponemos un ritmo conservador mientras charlamos  entre jadeos.

Detrás, el resto del grupo se fracciona y cada cual sube como más le apetece o puede.

Arriba, hay un autobus… vacío. Alguno casi le retira la palabra a Patxi por la promesa de una legión de…

( se me ha olvidado…y si te quedas con la curiosidad… haber venido… claro…jejeje).

Todo lo que sube, baja y a nosotros, los Karrikiris, tambíen nos afectan las leyes de la física.

Como muestra tenemos que descender, dirección al plano a trote lechonero (lease: sin frenar y con una sonrisa en la cara… que nos lo hemos ganado!!).

Unos kilómetros más adelante, llegados a determinado cruce, giramos a la izquierda para notar el viento de cara.

Bauti y yo vamos hablando delante y para cuando queremos darnos cuenta, un par de compañeros han decidido darse la vuelta.

El resto del grupo, continuamos hcia el embalse del Ferial, un par de kilómetros más, hasta que un amabla paisano en un todo terreno, nos advierte que poco más adelante hay “batida de caza”. De lejos divisamos, la parafernalia con los chalecos, y vehículos.

Valorando como valoramos nuestro pellejo… decidimos no adentrarnos en terreno de caza (algunos estamos fuertes; los cazadores  muy probablemente acaban de meterse algúnos lingotazos acaban de almorzar, y no escuestión de que se cobren tan preciada pieza).

Hay que rehacer la ruta a aprtir de dicho punto y decidimos, ir en busca de la guarida de los tres camellos tipos que montan en camello.

Volvemos sobre nuestros pasos para atravesar el cruce y esta vez continuar recto, dejando el Yugo y su sierrra, a nuestra derecha.

Avanzamos por una pista hasta que grito: “Chelu a la izquierda!”

– Por aquí??

-Tira…!!

Vamos “campo a través” sabiendo, más  o menos donde estoy.

Alcanzamos un pinar, y cojo lo que podría llega a ser un sendero… si mucha gente pasa por allí a partir de ahora.

Subimos por aquí,,, equilibrio allí,  arrfffpprrffff.

Menudo cabezazo le he metido a la rama de pino, pensaba que estaba más alta.

Arranco y al fondo escucho la dulce voz de Chelu:

-“”Arrggrrfffff”

Y el mozo queda colgado de la camelback, cual marioneta de trapo…jijiji

Poco después le toca el turno a Bauti, a Guillermo, a Patxi y a Sierra que por poco da, otra de sus, ya características, “vueltas de campana”.

Mi sentido arácnido “nosequé” me dice que voy bien, y aunque nunca hemos hecho esa senda, entiendo que la pista que nos lleve a la tapadera de los tres tipos de oriente torre del Castillo de Peñaflor., debería de estar unos metros a nuestra derecha en algún sitio entre nosotros y una loma… pero no la veo…

Me detengo, antes de liarla (a ver si los estoy llevando al fin del mundo…), y en ese momento vemos la pista. Perfecto!!

Ya en el camino, atravesamos varios barrizales y al poco, allí arriba se ven las ruinas del castillo.

Patxi, intenta aleccionar a Guillermo:

-“Esta torre fundada por el rey tal, para proteger y…”

-“Yo pongo la herramienta de derribo…. y todo escombro…”

Patxi, manos en  la cabeza no asimila esta ligera percepción/valoración de la edificación y cabecea con una sonrisa en la boca…jijiji.

Vamos un poco justos de tiempo y por ello, descartamos subir a ver si los reyes están ahí dentro, pero nos detenemos a hacer unas fotos, justo debajo mientras, atentamente aguzamos el oído en busca de pistas sonoras que delaten el sonido de un camello sobrecargado (no se si estos bichos braman, barritan, gorjean o ladran así que si sabes como se llama el “berrido camellíl” me lo haces saber).

Como, no hay constancia alguna de la presencia del séquito real (que sé que están allí… pero no puedo demostrarlo…), reemprendemos el camino por un precioso sendero en el que Guillermo se empeña en hacer (dicho por el propio Guillermo): un apoyo, fronto-lateral forzado (que no caída técnicamente), mientras Chelu se descojona, mirándolo a ver si tiene alguna rama por la cabeza… (pero caída, lo que es caída… no fué… si acaso… un aterrizaje… eso si… totalmente “fronto-lateral”.

De ahí salimos a pista y atravesamos los dos barrancos que llevan hacia Castildetierra, no sin tocar más barro y algunas risas.

Saliendo del característica formación bardenera, nos cruzamos con Fermín que, en coche, van de visita familiar.

Ya en la carretera de los militares, nos detenemos un instante, para beber. Continuamos, por cierto lugar del que no me quiero acordar y atravesamos el “camino más pedregoso del mundo”, hasta la recta de Arguedas.

Poco después, por los mismos sotos del Ebro que veíamos horas antes, nos acercamos a Tudela y seguidamente a Murchante, tras una divertida ruta de 80 kmts.

Otro magnífico día en compañía de los Karrikiris!!! 🙂

 

Crónica: Ruta Bardenera

Aun era de noche, cunado miro a través del crista.

Hoy parece que hará buen día. No se mueve un pelo de aire…

Llego al parque (quien? yo Iñaki), tras Guillermo.

Al poco aparecen Chelu, Marta, Robertoy Jarauta. Parece que por mucho que esperemos, el grupo no crecerá así que nos vamos en dirección Tudela.

Cuando estamos a la atura de la casa de cultura, aparece Samuel, al que se le han pegado las sábanas (pero aquí está el mozo al fin que es lo que importa).

La temperatura es buena (a ver… buena para un día de enero a las 8:30 a.m…. tampoco es el caribe…).

Llegamos al puente del Ebro donde nos espera un acatarrado Cesar, Bauti y Diego.

Junto a ellos, Javier Espada, que al no venir sus compañeros, decide acompañarnos (y nosotros encantados, claro que sí).

Rodamos por la cañada, paralelos a la carretera de Ejea, como tantas veces, primero por camino y después por sendero, hasta cruzar el río. al fondo se ve la primera subidica del día.

Subimos tranquilos, hasta que “JondereMan” la lía y saltan los perros a por la liebre. jejeje

Atravesamos Valdecruz y dejamos el camino del Balcón a nestra izquierda, para proseguir hacia la “Nemesia” (a una balsa/abrebadero que hay más arriba).

Envueltos de niebla (aunque menos fría y cerrada que otros días), nos detenemos para dar cuetna de la barrita de turno mientras Diego, hace de “retratista”.

en la Nemesia

Continuamos para bajar una de las cuestas más conocidas de la Bardena, “La Madera”, donde Samuel y yo nos damos un buen susto en medio de una curva pensando que el terreno que teníamos delante era barro blando (por suerte solo lo parecía).

Ya abajo, entramos en la perimetral del polígono y ponemos rumbo al cuartel de los militares. La pista es eminentemente llana, en buen estado y no requiere de esfuerzo, por lo que la gente se relaja.

Relajación que duró… hasta pasar frente a la puerta del acuartelamiento, donde unos y otros empezamos a tirar y acabamos cual banda de indios tras caravana en el oeste americano (aunque más que gritar, apretábamos los dientes.

En un “pis pas”, estamos en Castildetierra, donde realizamos una breve parada.

Una parte del grupo quiere volver hacia casa mientras otros queremos hacer algo más.

Cinco minutos después, Guillermo, Marta, Bauti, Diego y yo, nos despedimos del resto y encaramos pista para alargar la ruta (y a decir verdad disfrutaríamos de algunas partes muy chulas!!).

Salimos de Castildetierra, por la perimetral en dirección al Rayón, si bien a escasos dos kilómetros, donde hay una caseta, nos desviamos a la izquierda y bajamos al barranco.

Está llenico de agua como pocas veces y damos vueltas y revueltas para ver por donde cruzar, hasta que Guillermo, ni corto ni perezoso, se lanza río a través…. y en nada estuvo que cayera de bruces al agua con las dos ruedas cubiertas de barro y agua.

Pero la providencia, le debe tener aprecio y asombrosamente salió al otro lado, con los pies “frescos”.

El resto, viendo la experiencia vivida por el “Vice”, decidimos cruzar a pié y bici al hombro por un lugar con vegetación.

Seguimos por una pista bien conocida por el grupo que a los lados, tiene formaciones de tierra de lo más curioso.

A nuestra izquierda, el “cabezo de Malafé” cuyo nombre sabemos gracias al GPS de Diego que parece la Wikipedia.

Es un cabezo (eso ya lo he dicho), afilado pero que en su cúspide tiene una piedra ENORME a modo de boina.

Nos toca cruzar de nuevo el río, pero el lugar es mucho más accesible y con menos agua por lo que cruzamos montados y sin miedo a mojarnos.

Normalmente un par de kilómetros más adelante, en un cruce, elegimos el desvío de la izquierda pero hoy he decidido enseñar a mis compañeros una alternativa, divertida, así que pese a las caras de sorpresa nos metemos a la derecha.

Unos cuentos de metros más adelante, grito a Diego:

-“A la izquierda!!”

-“Por aquí?? Yaa?”

-“Si, dale!!”

– “Pero por aquí?? no hay camino!!!”

-“Dale!!!”

Sin pensarlo más, nos metemos y cincuenta metros campo a través, nos dejan en un sendero ancho que hace que la cara de alguna (no digo quien 🙂 ) se relaje un poco.

Aparecemos en un corral de Ovejas y de allí, sin dejar que opinen (ya sabía lo que iba a opinar alguien del siguiente tramo…), me meto al barranco y por abajo, vamos rodando y saltando, entre paisaje sin igual.

Delante una rampa del “nose cuantos” por ciento, que por suerte es corta, así que “arreón y pa`rriba”.

Entramos en un sendero estrecho por el que ya hemos circulado alguna vez. Todos lo conocemos pero aun quedan unos ases en la manga y tomo un desvío que no solemos tomar.

Vamos por el borde del cañón. Las formaciones son magníficas y abajo hay momentos en que habrá 15 metros de profundidad.

Circulamos por un sendero estrecho y sinuoso,  mientras comentamos lo bonito de la zona y disfrutamos dando pedales.

Al fondo, el Castillo de Peñaflor, al que finalmente llegamos y rodeamos.

Rodamos por el “Vedado de Eguaras”, en sentido ascendente y Diego va delante mía.

Veo como el camino por el que solemos bajar queda a la derecha y Diego no lo ve, (a decir verdad el camino que llevamos parece el más evidente por lo que es normal)  hasta que algo más adelante aquello se va cerrando y comenta:

-“Este no es el camino, no?”

-“No. Hoy vamos a subir por un sendero muy chulo que no visito desde hace años con Guillermo y mi padre”

A decir verdad, no sabía si me acordaría, pero conforme avanzábamos, los recuerdos se transformaban en imágenes  y la ruta se hacía realidad.

Posiblemente sea una de las zonas más espectaculares de las Bardenas (entendiendo el Vedado como Bardena).

El sendero asciende y se cierra, entre carrascas, y arbustos, y vamos ascendiendo hasta que finalmente llegamos al plano. QUE BONITO HA SIDO!!

En el plano, rodamos para bajar por la “cuesta de las mulas”. Al fondo, no se ve, pero sabemos que está el Yugo, allá arriba…

Nos tomamos la cuesta del Yugo con mucha filosofía y tranquilidad. Arriba, son las 12:35, así que vamos muy bien de tiempo.

Descendemos en dirección Arguedas y afrontamos la larrrrrrga recta por la ya tradicional pista paralela a la carretera.

Desde este punto, entramos a los sotos del Ebro, y a Tudela.

Nos despedimos de Diego y Bauti, para proseguir a Murchante tras 91 kilómetros de preciosa y amena ruta.

 

 

Crónica 7 Enero: Ruta Bardenera

Seguro que ya pensábais que no había crónica… pero por fin la hemos podido terminar…

La Javierada se aproxima, y hay que ir poniendo las piernas a tono para disfrutar del día (no solo se trata de llegar de cualquier modo al castillo…).

Amanecía un lunes, festivo en Navarra, con el cielo despejado, pero muy frío.

En el parque, puntuales como siempre, nos dábamos los buenos días Guillermo, Marta, Chelu, Feliciano, Roberto, Diego, Cesar (Cope), y yo (Iñaki).

Bajamos por la calle mayor con rumbo a Tudela y desde allí avanzamos junto al Ebro hacia la recta de Arguedas. Una vez en el principio de ésta, tomamos un camino paralelo que nos lleva hasta Arguedas.

Ascendemos hacia el Yugo, y empezamos a sudar. El día va mejorando pero en menos de dos minutos se nos ha pasado el frío y estamos apretando dientes cuesta arriba.

Tras detenernos un par de minutos en la ermita, descendemos por la ladera contraria en dirección al plano, aunque antes de llegar nos desviamos en dirección al embalse de rada, donde pensamos tomar un café caliente.

Llegamos al embalse… y el bar está cerrado. Nuestro gozo en un pozo!!

En cualquier caso, comemos una barrita y continuamos por el plano, hacia el Vedado de Eguaras, por donde descendemos en dirección al castillo de Peñaflor.

La mañana va mejorando en cuanto a temperatura, aunque pese a lo avanzado de la misma, hay hielo en aquellas zonas en las que el sol aun no ha dado de lleno.

Saliendo desde el castillo y por un sendero, damos  a una pista que nos llevará a Castildetierra, en un sube y baja que incluye alguna que otra grieta, el cruce del río…

Desde la formación mas representativa de las Bardenas, y continuamos sin detenernos para que “alguno” llegase cuando la parienta le había dicho que “echaría el arroz”…

Pedaleamos hacia la carretera de los militares para cruzarla y continuar hacia los aguilares y una serie de caminos que nos llevarán hasta el principio de la recta de Arguedas (en su parte más cercana a Tudela).

De este punto en adelanta vamos deshaciendo el camino, junto al Ebro y por último volver a Murchante por el camino de siempre…

En función del aparato a consultar la ruta fuñe de mas de 80 y menos de 90 kilómetros que nos hicieron desperezar de las Navidades.

Este fin de semana que ahora vamos a empezar es de promesas, con lo que iremos con el listado para comprobar que no nos falta nadie… OS esperamos!!!

Crónica: Castillo de Peñaflor

Buenas, la cronista de esta semana es nueva: Soy Lady Boni.

Espero que disfrutéis de la lectura.

Iñaki cronista habitual del grupo no pudo asistir a esta salida y he tomado el relevo.

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Domingo 8:15 de la mañana, sin desayunar y corriendo, me dirijo a la panadería del pueblo a por una napolitana y allí me encuentro con Juan Carlos. Charlamos un poco y nos dirigimos al parque dónde nos esperan Guillermo, Chelu, Dani y Enrique.

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Comenzamos la ruta, el día engaña, parecía que el sol iba a calentar más… menos mal, que una es precavida y no se quita el sayo hasta el 40 de mayo…

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Llegamos a Tudela por el camino habitual y en el puente del Ebro nos esperan Enrique (mi compañero de curro) y Raúl. Al adentrarnos en el camino que va junto al Ebro observamos que hay más movimiento del habitual, en Tudela celebran el día del Ángel y las cuadrillas ya van cogiendo sitio para comer.

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Rodamos rápido a pesar de que el cierzo sopla con ganas y llega la cuesta del Yugo, pedazo de cuesta. Ascendemos sin problemas y a mitad de camino Enrique se desvía por un pedregal, mira que le gusta a este muete complicar el camino, yo muy cauta, continuo por asfalto con la mitad del grupo, que la ruta es larga.

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Ya por fin en el Yugo y …..¡SORPRESA! allí nos estaban esperando 4 bikers más que son: Marta G., Arantxa, Diana y David se unen al grupo y vamos camino al Vedado de Eguaras. Tras unos llanos y unas pequeñas cuestas nos adentramos en un camino precioso rodeado de pinos y matojos.

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El paisaje cambia, poco poco, hasta llegar al Vedado, un sitio espectacular y muy recomendable para visitar (es una “pequeña llanura” rodeada por un circo de tierra formado por cortados y taludes de bastante altura).
Desde aquí, observamos el Castillo de Peñaflor sobre el montículo y aprovechamos lara las consabidas fotografías que den fe, de nuestro paso dominical, por la zona.

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Tras rodear el castillo y disfrutar de semejantes vistas, toca almorzarpara reponer fuerzas. Dos fotos, cuatro risas y de nuevo a montar sobre nuestras “burras”, hay que volver a casa.

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En el yugo nos despedimos de las chicas y David, mientras el resto continuamos a ritmo constante hasta llegar a la “recta Petronor” y no se me ocurre otro cosa que gritar ¡VENGA CHICOS! a la par que los adelanto y oigo clak clak uiuiuiuuiiii!!! esto promete… y así fue…

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Me adelanta el “Expreso de la Bardena” (Juan Carlos) mientras, en mis espaldas noto al presidente “en funciones” (durante este día), Guillermo (ya se te ha acabo el mandato jajaja), seguido de Dani y “Enrique Tudela” y yo apretando los dientes (antes muerta que sencilla, estos no me adelantan!!!) voy con ellos y el contador comienza a subir 41, 42, 43, 45….. joer están cómo toros Karrikiris de verdad…

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Por fin se acaba la recta y el ritmo vuelve a su normalidad (me encantan estos pequeños y sanos piques entre el equipo).
Ya en Tudela despedimos a Enrique y a Raúl y seguimos hasta llegar a Murchante. Han sido 80 km con una velocidad media de 19km/hora, no está nada mal.

Salidas de Semana Santa

Para que a nadie os pille de sorpresa, os adelantamos las salidas previstas para estos días y que podáis decidir a cuales os apuntéis cada un@.

  • Martes 3 de Abril (sí, hoy mismo) a las 21:00 saliendo desde el parque : Ruta Night & Bike Murchante nocturna (seguimos preparando la ruta). Podéis venir quienes queráis y probar la conducción nocturna.
  • Jueves 5 de Abril: Salida, en horario habitual. Ya hay gente que ha confirmado, así que estaréis un grupo, seguro.
  • Domingo 8 de Abril: Salida dentro de calendario oficial. MUY BONITA aunque larga. A quien no conozca bien la bardena totalmente recomendable, dado que es uno de los parajes más bonitos y totalmente diferente al resto de la zona (a los que la conozcan seguro que no se la pierden).  Si estás en duda por miedo al kilometraje, puedes ir en coche hasta Arguedas y unirte a la expedición allí.

Bardena Blanca (Laberinto de grietas)

Aprovechando que era día de fiesta y según lo anunciado, acudíamos al parque a las 8:30.

La mañana comenzaba fresca pero el cielo raso, la ausencia de viento y el incipiente sol ya hacían presagiar una mañana de verdadero lujo, en lo referente a temperatura.

Me sorprendía cuando al llegar al parque, nos vamos juntando casi todos los habituales y algún otro. Magnífico!!

Si no olvido a nadie, éramos:

Guillermo, Marta, Roberto, Samuel, Enrique, Jose Luís (Chelu), Daniel, Eduardo, Javi (Aouita), Toñín (Manolete) y yo (Iñaki)

La presencia de Javi, tenía un atractivo adicional, pues venía equipado con una cámara de vídeo con la que filmar, en vivo, la ruta, o trozos de la misma.

En breve nos hará llegar la película y la pondremos aquí.

Atravesamos el pueblo, en dirección a la cooperativa y tras el puente de la autopista, giramos a la derecha por el camino que lleva  a Tudela.

Ya en Tudela, pasamos por el casco viejo, para llegar al puente del Ebro.

Tras atravesar el Ebro, nos metemos en el camino de la izquierda que lleva hasta la recta de Arguedas.

Rodamos tranquilos, a sabiendas de que quedan muchos kilómetros por delante, así que charlamos mientras discurre la interminable recta a nuestra derecha (nosotros circulamos por un camino paralelo).

Nos acercamos a Arguedas y Roberto me dice:

-“Tienes pensado subir al Yugo por la carreterica?”

-“Si, hasta la mitad y después por camino”

-“Y si vamos por la cuesta que parte de la cooperativa de Arguedas?”

A pesar de que bajamos por esa cuesta, no hace mucho, no la recordaba y respondo:

-“Vale, es muy dura?”

A lo que me sonríe y contesta:

-“No la recuerdas? está bien…”

Esa respuesta me deja claro. Va a ser…potente…

En cuanto la veo, me viene a la cabeza. Pero si mas que camino, es un pedregal!!!

Pero ya era tarde.

Subimos como podemos, mientras clavo la mirada en el pulsómetro (arrrfff arfffff).

Minutos más tarde estamos en la parte asfaltada, mucho mas llevadera que nos lleva hasta la ermita de la Virgen del Yugo, y a partir de allí…BAJADA!!!!!!!

Nos lanzamos con el cuchillo entre los dientes y de reojo veo a Samuel a mi derecha que tampoco frena…

Aun veo la cara de uno de los ciclistas que ascendía y me vió acercarme a el, cual trolebus desbocado, hasta que me aparté de su camino…jijiji

Proseguimos hacia el plano, para subir por otra cuesta, llenica de nuevo de grava, pero aun estamos frescos y todos subimos con relativa facilidad.

Ya en el plano, no puedo evitar pensar en la bajada del “Vedado de Eguaras”. Realmente la parte más bonita de la ruta y con mucho la que más me apetece hacer, por sus zonas técnicas, el paisaje y……

QUE ASCO!!!!

No no me he confundido.

Mientras pensaba yo en lo bien que nos lo íbamos a pasar…llegamos a la intersección que lleva a la zona en cuestión y encontramos el fatídico cartel BATIDA DE JAVAlÍ.

PERO ES QUE LOS PISTOLEROS ESTOS TIENEN QUE SEGUIRNOS ALLÁ DONDE VAMOS???!?!!?!?

La verdad es que aun me salió algo por la boca, pero la mayoría de los “poemas”, que se me ocurrían me los guardaba…

Sin saber que hacer, seguimos adelante, en busca de una pista que nos permita bajar sin toparnos con los “Clint Eastwood de pacotilla”.

Unos kilómetros más adelante vemos aparecer una entrada, al parece, poco transitada por la cantidad de hierba que crecía en el camino.

Sin saber exactamente a donde nos llevará, lo seguimos hasta comprobar que nos lleva de nuevo a la zona donde los cazadores siguen pegando tiros (y como Chelu dice… a los más grandes nos han de confundir…y Toñín encima va de negro…).

Nos damos la vuelta y activamos nuestro famosísimo “modo rotabator”.

Campo a través, en busca de otro camino, nos acercamos hacia el cortado situado a la izquierda del vedado.

Durante nuestro trayecto, descubrimos un espécimen hembra de “excursionista campestre”, escondida tras un montón de piedras, haciendo sus necesidades apartada de sus compañeros.

Por respeto, no nos quedamos mirando, pero me quedé con las ganas de ver la cara que se le quedó, cuando, tras buscar el sitio más discreto de las Bardenas, se pone a miccionar justo donde pasan nada menos que once ejemplares de “ciclista rotabatoris”.

Tras atravesar varios campos llegamos al borde del precipicio, donde paramos a comer algo y disfrutar del paisaje.

Desde este punto, se divisa gran aprte de la Bardena y se contempla una impresionante vista del Castillo de Peñaflor.

Abajo, con chalecos naranjas, los cazadores y sus perros siguen disfrutando la zona para si solos.

Samuel, chico precavido. Saca una barra de pan y chorizo y junto a Enrique preparan bocadillos (estos si saben lo que es bueno).

Continuamos campo a través, con la idea de seguir por todo el cortado, hasta las cercanías del Castillo, donde hay menos altura y pensamos bajar…como podamos.

En estas estamos cuando llegamos a una pista que discurre en la misma dirección que llevamos y por suerte nos deja tras el castillo.

Abajo hay un cruce y decidimos ir por el ramal de la izquierda, pensando que tiene que llevar a Castill de tierra, próximo objetivo de la ruta.

Varios kilómetros más allá empieza la fiesta.

Llegamos a un punto en el que quedamos rodeados por un cañón (grieta hecha por el agua), de decenas de metros de ancho y bastantes de profundo.

La gente normal habría dado la vuelta, pero…nadie ha dicho que seamos normales…jejeje

Decidimos ver la forma de bajar al fondo y tras dar varias vueltas, conseguimos bajar e incluso rodar varias cientos de metros hasta que unos agujeros y escalones “importantes”, nos cortan el paso.

Miramos a nuestra derecha y vemos que la pared de unos 8 metros de alto, parece “ascendible”.

Sin pensarlo dos veces nos echamos las bicis al hombro, y agarrándonos a los matojos con las manos y derrapando con los pies, conseguimos subir.

Ya arriba, seguimos por un pedregal hasta llegar a la cima de una meseta, de la que hay que bajar…y bajamos (si bien alguno se encomendó a todos los santos antes de hacerlo…juasjuas).

En ese punto, nuestro explorador “Dani”, se adelanta para comprobar que volvemos a estar en una encerrona, rodeados de cañones por todas partes.

Roberto, y Marta empiezan a intuir que lo mejor sería volver sobre nuestros pasos y alcanzar el último camino, dado que a lo lejos aun se ven unas casetas derruidas por donde pasaba dicho camino.

Mientras, por otro lado, Samuel, Enrique, Javi y yo mismo, gozamos como enanos, bajando por cuestas imposibles (que casi nos cuestan una vuelta de campana a más de uno).

Hacemos una última intentona de seguir un cañón y bajamos hasta él, pero al poco, Dani que va el primero nos dice que es imposible continuar.

Roberto, Marta  vuelven a poner la sensatez y nos instan a volver al camino, mientras Samuel, Enrique y yo, nos quedamos mirando a la espera de que cualquiera de los tres diga:

-“Pues nosotros seguimos por aquí…”

La verdad es que estábamos gozando como críos en un charco pero se nos debió iluminar algo y cedimos…

Subimos de nuevo a la superficie por el otro lado del cañón y tras atravesar campo a través una zona y sortear una gran grieta, llegamos al camino para volver sobre nuestros pasos.

Roberto hace uso del GPS (si yo ahora también me pregunto porqué no lo utilizamos antes pero…eso es ahora y no en ese momento), e indica que desde ahí ya sabe como ir a donde queremos.

Llegados al cruce, dodne empezó a torcerse la ruta, giramos a la izquierda para varios cientos de metros más allá, volver a desviarnos, ahora si por el camino correcto.

La pista es buena, y si no fuese por los típicos agujeros Bardeneros y las típicas grietas, el piso es bueno.

Algo más adelante llegamos a una zona que ya conocemos, pero que tiene su complicación porque es en ese punto, donde hay que cruzar el río y en esta zona…lleva algo de agua y barro por doquier.

Por la ribera del río y bajo la pared izquierda del cañon, vamos acercándonos al punto de mejor paso, hasta uqe no queda otro remedio que cruzar “a estilo libre”.

Algunos salimos indemnes pero otros acaban saboreando el barro…jijiji

Una vez en la orilla correcta, salimos a la pista que circunda el polígono de tiro desde el monumento al pastor a Castill de tierra y hacia este último nos dirigimos.

Bajo la singular formación, nos detenemos ya seguros de conocer el resto de la ruta a la perfección y sabiendo que ya solo quedan 30 kilómtros hasta casa.

Continuamos hasta la carretera del cuartel militar, donde Marta, se despide, ya que vienen a por ella, y el resto continuamos hacia el alto de los aguilares.

Pasamos la verja y ascendemos la última cuestica del día, para encarar el camino que lleva hasta el final de la recta de Arguedas.

Está en mal estado y llenod e piedra, lo que hace que no sea agradable rodar por él.

Debe ser por eso que Enrique toma la cabecera del grupo e imprimner un ritmo, cuando menos serio.

Por encima de 30 Kmt/h de forma sostenida, hacemos los, aproximadamente 10 kilómetros de pista, siendo que el grupo se rompe y algunos quedan algo rezagados.

Llegamos a “la recta” y esperamos a que vengan el resto de compañeros.

Se está haciendo tarde y decidimos ir a Tudela, por carretera.

Cuando llevamos un par de kilómetros recorridos, miro el marcador…y vamos a la misma velocidad que por el camino (más relajados eso sí), con lo que llegamos al puente del Ebro en menos que canta un gallo.

Atravesando Tudela, por el casco viejo salimos de la población para llegar al camino que lleva a Murchante, y por el que bajamos horas antes.

Por fin en el pueblo, y tras 89 Kilómetros, podemos decir que fue una ruta muy muy bonita, donde la parte en la que no encontrábamos el camino correcto, le dio un toque de aventura, que ya hacía unos meses que no nos ocurría.

Notas:

Los chicos del “promesas”, con Cesar (Cope) de guía, volvieron arreglar cuentas pendientes que tenían con el Buste.

Por lo que me han explicado, subieron por la cuesta cementada (la clásica rayada) y aunque con un par de descansos, Sara consiguió ascender montada.

El resto, de un modo u otro, subieron para disfrutar de las vistas desde el balcón.

Estos chicos empiezan a enfrentarse a cuestas serias, con lo que vamos a tener que tomárnoslos más en serio…jejeje

El jueves, durante la ruta a las Bardenas, alguien ya me indicó que cuando hacíamos la siguiente con los “promesas”, así que habrá que empezar a pensar en una ruta que sirva de “despedida de año”, no?

En cuanto tenga en mi poder las fotos de la ruta y el vídeo, las colgaré. Si los “promesas”, hicisteis, podeis mandármelas y os las cuelgo, ok?