Crónica: Frío y nieve en el nacimiento del río Queiles!!

La verdad es que , dada la previsión meteorológica para hoy, domingo.

Tenía pensado meterme bajo cubierto y pasar unas horas mirando el pulsómetro. Vamos, un plan relajante, técnicamente positivo para entrenar… pero muy aburrido!!

A las 7:35 a.m, miro por la ventana.  El termómetro marca entre -3 y -4 Cº y hace un viento (nombre técnico: “ciercera helada de tres pares de narices”) de esos que corta la respiración.

Bien desayunado y pertrechado, salgo de casa, y me encamino al parque. Hace viento, viento… desagradable… pero no es para tanto, a decir verdad…

Llego al parque y en unos minutos aparecen por allí:

Guillermo, Samuel, Roberto, Patxi, Carlos Saso, y yo (Iñaki).

En el último momento se nos une Aitor Alfaro.

Que si es mejor tirar hacia allí, que si el viento no se que….

La cosa es que finalmente acabamos yendo hacia Moncayo.

No es la mejor ruta para hacer base de entreno (mejor llanito que hacia arriba, no?), pero bueno, marcamos un ritmo tranquilo, mientras Roberto, nos enseña algunos caminos nuevos, para subir hasta Tarazona.

Da gusto ir ascendiendo, hasta ver la primera mancha de nieve, bajo un cañaveral sombrío, a la altura de Monteagudo. Ver incrementarse el tono blanquecino, en los campos y como, la superficie helada de los charcos helados, intenta soportar el peso a nuestro paso.

Llegamos al cementerio de Tarazona, y el asfalto está limpio. A los lados hay algo espolvoreado: ¿Tal vez, “azúcar glas” ?

Mientras Roberto y yo charlamos, sobre el asfalto, hay una línea de unos 5 metros de largo y unos 4 centímetros de ancho, de duro hielo.

Sin darme cuenta, mi rueda delantera cabalga sobre la arista y sale disparada hacia un lado.

Menos mal que ipsofacto consigo sacar un pié del pedal y con el apoyo de Roberto (apoyo real, ya que me apoyé lateralmente en el mozo) consigo no ir al suelo. Ufff que poco le ha faltado.

La bajada hacia la chopera  que hay bajo Torrellas, está peligrosa, con más hielo, y bajamos con mucha precaución.

La chopera está preciosa. Da igual la época del año en que se visite. Es un bonito lugar y siempre guarda encanto.

Patxi, me dice que pierde aceite, que tiene que parar, que se ve más bajo…

Y es verdad: La tija ha perdido fuelle, aceite, aire o vete a saber el qué, pero hay que hacer un apaño.

Por suerte, el mozo, es apañadico y en un par de minutos estamos rodando de nuevo.

Abandonamos “Los Fayos”, con una discusión entre Patxi y Guillermo.

El primero habla de la ermita de San Atilano donde estuvo de ermitaño junto a otro santo que…

Y a todo esto Guillermo, profesional de obras públicas, derribos y movimientos de tierra, quiere traducir el tema a: “en cuantos viajes de camión se traduce esa ermita”.

Con una subida de tensión arterial por parte de Patxi, continuamos.

Ya junto al curso del río Queiles, y en dirección a vozmediano, empieza la cuesta.

Vamos a ritmo suave y tranquilo. sin forzar lo más mínimo y disfrutando de un piso, que a veces es nivoso, otras de hielo y de cuando en cuando, mezcla una franja donde se ve la tierra congelada.

Es una sensación genial, la de escuchar la nieve que se aprieta bajo el peso de las ruedas. El leve derrapar de la trasera y los leves sustos al hacer fuerza sobre una placa de hielo.

Mientras, se suceden los kilómetros, charlando y disfrutando del paisaje.

La ruta es perfecta para hoy. Estamos al abrigo y no es de menospreciar!!

Llegamos a Vozmediano y decidimos acercarnos al nacimiento del río.

Desde la plaza del pueblo en adelante, la ruta se convierte en una pista de hielo.

Las estrechas y sombrías callejuelas, guardan perfectamente el hielo, que nos hace derrapar y casi caernos en bastantes ocasiones.

Tanto es a´si que nos detenemos en una casa a echarnos unas fotillos con unos carámbanos de hielo.

 

Carambanos4 Carambanos3 Carambanos2

 

Ya calmado el crío que llevamos dentro, proseguimos por las heladas calles hacia el nacimiento del río, con una capa de nieve importante.

Seguimos haciendo algunas fotos y damos media vuelta.

Desandamos el camino, no sin cierta precaución, a causa del hielo, hacia Los Fayos y desde allí bajamos a Tarazona.

Bajamos a Murchante por el Tarazonica y por fin llegamos a casa, donde una ducha caliente nos va a venir que ni pintada!!

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La ruta de Diego y el Conce Dracúla (acento bien colocado).

El sábado, la familia dejó solo en casa a Diego y éste no tuvo otra ocurrencia que pillar el programa del GPS y empezar a crear una ruta…

A las 8:30 quedábamos en el parque un montón de gente (tanta que se me olvidará alguno así que por una vez no los voy a nombrar uno a uno (total, ellos ya saben que estaban allí…).

La cosa es que podía ser la primavera (que la sangre altera), o la fase lunar… la cosa es que… parecía que habíamos anuciado almuerzo (a ver si no me enteré de esa parte…).

Abandonamos Murchante por el cementerio y pasamos cerca de Cascante por una de nuestras más transitadas rutas.

Yo estoy cansado y no he dormido bien, me noto flojo. Menos mal que con la cháchara la gente no aprieta.

Pasamos Tarazona, por encima, llegando al Embalse de Santa Ana y recorriendo la carreterilla que serpenteando nos lleva a Torrellas.

Nos detenemos a comer algo. Pronto viene la parte dura de la jornada y es mejor que nos pille avituallados.

Guillermo, cual pastor, obliga a “la ovejica” a meterse por el camino hacia Los Fayos mientras ella decía:

-“Yo por carretera, yo por carreteraaaa”

(al camino derecha…)

Pasamos la chopera, el pueblo y dejamos la presa a nuestra derecha para continuar junto al río Queiles por el valle que tantas veces hemos recorrido en dirección a Vozmediano, hasta que un par de kilómetros

más adelante, el Sherpa, nos indica una pista a la derecha que sube hasta la misma cresta del monte.

Son u par de kilómetros de cuesta, llevadera, pero cuando uno no tiene su día…

Arriba esperamos hasta reunir al grupo. La ruta discurre por la mencionada cresta, empalmando caminos hasta Vozmediano. La parte buena es que el mayor desnivel ya lo hemos ascendido…. de golpe.

En Vozmediano, nueva parada a reponer algo.

Continuamos por carretera en dirección a Agramonte, para girar a la izquierda donde el maestro DiegoSam, guru del GPS, nos dice.

Comenzamos una bajada por pista, con alguna pequeña grieta y piedra suelta. Feliciano va a mi lado a velocidad terminal, hasta que encontramos un cruce. Hay que parar porque nuestro guía es más… civilizado, bajando.

Mientras freno, miro atrás y veo a Jarauta (jodo, como baja tu bici eh…. y lo preocupado que estabas el día que la estrenaste porque había que “hacerse” a ella).

Justo detrás, entre los matorrales aparece el conde Dracúla. Inmediatamente recuerdo las películas en blanco y negro y miro el cuello de Marta. No, no se ven indicios de mordisco.

Sin embargo el conde Orta (digo Dracúla), con la boca ensangrentada y con hilos de sangre cayendo hacia el cuello, está acechando y por fín veo que Feliciano está con la mano en el cuello…

Tras desenganchar al “Vampiro de la retro” y limpiarle, le explicamos que no tiene que morder todas las ramas del camino, ni poner los morros cuando una se cruce en su trayectoria.

Con la lección bien aprendida proseguimos, si bien compruebo, como el grupo mira de reojo al “Nosferatu Moncaino” y cada cual, protege el cuello con la braga e incluso con calzoncillo de cuello alto… por si las moscas.

La ruta marcada es una sucesión interminable de sube y baja, hasta que atravesamos la carretera que desciende desde Agramonte a SantaCruz, para continuar, una vez atravesada ésta, por el otro lado de la ladera.

Es aquí donde me emociono, al ver el formidable grupo que formamos…

No es que seamos buenos ciclistas… es que hay más arte que en el Circo del Sol!!!!

Llega una bajada, con piedras hermosas, redondas, gorrrrdas y bien repartidas y “el  trapecista” nos muestra como se hace un looping…

Frena con el de adeltante y voala!!!!  ahí tienen al hombre ariete!!!  jijiji

(Por suerte no se hizo daño… o eso decía, vamos…)

Continuamos bajando y llegamos a la carretera que va de Vera a SantaCruz. Esta vez tomamos el asfalto y comenzamos el descenso a Tarazona.

Vamos tranquilos, hasta pasar la rotonda donde está el cruce para descender al pantano del Val.

Nosotros continuamos a Tarazona pero un bólido musculado pasa a toda velocidad…

Es un meteorito? un avión? superman??  NO. Es Feliciano, dando pedales que parece que se le va a salir la cadera!!!

Salto y voy con él. Detrás se nos unen unos cuantos más…

Vamos dando relevos o demarrajes… no lo tengo claro, pero si que al pasar de 67 km/h) me cuesta aumentar velocidad, porque no me dan las piernas…

Llegamos a Tarazona y…. nos detenemos.

Dani? donde está Dani…?

Ha desaparecido.

Telefono en mano, veo cabecear a Feli, hablando con el desaparecido…

Cuelga.

Vale, que nos vamos… que él ha parado y bla bla bla… y que dice que bla bla bla…

Seguro??? que si que si… que dice que …. bla bla bla…..

Ah vale….

Por la vía verde del Tarazonica, vamos a ritmo alegre pero sin forzar, que mal día llevo y encima acojonado… toda la vía verde con el vampiro a mi “lao” mirándome la yugular…

Por fin llegamos a Murchante y me siento a salvo. Ahora voy a por una ristra de ajos para frotármela por el pescuezo, que tras la ducha… me volveré a encontrar con “éste” y solo falta que tenga hambre….

Crónica: Vozmediano & Agramonte. A la ladera del Moncayo

La previsión indicaba que era un dia perfecto en cuanto a viento (inexistente) y eso en la ribera… es algo para celebrar (Vade retro Cierzo!!).

Al salir de casa se nota un frío intenso, señal de que estamos a bajo cero (pero sin viento!!!!).

Guillermo y yo (Iñaki) somos los primeros en llegar al parque pero pronto aparecen Bauti, Diego, Cesar y su cuñado que se ha animado a acompañarnos.

Aparecen también Jarauta y Carlos (Sierra) y al poco lo hacen Marta y Roberto.

Son las 9:05 y sabemos que no merece la pena esperar más… no va a venir nadie más, así que salimos por el cementerio hacia Cascante y antes de llegar, nos desviamos para ir haciendo un tramo de la Night & Bike, pero en sentido inverso.

Rodamos por los caminos hablando entre nosotros. Cuando estamos a poco más de cinco kilómetros de Cascante, se nos cruzan tres corzos de buen tamaño y tras atravesar el camino, siguen a trote por un yeco… que chulo es verlos en estado salvaje.

Continuamos nuestro recorrido pasando por el embalse de la mancomunidad de aguas (donde se llenan los depósitos de agua de algunas poblaciones riberas. Entre ellas, Murchante) y seguidamente subimos la cuesta de los sifones.

Continuamos hacia Tarazona con la mente puesta en el embalse de Santa Ana, que dejamos a nuestra derecha y continuamos por una carreterilla hacia Torrellas.

Al salir, nos metemos en el camino que atraviesa la chopera, que por cierto, está precioso (en cualquier estación del año, todo sea dicho) para llegar a Los Fayos, donde nos detenemos a comer algo.

Con las energías repuestas, volvemos a nuestros cómodos sillones “bicicletiles” y proseguimos junto al río Queiles a Vozmediano.

La ascensión  es poco menos que una carrera/cronoescalada y los diez kilómetros que separan ambas poblaciones se pasan en un santiamén. Entre hielo, escarcha y paisaje invernal  avanzamos con la temperatura sin subir un ápice (probablemente lo haga pero como vamos ascendiendo… no lo notamos.

En Vozmediano, esperamos y reunimos al grupo para continuar a continuación por asfalto hacia Agramonte.

La carretera, en las zonas de sombra está helada y las ruedas hacen crujir el delgado manto blanco (cronkch, cronch…).

Llegamos arriba y nueva parada para reunir al grupo. Por fín se han terminado las cuestas arriba y empezamos a descender.

En Santa Cruz, nos desviamos para bajar por un sendero a Tarazona, donde disfrutamos como enanos  pero… no dura mucho y pronto estamos en al antigua Turiaso, desde donde bajamos por el Tarazonica y disfrutar de la merecida comida.

Han sido unos 85 Kilómetros de fría pero agradable ruta. ¿Se puede pedir más?

Crónica 3 de Febrero (casi Vozmediano)

El sábado hizo un día de perros…

Ya lo decían en las noticias, viento, lluvia, nieve… Lo dicho, para quedarse en casa.

La cosa es que el domingo, sin que las previsiones fuesen las mejores, daba un tiempo decente, con lo que salir… había que salir.

La ruta del calendario llevaba hacia Sancho Abarca, lo cual implicaba Bardena y por tanto… barro pegajoso durante más de 100 kilómetros. No, no era el día apropiado y por ello decidimos cambiar de ruta.

Buscando un recorrido a salvo del viento y con el menor barro (o barro de mejor calidad…), pensamos en subir a Vozmediano desde Los Fallos, ya que el valle por el que discurre la ruta, es muy recogido.

En el parque y a la hora habitual, aparecía casi la totalidad de la sección tudelana (faltaba Javi) compuesta por Bauti, Cesar Aguado y Diego que unidos a Marta y a mi (Iñaki) completábamos el grupo del día.

Desde el Whattsapp se “oía” a Guillermo, lejos de allí y con ganas de salir, pero no podía ser.

Salimos hacia el cementario y continuamos hacia Cascante. Llegando a la carretera que va de la Balsa de Pulguer a Cascante, pasan por delante nuestro los chicos del C.C. Murchante (los del club de carretera, vamos) y aunque les hacemos gestos, no nos ven.

Cruzamos la carretera y continuamos por un camino donde empezamos a “disfrutar” del barro por unos breves metros de labrao…

Ya en el camino que nos llevaría en dirección a Tarazona, las cosas parecen estar en mejor estado y avanzamos sin mayores problemas. Parece que hoy las sensaciones son buenas y las cuestas pesan menos que otros días, lo cual anima.

Pasamos una zona de toboganes y dejamos atrás el embalse de agua desde el que se nutren los depósitos municipales de los pueblos de la redonda, para encarar la última rampa (la cuesta de los sifones), antes de llegar a una zona más llana.

Unos kilómetros después pasamos por encima de Tarazona, por una carreterílla o camino asfaltado que pasa junto al embalse de Santa Ana, y tras dejarlo a nuestra derecha nos llevará hasta Torrellas.

Al pasar por el pueblo y casi por tradición pensamos en parar a tomar un café, pero finalmente decidimos proseguir y tomarlo en Vozmediano.

Pasamos Los Fallos y la presa para meternos por el camino que acompaña el curso del río.

No llevamos cuatro kilómetros avanzados cuando de repente, tengo la sensación de empequeñecer.

La “tija pija” se ha fastidiado y el sillón ha bajado unos 15 centímetros, lo cual hace que parezca un chaval de esos que van por las ciudades con el sillín abajo del todo y pinta de raperos…

Tengo que darme la vuelta, así no se puede pedalear…

Marta decide volverse conmigo, mientras que los tudelanos, que no se han percatado de que he parado se alejan hacia arriba sin darse cuenta de nada.

Bajamos y tengo dos opciones, o ir de pié todo el camino pedaleando y haciendo cuádriceps o sentarme… allá abajo y forzar las rodillas…

Entre una cosa y otra vamos bajando hasta que los chicos se dan cuenta de nuestra ausencia y nos llaman.

Tras explicarles el tema, nos dicen que han llegado algo más adelante pero que también bajan y tomamos un café en Tarazona.

La vuelta por el Tarazonica, es llevadera gracias a que Bauti y Cesar se ponen casi todo el tiempo a tirar, llevándonos a remolque, lo cual es de agradecer ya que los kilómetros en las posturas que me tocan no son de lo mas placentero.

Finalmente hicimos una ruta, que era lo importante y poco a poco vamos haciendo forma que tampoco es baladí.

Empezando la temporada

Ya casi no recordaba esto de escribir crónicas, pero bueno, seguro que las ideas regresan conforme vaya tecleando…

Tras un verano en el que unos han ido a la Calcenada, otros de vacaciones, algunos ni recuerdan donde guardaron la bici allá por junio e incluso algún karrikiri que ha encontrado karrikir@ que lo quiera… habrá que empezar de nuevo.

Este pasado domingo y para empezar a quitar el óxido a máquinas y Karrikiris, Guillermo nos incitaba a ir a Moncayo.

Al lugar de siempre, al parque, acudíamos Guillermo, Marta, Cesar Aguado, Fermín, Daniel, Feliciano y yo (Iñaki).

Saliendo por el cementerio y cruzando la carretera que va de Cascante a la balsa de pulguer, orientábamos las bicis en dirección a Tarazona por caminos muy bien conocidos por todos, cuando menos porque parte de éstos fueron parte de la pasada edición de la Night & Bike Murchante.

Como es habitual, siempre ocurre alguna anécdota y en este caso en una zona “técnica” a un compañero se le ocurre subir por donde no se podía: resultado: vuelta de campana, arañazos, susto y… finalmente se levantó con una sonrisa preguntando:

-“Alguien lo ha visto?”

Transcurren los kilómetros y cuando Cesar nos deja (osea, que el DEJA de tirar del grupo…), vamos charlando y poniéndonos al día, hasta que empiezan los toboganes y cuesticas cercanas al embalse de agua, se terminan las conversaciones, empiezan los tirones… vamos… lo habitual…

Llegamos a Tarazona y ascendemos rodeando la población hacia el embalse de Santana, y de allí a Torrellas.

Perdiendo la tradición, no nos detenemos y continuamos a Los Fayos, donde paramos a comer algo.

Algunos aun se quedan tomando café, mientras otros continuamos hacia Vozmediano a ritmo lento, tranquiiiiiilo y sosegado mientras charlamos.

Tanto hablar hace que los 10 kilómetros casi exactos de cuesta arriba que separan los dos pueblos, pasen sin darnos cuenta, mientras los cafeteros nos dan caza justo cuando llegamos al cruce con la carretera.

Proseguimos todos juntos hacia Agramonte, donde la mayoría decidimos bajar y solo Dani y Feliciano se animaron a continuar para arriba.

Volvímos tranquilos y sin asustar a nadie por el Tarazonica señal de que estamos flojos…jejeje

La cosa es que al fin hemos vuelto a rodar y más nos vale porque el último fin de semana de Septiembre (un mes queda)… tenemos tajo…

P.D: Doy por hecho que las promesas (o ex-promesas que ellas ya me entienden…) habrán entrenado para la ciclo de Fustiñana (acordaros de la inscripción!!!).

Crónica: Camino del agua soriano

Seis de la mañana.

Abro un ojo y me aseguro de que realmente es la hora de levantarse y no quedan un par de minutos para remolonear…

Y no, no queda más remedio que levantarme si no quiero llegar tarde.

Hoy no habrá vehículo de apoyo y llevamos los bocadillos y todo lo necesario en las “camelback”, así que la llevo, “a estallar”.

Como la bici se quedó en casa de Juan Carlos (en el carro), tengo que ir andando a la plaza (con las zapatillas con calas, la camelback y la indumentaria andando por el pueblo, me siento como un buceador paseando por la castellana).

Llego a la plaza donde Fermín ya está esperando, y en un par de minutos aparece toda la tropa.

El autobus llega con el carro de las bicis enganchado a él y montamos, rumbo a Soria.

Descargamos las bicicletas a la entrada de Soria y tras despedir a la conductora, buscamos un bar para tomar un café.

Por suerte a doscientos metros, hay uno y prácticamente nos hacemos los dueños del mismo, y arrinconando a los hombrecicos que de par de mañana estaban desayunando.

Un cortado con su croissant y algún churro después, salimos de la ciudad para empezar con la ruta en dirección a casa.

Bajamos por la carretera y bajo un puente tomamos un desvío que nos mete de lleno en el camino del agua soriano y que será nuestra ruta del día.

Empezamos pasando bajo la carretera y seguido, aun con las piernas frías, toca subir cuesta. Se oyen las primeras menciones al perfil de la ruta:

-“Pero esto no era cuesta abajo?” Pues se ve que no del todo…

La verdad es que tampoco era muy larga y una vez arriba, la pista empieza a descender entre la nacional y un pinar paralelo a ésta, hasta llegar al puente sobre el río Duero.

Primer objetivo del día conseguido.

La ruta consiste en unir en un camino el Duero y el Ebro, por lo que el primer punto está conseguido.

Guiados por Fermín y Enrique con sendos GPSs seguimos por carretera un par de kilómetros hasta que al pasar el siguiente pueblo, nos desviamos a la derecha para volver al camino.

La ruta está totalmente indicada y balizada, con carteles de color granate que facilitan seguirla de la forma correcta.

Vamos rodando a buena velocidad pero sin atropellarnos por un paisaje que mezcla los campos de cultivo en secano, con zonas de sotobosque y carrasca, por caminos en buen estado que se aprecia que han cuidado para promocionar la ruta.

Cruzamos la carretera y pasamos junto a estaciones de tren, abandonadas y maltrechas por el tiempo y el descuido en su mantenimineot una vez la vía cerrada.

Pasamos a una zona rompepiernas de sube y baja contínuos donde el grupo se estira más de la cuenta, por lo que decidimos parar para esperar y que la gente se recupere un poco.

Dos minutos después de la llegada del último, continuamos para cruzarnos, con tractor/excavadora (llevaba pala, eso sí) y seguido con un corzo asustadizo que salía corriendo y quedaba vigilñandonos desde una loma cercana, por si las moscas.

Continuamos varios kilómetros hasta que al pasar junto a un torreon medieval, decidimos detenernos y dar cuenta de los bocatas.

Mención a parte merecen las barritas (de chorizo, no de las energéticas) de alguno o la flauta de otro que hubiera dado para alimentar a una familia entera.

Guillermo ve un tractor y se acerca al hombre que le advierte que ahora nos toca una cuesta… de las buenas.

Recogemos y continuamos en busca de esa cuesta, hasta que llegamos a un pueblo donde pasamos por una fuente… madre que fuente… con motobomba incluida…

A la salida del pueblo, no hay duda de por donde va el camino y nos esperan un apr de kilómetros de subida bastante durillos.

Y no solamente por el desnivel a salvar, sino porque, la sangre no está por la labor de socorrer a las piernas ya que la tenemos concentrada en el estómago.

A base de aprentar dientes pasamos el que, para un servidor será el peor momento del día, mientras pedaleo pensando en el mal momento elegido para almorzar.

Arriba esperamos el resto del grupo que va ascendiendo al ritmo de cada cual.

Mientras esperamos, Roberto y Marta se intercambian la cámara de vídeo y empezamos a descender, por una pista llena de grava que no ofrece mucha seguridad, por loque bajamos bastante despacio.

No hemos descendido mucho, cuando tenemos que volver a subir, mientras se produce otro encuentro con 3 corzos de buen tamaño.

La pista vuelve a bajar y pese a la gravilla, aceleramos un poco y vamos saltando los pequeños troncos que hay cruzados cada cierta distancia en el camino.

En un momento, Oscar que va delante de mi da el alto.

-“Quietooooossss”

Delante nuestra hay unos escalones bastante pronunciados que terminan ahí abajo, e una vía abandonada y que hay que bajar muy despacio o a pié.

Seguimos por una pista que poco a poco se torna en llano cuando dan el alto de nuevo.

Feliciano ha pinchado.

Para cuando queremos parar, hay 4 mecánicos en torno a la bicicleta que al parecer ha pinchado las dos ruedas.

Mientras reparan la avería, el resto nos relajamos echados junto al camino.

-“Mira, mira!!!”

Me dice Roberto.

Giro la cabeza y veo a Feli, inflando la rueda a un ritmo que calculo metería del orden de, 9000 litros de aire por segundo, en la rueda y aun no entiendo como la bomba de inflar no reventó ante semejante test de resistencia.

Que campeón!!!

En un instante estabamos de nuevo en marcha y proseguiamos hacia muro de Agreda, donde lo que parecía una cuestilla, sin mucho desnivel, nos hace tensar de enuvo los músculos.

Salimos del pueblo para continuar cuesta abajo, hasta que Enrique, nos dice que hay que tomar un desvío a la izquierda.

Miro y veo un cuestON.

El grupo se detiene porque el otro GPS dice que la ruta es cuesta abajo y por fin Enrique confiesa:

-“Es que allí arriba, hay un mirador y tal…”

-“Yo no quiero mas cuestas, que menudo día llevamos”, dicen por atrás.

En cuanto dicen eso, la sentencia está echada:

-“Arriba!!!”

Subimos hasta cerca de la estratosfera a la cima de un monte donde sacamos algunas fotos y disfrutamos de las vistas, aunque comprobamos que no hay salida y por tanto hay que volver atrás para proseguir con la ruta.

Llegamos a Agreda, donde paramos y reponemos bebida comprada en un supermercado y después de un pequeño ló con llos GPS, salimos por un parque (parque de la dehesa, creo que se llama).

La pista va directa hacia Moncayo y la pista se hace más dura, ascendiendo bastantes metros en poca distancia hasta que gira y tras un par de toboganes, empalma con la carretera que lleva a Aldehuela.

Es en este pueblecillo, donde nos desviamos por un sendero que baja hasta el nacimiento del Queiles donde comemos algo y continuamos 500 metros para tomar café en el bar de Vozmediano.

Volvemos a montar para bajar por una pista bien conocida por nosotros y que discurre junto al río Queiles en dirección a Los Fayos.

Ya en este pueblo, salimos por un camino rodeado por choperas y arbolado de otras clases que lo hace muy bonito.

Tan distraidos vamos que en una curva se produce un choque, sin consecuencias, con un grupo que viene en dirección contraria.

La tropa continúa para pasar bajo la carretera y tener que encarar la uñtima subida de la jornada hasta el cementerio de Tarazona y posteriomente atravesar esta población para terminar en el Tarazonica.

Empezamos suave peor como siempre la cosa se va a celerando y poco despues me veo rodando a toda velocidad, pirmero a 40 Km/h…

La velocidad va a umentando y parece que a 45 km/h se estabiliza, hasta que llegando a Tulebras el grupo da otro acelerón provocado por El Espreso del Tarazonica y rodamos entre 48 y 53 Km/hora.

Llegamos a la estaciónd e Murchante en un plis plas y nos despedimos tras mas de 115 Kilçometros

Ha sido un día muy chulo, con una  ruta que recordaremos gratamente.

Crónica: Vozmediano y CASI Grisel

El tiempo no era nada malo…sino fuese por el creciente viento.

Al punto de la mañana (las 8:30 a.m.) no soplaba mucho y aparecía la gente en el parque rápidamente.

Será el tiempo que va mejorando (ya no hace esos fríos de semanas atrás), o que estamos en puertas de la Javierada o vete a saber que confluencia de factores, han animado a los 17 que salíamos hoy:

Oscar, Samuel, Enrique,Dani, Marta Bonilla, Enrique (compañero de Marta), Eduardo, Guillermo, Feliciano, Marta Garriz, Inés Orta (te avísé…), Juan Carlos, Chelu, Cesar Cope, Cesar (Tudela), Bautista y yo (Iñaki).

Empezábamos la ruta, saliendo del pueblo por el cementerio. Como la amalgama de niveles y gentes erá muy dispar, rodábamos suave, mientras charlábamos de esto y aquello (de aquello más que de esto, concretamente). Llegados a la carretera que va de Cascante al cruce de Corella (la que pasa por la balsa de Pulguer), atravesábamos la vía para cruzar una zona de rampas cortas pero divertidas que nos dejaban en otro camino.

Sin saber como, el grupo se divide y no vemos a la otra mitad.

Vuelvo y unos cientos de metros detrás aparecen rodando. Han tenido que parar un instante, pero ya está.

Me uno a ellos y empalmamos con el resto que esperan detenidos.

Avanzamos un par de kilómetros más e Inés decide volverse a casa (la verdad es que hoy no era ruta para personal no acostumbrado a la bici y es la mejor decisión ya que mejor al lado de Cascante que internados en la maraña de caminos en la que nos íbamos a ver inmersos más adelante).

Seguimos, sin parar de ascender, de forma suave pero contínua por un camino que nos es conocído a la mayoría, puesto que solemos realizar esta ruta varias veces al año y pasan los kilómetros entre conversaciones y la frase del día (Marta: “Bébe”). La pobre Marta Garriz, abrasada por mi cansina y repetitiva voz, hacía caso y será por eso o no… menuda ruta ha realizado…

En determinado cruce y a escasos dos kilómetros de Montealto, girábamos 90º para poner rumbo a Tarazona.

Eso implica cambio de tipo de camino, más ancho y mejor piso… y pequeños toboganes o rampas que teníamos miedo de que mermase las fuerzas de quienes fueran un poco justos de fuerzas, pero nada más allá de lo normal, porque todo el grupo superaba las rampas bastante bien.

Por fin llegábamos a la última rampa de ese tramo, y que termina en el sifón que cruza el camino, para empezar a descender hacia Tarazona.

Que bien se va cuesta abajo !! jejeje

Llegábamos a Tarazona por la zona de Tórtoles y tras un pequeño despieste, subíamos por detrás de la cuidad, ascendiendo hacia el embalse de Santa Ana.

Desde allí ya olía a bocadillo (claro está… depend de lo fino que tengas el olfato, pero es que el mío a la hora del almuerzo es tal que ni el de un podenco) y tras un corto periplo por la zona, nos encontrábamos en el bar de la Lupe en Torrellas.

Hoy no estaba y su hermana al ver llegar a semejante grupo ha decidido pedir ayuda, por lo que al poco ha aparecido la susodicha.

Nunca he tendo complejo de comer lento, pero una de dos… o yo como lento o esta panda de lob@s hambrientos devooooora!!!. Porque acaban casi tod@s antes que yo…

Tras un pedazo de bocata y un café, seguimos hacia los Fayos, para, desde allí emprender la subida a Vozmediano por la pista que discurre junto al río Queiles.

Es una zona muy chula, al resguardo del viento y la subida no es exigente (aunque muy contínua).

Son 10 kilómetros de subida desde Los Fayos y dado que Marta Garriz se animaba a probar, la otra Marta le aportaba un chute de glucosport.

Valiente, ha subido hasta escasos dos kilómetros de Vozmediano, donde finalmente ha decidido dar la vuetla, acompañada or Chelu que pese a estar casi convaleciente, ascendía como un campeón (ya verás con el flaco…).

Guillermo y yo que estábamos acompañandoles, nos quedamos solos y visto que íbamos muy retrasados del grupo, subimos como trolebuses, hasta el cruce con la carretera (donde nos están esperando algunos de nuestros compañeros). De allí a Vozmediano quedan escasamente 500 metros donde el resto espera.

El tirón para alcanzar al resto hace que empiece la ascensión a Agramonte  bastante alto de vueltas y cansado pero una vez alcanzado mi ritmo, voy recuperando, poco a poco, mientras gano altitud.

Llego al cruce de Agramonte, donde paramos para reunir al grupo y empezar la bajada.

Desde este punto la ruta consistía en bajar hasta el siguiente cruce y ascender ala diezma (molinos de Grisel), pero las horas han pasado y entendemos que hay que bajar a casa, por lo que emprendemos el descenso a trote lechonero (o dicho de otro modo.. a too meter).

El viento arrecia cada vez más y bajando por el tarazonica, el “expreso del Termolúdico” (Juan Carlos), pone todas sus horas de bici estática al servicio del grupo.

El pelotón se divide en varios trozos y finalmente nos reunimos en la antígua estación de trén de Murchante para despedir a los Tudelanos y empezar a husmear al viento de cara, por si trajera eflivios de la comida que vamos a degustar en breves momentos.

Parece que ya es una tradición no terminar esta ruta (la parte de la Diezma) y la próxima vez avisaremos al bar para no perder tiempo esperando los bocatas. Pero han sido 80 kilómetros que de no ser por el fuerte viento fronto-lateral durante la vuelta, han resultado de lo más divertidos.

La semana que viene toca la Javierada y empezaremos el viernes a las 8 en casa de Oscar para dejar las cosas (incluyendo la manta “antiroces”). Acordaros!!!