Crónica: Cierzo, miembro honorífico del Club…

A decir verdad, la zona es al cierzo, lo que Galicia a las borrascas…

Vamos, que aquí, y sobre todo si es invierno, o te acostumbras al cierzo, o vas haciéndote con la colección completa  de partidas de  Gari Kasparov, para aprender a jugar a un deporte menos sufrido. (No me veo como, Iñaki Karpov, así que, a dar pedales…)

Y es que a todos nos gusta rodar en primavera, cuando el tiempo es favorable, y el propio cuerpo te pide salir a disfrutar del campo y…

Y es cuando algunos, que no han salido en todo el año, dicen que van mal… y claro, es que, para ir bien en primavera, hay que dar pedales, cuando no apetece…

Algo antes de las nueve, estaba en el parque, quieto como un mazo, frente a lo que parecía era una rayadica de sol, que apenas me calentaba un poco, mientras esperaba al resto.

Aparece Carlos (Sierra) y al poco lo hace Chelu (And the Winner is…!!!), No tarda demasiado en entrar la troupé Tudelana compuesta por Patxi, Inés, Cesar y un Diego un poco perjudicado (pero ahí estaba!!! …y no como alguna, que se levantó a darle el desayuno al gato… y se volvió a la cama!!!).

Por fin aparece Guillermo; y como estamos seguros de que no va a venir nadie más (ni la del gato…pese a sus promesas…), nos vamos.

La verdad es que los árboles en el parque, al son del cierzo, emiten un estruendo que, vamos… nos animan más, a meternos a almorzar en algún bar, que a dar pedales, pero Diego, no se si viéndome otear las copas de éstos, suelta:

-“Este ruido asusta y no es para tanto…”

Convencidos por tan rotunda afirmación ( JAA!!!!) decidimos subir hacia Tarazona por el Tarazonica, a fin de ir algo más resguardados del viento (pese al aburrrrrrimiento, del trayecto).

Cuando atravesamos Tarazona,  vemos como “los Masters” (por cierto, no vi a Heeman) se preparan para disputar la prueba Turiasonense.

Pasamos junto a Fermín que al parecer va a participar y lo saludamos.

Pasamos por el polígono industrial de la localidad y acabamos cruzando la carretera para tomar la que conduce a Grisel.

Por esos lares estamos, cuando Patxi, nos habla del Castillo que se erige en Grisel y que tenemos que visitar…

Guillermo, se sonríe.

Básicamente ven las cosas de forma distinta….jejeje

Pasamos junto a las piscinas cubiertas de Grisel y la ruta se inclina anunciando que toca luchar el puertico de la Diezma.

Todos, subimos tranquilos y charlando, excepto Patxi y Cesar, que se enzarzan en una batalla sin cuartel por el premio de la montaña.

Dos cientos metros más atrás, el dolorido pecho de Diego y yo, charlamos animádamente.

La primera parte se hace especialmente suave pero la experiencia nos dice que el viento nos está empujando.

El problema vendrá tras la curva de 180 grados a mitad de subida que pondrá en nuestra contra, el antes aliado, cierzo.

Por suerte, la propia montaña nos tapa algo y podemos subir a gusto.

Ya reunido el grupo, Patxi, quiere bajar por un sendero que conoce, mientras la prudentísima Inés, no hace caso del “costillo” y decide bajar por carretera.

Al final, el pelotón se divide en dos y terminamos bajando, unos por cada lado.

El sendero no es nada complicado, si bien es verdad que por escasez de piedras no será.

Aun sin complicación, es divertido y bajo pensando, que es una pena que sea la primera vez porque sino, conociéndolo, iba a soltar frenos y disfrutar de algún que otro salto.

De vuelta en Grisel, vamos a parar al Castillo, donde otros ciclistas, se han apostado, para almorzar algo.

Tras una breve parada y toma de las fotos de rigor, montamos de nuevo y empezamos a deshacer el camino.

Nada más salir de Grisel, y en compañía del otro grupo de ciclistas, Carlos y yo, miramos detrás… y no vemos al resto del grupo.

Creo que Cesar y Diego iban delante y al bajar el ritmo los perdemos… Ha tenido que pasar algo, no es normal que en menos de dos kilómetros, hayan desaparecido el resto y….

Aparecen. Un pequeño problema con un cordón y una rueda que finalmente no pasa de la anécdota.

Reunida la primera parte del grupo, no tardamos en alcanzar a los otros dos que han hecho lo propio y esperaban a su vez al resto.

En el cruce entre la carretera de Grisel con la de Tarazona, no detenemos un par de minutos. Están pasando “los Masters”.

De allí bajamos a Tarazona y de nuevo al tarazonica, donde bajamos sin forzar la marcha, pero alegres (o lo alegremente que nos deja el viento, sin forzar las piernas…).

Aun no han dado las 12 del medio día y tras despedir a nuestros amigos de Tudela, acabamos tomando una caña, junto a Pirulo y la del gato… que al fin se ha levantado. 🙂

 

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Crónica: La Ruta Guillermina

Estrenábamos ruta.

Guillermo, me comentaba, ayer sábado, la posible ruta que se le había ocurrido realizar y la verdad es que tenía muy buena pinta (…tooo pa´rriba).

Como, a priori, la ruta era más corta que las últimas, decidimos dormir un poco más y salir a las 9:00 del lugar habitual.

Puntuales como un clavo, aparecen por el parque: Guillermo, Roberto, Jarauta, Bauti y yo mismo (Iñaki).

Junto a Bauti, viene de Tudela, Roberto Val. compañero de Spinning con el que hoy compartiremos ruta.

Salimos del pueblo por el Soladrero, camino de la antigua estación de tren “del Tarazonica” y por la misma vía verde, subimos tranquilamente.

Llegados a la altura de Vierlas, abandonamos el trazado  para empalmar con la carretera que va a Cunchillos.

Tras un par de kilómetros asfaltados, llegamos a este último pueblo, saliendo del mismo por un camino que ya va acercándonos a la primera subida del día.

Subimos a los molinos del puerto de “Las lanzas” en una mañana perfecta.

Temperatura adecuada, sin viento, un sol agradable… QUE MAÑANICA!!!!

Vamos, tanto es así que arriba, y por primera vez este año, cambio los guantes de invierno por los de primavera, ya empezamos a tener ganas de quitarnos forros…

Ha sido la primera cuesta pero como ya avisaba a mis compinches, había que guardar fuerzas para lo que estaba por llegar…

Abandonamos los molinos por la pista de la izquierda (una vez arriba como decía) para acercarnos al punto más alto del puerto en cuanto a su versión asfaltada se refiere.

Los próximos 3 kilómetros son los únicos que, ni el guía oficial ni yo, conocemos aunque, dice el “Sherpa Orta”, que vio una pista que bajaba a la subestación eléctrica desde su camión (madre, madre…).

Allí y sin cruzar el puente, empezamos el descenso por un camino que se transforma en sendero y poco después en rastrojera cuesta arriba…. hasta que escucho un

-“Ye Heeeeeeeeee”

Miro atrás y no hay nadie… Upss

Vuelvo y abajo están esperando:

-“Tiene que ser por ese otro que se ve al otro lado de esa finca”

Minutos después y tras un corto tránsito de modo rotabator, seguimos bajando, ahora sí, por el camino apropiado.

Cuando se ve la instalación eléctrica, Guillermo me dice:

-“Lo veeeeeeesssssss, si ya te decía yo pero no confías en mis dotes de orientación…!!!”
(EJEM…)

Anunciamos al resto del grupo lo que se nos viene en breve.

Pasando bajo la carretera (por un túnel) daremos con una cuesta de las de aupa. Frente a nosotros, la sierra de la Diezma, y un “caminacho” que parece subir como si de una vía al K2 se tratase.

Roberto Val, mira y replica:

-“¿¿¿Seguro que se puede subir eso…???”

Quinientos metros más adelante estamos todos en molinillo, luchando por que la rueda delantera no despegue del suelo y rezando para no caernos (a ver quien vuelve a montar en una pendiente que supera, por amplio margen, el 20%).

La cuesta calculo que medirá del orden de un kilómetro y medio, que queda impreso en la mente de aquel que la asciende. 

Todos sin excepción subimos montados en las bicis (dicen las malas lenguas que Jarauta decía al que llevaba al lado):

-“Esto lo subo por mis Webs, cojones que si la subo…!!! “

Y a decir, que cumplió su palabra…

Arriba, aun con el resuello, Roberto Val, pregunta:

-“¿Esta cuesta tiene nombre?”

-“No”

-“Pues hay que ponerle porque lo merece…”

Un par de minutos después, anuncia

-“EL Molinillo, así la llamaremos”.

A lo que Jarauta responde (yo la llamaría “Putadón”)…

Así que con ese par de nombres que queda bautizada y que quienes la prueben digan con cual se queda cada cual…

Estamos en la cresta de la sierra, pero aun nos queda por subir. Sin embargo, la altura alcanzada hace que el resto sea pan comido.

Continuamos por una pista que asciende suavemente y nos deja al final de la carretera de subida a la Diezma (la que sale desde Grisel) y terminamos la ascensión por asfalto.

Arriba, nos detenemos para comer algo y continuamos por la pista de los molinos hasta una bajada conocida como “la cicatriz”.

Es aquí donde vemos tres asustados corzos, que corren ladera abajo evitando el contacto con nosotros.

Por la pista, unos paseantes, se detienen para ver como se les acercan, mientras el niño que les acompaña, sale corriendo despavorido viendo que se le echan encima al grito de:

-“Que nos pillaaaaaaaaaaaaaaaaann”

Los asustados animales al ver que frente a ellos había “berreadores comunes” (subespecie humana) optan por cambiar de rumbo y evitar todo contacto con humanos.

Descendemos y terminamos en la carretera de Veruela, desde donde bajamos hacia la rotonda de Santa Cruz.

En ella, están un grupo de amarillos (no son chinos, sino ciclistas del C.C. Murchante), esperando por el resto de su grupo.

Nos detenemos un par de minutos para charlar con ellos y continuamos, bajando hacia el pantano.

Pasamos Los Fayos y nos adentramos en la chopera que tantas veces hemos cruzado este invierno, para volver a subir, al cementerio de Tarazona.

Ya arriba, Jarauta no quiere oír hablar del Tarazonica así que nos anima a elegir alternativa de vuelta (¡¡y que acertadamente!!).

Decidimos volver por “los sifones” y tras algo de turismo (visitando caminos nuevos…), terminamos por dar con el dichoso sifón (y con “el aglomerao” aunque… esa es otra historia… ).

Pasamos junto a la reserva de agua de “La Mancomunidad de Aguas del Moncayo” y continuamos nuestro descenso a Monteagudo.

De Monteagudo pasamos a Cascante donde Guillermo vuelve a ejercer su mando de guía oficial y nos desvía para pasar frente al Termolúdico… (qué tramará…)

Por la entrada a Cascante, que viene de la carretera de Fitero, y en dirección “al Romero” avisa:

-“Preparaos para una última de molinillo”

-“Al romerooooooo??”

-“NO!!”

Nos desviamos y como de la nada, junto al camino sale una especie de (no se ni como llamarlo): Bulto de tierra????

Empinado, muy empinado y tomando carrerilla cada cual intenta subir como puede.

De arriba y sin tiempo para pensar,  arranca un vertiginoso descenso con escalones incluidos de los que a mi y algún otro (“sevillano” que andaba por Castejón…) nos sacan la sonrisa.

Que bonito!!

Animados por esta sorpresa, decidimos evitar el trayecto final previsto y decidimos volver hacia nuestro pueblo por “otro lugar”, y que no podemos citar porque…podría ser parte de cierta
prueba cicloturista nocturna a celebrar el próximo 14 de Junio… así que… digamos que llegamos a Murchante con una sonrisa en la boca tras una ruta completa que terminó con 76 Kilómetros
preciosos y que seguro que repetimos.

Salida a Agramonte

Domingo por la mañana, me levanto y miro por la ventana, día espectacular para ir en bici.

Me preparo y pongo rumbo a Murchante. La hora de salida de la ruta de hoy era las 9.
Cruzando el pueblo para llegar al parque, donde nos juntamos, paso por la plaza mayor y allí se concentran bastantes personas y no tan personas alrededor de una hoguera inmensa en la cual se iba a realizar un almuerzo popular.
Alertado por los gritos de varios paro y me acerco, dios!!, son Karrikiris pero estaban como transformados, no entendía muy bien su lenguaje y las frases que decían no tenían mucha coherencia, jejeje se ve que la noche había sido dura.
Decido seguir y no sucumbir a los encantos de un buen almuerzo y vino a tutiplén y acercarme al parque.
Llego unos 10 minutos tarde de la hora y no veo a nadie no se si se han ido o no han aparecido.
Como estoy solo hago lo que me da la gana, jejeje y decido cambiar la ruta que en principio era subida a la negra pero con las lluvias del sábado me figuro que estará mal el camino y marco en el gps una ruta que tenia guardada hace tiempo dirección a Moncayo.
Salgo de Murchante por una pequeña carretera dirección Cascante que es donde se inicia el Track que voy a seguir. Ya en Cascante me desvío por caminos dirección Moncayo. En el camino cruzo Monteagudo y Novallas donde me desvía cruzando el río por la ruta de los Azudes según marca una señal.
El terreno esta bastante húmedo pero no hay mucho barro por lo que voy a gusto; y por fin llego a Tarazona,.

La imagen que tengo del Moncayo es poco alentadora pues hay un nublado “de aupa”, y me da miedo, no me caiga una chaparrada.

Como la ruta pasa por Grisel decido subir a la Diezma y dar media vuelta, que no quiero tentar la suerte.
Casi saliendo de Tarazona, el track me desvía por un camino en principio no se veía muy encharcado, pero en cuanto empiezo a rodar cada vez me voy hundiendo mas y empiezo a rebozarme, cual croqueta en pan rallado, y ya no distingo el color de mi bici, nooooooo!!!!!.

Consigo salir como puedo de esa zona y ruedo un poco por carretera dando saltos por todos los dados para intentar limpiar la bici y a uno mismo.
Una vez, mas o menos aparente, decido no proseguir pues según avanzo los caminos están peor y me vuelvo a Tudela por la vía verde.
La vuelta se hizo algo dura puesto que al ir no note viento (Lo llevaba a favor) pero bajando a Tudela si que lo note y mucho (lo llevaba en contra) por lo que tuve que agarrarme con fuerza al manillar y bajar todo el camino tirando a muerte.

En la estación de Murchante decido parar a comer algo, pues el esfuerzo estaba siendo importante al no tener a nadie para poder relevarme, recupero algo de fuerzas y camino a Tudela.

Una vez aquí paso por la gasolinera a lavar bici y biker…y vuelta a casa.
Total: 50Km, con poco desnivel pero a causa del viento se hizo de intensidad media.

Fdo: Bauti.

 

Crónica: Lanzas agudas…para empezar…

Domingo 22 de Abril. Día promesas.

La semana anterior había sido el cumpleaños de Chelu y el chico con lo detallista que es, quería hacer algo para los del club.

A las 8:30 llego al parque y en una mesa había un mantel, un gran bizcocho, termo lleno de chocolate… bueno, bueno…

Como solamente él y yo, sabíamos del tema, conforme iban llegando los demás, se quedaban sorprendidos por tan agradable inicio de mañana.

finalmente compartimos chocolate y bizcocho:

Chelu, “Guillermo de Triana”, Enrique, Bautista, Cesar Aguado, Diana, Sara, Diego, David, Marta G. y yo (Iñaki).

Una vez las energías en su punto óptimo, el protagonista se llevaba los aperos a casa y volvía con la bici para comenzar a rodar.

No habíamos avanzado doscientos metros y suena mi teléfono.

-“Donde estais??”

-“Hombre Juan Carlos… te hacía yo por el Rocío. Estamos aun saliendo del pueblo”

-“Os pillo!!!”

Éste tras acostarse a las 4 a.m. y aun con los niveles de Rebujito al 850% se atrevía a salir, mientras que otr@s como “Marta del Carmen”, “Samuel cante Jondo” y “Arancha la Bailaora”, estaban resoplando en cama intentando que sus respectivas habitaciones no se movieran mucho (no, ninguno vive en un barco…).

Dicho esto, la ruta de hoy pasaba por el Saso, hacia Ablitas, Cunchillos para alcanzar la cima del puerto de Lanzas Agudas por camino.

Nada más llegar al Saso, aparece “el Expreso”, sin saber aun si en el botellín llevaba manzanilla (no, no era infusión) o Isostar.

Ya reunidos todos, rodamos tranquilos junto a la Laguna de Lor para meternos en un camino que nos dejaría directamente en Barillas.

El ritmo es tranquilo porque no queremos reventar a nuestros apreciados promesas antes de “la subida” y parece que el grupo va muy bien.

Cuando pasamos Cunchillos, les anuncio con el dedo:

-“Aquellos molinos de allí son nuestra meta… La cuesta sube por allí y bla bla bla… con paciencia y una caña… bla bla bla”

Parece que se lo tomaban bien (o con resignación) así que continuamos hasta llegar a escasos 300 metros del inicio de la cuesta donde el terreno cambia un pelín…

Miro mi rueda delantera y veo que engorda por momentos, con el barro que se le va pegando… OOOooo Ooooo

Bueno, habrá que hacerse el tonto…

Salen Cesar y Bauti disparados y Enrique conmigo a la zaga, luchando contra el barro que va a más…

No quiero mirar atrás no sea que me caiga alguna pedrada pero había quien estrenaba bici (oficialmente) y… el estreno iba a ser de puro mountain bien en su faceta más pura y genuina.

De repente se me ponen los ojos como platos fijos en mi rueda delantera…

El barro me impide girar y voy como una niveladora, de estas de obras publicas, arrastrándo rueda y barro, mientras no se gira un ápice…argggggg

Casi seguro de que tendré que desmontar y tras 5 metros así, me decido a echar mano de un “BOLO” de barro y quitarlo a ver si…

Y sí, la verdad es que funciona, ahora a veces rueda y a veces se atasca pero bueno.. la cosa es que a veces rueda…

Con ese plan llego arriba donde empiezo a sacudir la bici mientras Enrique la rade con un palo, y otros meten el dedo por cada recoveco de su máquina para intentar quitar algo de donde sea…

Pasan los minutos y de los promesas, ni noticias por carta.

Yo cuando estaba casi arriba eché un vistazo y los ví a todos parados bastante abajo, así que tenían para rato…

Al poco llega David, que se había caído, pero el chico es límpio y no se aun como, casi no se ha manchado.

Un rato después van apareciendo las chicas, TODAS MONTADAS, y completando la cuesta que solo por el barro hacía del ascenso, un reto mayor al inicialmente previsto.

Tras unos minutos para aligerar barros varios… Guillermo, encargado junto a Chelu, de la ruta, indica el siguiente punto de la misma:

-“Ala, para arriba”

A lo que alguna responde:

-“Jooooval, nodecíais que solamente había una cuesta?”

-“Es que esa es la continuación de esta…”

Solamente era una rampa de unos 50 metros, pero la sorpresa llegaba arriba… de donde no se podía salir ya que el camino se cortaba…

Media vuelta…

-“Por allá!!”

Volvía a indicar el jefe de expedición…

Un par de subidillas después y otro par de kilómetros terminaban en igual situación, mientras un pastor (hermano del señor barragán), se reía de nosotros…

Media vuelta de nuevo.

Volvíamos al punto de partida (arriba de la cuesta de Lanzas Agudas) y decidimos continuar por un cmaino que si conocemos con intención de cruzar la carretera, si bien al poco de cruzarla, el terreno se vuelve un pelín… inestable y sucio…  ante lo que la mayyoría decide volverse y nosotros les seguimos de vuelta.

JuanCarlos peleando con el barro

Paramos junto a la carretera para que algunos limpien de nuevo la bici, a lo que el Expreso se afana con especial interés.

Optamos por bajar por carretera hasta el puente donde enlaza el camino con uno que va a Grisel y el de vuelta a casa, donde volvemos a parar y damos a elegir a los promesas. Han cumplido el reto del día y si vuelven a casa pueden ir orgullos@s.

Parece que van bastante bien y aceptan el ofrecimiento de ir a Grisel y ver la sima.

Algunos de los presentes no habían ido nunca así que disfrutan de lo inesperado “del boquete” situado en medio de un campo de Olivos.

El personal aprovecha para comer algo y reponer fuerzas. Solo queda la vuelta a casa…

Hasta que comento…

-“Mira Bauti, aquella subida a la Diezma es una pasada, va directica y super dura y…”

-“¿Subimos a la Diezma?”

-“Hombre, depende de como esté esta gente…”

Tras ver que a todos parecía bien, optamos por subir por carretera ya que para un mismo día no queremos reventar a nadie y el reto ya estaba realizado…

Empezamos a ascender y aunque empiezo con Cesar y Bauti, les veo con ganas de marcha así que con un cariñoso:

-“Que os den!!!

Bajo el ritmo y aí me retiro de la pugna, antes de que me retiren ellos a base de pedal…

Veo a Juan Carlos no muy atrás y decido esperarlo. Pocos metros más adelante nos da alcance Guillermo DE TRIANA, que a tenor de su sentido de la orientación aun no sé si no estuvo de marcha la noche anterior…

Vamos ascendiendo repechos y eso de rampa, llano, llano rampa, no me va pero bueno…

El hombre del rebujito saca fuerzas de no se donde y nos hace ponernos firmes… a este le da energía el alcohol…?

Arriba comentamos con Bauti y Cesar que alguna no llegaá, que se darán la vuelta…

Pero tras unos minutos de espera ahí estan todos los sorpresas que llegan arriba montados y haciéndo que nos descubramos ante ellos…

La bajada es tranquilay pasamos por grisel y de allí a Tarazona, donde nos metemos en el Tarazonica.

al principio aprece que por una vez, bajaremos traquilos y de forma civilizada, hasta que Juan Carlos, encuentra hueco y se pone primero.

Yo que veía el percal, iba a rueda y en cuanto lo veo salir disparado me pego a él.

El ritmo aumenta y yo con el velocímetro inutiilizado, no se a cuento vmaos, pero rápido.

Intento varias veces mirar a ver quien sigue y por fín veo a Cesar que pierde el culo tras de mí. Detrás… nadie.

El expreso va aumentando velocidad y rezo para que no hayan puesto radares en la estación de Cascante.

Le doy un relevo y CREO que debemos de ir por encima de 50 km/h…

De repente EL ZUMBAO del expreso, mete un grito (en serio tipo como los vaqueros que oeste…: JIAAAAA!!!)

Y sale a tal velocidad desde detrás mía que pese a intentar coger la rueda, Cesar y yo, no podemos más que ver como se va de nosotros dos en cosa de 4 segundos… (IM     PREZIONANTE!!!).

Tengo las piernas rezumando ácido lactico  y Cesar toma la cabeza  a lo que me pongo a su rueda, viendo desde atrás como el Expreso nos lleva ya cerca de 200 metros..,. y aumentando (no se a que velocidad se puso el brutico de él…)

Bajamos un poco el pistón y vemos que Bauti viene por detrás (BIEN!!!!), esperamos a que llegue y le dejamos pasar para ponernos a rueda…

Llegamos a la estación de Murchante con las pulsaciones altas y con la sensación de haber hecho el trabajo del día.

Han sido unos 70 kilometros que para ser una salida promesas, no es moco de pavo.

Crónica: Grisel y alrededores

Según nuestro calendario, hoy tocaba realizar el mismo recorrido de la cicloturista “La falda del Moncayo” del 2011.

Aunque éramos tres los integrantes del grupo que la hicimos el verano pasado, el montón de cruces hacía necesario disponer de la ruta en GPS.

Era necesario pero aunque intentamos descargar la ruta, no dimos con ella.

Bueno, tendríamos que tirar de memoria y confiar en la suerte para encontrar el itinerario…

La ruta se alargaba porque esta vez salíamos de Murchante y no de Grisel, con lo que el día podía terminar en torno a 95 Kilómetros durillos.

A las 9, el grupo congregado en el parque era de lo más variopinto y si bien es verdad que faltaban muchos de los habituales, no es menos cierto que aparecían varios otros.

Guillermo, Cesar Aguado, Raul del Barrio, Merche García, Alicia Lopez, Abel (petronor), Sara y su cuñado, Javier, Andrés Aosta con un amigo y yo (Iñaki).

Pido disculpas porque  la verdad es que no recuerdo el nombre de todos.

Salimos hacia el Tarazonica a un ritmo muy suave y empezamos a rodar, aunque dado el nivel dispar de los presentes, vamos bajando el ritmo para que tod@s puedan seguirlo.

Entre charlas, y algún empujón a algun@ llegábamos a la altura de las bodegas de Guelbenzu, donde salíamos a la carretera de Cunchillos.

Llegábamos bastante más tarde de lo planeado a esta población, por lo que nos empezamos a plantear, sino habrá que cambiar la ruta para adecuarla a las circunstancias.

La verdad es que tod@s llegaban hasta allí y pese al esfuerzo que requería para alguna, ponía espiritu donde faltaban piernas, lo cual es digno de mención.

A partir de este lugar, tomábamos un camino y aunque empezábamos de nuevo a ritmo muy suave, lo apretado del horario, nos hacía subir un poco el ritmo bajo “Lanzas Agudas”. El grupo de promesas continúa a su ritmo y poco a poco nos vamos distanciando, hasta perder os de vista.

Pasamos bajo la nueva carretera que sube el puerto, por un túnel que han dispuesto y tras éste, tomábamos el desvío a la derecha para recorrer la pista que lleva a Grisel.

Aunque buscábamos el camino que nos permitiera subir a los molinos (pero no cualquiera, sino el de la cicloturista), parecía haberse evaporado.

A escasos 200 metros del pueblo, junto a un corral de ovejas, nos detenemos para buscar la subida y tras unos minutos de infructuosa búsqueda decidimos ascender por una cuesta conocida frente al túnel que habíamos dejado poco antes.

En este punto, Andrés y su amigo, por falta de tiempo decide ascender a la Diezma por el pueblo, mientras el resto volvemos sobre nuestros pasos para ascender la citada cuesta.

Cuando estamos volviendo nos cruzamos con varios de los promesas que HAN LLEGADO HASTA ALLI!!!! (no lo esperábamos, la verdad).

A estas alturas somos perfectamente conscientes, de que hoy no será el día que completemos la vuelta, pero queremos hacer “algo” y proseguimos a nuestro ritmo.

Instantes después y antes de encontrar la cuesta a la que nos acercábamos, vemos un desvío, que oculto tras un recodo, erá compoicado de ver cuando íbamos en dirección contraria (normal que no encontrásemos la dichosa subida).

Sin pensarlo dos veces empezamos a subir y si el año pasado me pareció una ascenso potente, la verdad es que esta vez parecía bastante más asequible (será que hoy íbamos más tranquilos?).

Ya arriba continuamos con un descenso que nos llevará hasta un pueblo.

Llegamos y nos metemos por una calle en la que hay un autobús en el que poner “El añonero”. Entonces… ¿Estamos en Añón?

Nada más pasar el autobús el grupo se detiene.

Abel ha pinchado y nos disponemos a reparar la rueda.

La reparamos en un plis plas y si no fuera porque tras inflarla, la válvula pierde aire…hubiera sido una reparación bastante digna.

Tras desmontar por segunda vez la rueda, tiramos de botella de CO2 para inflarla, con lo que esta vez, sí que hacemos realmente rápido.

Nuestro próximo destino es el monasterio de Veruela, pero para llegar sería bueno saber como ir o incluso donde estamos…

Tras preguntar a unos paisanos, nos explican por donde continuar y trescientos metros después llegamos a la conclusión de que estamos en Vera de Moncayo.

Saliendo de la población en dirección al monasterio, empezamos a hablar de lo tarde que es y que hay quien no quiere llegar muy tarde a comer…

Resultado: Volvemos.

Pretendemos subir por una cuesta, que Guillermo y yo realizamos la semana pasada, y guiados por un repetidor de telefonía vamos ascendiendo con la certeza de que vamos en la dirección correcta.

…Aunque la certeza… no era tal… porque este repetido es gemelo de otro (el que creíamos que realmente era) y se encuentra un par de kilómetros más al norte.

Finalmente ascendemos y visto donde aparecemos, decidimos cruzar la carretera para bajar por e camino que desciende desde los molinos situados en la parte de detrás de lanzas agudas.

Bajando a casa sobran las energías y damos algún tirón por el Tarazonica, y pese al viento, disfrutamos un rato dando pedales.

Realmente no tengo constancia de cuantos kilómetros han salido (supongo que cerca de 70?). Y pese a no ser la ruta prevista, hemos pasado una buena mañana.

Más tarde me dirían que hemos llegado un minuto después que los promesas. Así que todos a casa a la vez 🙂

El fin de semana que viene toca hacer “El camino del agua soriano”. A ver que tal resulta la aventura!!!!

Cambiamos la hora de salida

La ruta de mañana, domingo 26 de Febrero, es larga, por varias razones.

La primera es que son  95 Kmts, pero no es la única, ya que tenemos planificada, una parada “técnica” para avituallamiento que nos retrasará un poco y claro, hay que ser previsores.

Es por ello, que ayer, algunos de vosotros me instasteis a publicar este post y anunciar que la salida será a las 8:30 en el lugar habitual (el parque). 

Guardad fuerzas durante la subida, que la bajada desde Grisel será, cuando menos… espectacular }:-)

Bonita ruta la de hoy

Hemos acudido al parque: Enrique, Samuel, Roberto, Marta, Eduardo,Feliciano,  Raul, Juan Carlos y yo (Iñaki).

Saliendo por el cementerio en dirección a Cascante, aun no teníamos claro, a donde íbamos exactamente.

Finalmente decidíamos ir a “monte alto”, pues pese a estar bastante cerca, muchos del grupo no habían visitado la zona anteriormente.

Empalmamos caminos, hasta encontrarnos bajo “Los Royales”, que sería la primera cuesta del día.

Una vez arriba, vamos rodando por los toboganes de la zona hasta atravesar la carretera (antígua vía romana), que une Cascante y Fitero.

El camino que llevamos lleva directamente a la zona en cuestión.

A todo esto, estoy pendiente de realizar una investigación consistente en averiguar, que beben Roberto y Enrique cuando salen de marcha, porque parecía que todo ritmo era poco y desde Murchante se pusieron al frente del grupo tirando de todo él.

Yo, conocedor de las rampas que tendríamos que ascender a continuación, iba reservando tras ellos, mientras que alguno, aun estaba sudando los cubatas de “noche buena”, mientras cantaba la de “hacia Belén va una burra rin rin…” (y mira que ha ído y vuelto la burra varias veces…).

Poco después empezaban las primeras rampas y ya no teníamos noticias de la burra, ya que el esforzado cantante, bastante tenía con respirar y transpirar el alcohol…jijiji

Llegados a la primera cota de altura, nos detenemos porque Enrique lleva una rueda baja.

Casi todos llevan una bomba muy “fashion”, pero a la hora de inflar…la del menda!!! que no es tan fashion, ni tan ligera ni pequeñica…pero a la hora de inflar… infla… jejeje

Aprovechamos para reponer fuerzas con alguna barrita, aunque alguno ha abierto incluso un “RedBull” (mucho de isotónico no tiene pero vaya…).

Aviso a la tropa de que a continuación toca un paso un poco técnico y todo el mundo asciende sin mayores problemas, mientras contemplamos gran parte de la ribera y hasta los pirineos.

Llegados al siguiente cruce, toca sufrir un rato, ya que las rampas a las que nos vamos a enfrentar tienen zonas del 18%, así que, con filosofía y paciencia, vamos  progresando (de la burra….na de na… ni una sola llamadica a ver que tal estamos…;-) ).

Llegados arriba, nos detenemos a recuperar el aliento y esperar a la gente. El día está precioso, pero la temperatura es tan baja, que los charcos continúan helados, incluso aquellas que están al sol…

Continuamos la pista que llevamos y tras superar varios toboganes llegamos a la bajada.

El entrenamiento y los kilómetros han permitido que los más pesados consigamos ascender las cuestas mejor, pero no hay entrenamiento deportivo, que permita a “los flacos”, bajar como los más “grandes”.

Es por ello que normalmente suelo bajar de los primeros, aunque hoy la competencia que me ha salido era de campeonato, y tanto Juan Carlos como Feliciano eran huesos duros de roer…

Al llegar al final de las rampas más fuertes, nos habíamos separado tanto del grupo que hemos bajado el ritmo a fin de esperar al resto.

Algunos kilómetros más adelante, llegábamos a la parte más alta de Tarazona y concretamente en el punto, donde hasta hace poco estaba la fábrica de chucherías.

Samuel tomaba el mando del grupo y se ponía al frente, descendiendo por las callejuelas de Tarazona, como alma que lleva el diablo. El resto, bastante teníamos con seguirle zigzagueando y sorteando los obstáculos que la ruta callejeril, de por si imponía.

Eramos bastantes los que nunca habíamos visitado la “sima de Grisel”, y es por ello que decidimos subir hasta este pueblo para acercarnos a admirarla.

La verdad es que es una formación admirable y que impresiona ver situada en medio de un campo de olivos.

A pié, bajamos hasta el mirador, desde donde se puede ver el fondo con seguridad. Seguidamente y tras admirar la boca desde varios ángulos, proseguimos nuestro camino, porque las horas pasan y el medio día ya está cerca.

Algunos de nosotros, nos habíamos cambiado de guantes (a unos menos calurosos) y hasta habíamos sacado las orejas por encima de la braga, pero la bajada de Grisel a Tarazona, nos hacen detenernos para volver a colocar todo el abrigo en sus sitio. QUE FRÍO!!!

En Tarazona, nos encaramos hacia la vía verde del Tarazonica, donde empezamos rodando tranquilos…sobre unos 24 kmts/h.

Raul se pone a mi lado y me dice, seguro que conociendo el percal, salís disparados, no?….

Respuesta: -“Dale tiempo a la gente. Alguno saltará…y ya está armada…”

Llevábamos unos tres kilómetros y al frente Enrique y yo, aumentamos el ritmo hasta los 31 km/h, aprox. para ir tranquilos pero ligeros.

En ese momento, Marta que iba tras de mi, me dice:

-“Iñaki, te voy a relevar que llevas ya un ratico”

El resto ha debido entender:

-“Esto no puede ser. Tenemos que salir disparados y sálvese el que pueda!!!”

Empiezan a saltar uno tras otro, mientras aumenta el ritmo de forma progresiva.

En un momento determinado, me toca a mi y cuando miro el cuenta kilómetros me marca 43 km/h. Con razón me van las pulsaciones, como van…

Los relevos se suceden y cuando no estamos delante, el ritmo se puede sobrellevar, pero el ponerse primero a esta velocidad en una mountain bike, es realmente duro de mantener.

En Tulebras, alguien comenta entre jadeos, que hay gente que se ha descolgado y no se le ve, así que reducimos el ritmo para esperarles  reunir el grupo.

Tras unos minutos de espera, nos regrupamos y continuamos hasta pasar Cascante donde “la gente”, empieza a tomar posiciones de nuevo.

Salta Roberto, dando un hachazo al que varios respondemos aprentando los dientes y rebasándonos unos a otros de forma contínua. Para cuando nos queremos dar cuenta vamos de nuevo por encima de los 40 km/h y de esa forma llegar a la estación de Murchante en un periquete.

Tranquilamente vamos pedaleando hasta el pueblo, donde nos vamos dispersando, no sin antes saltar la último desafío del día.

Llegados a la cuesta del médico, Samuel sale disparado hacia arriba mientras yo a grito pelado, no acierto a darle caza…jejeje

Han salido unos 65 Kilómetros, muy divertidos, por zonas donde no solemos rodar mucho y lo mejor de todo es que nos hemos quitado de encima la cena de Nochebuena y la comida de Navidad.