Crónica: Visitamos Ágreda

Habrá a quien parezca que la Javierada está lejos pero, si nos descuidamos un poco, nos veremos en Carcastillo con el almuerzo en la mano.

Es por ello que hace ya alguna semana, que viendo que los habituales están en forma, hemos ideo proponiendo rutas acordes y atractivas. A ver si el resto del grupo se anima (si hace falta empezamos de cero, claro que sí, pero necesitamos saber que queréis salir…).

Este fin de semana estábamos decididos a realizar ruta nueva.

Salimos de Murchante: Guillermo, Bauti, Diego, Patxi, Jarauta (con flamante  y preciosa bici), Sierra y yo (Iñaki).

Como tenemos que estar en Tarazona a cierta hora, subimos por el vial del Tarazonica y encaramos “el puerto de Tarazona” hasta el cementerio.

Durante la subida Diego arrea, mientras Bauti y un servidor apretamos dientes para no perder rueda…arrrg. Arriba, llegamos con las pulsaciones a tope… menudo arreón!!!

Allí se encuentra Marta que trae a probar a Goin.

Bajamos hacia la chopera sita bajo Torrellas y que nos deja en Los Fayos.

Puedes pasar durante todo el año y esos dos kilómetros de chopos, siempre sorprenden con colores nuevos. Es una zona preciosa en la que me sorprendió no ver a nadie paseando como es habitual.

En Los Fayos, ascendemos a la presa y de allí bordeando el pantano, plantarnos en su cola.

Nos dirigimos hacia la catarata del pozo de las truchas, ruta que en el último año hemos realizado varias veces pero que no aburre dado su precioso paisaje.

Continuamos mientras el camino se torna en sendero y finalmente, tras atravesar el río, varias veces, por las pasarelas, llegamos a las cataratas.

Nos detenemos a comer algo, mientras algunos que aun no habían tenido oportunidad pululan de un lado a otro disfrutando de la magnificencia de este paraje.

Continuamos con la bici a cuestas, por unas escaleras, que pese a no ser muy largas, se hacen eternas dado el alto de cada escalón.

Al llegar arriba, comprobamos que el suelo (la tierra) está congelada y a nuestro paso cruje como si de hielo se tratase.

Bajamos y volvemos a subir, para bajar nuevamente y encontrarnos  con el río al que el sendero bordea.

Disfruto como un enano mientras detrás Bauti, que viene por aquí por primera vez, va gritando algo así como:

“Que pasadaaaa, esto es acojonante.. que chulo oye…”

Toca segundo tramos de escaleras y volvemos a ascenderlas.

Arriba, un estrecho sendero balizado nos lleva en unos kilómetros a una subida ya en camino de terreno roto.

Ascendemos la cuesta y esperamos para reunir al grupo mientras aviso que allí se acaban mis conocimientos de la ruta y dependemos del GPS de Bauti. Por suerte (no es que desconfíe…o si…) Diego nos explica que un día estuvo y sabe como se llega a Ágreda (según el solo dos kilómetros en llano…). Bauti dice que el track también va por donde Diego indica así que perfecto.

Empieza “el llano” y curiosamente pregunto a Diego si soy yo o a él también le suben las pulsaciones.

Sobre el termino “llano”:

-“Hasta que porcentaje de inclinación manejas ese vocablo,Diego?”

Kilómetro y algo más adelante por fin el llano se hace presente y esperamos al grupo mientras el tudelano confiesa que él lo hizo en sentido contrario…

Parece que hemos llegado. A pocos metros de nosotros se ven las primeras casas de Ágreda. se ven un poco por encima nuestro pero vamos, nada insuperable.

Nos acercamos y de repente una cuesta abajo, nos deja ver como las casas ascienden a nuestros ojos.

Una cuesta tras otra nos deja en la zona más alta de Ágreda, y si bien no era necesario llegar hasta allí, el GPS indicaba eso así que… arreando que es gerundio.

Patxi pregunta a una mujercica como se llamaba la monja de poderes místicos (bilocación) y a la que, el rey visitaba.

La buena mujer le responde  algo así como…:

-“LaSatisimaMadreMariaJesusDeAgreda (sin pausa alguna).

Una vez ilustrados sobre las personalidades del renacimiento “Agredano”, llegamos al “parque de la dehesa” (si hombre, donde está esa famosa fuente de la que mana agua con olor a huevo podrido…).

Comemos algo rápidamente para que no se nos haga tarde y vemos que tal va la gente.

En manos del “hombre de los Jonderes”, salimos de Ágreda, pasando bajo un puente de la autovía que nos lleva a una pista.

Al poco de rodar por ella, Diego se da cuenta. Estamos en lo que era la antigua vía del tren, ahora camino en muy buen estado y que nos lleva cuesta abajo (salvo dos pequeñas rampas ascendentes) a un pueblico, del que ninguno habíamos oído hablar: Valverde de Agreda.

Continuamos adelante y varios kilómetros más adelante, entramos en la carreterilla que anuncia la “Estación de la Nava”, aunque al poco nos desviamos por un camino en dirección a “Monte Alto”.

Continuamos estando a casi 900 metros de desnivel sobre el mar, lo que dice que vamos manteniendo la altura.

Goin va sufriendo pero no cede y como buen campeón continua sin quejarse.

Sierra y Jarauta miran el reloj y piensan que no sabemos donde estamos (¿nos dará la noche aquí me medio de ninguna parte?).

Aunque el GPs es cosa de Bauti, creo conocer el camino y comento a Marta y Guillermo que CREO que bajaremos por una pista por la que ya bajamos una vez y que nos dejará en Tarazona.

Nada más empezar el descenso, les digo si reconocen la cuesta a lo que ambos me miran como un gato al que preguntas la tabla del tres.

Ya casi en Tarazona, Guillermo cae en la cuenta de una ruta que hicimos hace varios años y que discurría por allí (con Fernando Campo y mi padre).

La verdad es que Bauti, ha diseñado una ruta de vuelta evitando subidas (por más que alguno “grandote” me dijera que no hacíamos más que subir también de vuelta…jijiji) y muy bonita.

Nos detenemos junto a la fábrica de caramelos de Tarazona, donde Marta y Goin, se despiden y vuelven al coche, mientras nosotros callejeamos hacia la parte baja de la cuidad.

Al pasar por la plaza del Ayuntamiento, el olor a carne asada impregna el ambiente y nosotros con hambre cabeceamos de lado a lado para ver de donde sale semejante aroma.

Finalmente terminamos de bajar y encaramos al Tarazonica, donde bajamos a paso tranquilo.

Nos despedimos de los tudelanos en la antigua estación de tren de Murchante, tras 90 kilómetros de ruta preciosa y que a buen seguro repetiremos.

Desde aquí, los Karrikiris os deseamos lo mejor para el 2014.

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Crónica: Bardena, fría Bardena…

Tras una fallida campaña “whatsapera” llamando a filas a muchos Karrikisirs frioleros (es una subespecie muy extendida), en el parque aparece Guillermo, Roberto, Marta (que si, de verdad…creedme…), Dani  yo (Iñaki), a ver sino como te lo estoy contando…

Bajamos hacia Tudela con un pasmo del quince.

Marta dice que al salir de casa marcaba 3 bajo cero, pero tras salir del pueblo, creo que hacía aun algo más de frío porque DOLÍA (y no es ningún tipo de expresión figurada).

Si el fin de semana anterior, con la niebla, el frío era como una torta, esta vez no se si es igual o peor…

Antes de que den las 8:45 estamos en el puente del Ebro, donde Diego, Cesar y Patxi (que ya empieza a ser un fijo en el pelotón), nos esperan.

Empezamos a rodar junto al Ebro y minutos después estamos en la recta de Arguedas, desde donde alcanzamos una pista, paralela a la carretera.

A mitad de pista nos vemos inmersos en la niebla (para no perder costumbre). La falta de referencias,  el frío y la longitud de la recta hacen de este tramo, una zona que queremos pasar cuanto antes, en busca del ansiado sol.

Por fin, llegamos a Arguedas punto donde comienza la ascensión a la ermita de la Virgen del Yugo.

Empezamos a ascender tranquilamente y sin forzar, pero cuando llevamos cosa de un kilómetro ascendido, a Cesar se le calienta la mollera y nos pone  mas firmes que una vela, apretando dientes y resoplando cual Miuras en San Fermín…

Ya en el Yugo, reunimos el grupo y proseguimos, ahora en sentido descendente, hacia el plano.

Poco más de dos kilómetros después de bajar del Yugo, llegamos al cruce donde que marca “hacia el embalse del Ferial”.

Por animales racionales que digan que somos (al menos algunos…), los instintos primarios fluyen a sus anchas cuando anuncias que a menos de 7 kilómetros toca bocadillo.

El que no podía, de repente anima el ritmo y encima sonríe. El que podía se pòne en cabeza y compruebo con una sonrisa, cómo el marcador desvela un ritmo superior…

Nada más llegar al restaurante del Ferial, dos niños en la tele, se desgañitan la garganta. Ha salido “el gordo” de la lotería.

Vamos, Otro año de salud…

Al poco, el regente del local, saca unos bocadillos que a primera vista parecían la pértiga de Serguéi Bubka   pero
nos esforzamos y damos buena cuenta del elemento, y de un café… y porque alguien dijo de levantarse de allí…

Atravesamos la presa y entramos en el plano, con la vista puesta en el horizonte, donde una fila de árboles indica donde termina y el terreno cae hacia el Vedado de Eguaras.

No pasa mucho tiempo, cunado estamos bajo el Castillo de Peñaflor, en el fondo del Vedado, haciéndonos fotos.

Arrancamos de nuevo y tras una pequeña senda entramos en una pista que nos conduce hacia Castildetierra.

Casi al llegar, hay que atravesar el barranco (con agua). Normalmente, bordeamos el “río” hasta un punto donde se cruza con cierta facilidad pero observamos que una ladera se ha desplomado cortando el sendero, por lo que nos la jugamos atravesándolo por otro punto.

Con el barranco a nuestras espaldas, continuamos hasta la pista que rodea el polígono de tiro y que lleva a la mítica formación bardenera (Castildetierrra).

Son casi las 12 del medio día y en los charcos, que están al sol,  hay bloques de hielo del tamaño de cajas de zapatos… (menos mal que no nos hemos caído al cruzar el barranco!!!!!!).

Atravesamos la carretera del polígono,  y continuamos hacia “los Aguilares”, para tomar un pedregoso camino que… han arreglado (ya era hora, la verdad). 

Desde la recta de Arguedas, volvemos a meternos a la pista que nos lleva, junto al Ebro, a Tudela.

En el puente del Ebro, algunos de nuestros compañeros se despiden, mientras el resto de la manada, atravesamos Tudela por el Muro y la plaza de los fueros (somos unos cotillas, la verdad), mientras Marta sufre de no poder salir en la procesión y tocar las campanas (vamos, salir en bici y estar en una terraza, “cuchufleteando” con la amiga “Poppins”).

Unos minutos después estamos en Murchante, tras 85 kilómetros de bonita y fría ruta.

El fin de semana que viene, toca ruta, nueva y que promete… (QUE GANAS TENGO!!!)

P.D: Feliz Navidad y Gracias a tod@s los que nos seguís semana a semana en este blog Karrikiri

Crónica: Bikers en la niebla (Sin Sigourney Weaver)

El sábado, nos ofrecía una mañana espectacular.

Ni un atisbo de viento, sol, temperatura medianamente agradable para las fechas en las que nos encontramos…

Y llegó el domingo:

Al mirar por la ventana…no se veía nada (al menos desde mi casa. He dicho que soy Iñaki?).

Y no se veía porque apenas había amanecido, pero minutos después, cuando se suponía que ya había amanecido, el campo visual era prácticamente el mismo. Una densa capa de niebla me anunciaba que sería una ruta, fría y húmeda.

Nada más salir de casa, coincido con Carlos (Sierra) y subimos juntos temblando, calle mayor, arriba…

Llegamos los primeros al parque, si bien, no tardando mucho, aparecen Guillermo, Jose (Valenciano incombustible), Chelu.

Suena un teléfono, pero entre los guantes y otros aparatajes, no deja de sonar antes de que su dueño, lo descuelgue.

Seguido suena el mío (va a ser alguno al grito de: “ESPERENMEEE!!!”).

El otro telefonista ya a accedido a su móvil así que en beneficio de unas manos calientes, dejo que suene hasta que deja de hacerlo y entonces Chelu consigue hablar con el telefonista:

-Sancho Abarca

– Bien, te esperamos.

– Vale, vamos hacia allí. No no subas que bajamos nosotros…

Cuelga.

-“Toño Manolete” que viene.

Cruzamos el pueblo y después de esperarlo unos minutos, aparece y emprendemos la marcha hacia Tudela.

Bajamos la cuesta de la cooperativa y cruzamos el canal.

Si la sensación de frío ya era intensa, este punto la acrecienta.

Por suerte no corre ni una brizna de viento pero la temperatura es muy baja y por primera vez en años, me duelen los dedos con los guantes gordos de invierno.

Llegamos al puente del Ebro, con los oídos “pintándonos”.

El que provoca semejante sensación, es Cesar que está “gruñendo”, junto a Diego y Patxi.

-“Estos se retrasan, no vienen… aquí nos pasmamos, yo me voy ehhh!!!”

Continuamos junto a la carretera de Ejea, a través del sendero y toboganes y con el divertimento se nos olvida un poco el frío reinante.

Cruzamos el cauce de un río seco, y se oye:

-“Quita moñas!!”

Y acto seguido vemos a un biker “triparriba”. jijiji (no recuerdo quien era… y ahora que lo pienso tampoco sé quien era “el moñas”)

Cruzamos la carretera y acto seguido nos detenemos para comer algo.

Al poco continuamos y avanzamos hacia la plana de la negra.

La subida es dura y nos la tomamos con tranquilidad.

Por fin, arriba, vemos el sol. Bajo nuestros pies, un manto de nubes que se extiende hasta el horizonte en cualquiera dirección a la que miremos.

Una vez reunido el grupo,  emprendemos a pedalear otra vez.

Pasan los kilómetros y hay a quien le empieza a marcar reserva “la gasolina”.

Reducimos el paso con el punto de mira en los molinos de viento que se ven al fondo, sabedores de que cerca de estos sirven café caliente en el hotel/santuario de Sancho Abarca).

Unos minutos después, estamos disfrutando del calor que desprende la infusión.

Discutimos por donde volver, para no alargarlo en exceso (más aun viendo que hay alguno que lo va a pasar mal…) pero intentando hacer la ruta atractiva.

Diego, lo tiene claro: Bajaremos por “la ollaza”.

Hace un par de años que no transitamos ese camino (desde que subimos por allí con nuestros amigos de Buñuel) peor recuerdo que la bajada tenía bastante pendiente y estaba rota, lo que unido a la poca visibilidad, nos hace extremar la precaución.

Cuando empieza la cuesta, miro arriba, consciente de que no vamos a volver a ver el sol, en el resto de ruta (otra vez a las tinieblas…).

Bajo tras Cesar, sin atreverme a adelantarlo, mientras en las gafas se acumulan las minúsculas gotas de agua de la niebla. Un par de minutos después, no vemos un carajo.

La bajada cada vez se torna más inclinada y cunado menos nos lo esperábamos…

DOS LUCES ROJAS

Arrrrggggg, Alarm, alarm!!!

Ancla al suelo, frenos, paracaídas…y conseguimos frenar…uf uf uff.

Cesar, dice que es el todo terreno del Guarda.

No nos atrevemos a adelantarlo,pero poco después, se detiene.

Cuando paso junto a la ventanilla, la bajan:

-“Escuchábamos voces pero no os veíamos  (pues estábamos a escasos dos metros del parachoques trasero…), creíamos que era algún cazador que no se aguantaba y por eso hemos parado, a ver si escuchábamos mejor…”

-“De momento no llevamos escopetas :-)”

Continuamos hacia el punto con más pendiente de la cuesta y bajamos como podemos.

Cuando ya casi llegamos abajo, Cesar, tras de mi, la emprende a cantar a lo Camarón:

-“Ahiiiiiiii, ahi ahi ahiiiiii yayayaiiiiaiiyiaiyiaaaaa”

Acabo la curva y miro atrás con una sonrisa, mientras lo veo luchando para no salirse del camino, entre gravilla húmeda, grietas y una curva que le pone a prueba,

Abajo, esperamos al resto y con el grupo reunido de nuevo, proseguimos.

En cuanto arrancamos, alguien echa el alto. Hay un compañero que va cargado de gemelos y cuádriceps. Pobre hombre, no le queda nada!!!

Estamos a algo menos de 45 kilómetros de casa, en una zona que es difícil de explicar para que vengan a por nadie en coche, en una mañana con niebla espesa y un compañero rueda sin gasolina en los músculos (cóctel explosivo).

La parte buena: que es un campeón. No se rinde y empieza una carrera de aprovisionamiento de glucógeno que no parará hasta casa.

Intentando que no se pase para evitar un pico insulínico, le vamos animando a que coma, barritas, plátano y glucosa, mientras dejamos atrás un kilómetro tras otro.

Llegamos a la carretera que va de Fustiñana a Tauste y Toño pregunta donde estamos.

Le explico y me mira con cara de: “Me has dejado como estaba” peor unos minutos después dice que sabe exactamente donde y que nos faltan unos 8 kilómetros hasta Fustiñana.

Progresamos a ritmo suave y al menos así, aguanta todo el grupo unido, hasta que llegamos a la citada población.

Queremos evitar carretera a toda costa ( sin visibilidad, no te puedes fiar de los coches) y optamos por ir hacia Ribaforada, y de allí al Vocal.

La mínima cuesta, rampa pendiente o charco, hace que nuestro compañero ponga cara de sufrimiento pero avanzamos y conseguimos dejar atrás el Vocal y llegar a Fontellas, desde donde emprendemos ruta hacia la rotonda de Eroski.

Los Tudelanos, se van  y nosotros, cruzamos el puente para enlazar con un camino, paralelo a la autovía y de allí tomar el Tarazonica.

El pobre mozo, va desencajado, pero va… que no es poco.

A base de chutes de glucosa, avanza mientras le ayudamos en lo posible cuando el terreno se inclina.

Ya cerca de Murchante, rodamos junto al canal.

Tenemos que atravesar una cadena, por un hueco. Pasamos todos, siendo yo el penúltimo y él finalizando grupo.

Paso y acto seguido escucho:

-“Clonch cotoclonch!!!”

Miro atrás y lo veo acostado encima de un bardal. Lo que le faltaba!!!

Por suerte está bien y al montar en la bici, consciente de que ya es tarde me dice:

-“Mi mujer no se va a creer todo lo que está pasando y creerá que exagero…”

jijijijiji

Un kilómetro y pico más allá podemos ver las primeras casas del pueblo y se le enciende una sonrisa en la cara.

-“Hace rato que no se quien pedalea, pero no soy yo!!!”

Al final de ruta, salen 90 kilómetros de frío y niebla, pero… no compramos ropa de invierno? pues habrá que darle uso, no?

Crónica: Vozmediano & Agramonte. A la ladera del Moncayo

La previsión indicaba que era un dia perfecto en cuanto a viento (inexistente) y eso en la ribera… es algo para celebrar (Vade retro Cierzo!!).

Al salir de casa se nota un frío intenso, señal de que estamos a bajo cero (pero sin viento!!!!).

Guillermo y yo (Iñaki) somos los primeros en llegar al parque pero pronto aparecen Bauti, Diego, Cesar y su cuñado que se ha animado a acompañarnos.

Aparecen también Jarauta y Carlos (Sierra) y al poco lo hacen Marta y Roberto.

Son las 9:05 y sabemos que no merece la pena esperar más… no va a venir nadie más, así que salimos por el cementerio hacia Cascante y antes de llegar, nos desviamos para ir haciendo un tramo de la Night & Bike, pero en sentido inverso.

Rodamos por los caminos hablando entre nosotros. Cuando estamos a poco más de cinco kilómetros de Cascante, se nos cruzan tres corzos de buen tamaño y tras atravesar el camino, siguen a trote por un yeco… que chulo es verlos en estado salvaje.

Continuamos nuestro recorrido pasando por el embalse de la mancomunidad de aguas (donde se llenan los depósitos de agua de algunas poblaciones riberas. Entre ellas, Murchante) y seguidamente subimos la cuesta de los sifones.

Continuamos hacia Tarazona con la mente puesta en el embalse de Santa Ana, que dejamos a nuestra derecha y continuamos por una carreterilla hacia Torrellas.

Al salir, nos metemos en el camino que atraviesa la chopera, que por cierto, está precioso (en cualquier estación del año, todo sea dicho) para llegar a Los Fayos, donde nos detenemos a comer algo.

Con las energías repuestas, volvemos a nuestros cómodos sillones “bicicletiles” y proseguimos junto al río Queiles a Vozmediano.

La ascensión  es poco menos que una carrera/cronoescalada y los diez kilómetros que separan ambas poblaciones se pasan en un santiamén. Entre hielo, escarcha y paisaje invernal  avanzamos con la temperatura sin subir un ápice (probablemente lo haga pero como vamos ascendiendo… no lo notamos.

En Vozmediano, esperamos y reunimos al grupo para continuar a continuación por asfalto hacia Agramonte.

La carretera, en las zonas de sombra está helada y las ruedas hacen crujir el delgado manto blanco (cronkch, cronch…).

Llegamos arriba y nueva parada para reunir al grupo. Por fín se han terminado las cuestas arriba y empezamos a descender.

En Santa Cruz, nos desviamos para bajar por un sendero a Tarazona, donde disfrutamos como enanos  pero… no dura mucho y pronto estamos en al antigua Turiaso, desde donde bajamos por el Tarazonica y disfrutar de la merecida comida.

Han sido unos 85 Kilómetros de fría pero agradable ruta. ¿Se puede pedir más?

Crónica: Entre las Lanzas y el Buste

La mañana parecía que no iba a ser mala del todo en cuanto a lo climatológico.

Al salir de casa, el culote de invierno, no llega a proteger de la temperatura ambiente y noto en las piernas la frescura de la mañana.

Cuando llego al parque, está Chelu que ha sido aun más puntual que yo. al poco aparece Guillermo.

Diego y Cesar, aparecen a continuación. Finalmente se suman Samuel, Aitor y Javi (alias: LondonMan) que como cada año en diciembre se une a nosotros, y Patxi, que repite con los Karrikiris, después de un MUY ventoso, fin de semana anterior en la ruta al balcón de Pilatos.

Salimos en dirección “al Saso” y pasamos junto a la laguna de Ablitas, para enlazar con la carretera que nos llevará a Malón.

Continuamos hasta que, casi al salir de Cunchillos, alcanzamos un desvío que nos interna en camino de nuevo, en dirección a “Las Lanzas”.

Rodamos tranquilos, entre comentarios y cháchara.

En un momento dado, Aitor, me deja probar su flamante, e impoluta Scott que tiene la particularidad de incorporar la nueva medida de rueda 27,5 (o tipo ” 650B” para los más puristas).

A los mandos, me sorprende que en cuanto a ergonomía (y salvando la talla diferente que usamos ambos usuarios) está todo en su sitio. Me explico:

Hay bicis que en cuanto te montas, aprecias que el manillar está demasiado lejos en proporción a otras medidas, o que la inclinación de la tija te hace pedalear en una posición muy relajada o al ataque…

En esta no. Todo está casi igual que en mi Specialized y no me cuesta adaptarme ni un instante.

Rodamos varios kilómetros y si bien hecho en falta el “brain” (normal, me ocurre en todas las que pruebo), el resto es muy agradable.

Persiste esa sensación de ir en algo más grande, aunque no de forma tan acentuada como en las 29″ que he probado, cosa que es normal porque así es… pero no se nota esa torpeza en cuanto a reacciones e inercias en curva que se sentían en las de rueda grande.

Me desconcierta un poco la rigidez del conjunto (para bien) y no se que parte achacar al eje de rueda QR15, al carbono del cuadro…pero es agradable y ayuda a que la bici pase por donde se le indica, sin problema alguno.

Aunque finalmente, cuando se acerca la cuesta arriba, tengo que cambiar a mi montura, me ha gustado mucho las sensaciones que transmite la 27,5″.

Ascendemos hasta los molinos del puerto de las Lanzas (por camino) y arriba, nos detenemos a comer algo, esperar a que se recomponga el grupo…y pasar un poco de frío, por que no decirlo.

Reemprendemos la marcha y se me dibuja una sonrisa. BAJADA!!!

Un par de minutos después, en cabeza vamos Samuel y yo a paso de tortuga, echando pestes de una bajada sosa, sin pendiente ni aliciente alguno…

Como había precedentes y ya “algunos” enlazaron Lanzas y Buste a base de poner el modo rotabator…

Hago señales a un todo terreno de cazadores que viene de frente, para preguntar y nos dan las indicaciones suficientes.

Según las conversación mantenida, debemos bajar por la “cañada del chopo blanco” hasta la carretera del Buste.

Calculo que habría unos cinco kilómetros de camino/cañada, en la que aceleramos el paso y disfrutamos dando pedales en pelotón.

Al finalizar el tramo, llegamos a la carretera donde comprobamos que no queda otro remedio que ascender el Buste por asfalto, lo cual hace que se me caíga el alma a los pies (feo, soso y aburrido…arrrg). En ese punto Samuel y Aitor, conocedores de la oferta gastronómica de los bares Murchantinos, hacen mutis por el foro y nos abandonan en pos de  sensaciones culinarias… (triperos!!).

Empezamos a ascender y no me apetece nada de nada… ascendemos tranquilos hasta el pueblo y de allí callejeamos para adentrarnos en la pista que lleva a la bajada de los pinos (la idea era hacerlo por la cuesta del cementerio pero una pequeña confusión hizo que saliéramos a esta otra).

Ya bajo el Buste, el viento nos da de frente y un par que yo me se, empiezan a jurar en arameo (que si la ruta, que si el viento, que si el norte, que si yo… que si tal que si cual…). La cosa es que uno iba acatarrado y el otro llevaba demasiados fines de semana sin salir… así que…poco se podía hacer mas que aguantarlos (que es mucho!!!).

A ritmo tranquilo, para que los gruñones no se enfadasen, aun más, nos acercamos al Pago de Cirsus, pasamos junto al cerco de las vacas de Arriazu y llegamos a la carretera  Ablitas-Tudela, cerca del campo de aviación.

De allí nos volvemos a meter por “el Saso”, hasta llegar a la antígua estación de tren de Murchante.

Despedimos a parte de los Tudelanos y continuamos con Patxi que ha subido en coche hasta Murchante.

Finalmente salieron algo más de 60 kilómetros (no me fijé, la verdad) en buena compañía y disfrutando de la bici.

Gracias a Javi y a Patxi por unirse a nosotros. Nos vemos el fin de semana que viene!!

Crónica: Y llegó el invierno…

Me da igual si alguien sale a apuntillar que aun estamos en otoño y que si bla bla bla…

En el club, se sabe cuando es invierno, porque  se levanta aire, hace frió y el pelotón se queda en cuadrillica (y por las justas).

Chelu anunciaba el día anterior, la ruta, en la que proponíamos SOLO 60 kilómetros y por zonas sin complicación.

Que si quieres arroz Catalina.

Amanece, se mueven las hojas de los árboles… y ahí termina la ruta para la mayoría.

Por otro lado, algún que otro animado, llegaba al parque a las 9:00.

Cesar y Diego, desde Tudela, llegan cuando ya empezaba a pensar que rodaría solo (Iñaki). Un par de minutos después, Jarauta aparece acompañado de Carlos (Sierra), que se estrenaba hoy con el club.

Bajamos hacia Tudela, muy tranquilicos y tapándonos como podíamos del frío cierzo.

Recordamos que Inés, nos había dicho que los chicos del Clara Campoamor, también tenían como destino, El Balcón de Pilatos, por lo que apretamos un poco el paso, pero sin forzar, que queremos que la gente repita y tenemos nuevo fichaje.

Nada más pasar el hotel “Aire de Bardenas” (ya decía Cesar que, el nombre le venía al pelo…), vemos a lo lejos al otro grupo de “luchadores del viento” comandado por Inés.

Los alcanzamos y ya juntos empezamos a ascender la cuesta que toca al dejar el curso de la carretera de Ejea.

Vamos subiendo tranquilamente pero las ráfagas de viento, a veces nos detienen la bicicleta en seco. No recuerdo haber experimentado nunca esa cantidad de aire sobre la bici… hasta ese momento.

Arriba esperamos al grupo que poco después asciende hasta el alto de Valdecruz, donde nos detenemos para esperar al resto.

Alguien comenta que, muy por detrás, Inés va acompañando a gente perjudicada, con lo que Cesar y yo  volvemos a bajar hasta encontrarlos, para intentar quitarles algo de viento.

Al final, son unos valientes y pese al esfuerzo, no se rinde nadie. Vamos despacio, pero sin pausa y aunque no podemos hacer mucho, intentamos aliviar algo el vendaval, a los que van más justos de fuerza.

Cuando ya queda menos de un kilómetro para el balcón, vemos que el grupo se ha detenido, resguardado tras las piedras de una vieja caseta de pastor, ya en ruinas. Se toman un par de fotos y decidimos continuar hasta el final.

Por el sendero que va junto al cortado, el viento alcanza su máxima fuerza y pienso que se me van a volar las gafas.

Nos desvía del camino y avanzamos como peleles, a su merced, pero sarna con gusto no pica y aun echo alguna carcajada viendo como Jarauta se agarra al manillar para no salir volando.

De vuelta, bajamos por el camino más recto, hacia la carretera de Ejea para facilitar que nadie se agote.

Cuando estamos junto a la carretera, Diego me dice:

-“No nos vamos a casa ya, no? no hemos hecho nada…”

-“Nooo, vamos a donde sea…”

Me dice que  el otro día salió y había una cuesta que tal y cual…  Pues adelante.

Al otro lado de la carretera está el camino y nada más meternos en él, aparece la cuesta arriba.

No es dura para nada, pero en la revuelta que tocaba contra el viento, parecía que se iba a partir la cadena…aunque después, con el aire en popa, subíamos sin esfuerzo alguno.

Arriba esperamos al resto y comprobamos que volvemos a estar, los Karrikiris y dos amigos, uno de Tudela y otro de Rincón de Olivedo que también les venía corto el otro recorrido. Mejor que mejor.

Empezamos a descender y lo del viento ya es un huracán fuerza 4, vamos…

Cesar y yo bajamos primero y detrás… todos acaban fuera del camino, por un barbecho, gracias a las rachas laterales (a nosotros dos, nos faltó bien poco).

Nos detenemos a esperar a los “exploradores de barbechos”  y mirando atrás, al camino, observamos como avanzan con la bici en diagonal, como si estuvieran tomando una curva peraltada, si bien el camino era un tiralíneas.

Por fin llegamos a Cabanillas y dado que el Ebro no se podría cruzar por el Bocal, decidimos volver por carretera.

El resto es coser y cantar. Nos despedimos de los amigos que nos han acompañado y tras dejar a los Karrikiris Tudelanos, llegamos a Murchante,  tras 58 kilómetros que supieron a más.

 

Crónica: Yerga x Yerga = Yerga al cuadrado

Al mirar la previsión meteorológica, el jueves, aparecía un domingo pasado por agua.

Por si las moscas, organizamos una salida para el viernes, festivo.

En el parque aparecíamos Guillermo, Jarauta, Marta, Roberto, José Emilinano y yo (Iñaki).

Ponemos rumbo a Cintruénigo, y en la salida está esperándonos Mery que a diferencia de  nosotros, dice tener frío (le duraría… un par de minutos… jijiji).

Entramos en el camino y vamos ganando altura, poco a poco hasta llegar a la carretera que va de Grávalos a Alfaro. Cruzamos y continuamos por un camino que gana altura, hasta el hotel Palafox, donde ofrecían almuerzos con una pinta increíble, pero a decir verdad… no llevábamos dinero y optamos por comernos una barrita (alguna tripera, casi dos…).

Nada más salir del Palafox, encaramos una corta rampa pero que anuncia el cambio de terreno.

Todo el grupo la corona sin problema y vamos avanzando los 4 kilómetros que quedan para el inicio de la subida “oficial”. Digo oficial, porque posiblemente estos kilómetros sean más fuertes que la propia subida en si misma.

Entramos en la pista de subida, arropada por vegetación en ambos lados. Una pena que el camino, con tanta lluvia, en la primera parte del año, haya perdido mucha tierra y sea un pedregal incómodo, que se prolongará por tres kilómetros…

Pasado este tramo, la pista mejora y da gusto rodar por ella. La subida es larga pero no reviste dureza.  Tras un rato dando pedales, llegamos al repetidor.

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La bajada será por el mismo camino de subida y tranquilamente bajamos a casa, donde nos espera una cerveza tras unos 76 kilómetros de bonita ruta.

Pero… quedaba el domingo y las previsiones meteorológicas mejoraron.

El sábado, comprobando dicha predicción, marcaba lluvia pero como siempre hay que hacer, entré en la previsión hora a hora y ya era otra cosa. Decía que llovería entorno a 0,2 mm (poco más que humedad en el aire…) y a partir de las 8 a.m. ya no llovería. YUHU!!!

Otra vez en el parque y tras nuestro llamamiento a salir, nos juntabamos una verdadera manifestación de gente… Claro, eso si una manifestación de cuatro gatos se puede considerar como tal.

Guillermo, Diego, Jarauta, Roberto, Emilio, Gerardo y yo (Iñaki), volvíamos a rodar en dirección a Yerga.

Antes de llegar a Cintruénigo, Gerardo, sudoroso, se acureda de que a media mañana tiene que estar en casa, a lo que Emilio, con una sonrisa de oreja a oreja y entre aliento, dice que el se vuelve con Gerardo…

-“A las 10 nos volvemos”.

Le dice Gerardo a Emilio que ve el cielo abierto…

Pasamos Cintruénigo y continuamos por la pista y ganando altura poco a poco. Poco después de las nueve y media, se empieza a escuchar una frase repetitiva…

-“Gerardo… que van a dar las diez…. arrfff arfff”

-“Gerardo… que ya casi son las diez…..”

Al final y a escasos cinco kilómetros del Palafox nos detenemos y dicen que se vuelven…

-“Mira que estamos cerca del restaurante y vamos a almorzar…”

Gerardo y Emilio, nos miran dubitativos.

-“¿Queda mucho?”

Yo:

-“Escasos cinco kilómetros… y almorzamos allá a todo lujo…”

Se quedan pensando y escrutando nuestras caras en busca de trampas…

-“Ala pués…”

-“Pero no tenías que estar en casa a las 11:30 ?”

-“mmmmmmmmmmm, si… 😦   “

Al final, deciden volverse y Roberto decide volver con ellos (para que no se pierdan).

Poco después llegamos a la carretera de Grávalos-Alfaro a un ritmo un poco más alegre y unos minutos después, estamos almorzando en el Palafox, en condiciones.

Llenico estaba de cazadores, almorzando como nosotros…

No recuerdo que comería Jarauta pero fue el resto de la subida “entriporrao”. Guillermo con un sandwich de chorizo pasado por la plancha se queda bien, mientras Diego y yo optamos por algo un poco más ligero pero sabroso.

Salimos de nuevo y encaramos la subida, a ritmo hasta que decidimos ir un poco más tranquilos para poder hacer la digestión, en condiciones.

Con el almuerzo y todo, llegamos a la cima mas de tres cuartos de hora antes que el viernes y decidimos bajar por la otra cara del monte, en dirección a Grávalos.

La bajada es genial, pero me contengo y la disfruto casi todo el rato tras Diego que hoy está gozando.

Ya en Grávalos, alcanzamos el desvío por carretera que lleva a Alfaro y nos ponemos a rodar por carretera.

A fin de ir todos en bloque, uno dice, de no superar los 38 km/h pero… estas instrucciones durarán… breves segundos y vamos acelerando el paso, con cada relevo 🙂

En pocos minutos, volvemos a estar en el camino de vuelta y con ganas de soltar adrenalina rodamos a buen ritmo, hasta llegar a Cintruénigo, donde bajamos el pistón y pasamos por el centro, donde se celebra una ruta a pié, en la que se ha volcado medio pueblo (bonita iniciativa).

Llegamos a Murchante, tras algo menos de 90 kilómetros y la sensación de los deberes hechos, para terminar el fin de semana (en lo deportivo) con una cerveza.