APOYEMOS A MAIA!!

Publicado: abril 20, 2015 en Otros

Este año, el Club Ciclista KarrikiriBTT (organizador de la Night & Bike Murchante) ha suscrito un convenio para donar fondos y que Maia (la preciosa niña de la foto) pueda ser operada.

maia

Maia sufre un problema ocular que hace que únicamente tenga un 5% de visión y únicamente un doctor a nivel mundial puede realizar una intervención que mejore su vista en EE.UU, dándole hasta un 20%, lo que supondría una mejora de calidad de vida muy importante.

El club donara parte de los ingresos de la IV Night & Bike Murchante, con tu inscripción ayudarás a Maia.

Otra forma de para ayudar con la causa es realizar un donativo. En nuestra plataforma de inscripciones hemos habilitado una sección para realizar donativos (que se destinarán INTEGROS a esta causa)

PARA HACER UN DONATIVO PINCHA AQUÍ

Y otra opción es buscar las huchas que se dejarán en todos los comercios y bares de Murchante que quieran colaborar. Estas huchas se recogerán el día de la Night & Bike (13 de Junio).

Por todo ello, os animamos que nos ayudéis a facilitar que el sueño de una niña y sus padres se pueda hacer realidad.

GRACIAS A TODOS!!

Mientras Chelu devoraba las ensaimadas que tenía por desayuno…

Otros Karrikiris, intentábamos dilucidar cual de las equipaciones era la correcta para la ruta, y por más señas del señor Saso, respecto del traje y corbata, me decidí a ponerme de corto… hasta que salí de casa y añadí el cortavientos a mi vestimenta.

En el parque se dan cita (espero no olvidar a nadie):

Guillermo, Diego, Patxi, Ines, Javier, Ezequiel, Samuel, Roberto, Jose, Feliciano, Bauti, Saso, Unai, Fernando Martiartu y yo (Iñaki).

Con tan nutrido pelotón, no sabemos a donde tirar, hasta que Patxi, nos dice que conoce una senda y tal…

Vamos, que poco hizo falta para dar por buena la ruta.

Bajamos hacia San Gregorio y de allí, como en las primeras ediciones de la Night & Bike Murchante, nos desviamos hacia el estrecho para coronar los royales.

Pasamos los toboganes del camino que conduce al cruce con la carretera  “Cascante-Fitero” y continuamos siguiendo el recorrido de la primera edición de nuestra nocturna, hacia Monte Alto.

Patxi, me alecciona con los nombres de varios corrales de ovejas, valles y cabezos, pero por más que intento acordarme en este instante… no hay forma.

Ascendemos hasta el repetidor, donde las rampas se complican y tenemos un mano a mano entre Diego, Bauti, Unai y un servidor, que finalmente se lleva por la mano, Diego.

Una vez en el repetidor, “el serpa”, nos indica que hay que proseguir recto, por el camino principal hasta que unos kilómetros más adelante, junto al amplio camino de bajada que lleva a Tarazona, nos señala lo que según dice, es un sendero.

A decir verdad, yo solo veo un montón de barro, aliñado con miles de pisadas de un animal que alguno llama: “El Javalí ovejuno”.

No es por contradecir a nuestro Casi “Feliz Rodriguez del Cantaro Partío”, pero me da a mi que no se va a ganar la vida reconociendo huellas de animales…

Mientras pensamos en semejantes engendros, el terreno se complica y por mucho que nuestro enfermero Afgano-Nepalí, nos diga eso de:

-“Sí, sí, seguid, que es por ahí…. mas o menos hacia arribaaaaa!!”

No veo la ruta por ningún lado.

En un momento determinado, miro y veo a los cuatro que vamos por delante, en medio de una escarpada ladera, en medio de matojos…

ladera

Patxi, 300 metros más atrás, grita:

-“Para arribaaaaa”

-“Siiiiiiiii, máaaaaaaas o menos por ahíiiiiii…”

Gracias al cielo, Inés, su abnegada y hoy más que nunca, sufridora esposa, nos acompaña, lo que implica que si sigue eligiendo la ruta de esas formas… el culpable, no quedará sin penitencia!!!

Ya en la cima, y mientras me pongo de nuevo el cortavientos, Feliciano se echa unas carcajadas viendo al resto del grupo trepar como Íbices por la ladera, bici al hombro o simplemente arrastrándola.

-“Arreaaaaaa, venga que eso no es nadaaaaaa!!”

Patxi, cual pionero del Oeste norteamericano (o cual niño antes de Navidad, con el “me lo pido”) se va a apropiando tanto de  terreno como de  fauna:

-“Si veis dos corzos son míos. No lo saben, pero lo son.”

-“Esta ladera es mía, y aquella también!!”

Y mientras registra la propiedad, descendemos, por un sendero pedregoso, hacia lo que en tiempos fue una cabaña.

Allí, Guillermo, emocionado, aguarda la legada de Patxi para que le explique la historia del lugar:

Patxi: -“Esto en tiempos, era un sitio de….”

Guillermo:-“Esto para mi… es una gravera!!”

Y mientras disertan sobre la naturaleza de las cosas, unos se adentran en un profundo boquete, excavado en la tierra y que descendería varios metros.

Otros descubrimos un antiguo Trillo, con una elaboración diferente a todas las que había visto y aun montamos una procesión a lo “Asterix”, con un “algo” de madera que encontramos
tirado por allí mismo.

Montamos de nuevo en las bicis y al poco encontramos un camino, por el que nos lanzamos cuesta abajo.

Como si se tratase de aves en bandada, descendemos calcando los movimientos del que nos precede y así en un resalte, Samuel salta, le sigo yo y tras de mi Roberto, vuela, para aterrizar y seguir derrapando cuando…

-“Altooooo”

-“Quietos”

-“Paraaaadddddd!!!”

Como dijo después, nuestro “vidente” Samuel, tuvo un presentimiento o algo similar y noté que aminoró un poco la marcha, antes de una curva en el camino (no, no es lo normal) y eso propició que pudiéramos frenar sin tantos apuros, al ver la avalancha de piedras, que había producido el desprendimiento, bloqueando el camino (si no frena tenemos que pedir subvención para costear el dentista, uno por uno…).

Pasado el momento de peligro, volvemos a lanzarnos a toda mecha, cuesta abajo, hasta que, en un cruce tenemos que detenernos y esperar al guía.

Un camino va cuesta abajo, el otro se ve ascender….

Patxi:-“Por ese!!”

Samuel:-“Ya sabía yo que iba a ser por el que sube, hombre, no podía ser por el otro, no?”

Con Roberto haciendo de punta de lanza en uno de sus “arranques Guepardinos”, el pelotón llega al embalse de Santa Ana, donde Roberto, nos explica algunas de las peculiaridades de las cañas que utilizan varios pescadores. Nuevos sistemas que no todos conocemos.

Tras una breve parada, decidimos continuar hacia Torrellas, para llegar a Los Fayos y de allí subir a SantaCruz de Moncayo.

La subida es continua y ascendemos a ritmo alegre pero sin agobios.

Ya en Santa Cruz esperamos a reunir al grupo y continuamos.

Feliciano, hombre de buenas costumbres entabla conversaciones con los hombres de la taberna local

Feliciano:-“YeeeeeeeeeeeeaaaaaAaAAAAAAAAA!!”

Hombre:-“IIIIIIIiiiiiiiiiiiiieeeeeeEEEEEEEEE”

Feliciano:-“Has visto… ya sabía yo que me iba a contestar ya…, este lenguaje es universal!!”

Con los ojos vidriosos y mi cerebro en estado catatónico, no logro comprender como esa retaila de sonidos esconde: “buenosdías, quetalestamos, yobienytucomoandaspuesbientambien…alamajoyanosveremos…”

Pero la verdad, que el dialecto Moncayil funciona, y soy testigo de ello (tanto de que funciona, como de que Feli lo habla fluido y con buen acento de la zona!!).

Salimos de Santa Cruz por la carreterilla que va a Grisel, si bien a cosa de un kilómetro giramos a la izquierda para internarnos por un camino que mas adelante sería sendero.

Roberto se pone delante, seguido por Feli y un servidor que va tragándose todo el barro donde Feli tiene a bien meter su rueda.

Pasamos el sendero como alma que lleva el diablo, disfrutando de la velocidad e intentando ver algo entre las rendijas que el barro deja en las gafas.

Una vez acabado se reúne el grupo y tranquilamente bajamos a Tarazona.

Entramos en el Tarazonica, donde coincidimos con Cesar, que ha salido solo, entrenando para los 10.000 del Soplao y viene de Moncayo.

Bajamos tranquilos, y cuando alguien se desmadra, desde atrás lo ponen firme….

Hasta que salta Bauti.

Arrancamos todos, así… como decirlo….a ver…. me viene una imagen a la cabeza…

braveheart

Bueno, ya me entendeis…

Y se van sucediendo los relevos mientras la velocidad va aumentando.

Casi al llegar a Murchante saliendo desde atrás del grupo, casi tenemos un susto cuando estoy adelantando para ponerme en cabeza, no veo a un peatón (o persona, no se bien lo que era), que viene de frente mientras mi manillar choca con el de Cesar…

Se que el mozo (runner) no ha dormido bien… ya lo siento majo, yo también me asusté!!

En la estación reunimos grupo y nos despedimos, mientas unos van hacia Tudela y otros nos desviamos a la capital.

Una ruta de unos 74 kilómetros, que a buen seguro que repetimos.

Los Galos decían que los romanos estaban locos…

Y romana debe ser esta meteorología que tenemos, porque no hay quien la entienda

Ahora que lo pienso. “Meteorología” es femenino?… Mejor abandono esa línea filosófica…

A las 8:30 intercambiamos algunos Whatssaps.

Aqui llueve, pues aquí no poer está encapotado y….

Me quedo en casa. Nada, más tarde voy al gimnasio y ya está….

8:55 Zulú – En algún sitio del parque

Diego:

-“Estamos en el parque…”

Jose:

-“5 minutos!!”

YO (Iñáki):

-“Esperadme que voy!!”

Probablemente no hayáis visto ser humano con tanto ritmo para quitarse un pijama y embutirse “de romano” (romano ciclista) en poco menos de… 5 segundos.

(esto incluye mochila, maillot, cortabvientos, coulotte, zapas de bici y más cosas…) tal vez exagerase. Pongamos 7 segundos en total.

Subo al parque repitiéndome el siguiente mantra:

-“Claro que voy, que hago en casa, total 4 gotas, si es que….”

Llego al parque y estamos Diego, Cesar Jose y yo.

-“Se me ha olvidado el chubasquero… las prisas”

(hubieran sido 8 segundos).

Allá que bajamos los cuatro a mi casa a por la imprescindible prenda, mientras los hombres de la cooperativa (bar tempranero de Murchante) nos  miran impasibles….de nuevo.

Con el chubasquero en la mochila, volvemos a pasar por la cooperativa y ahora si, a la tercera….saluda:

-“iiiiieeeeeeeeeeeeeeeeeee, vaya buenooooooo”

Con tan cálidos y emocionantes ánimos se nos ablanda el corazón y poco le faltó para echar alguna lagrimilla pero finalmente nos sobreponemos.

Con la poca lluvia caída por la noche y la amenaza de más, empezamos la ruta por carretera, enfilando al camino de Cascante.

Caen 4 finas gotas que de momento no saben mal. Vamos hablando y Jose nos cuenta que tiene una cita en Ronda con una prueba de las buenas, por lo que hay que entrenar a base de bien.

Nada más entrar a Cascante, giramos a la derecha y seguido a la izquierda para subir por una calle, y ya que estamos, arreamos hasta el romero a 500 km/h en subida, por aquello de calentar las piernas.

Descendemos y el ritmo no amaina. La emprendemos hacia la carretera de los toboganes, y empieza un trepidante ritmo entre los relevos de unos y otros.

No tardamos mucho y nos plantamos en la carretera de Madrid, para alcanzar el desvío que lleva a la carretera del polígono industrial de Fitero (donde “una moza” del club dio vuelta de campana, en los tiempos en los que salían a andar en bici………………..).

Continuamos con nuestro alegre, sonriente, felicísimo ritmo, hasta pasar por la rotonda sita al casi al final de la travesía de Fitero, donde están vigilando una pareja de la  Guardia Civil.

Continuamos hacia Baños de Fitero, por una vía, que han dispuesto paralela a la carretera y en la que hay que ir esquivando palos/postes y “señoras de balneario” que se entretienen mirando los “ababoles”, para dificultar tu propio paso.

En esas estamos, cuando al pasar por el balneario…

Otro coche de la Guardia Civil.

Continuamos hacia la rotonda del Sanda y alguien pide clemencia y un cortado, por lo que disfrutamos de una breve parada. El tiempo está fresco pero la mañana aguanta. Esto promete.

Reconfortados y con el estómago caliente, giramos el manillar hacia Cervera y decidiendo qué y como continuar la ruta… decidimos subir a Aguilar.

La verdad es que nunca voy tranquilo por carretera. Siempre me acuerdo de la cantidad de “elementos” al volante y que éstos encima a veces van de empalmada…

Pero entre los relevos y esas cosas, casi no nos damos cuenta, ni de la subidica ni de los “elementos”.

Para cuando quiero pensarlo dos veces, estamos en Aguilar, y abandonamos la carretera para tomar un camino/senda, balizada, llena de toboganes divertidos en la que disfrutamos como auténticos enanos de jardín (de los de alabastro).

Cada cierto tiempo, cambiamos el puesto de cabeza para que todos disfrutemos de la ruta y del “flow” ( arriiiiiba… abaaaajo….. pedalessssssss!!…. abaaaaaaajo……).

Nos detenemos a realizar alguna foto, con la estampa de Cervera al fondo.

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Diego, Cesar, Jose, Iñaki

IMG-20150315-WA0002

Jose, Cesar, Iñaki

 

 

 

 

 

 

 

 

Continuamos la ruta que desemboca en el propio pueblo de Cervera y volvemos a tomar su continuación para seguir babeando a toda velocidad.

Entre esquivar perros, señores con vara, señoras con ababol y así, avanzamos hasta que…. se termina.

-“Debe ir por allí….”

-“Por allá se ve algo que puede ser un sendero…”

-“Y para llegar?”

-“Pasamos ese campo, subimos aquel ribazo…”

-“El de 3 metros?”

-“Si, ese.”

Y procedemos con el plan, hasta que un tronco de árbol, cortado,  sale de la tierra, justo, justo, cuando voy a pasar yo.

Le doy con la rueda y decido asombrar a mis compañeros, con un número circense, al que llamo…. ALEHOP!!.
Si no fuera porque aterrizo, casi de cabeza, el despegue y la ejecución al pasar por encima del manillar, son impecables. Una pena no clavar el final.

Tras asombrarlos con mis dotes circenses, vuelvo a montar y unos minutos después estamos en un sendero.

Continuamos y lo que antes era sendero, ahora es un sembrado.

Pero sembradico de piedras, unas gorrrrdas, otras puntiagudas (y gorrrdas), algunas redondas (pero gorrrdas), pero como se crían oye… ni se ve la tierra de lo majas que se dan….

Poco más adelante, vemos a las madres de las anteriores. Algunas tipo Perurena, otras parecidas…. y la pendiente se inclina y se inclina, hasta que decidimos descabalgar y proceder de forma pedestre …que también es bueno para el cuerpo…

Nos vemos junto al cauce del río, pedaleando por bancos de arena, cuando Jose, aunque no lo confiesa, da muestras de sufrir narcolepsia.

Lo dicho, en medio de un banco de arena, el mozo se echa a dormir… literalmente, con bici y todo!! así, de lado y sin avisar!!

Lo despertamos y poco le faltó para otro ataque de sueño, que evito un “simpático” pastor…

Nuestro amigo (se llamaba Eustaquio Lecter?), era el único que hablaba por la zona. Los corderos guardaban silencio, mientras nosotros, sin aun ver al “hombre la vara”, nos adentramos en otra sucesión de fincas con el “rotabator mode” activado.

Al fondo, el viento trae hasta nosotros el rumor de una voz tenebrosa. ¿Es Saruman mentando al gran ojo?

No. Es “Lecter” el pastor.

El viento nos trae las primeras sílabas….

Pastor psicópata: -“jjk  iñaaaaaa”

Yo: -“Creo que dice… por la viñaaaa”

Diego se adentra en la viña y lo vemos allí arriba, braceando y conjurando los astros en contra nuestra…

Pastor psicópata: -“stssss tntos  u quiiieeeeeee”

Pastor psicópata:-“Amooooosssss,  tiraaaaaaaa, tiraaaaaaaaaaa pa traaaaaassss caguen sooooooooosssssss”

Yo:-“ahora si, ahora lo he entendido: que si estamos tontos o  qué!!!”

Pastor psicópata:-“Tirar fueraaaaaaa da quiiiiii”

Antes de que nos lanzase, andanadas de corderos con su honda (no, no tenía moto), decidimos dar media vuelta y elegir otro vector que no incluyese al “lanzaovejas” en la trayectoria.

Unos cientos de metros más adelante, vemos el río a la izquierda y una carreterilla que va a Cabretón a la derecha, por lo que subimos por la cuesta que forma la carretera mientras vigilamos no aparezca el pastor…cico.

Nos desviamos, por un camino, ya conocido, que nos lleva bajo Roscas, hacia la carreterílla del puerto del Espinete y de allí a Fitero.

Continúa la guardia Civil.

Seguimos y pasamos junto al Polideportivo, donde hay no uno ni dos, sino hasta 5 coches/todo terreno de la Guardia Civil. Aqui hay algo o ha pasado algo….

Preguntamos y no nos dicen nada pero se ve al fondo un tipo, vestido de Napoleón. Será el zumbado a por que el van todos los Guardia Civiles?

Salimos por el camino que lleva a Cintruénigo y a poco más de un kilómetro del pueblo está otra pareja de la Guardia Civil. Con lo que una de dos…

O era la convención de la Guardia Civil en Fitero… o resulta que había un pez gordo al que había que proteger del “Pastor psicópata”.

Siempre quedará la duda.

En Cintruénigo, pasamos por el centro y de allí al polígono y nos dirigimos al boquerón, desde donde aceleramos el paso, aprovechando el viento de popa.

Tan bueno es el ritmo que continuamos por carretera hasta Murchante, con algo más de 80 kilómetros en las piernas y un ritmo que… creo que nunca he llevado en una vuelta de
esa distancia en mi vida anterior.

Al pasar por el Fair Play, veo las bicis de los “Sierra Boys” y me paro a tomar una caña con ellos. Han salido algo más tarde pero también han aprovechado la mañana por su cuenta.

P.D: A la turca le va a pillar el carrico del helado en Monegros…  Y LO SABES!!

 

 

Ya habíamos dejado los bolsos y resto de cosas preparados el viernes a última hora y cuando son poco más de las 5 a.m. me levanto.

Anuncian buen día, sin viento y temperaturas ideales. ¡¡QUE BIEN!!

Mientras desayuno, miro fuera. Ese cielo tan raso…

Bien pertrechado, salgo con mi bici,  a la calle.

-“¡¡MadredeDiostodopoderosoydelamorhermosoooo!!”

(Hace un frío de losque dejan el cutis del Fari sin una sola arruga).

Llego a la plaza y ahí esta el flamante Karrikirimovil con Alberto (Capitán Chirico) y un subalterno (más bien picador) que se ha buscado para realizar el trabajo encomendado.

Diego acaba de llegar y comentamos el “fresquito” que hace.

Poco a poco van a apareciendo el resto y solo falta Samuel al que nos encontramos camino de su casa.

Nada más salir del pueblo, a la altura del canal, la temperatura desciende un par de grados más de forma brusca.

Impresionante el frío que hace. No hemos tenido esa temperatura en todo el invierno.

-“Tengo que recordar lo que me duele la frente y las cejas justo por encima de las gafas, para escribirlo. No es habitual…que pasada…!!!!!”

Me voy diciendo camino a Tudela.

Mientras feli conduce con las manos hechas un puño para guardar calor en los dedos, Unai nos ameniza la mañana con el ya famoso “Baile del pollo”.

Con un aleteo grácil, intenta entrar en calo0r y llevar sangre a las extremidades (cosa poco después constataríamos no es el mejor método).

En Tudela, bajamos hasta el puente del Ebro donde nos espera Inés y completar de esta forma el grupo.

Avanzamos por la carretera, ya que nos han dicho que el camino tradicional, reventó con la crecida del Ebro y es imposible pasar.

Pasamos por la rotonda de Ejea y continuamos hacia la recta de Arguedas, rezando par aque el sol salga pronto en el horizonte. De momento solo vemos tonos anaranjados
que nos dicen algo así como:

-“Tened paciencia que va…”

Al empezar la recta de Arguedas, adelantamos a un: como decirlo… taladrao? atolondrao?

Vamos, un tipo en coulotte cortooooo!! si, si iba de corto!!!

Nos metemos por un desvío y enlazamos con la carretera que va de Arguedas a los militares en la Bardena.

Nada más entrar, un mozo de Tudela (se llama luis?) está parado con su bici y Oscar (su acompañante y fiel lector asiduo de nuestras crónicas le espera y nos saludamos).

Avanzamos para tomar un camino en los Aguilares y de allí bajar a Castildetierra donde nuestros taurinos colaboradores, nos tienen todo preparado.

Cual horda de vikingos, nos lanzamos al café caliente y las pastas para entrar en calor pero en ese instante nuestro danzarín… se pone blanco….

Unai, estas bien?

Le ponemos una manta y tras un café parece que vuelve a ser el mismo de antes. El f´rio se le había metido hasta el tuétano y lo ha´bia pasado mal.

Conclusión:

1.- Si tienes frío, no hagas el baile del Pollo (no funciona y está comprobado en pruebas de campo y laboratorio).

2.- Toma más café caliente si uno no te ha hecho efecto.

Continuamos hacia el rayón por la perimetral del polígono y al fín se ve el sol que tímidamente empieza a calentarnos.

Nos desviamos para rodar por la pista que conduce al monumento del pastor y recuerdo la pirámide a la que tanto cariño tiene Chelu…

Enel momento en que pasamos por el mencionado pastor, creo que ya empieza a oler la panceta y la chistorra que unos 10 kilómetros más adelante, están haciendo nuestros ayudantes y el ritmo se va acelerando un poco.

No se como pero Patxi, con un olfato más agudo me adelanta y sin darnos cuenta estamos una terna compuesta por Patxi, Unai, Diego y yo, rodando por la carretera camino a Carcastillo, con la nariz apuntando al lugar del olorcico.

Claro, en pocos minutos estamos dando cuenta de un casco de cebolla con sal ,mientras Alberto acaba de hacer la primera parrilla.

En pocos minutos, aparece el resto, que al final también empezó a oler y aceleró el ritmo.

Varios bocadillos después, salimos rodando (casi literalmente) hacia el río.

El ritmo se ralentiza y vamos purgando nuestra particular digestión.

Avanzamos tranquilos hasta que un grupo nos adelanta a toda mecha.

Roberto me mira.

-“Ahora iba con esos….!!!”

-“Estaría guay eh….”

No se como pero salimos pitando como alma que lleva el diablo. Unai arranca y creo que lo llevo detrás, pero al poco lo he perdido.

Enganchamos el grupo y aun hay fuerzas para dar un plus y llegar al puente de Cáseda con una sonrisa en la boca.

En unos minutos llegan Patxi y Unai y un rato después el resto del grupo, más… un montón de Arguedanos , otros de Milagro…. vamos que aquello parece “la Onu de las bicis”.

Reunido el grupo reemprendemos la marcha y llegamos a la carretera y al poco estamos junto al puente de Cáseda donde el KarrikiriMovil nos espera para tomar algo.

Terminado “el piscolabis”,  toca subir.

Ascendemos mientras a nuestra derecha, vemos bajar a nuestros paisanos del C.C. Murchante, que con sus ruedas finas descienden por asfalto el puerto de Cáseda.

Arriba, con el grupo ya reunido, volvemos a dar pedales.

Salgo en cabeza, despacio, disfrutando de al buena temperatura y del solcico….

Y poco a poco los lobos aparecen….

Primero Feli, seguido de Toño, Diego y Unai para disputar lo que debía ser un premio de la montaña, porque finalmente acabamos acelerando mas que un poco.

Se empiezan a suceder los tirones de unos y otros y el ritmo se vuelve frenético.

Dientes apretados, pulsaciones al tope y el ritmo apenas cede, de vez en cuando los segundos necesarios para que las pulsaciones remitan un poco y dar otro hachazo. Lo único que no está claro es quien lo va a dar en cada momento.

Lo bueno de esto es que una parte monótona que siempre se me hacía aburrida, la terminamos sin darnos cuenta y acabamos bajando hacia San Isidro.

Lo malo: Hay que esperar y el grupo tiene que estar aun a bastantes kilómetros. Nos vamos a quedar fríos… vaya tontería hemos hecho.

Al llegar a San Isidro, los encargados de la logística de los peregrinos de a pié, están preparándo la comida. Les saludamos mientras Toño dice que continúa, para no quedarse frío.

Roberto se queda hablando con alguien, Unai se encuentra a un amigo y yo me detengo a charlar con los del club de carretera que coinciden en ese punto con nosotros.

Tras terminar la conversación, decido continuar a poco más de 5 km/h a ver si desde atrás, nos van pillando.

Finalmente, Aparecen Roberto y Unai.

Roberto nos adelanta intentando coger a los de amarillo mientras Unai y yo, continuamos a ritmo.

En el siguiente cruce nos reunimos con Roberto y continuamos tranquilos hasta “Yamaguchi” donde nos detenemos a esperar y reunir al grupo. de Toño, ni noticias por la radio, debe haber continuado hasta Javier.

Ya con el grupo retomamos el camino sin saber exactamente cómo llegar al camino por el que queremos ir.

Diego me pide que active el GPS… Ufff

Al menos sabemos donde está el río y la forma que hace el valle, así que, no sin algo de falta de fe por parte de algunos, decidimos desviarnos en busca de ese camino.

Resultado: Unos cuantos se arriesgan y el resto decide continuar por el camino seguro ( hombres y mujeres de poca fe!!).

Patxi, Unai, Roberto, Diego y yo, conformamos la expedición y finalmente encontramos el camino.

Es un paraje precioso, con un enorme barranco a la izquierda que termina en el  río y un, antes camino y ahora, dados los desprendimientos de piedras, senderillo, con bastante barro, nos anima la mañana.

Entre risas avanzamos hasta llegar a la parte baja de Javier, donde alguno se piensa si subir la cuesta…

Frente al castillo, unos han ido a comprar la cruz, otros han desaparecido y los que aparecen, se van a a ver al santo…

Ah sí? Me voy a comer!!

Diego, Unai, Patxi, Inés y Fermín bajamos la cuesta para acercarnos a Yesa.

En este trayecto nos encontramos con la Gamen Family, que van de rueda fina y nos saludamos.

Unos minutos después estamos duchándonos y deseando comer, tras 111 kilómetros de buena mañana (y unos pasos de  baile  aprendidos… :-) ).

 

 

 

 

El tiempo está loco. Sino que se lo digan al Ebro, del que suben y bajan sus aguas, como si del diluvio universal se tratase.

Y es que pensábamos ir a Carcastillo, pero con las inundaciones y estas peculiaridades climatológicas, resulta que había que dar un rodeo y la cosa se disparaba en distancias.

No hay mal que por bien no venga, y decidimos acercarnos a Ágreda.

Ayer, me dió un toque, Diego (bombero de Tarazona), para ver si íbamos a salir, con la intención de acompañarnos y a las 8:30 me presento en el parque puntual.

Acto seguido aparecen, Carlos Saso, Diego desde Tudela, Fermín, la mochila de Fermín, Marta, Feliciano, Unai y un mozo que pregunta:

-“¿Alguno de vosotros sois Iñaki?”

Tras responderle, le presento al resto de la comitiva y partimos por el Tarazonica (dos fines de semana seguidos….que penitencia!!!!) hacia Tarazona, para evitar que la ruta se alargase en demasía.

En Tarazona, Marta, repasa el santoral (Santa Rita que no suban, Santo Tomás que no vayan por la cuesta, San Atilano….)   pero de nada le sirvió…

Como es tradición, nos metemos por las calles del casco antíguo y ascendemos hasta el camposanto, para proseguir hacia la chopera de Torrellas.

En pocos minutos estamos escalando por la carreterilla que asciende al pantano del Val, sobre el pueblo Los Fayos, y tras una breve conversación, creo sofocar un conato de retirada.

Infeliz de mi, mientras disfruto por los toboganes que hace el camino, “la de rosa” se queda atrás, hasta decir un escueto:

-“Me doy la vuelta!! Adios!!”

Nuestro Tudelano, Diego, que pese a ir dopado, no está del todo bien, decide volver con ella, mientras el resto continuamos la aventura.

Dejamos atrás el pantano, y el paisaje cambia por completo.

Si unos kilómetros atrás eran pinares ahora, la frondosidad se constituye mediante chopos, juncos, cardos y algún que otro arbusto  de espinas afiladas, que a Feliciano

le traen malos recuerdos de Artajona.

No tardamos en llegar al río y por suerte hay un tronco con algunas ramas adicionales por las que hacemos equilibrios para pasar, mientras la bici va por el agua.

En un momento de despiste, meto el pié hasta el tobillo en el agua helada, pero por suerte, el GoreTex de las botas de invierno parece funcionar y saco el pié totalmente seco.

-“Madre, madre, si llego a vestir otro calzado…”

Continuamos un kilómetro y tenemos que volver a detenernos.

El camino está totalmente inundado. El río se ha desbordado en esa zona.

Como he venido varias veces, sé que habitualmente son unos doscientos metros, tras la curva (que nos impide ver el final de la inundación) el terreno que suele estar encharcado.

A nuestra derecha un talud de unos 4 o cinco metros “escalable”…. y para cuando alguno piensa en qué hacer, Feliciano y yo estmaos subiéndolo con las bicis al hombro y agarrados a las raices, para no caer. El resto, se apresura a hacer lo propio y acabamos por el monte, haciendo el corzo…

Como era de sospechar, más adelante, el camino está en perfectas condiciones, y volvemos a montar para seguir pedaleando.

Pese a ser una ruta, que repito varias veces cada año, no me canso de disfrutar del paisaje.

Unai, está pletórico y con una sonrisa que no se le va de la cara, mira de lado a lado, mientras al antes camino se torna en sendero sinuoso.

-“Que chulo, es de los sitios más bonitos en los que he montado en bici!!”

Llegamos a la catarata del pozo de las truchas y como hay algunos que no han estado, descabalgamos para hacer algunas fotos y que puedan ver el sitio tan bonito, porque… aquí, además, se complicará el camino.

Toca subir escaleras, y.. QUE ESCALERAS (alguna tendrá casi 35- 40 centímetros de alto). Mientras el amigo Unai olvida lo bonito del lugar y empieza a maldecir las largas escaleras, vamos cual penitentes paso a paso, hasta llegar arriba.

Seguidamente hay una pendiente pronunciada y tenemos que avanzar caminando unos metros para poder montar en bici.

Voy el primero, monto, avanzo unos 20 metros y oigo un chirrido metálico.

Miro detrás. Unai está mirando la bici, y el resto se detiene a ver el problema.

Por alguna razón, ha perdido un tornillo que aguantaba el plato grande y éste se ha doblado (y eso que era nuevo).

Por suerte, llevamos la mochila de Fermín y tras descartar, el uso de varios utensilio que seguro que llevaba (una bombona de oxígeno y otra de acetileno, una barra de uña, un elevador de coches tipo taller…) optamos por unos alicates que por supuesto, también lleva.

Feliciano, desdobla en la medida de lo posible, el plato poer ha quedado inservible. Con unas bridas (si, de la mochila…) se hace un apaño y se hace un conjuro para que Unai vaya en plato pequeño todo el resto de la ruta.

Continuamos subiendo y bajando por el sendero, hasta que encontramos el segundo grupo de escaleras, mientras el pobre Unai (que no tiene su día) asciende negando con la cabeza…

La ruta continúa por un sendero aéreo, asegurado por una soga dispuesta entre postes a nuestra derecha.

No tardamos en volver a transitar por camino en continua subida (cosa que taladra a un mocico que yo me sé…).

-“¿Otra subida?  ¿Pero otra más?!!?!?!?!”

No mucho después, estamos en Ágreda.

Y como es una ruta, cuesta arriba, subimos hasta lo más alto del pueblo para descender después al parque, donde nos detenemos un instante.

Nuestro catering, Fermín, (de verdad que la mochila es mejor que el bolsillo de Doraemon) saca un paquete de galletas Chiquilín, otro paquete de galletas de chocolate….y porque le paramos antes de sacar el ternasco con patatas.

Tanta abundancia nos hace acabar comiendo todos galletas.

La ruta de ida estaba clara en mi cabeza, pero hace ya bastantes kilómetros que llevo pensando en un cruce que no recuerdo bien a la hora de volver.

Salimos de Ágreda por un camino bajo la autovía que va a dar a la antigua vía del tren, hoy vía verde.

Rodamos agusto, hasta que llegados al dichoso cruce, y sin recordar, me decido.

-“Creo que es para arriba”

Unai:-“Claro, vaya hombre, iba a ser hacia abajo…. imposible…. si es que…..jejeje”

Cien metros más adelante el camino termina y hay que volver.

Por suerte, el cruce del que tenía dudas se resuelve solo y descendemos por un camino en buen estado, hasta llegar a una cuesta arriba, que yo recordaba mucho más larga.

PAsamos por un pueblico, y al salir tengo otra duda, aunque creo dar con la salida correcta.

Justo al tomar el camino le comento esto  Feli.

-“Mira, un cartelico donde pone: Valdepalomas. Ya tienes para acordarte en futuras ocasiones”.

Y la verdad es que se me quedó grabado (llamemos “Waypoint”…jejeje).

No avanzamos mucho y han estado haciendo movimientos de tierra, reorganizando caminos y esto rompe los esquemas.

¿Como voy a acordarme si me mueven los caminos de sitio?

Damos unas vueltas y por suerte, nos orientamos.

Iñaki-“La carretera debería de estar ahí cerca y…”

Diego:-“Sí, allí está!!”

La cosa está clara. Hay que bajar del monte en el que nos encontramos…

Y dicho y hecho. Campo a través, nos lanzamos hacia abajo, con una sonrisilla en la cara, hasta que cinco minutos después estamos rodando por la carretera, escasos doscientos metros hasta el cruce.

Estamos en la carreterilla de la subestación de la Nava, y Unai empieza a…. ¿Bailar?¿botar?…

Pinchazo toca cambiar cámara y nos detenemos el tiempo necesario para hacerlo.

Acto seguido nos desviamos por una pista, ascendente (pero suave) hacia Monte Alto.

Desde allí, y por una preciosa bajada descendemos, no sin algún susto (cosas de zanjas, en medio del camino…. que había que saltar a toda velocidad).

Llegamos a Monteagudo, y de allí a Cascante, donde nos cruzamos con Marta Garriz, su prole and company, para terminar nuestra divertida ruta en Murchante con algo más de 90 kilómetros a la espalda y mucho divertimento.

 

A decir verdad, la zona es al cierzo, lo que Galicia a las borrascas…

Vamos, que aquí, y sobre todo si es invierno, o te acostumbras al cierzo, o vas haciéndote con la colección completa  de partidas de  Gari Kasparov, para aprender a jugar a un deporte menos sufrido. (No me veo como, Iñaki Karpov, así que, a dar pedales…)

Y es que a todos nos gusta rodar en primavera, cuando el tiempo es favorable, y el propio cuerpo te pide salir a disfrutar del campo y…

Y es cuando algunos, que no han salido en todo el año, dicen que van mal… y claro, es que, para ir bien en primavera, hay que dar pedales, cuando no apetece…

Algo antes de las nueve, estaba en el parque, quieto como un mazo, frente a lo que parecía era una rayadica de sol, que apenas me calentaba un poco, mientras esperaba al resto.

Aparece Carlos (Sierra) y al poco lo hace Chelu (And the Winner is…!!!), No tarda demasiado en entrar la troupé Tudelana compuesta por Patxi, Inés, Cesar y un Diego un poco perjudicado (pero ahí estaba!!! …y no como alguna, que se levantó a darle el desayuno al gato… y se volvió a la cama!!!).

Por fin aparece Guillermo; y como estamos seguros de que no va a venir nadie más (ni la del gato…pese a sus promesas…), nos vamos.

La verdad es que los árboles en el parque, al son del cierzo, emiten un estruendo que, vamos… nos animan más, a meternos a almorzar en algún bar, que a dar pedales, pero Diego, no se si viéndome otear las copas de éstos, suelta:

-“Este ruido asusta y no es para tanto…”

Convencidos por tan rotunda afirmación ( JAA!!!!) decidimos subir hacia Tarazona por el Tarazonica, a fin de ir algo más resguardados del viento (pese al aburrrrrrimiento, del trayecto).

Cuando atravesamos Tarazona,  vemos como “los Masters” (por cierto, no vi a Heeman) se preparan para disputar la prueba Turiasonense.

Pasamos junto a Fermín que al parecer va a participar y lo saludamos.

Pasamos por el polígono industrial de la localidad y acabamos cruzando la carretera para tomar la que conduce a Grisel.

Por esos lares estamos, cuando Patxi, nos habla del Castillo que se erige en Grisel y que tenemos que visitar…

Guillermo, se sonríe.

Básicamente ven las cosas de forma distinta….jejeje

Pasamos junto a las piscinas cubiertas de Grisel y la ruta se inclina anunciando que toca luchar el puertico de la Diezma.

Todos, subimos tranquilos y charlando, excepto Patxi y Cesar, que se enzarzan en una batalla sin cuartel por el premio de la montaña.

Dos cientos metros más atrás, el dolorido pecho de Diego y yo, charlamos animádamente.

La primera parte se hace especialmente suave pero la experiencia nos dice que el viento nos está empujando.

El problema vendrá tras la curva de 180 grados a mitad de subida que pondrá en nuestra contra, el antes aliado, cierzo.

Por suerte, la propia montaña nos tapa algo y podemos subir a gusto.

Ya reunido el grupo, Patxi, quiere bajar por un sendero que conoce, mientras la prudentísima Inés, no hace caso del “costillo” y decide bajar por carretera.

Al final, el pelotón se divide en dos y terminamos bajando, unos por cada lado.

El sendero no es nada complicado, si bien es verdad que por escasez de piedras no será.

Aun sin complicación, es divertido y bajo pensando, que es una pena que sea la primera vez porque sino, conociéndolo, iba a soltar frenos y disfrutar de algún que otro salto.

De vuelta en Grisel, vamos a parar al Castillo, donde otros ciclistas, se han apostado, para almorzar algo.

Tras una breve parada y toma de las fotos de rigor, montamos de nuevo y empezamos a deshacer el camino.

Nada más salir de Grisel, y en compañía del otro grupo de ciclistas, Carlos y yo, miramos detrás… y no vemos al resto del grupo.

Creo que Cesar y Diego iban delante y al bajar el ritmo los perdemos… Ha tenido que pasar algo, no es normal que en menos de dos kilómetros, hayan desaparecido el resto y….

Aparecen. Un pequeño problema con un cordón y una rueda que finalmente no pasa de la anécdota.

Reunida la primera parte del grupo, no tardamos en alcanzar a los otros dos que han hecho lo propio y esperaban a su vez al resto.

En el cruce entre la carretera de Grisel con la de Tarazona, no detenemos un par de minutos. Están pasando “los Masters”.

De allí bajamos a Tarazona y de nuevo al tarazonica, donde bajamos sin forzar la marcha, pero alegres (o lo alegremente que nos deja el viento, sin forzar las piernas…).

Aun no han dado las 12 del medio día y tras despedir a nuestros amigos de Tudela, acabamos tomando una caña, junto a Pirulo y la del gato… que al fin se ha levantado. :-)

 

La verdad es que , dada la previsión meteorológica para hoy, domingo.

Tenía pensado meterme bajo cubierto y pasar unas horas mirando el pulsómetro. Vamos, un plan relajante, técnicamente positivo para entrenar… pero muy aburrido!!

A las 7:35 a.m, miro por la ventana.  El termómetro marca entre -3 y -4 Cº y hace un viento (nombre técnico: “ciercera helada de tres pares de narices”) de esos que corta la respiración.

Bien desayunado y pertrechado, salgo de casa, y me encamino al parque. Hace viento, viento… desagradable… pero no es para tanto, a decir verdad…

Llego al parque y en unos minutos aparecen por allí:

Guillermo, Samuel, Roberto, Patxi, Carlos Saso, y yo (Iñaki).

En el último momento se nos une Aitor Alfaro.

Que si es mejor tirar hacia allí, que si el viento no se que….

La cosa es que finalmente acabamos yendo hacia Moncayo.

No es la mejor ruta para hacer base de entreno (mejor llanito que hacia arriba, no?), pero bueno, marcamos un ritmo tranquilo, mientras Roberto, nos enseña algunos caminos nuevos, para subir hasta Tarazona.

Da gusto ir ascendiendo, hasta ver la primera mancha de nieve, bajo un cañaveral sombrío, a la altura de Monteagudo. Ver incrementarse el tono blanquecino, en los campos y como, la superficie helada de los charcos helados, intenta soportar el peso a nuestro paso.

Llegamos al cementerio de Tarazona, y el asfalto está limpio. A los lados hay algo espolvoreado: ¿Tal vez, “azúcar glas” ?

Mientras Roberto y yo charlamos, sobre el asfalto, hay una línea de unos 5 metros de largo y unos 4 centímetros de ancho, de duro hielo.

Sin darme cuenta, mi rueda delantera cabalga sobre la arista y sale disparada hacia un lado.

Menos mal que ipsofacto consigo sacar un pié del pedal y con el apoyo de Roberto (apoyo real, ya que me apoyé lateralmente en el mozo) consigo no ir al suelo. Ufff que poco le ha faltado.

La bajada hacia la chopera  que hay bajo Torrellas, está peligrosa, con más hielo, y bajamos con mucha precaución.

La chopera está preciosa. Da igual la época del año en que se visite. Es un bonito lugar y siempre guarda encanto.

Patxi, me dice que pierde aceite, que tiene que parar, que se ve más bajo…

Y es verdad: La tija ha perdido fuelle, aceite, aire o vete a saber el qué, pero hay que hacer un apaño.

Por suerte, el mozo, es apañadico y en un par de minutos estamos rodando de nuevo.

Abandonamos “Los Fayos”, con una discusión entre Patxi y Guillermo.

El primero habla de la ermita de San Atilano donde estuvo de ermitaño junto a otro santo que…

Y a todo esto Guillermo, profesional de obras públicas, derribos y movimientos de tierra, quiere traducir el tema a: “en cuantos viajes de camión se traduce esa ermita”.

Con una subida de tensión arterial por parte de Patxi, continuamos.

Ya junto al curso del río Queiles, y en dirección a vozmediano, empieza la cuesta.

Vamos a ritmo suave y tranquilo. sin forzar lo más mínimo y disfrutando de un piso, que a veces es nivoso, otras de hielo y de cuando en cuando, mezcla una franja donde se ve la tierra congelada.

Es una sensación genial, la de escuchar la nieve que se aprieta bajo el peso de las ruedas. El leve derrapar de la trasera y los leves sustos al hacer fuerza sobre una placa de hielo.

Mientras, se suceden los kilómetros, charlando y disfrutando del paisaje.

La ruta es perfecta para hoy. Estamos al abrigo y no es de menospreciar!!

Llegamos a Vozmediano y decidimos acercarnos al nacimiento del río.

Desde la plaza del pueblo en adelante, la ruta se convierte en una pista de hielo.

Las estrechas y sombrías callejuelas, guardan perfectamente el hielo, que nos hace derrapar y casi caernos en bastantes ocasiones.

Tanto es a´si que nos detenemos en una casa a echarnos unas fotillos con unos carámbanos de hielo.

 

Carambanos4 Carambanos3 Carambanos2

 

Ya calmado el crío que llevamos dentro, proseguimos por las heladas calles hacia el nacimiento del río, con una capa de nieve importante.

Seguimos haciendo algunas fotos y damos media vuelta.

Desandamos el camino, no sin cierta precaución, a causa del hielo, hacia Los Fayos y desde allí bajamos a Tarazona.

Bajamos a Murchante por el Tarazonica y por fin llegamos a casa, donde una ducha caliente nos va a venir que ni pintada!!

Pensaba titular la crónica como:

“El ataque de las matas voladoras (mutantes)”

Pero cuando lo repetí en mi cabeza 3 veces, me di cuenta que no se trataba de una película de terror de bajo presupuesto (aunque alguno que estuvo por allí, aun piense que efectivamente, lo era…).

Desde el martes, mirando la previsión del tiempo. Sin riesgo de lluvias, pero, cada vez que miraba… incrementaban la velocidad del viento para el domingo.

A causa de esto, se preveía que el número de deserciones (lease: dolores agudos de garganta, a última hora, virus gastrointestinales repentinos  tras ruta con la flaca, o incluso salidas nocturnas hasta ciertas horas de la madrugada que hacía imposible salir a rodar: SOIS UNOS CAGAOS!!).

Una vez puestos los créditos (como en cualquier peli que se precie…), sigamos con la crónica:

Salgo de casa y le faltó un pelo, para volver a meterme. ¿¿PERO QUE LECHES ES ESTO??? Se puede saber quién ha cabreado a “La Pandora”? y lo que es más importante:

¿Se puede saber quien deja una caja llena de vientos cabreados a una persona tan… irascible?

En ese momento, llega el Whatssapp de Bauti:

-“Día cojonudo,  venga os esperamos en el puente del Ebro en 20 minutos”
(este tiene una pedrada peor que la del resto,porque vamos, que me diga eso… pasa de optimista y roza lo tratable por especialista… pero me sirve para dar las primeras pedaladas).
Unos minutos después, los  incautos valientes que acuden al parque son:

Fermin, Saso, Unai, Toño, Ezequiel y yo (Iñaki).

Aun no hemos salido del pueblo cuando se nos une Antonio.

Sería el frío, el viento “de cola” o un Fermín especialmente motivado, que nos plantamos junto al Ebro, en un plis plas.

Allí, Bauti y Diego se unen a la expedición y salimos hacia Bardenas Reales.

Por los sotos del Ebro, la vegetación y los árboles, nos resguardan y parece que no es para tanto la cosa. El tema se complica cuando alcanzamos el camino que enlaza con la carretera, donde nos pega de lo lindo. Solución: desvío por un camino  que por estar más bajo, se supone que nos resguardará algo. Problema: acabamos en “rotabator mode”, por un arrozal.

Por una vez, nos entra el sentido común y damos la vuelta para volver al último desvío y retomar el camino correcto.

En la recta de Arguedas, debía estar esperándonos Gerardo pero no hay noticias del moozo, por lo que continuamos, tranquilamente para enlazar a una pista que nos lleva hacia Bardenas.

Al fondo, a cosa de un kilómetro vemos un maillot amarillo.

Baaaa, que no será él. Me digo a mi mismo.

A ver si va a ser…

Pero que no…

La cosa es que el mozo lleva buen ritmo, pero con semejante viento (que en ese momento nos pega “de cuchillo”), el grupo avanza más y lo pillamos en las cuestas de las viñas.

-“¡¡¡Hombre Carlos!!!. ¿No te dije que si salías, me dieras un toque?”

Nuestro amigo, Carlos Palacios, con quien compartimos ruta en Moncayo, pocas semanas atrás, se une a la expedición y pasa a engrosar las filas del pelotón Karrikiri.

Llegados a la carretera de los militares, continuamos hasta los Aguilares, para volver a meternos por camino. Tras continuar sufriendo con el viento, un rato después estamos en Castildetierra,

donde nos esperan:

Samuel, Gerardo y Ramón.

Continuamos por la perimetral, hacia el Rayón que preside al fondo del paisaje. Por fin, giramos y el viento nos empuja,

Sin despeinarnos, avanzamos a mas de 45 Kmts/h.

Antonio tiene compromisos y tiene que darse la vuelta. Una pena, pero otro día seguro que podemos completar la vuelta con él.

El resto continuamos, a todo meter hasta la entrada al circo donde empieza la diversión.

El giro de 180º  grados, es como una bofetada, bien dada.

El viento nos da de llno y parece que  “su enfado” va a más. Avanzamos con piñones suaves y alta cadencia, sorteando grietas, mientras agachamos el cuerpo intentando pasar desapercibidos para el huracán.

Por fin llegamos bajo el Rayón y en vista a volver a casa con reservas de sobra en las piernas, comento con Diego, que mejor NO subir.

Mientras hablamos, el resto del grupo llega y se ponen a subir.

Pues nada, nada… al tajo.

Arriba parece que estamos tras el motor de un Boeing 747 a plena carga.

Unos descabalgan e intentan avanzar bici en mano, consiguiéndolo a duras penas, otros son descabalgados por Eolo y a mi, en una leve rampa, se me levanta la rueda sin desearlo, por efecto del viento.

En dos palabras: IN-CREIBLE.

Descendemos y volvemos al terreno “divertido”.

Atravesando algunas grietas, montículos y divertimentos varios, llegamos a: “la piedra de las fotos”, donde comprobamos, una vez mas que aguanta el peso de los Karrikiris posando (ya verás el día que no aguante el peso…).

Llegamos al momento culmen de la ruta, y nos situamos sobre el paso de los ciervos.

Arranca Samuel. Le dejo unos metros de ventaja y salgo tras el.

El terreno, esta vez está muy muy suelto y bajo los primeros 20 metros casi derrapando con ambas ruedas, mientras voy soltando freno para mantener la dirección.

La segunda parte está mejor y suelto las manetas para bajar en un divertido zig-zag, entre los dos precipicios que asoman a ambos lados.

Poco a poco, baja el resto de compañeros, con una sonrisa en la cara, y continuamos.

Toca una preciosa trialera, donde, si dejas fluir la bici, te encuentras, dando saltos, subiendo y bajando con poco esfuerzo y a buena velocidad.

Unos cientos de metros después reunimos al grupo para descender otra pendiente pronunciada.

Ahí, nos deleitamos con el estilo de Toño, que podría calificarse como…. como….

veamos…

Lo sinet pero no encuentro palabras…Hay que verlo. Indescriptible.

Continuamos junto al barranco, por una senda plagada de boquetes (también hay agujeros, pero la mayoría por tamaño, son boquetes) hasta que toca volver a la pista.

La vuelta comienza con viento lateral, hasta que giramos en dirección al cuartel militar.

El problema, ya no era el esfuerzo a realizar, ni el que el viento se empeñase en movernos la dirección de la bici (con el peligro que conlleva), sino que un e´jercito de matas voladoras (como las de las películas del Oeste, de esas), nos atacasen brutalmente.

Mientras avanzamos, vemos más adelante, en los cultivos, como decenas de estas 2matas maléficas”, ruedan en una dirección que las pone en nuestra trayectoria.

Algunas , incluso parece que se detienen para volver a tomar velocidad cuando pasamos.

Que se lo digan a Diego, quien tuvo un “affaire” con una,  mata.

O a Carlos a que “la mata madre de todas las matas” por poco le envuelve (salió de sus fauces, pero aun no se como).

Samuel, Gerardo y Ramón se despiden y vuelven al coche, para librarse de nuevo de la tempestad, a quienes se les une Ezequiel.

El resto volvemos, poco a poco a casa, tras una mañana en la que finalmente salen 90 kilometros de aventura, diversión y lucha contra el huracán.

 

Varios compañeros salieron ayer, sábado, puesto que las previsiones para este domingo eran algo así como un mensaje oculto diluido entre las palabras de los meteorólogos:

-“No se alarmen… pero… si tienen un arca, metan a su familia y  animales dentro y esperen a que pase lo que se les viene encima…”

Pero claro, como decía Confucio (o… era Samuel), un Karrikiri nunca se rinde… si es preciso pedalea con las manos…

Hicimos honor al proverbio y del parque “manaban Karrikiris”.

A ver si no me olvido de nadie:

Chelu, German, Jarauta, Samuel, Roberto, Jose, Saso, Patxi, Cesar, Fernando, Ines R, Vicente, Javi (Aouita), el cuñado del anterior, Unai, el híbrido y yo (Iñaki).

Ya cuando salí de casa, creía que me iba a quedar congelado antes de montar en la bici, pero cunado salimos hacia el cementerio, se confirmó: si sales con esa temperatura, no estás bien de la azotea… o eres un Karrikiri, claro está…

Pasan unos kilómetros y el terreno empieza a inclinarse, mientras charlamos animosamente lo que provoca que, sin querer aumentemos el ritmo y el pelotón se estire.

Pronto un compañero se empieza a descolgar, y reducimos la marcha.

Continúa la ruta y vamos ganando altura. De forma suave, sin grandes cuestas, pero hacia arriba en definitiva, con lo que vamos echando un ojo atrás, previendo, la mañanica que uno que se ve al fondo, va a pasar…

Poco antes de comenzar, la  verdadera subida, veo que Javi, lleva un solo plato.

Y un solo piñón.

Y horquilla rígida de carbono.

(están locos estos romanos)

La primera rampa es muy corta pero supera el 20 % de desnivel positivo, y ahí está “el peludo” en cabeza!!

Continuamos ganando altura, por una pista, rodeados de árboles. Cada vez se hace más estrecha, lo que le da un ambiente singular. Todo un placer rodar por ahí.

La pendiente se endurece y aparecen más piedras. Toca apretar los dientes y darlo todo… venga venga!!!!!

Y estamos “arriba”. Un “arriba”  con boca pequeña, porque aun no hemos coronado, pero nos hemos quitado un buen tramo de subida.

Nos detenemos a reunir al grupo que, al ser numeroso, llega disperso.

Una vez juntos, todos, continuamos por un pequeño llano, durante unos 300 metros, para volver a subir, por pista, y pendiente moderadamente fuerte. Menos mal que no llega a un kilómetro!!

La gravilla hace que tengamos que ir sentados, para no provocar el derrape de la rueda de detrás, así que Roberto y yo, nos lo tomamos con calma, mientras vemos a “ThepostMan” (al servicio de su majestad) ascender en solitario, con su único piñón, mientras nos grita:

-“ánimo!! venga chicos!!…”

Alguno cabecea, negativamente, con una sonrisa, mientras aprieta los dientes y pregunta a modo de confirmación:

-“¿De verdad que solo lleva un piñón?”

Por fin estamos todos arriba. Reunimos al grupo y dejamos que descanse el personal, mientras notamos como se nos va congelando el alma.Estar parados hoy, aqui arriba es, poco menos que una temeridad.

Empezamos una breve zona de toboganes que anuncia la inminente bajada y los “zumbaos” del descenso salimos en tropel.

Pasada una pronunciada curva, y ya seguros de que todos los compañeros han fijado el rumbo correcto, comenzamos a descender.

Voy delante, y justo detrás escucho jadear a Samuel. Sin verlo, si quiera, sé que a continuación estará Roberto.

Alcanzamos el siguiente desvío y decidimos detenernos. Al no ser el camino mas obvio,  es mejor volver a reunir al personal.

Continuamos por una serpenteante… pista/sendero? gritando de forma continua:

Piedra!! otra! cuidado!

Y volvemos a subir… “un pelín”.

No son mas de 300 metros en línea recta, hasta llegar al siguiente cruce, donde, volvemos a tomar posiciones y “Yahooo!!”

Nos lanzamos a todo lo que dan las bicis.

Llevo a Samuel justo delante y no se lo que marca el odómetro, pero le grito:

-“No frenes ehh!!!”

Me va saltando una lluvia de gravilla a la cara, fruto de su rueda trasera y bajo dando alaridos, mientras Roberto, situado detrás de mi
se da cuenta de que mi rueda es mucho más educada.

Abajo, nos detenemos y nos miramos con una sonrisa absurda

-“juajajuaujauj   jiji jjajaja jojo”

-“Que pasada eh…”

-“Si si si…. jijiji”

Esperamos a que la gente civilizada descienda para volver a retomar la marcha.

Toca rodar por buena pista, moderadamente descendente para seguidamente volver a subir en un tobogán, y otro…. y otro más… hasta cruzar la carretera.

Tras dejarla atrás, continuamos descendiendo, para volver a subir en otro tobogán… y bajar…. y volver a subir… y detenernos para reunir al grupo.

Creo que hace más frío que al punto de la mañana, y así lo confirman algunos de mis compañeros. Uffff, estas paradas te dejan frío, frío!!

Todos juntos de nuevo, volvemos a bajar. Encontramos varios charcos que intentamos sortear para volver a subir la última cuesta del día. Corta y de suave pendiente
pero cuestica al fin y al cabo.

Pasamos junto a una granja y giramos a la derecha.

El grupo va estirado, y los de delante, no nos damos cuenta (fallo nuestro), de que las cosas se vana a complicar detrás, a partir de este punto.

Continuamos, con una cosa en mente: La trialera de bajada que alcanzaremos un par de kilómetros más adelante.

Llegados a dicho punto, nos tiramos. Samuel nos coge la posición y Roberto y yo luchamos por coger la trazada buena, sin conseguirlo ninguno.

Resultado: Bajamos ambos en paralelo, pillando todos los saltos, piedras y dificultades habidas y por haber…a muuuucha velocidad…. jijiji

Al llegar abajo, todo son risas, mientras nos miramos…. ¡¡¡que brutos!!!

Nos detenemos, puesto que puede haber dificultades en ese punto y es mejor reunir al rebaño.

Van llegando… casi todos.

Faltan Javi y su cuñado.

Suponemos que Javi se ha quedado a esperar al sufrido cuñado, y esperamos… casi un cuarto de hora.

Al final optamos por ir deshaciendo el camino, hasta que, al fondo vemos el maillot amarillo del cuñado (¡¡que alivio!!).

Pero viene solo y dice que siguiendo el GPS que nos muestra!!!! Toma moreno!! Ahora se nos ha perdido el peludo!!

Le llamo a su  “LondonPhone”.

Tras varios tonos, un tipo empieza a decirme:

-“Plus… four… four…”

¡Vaya!, salta el contestador…

Suena mi teléfono.

Yo: -“Donde andas..”?

Javi:-“Me he quedado a esperar a este y al final ni lo he visto pasar y ahora he subido a unos molinos y estoy aquí ….blablabla”

Ufffffffff

Le indico como llegar a nuestra posición.

El resto del grupo se ha quedado congelado y optan por continuar. El frío es cada vez más intenso.

Viene Samuel, hasta mi posición. Cinco minutos después vuelvo a llamar a Javi.

-“Que tal vas, ¿Te orientas?”

Al final llegamos a la conclusión de que está al otro lado de los molinos y que con su GPS, tirará una línea hacia el pueblo.

Mientras hablamos, empieza a nevar. Madre como se está liando esto… hay que salir “por llantas”.

Sam y yo, emprendemos trote, y rodamos a todo meter.

Pasan los minutos y no vemos a nuestros compañeros, pero continuamos rodando como si detrás nuestra viniese una manada de hienas hambrientas.

Al fin, el ritmo da su fruto y vemos allí delante el pelotón y conseguimos alcanzarlo.

Llegamos al pueblo y algunos vamos a tomar algo (casi caliente).

Yo continúo con el tema en la cabeza y llamo a Javi, para ver donde anda, pero conforme descuelgo, lo veo por la ventana.

Ha llegado sano y salvo.

Terminamos una ruta preciosa, divertida y con muchas anécdotas que sino en Murchante, bien podría haberse desarrollado en Siberia (a tenor del frío, claro está).

 

 

Salimos de Tudela hacia el parque: Bauti, Diego, Cesar y Yo (Patxi) para encontrarnos con Fermin, Guillermo, Dani, Saso, Chelu y Roberto. Un buen número teniendo en cuenta que ayer también hubo salida.

Hoy el plan es fácil: Seguir a “Diego Bolsón” atravesando la tierra oscura del pantano del Val para arrojar al “enanillo” en la estación abandonada de la Nava (se puede tirar a cualquiera, pero creo que Chelú se lo olió a tiempo). Nos enfilamos por camino a Tarazona, alguno gruñe un poquito porque le aburre la pista, pero a mi personalmente, evitar el Tarazonica me alegra siempre (es tan práctico como aburrido). En cabeza de pelotón Bauti, Cesar, Diego y Roberto (según pulsaciones), los demás seguimos con distinta fortuna según los grados de inclinación del terreno. Eso si: también llevamos alguno con la cabeza como un pelotón (compensado el grupo).

Llegamos a Torrellas y tomamos una pista que nos situara sobre el pantano del Val, lo seguiremos entre pinares y desniveles constantes que acompañan el perfil del embalse.

Echamos alguna foto pero la parada es breve para cumplir con el horario de vuelta a casa.

Nos dirigimos a Soria, “camino de rosas, camino de flores, camino me engañas, camino me jodes”, nos va sacando el Machado que llevamos dentro, pero vaya… más que recitando versos algunos vamos resoplando como burros, cuesta parriba, cuesta pa´bajo, y otra, y otra…eso si algunos como Bauti no dejan de hablar, el resto contestamos con monosílabos. “ssi”, “nooo” “arf”, “burfff”, “arghhhhh”.

Daniel, Saso y Chelu se vuelven para llegar a tiempo a Murchante porque la hora de regreso comienza a ser algo incierta (aunque finalmente llegaremos según la hora programada por Diego).

Los kilómetros hacia la estación abandonada de la Nava se hacen duros por el desnivel acumulado y el aire en contra no facilita la tarea. En uno de esos momentos Fermín saca unos Kit Kat sobre la marcha que me saben a gloria, luego se amorra a la botella de coca-cola y llueven las sugerencias sobre posibles mezclas más apetecibles aunque salga un poco diluida la mezcla. Y finalmente para postre, reparte galletas príncipe que compartimos gustosamente como buenos compañeros para quitarle peso. (Aún así no disminuye el volumen de la mochila verde: ¿pero que demonios llevara dentro?).

Recorremos Monte Alto con viento en contra y pendiente constante, hasta el corral de Bolchaca. Es el cruce de caminos donde solemos parar habitualmente, por donde desciende la nocturna o continuamos hasta la antena camino de Valverde.

Hasta aquí parece que todo ha sido cuesta arriba desde que dejamos Murchante, ahora…¡¡¡¡a disfrutar!!!, nos lanzamos cogiendo velocidad y sentimos que por fin descansan algo las piernas, aunque en algún momento el aire nos daba bandazos muy fuertes o incluso obligaba a darle a los pedales. Cesar va delante (algún día no muy lejano te ganaré), le sigue Roberto, y en un intento juguetón, intento pasarle, pero al ponerme junto a él empieza a darle ritmo y parece que su método de entrenamiento da resultado porque me deja atrás. (lo tenía que haber dejado en el fondo del Val, que ahí si que no le iban a subir las pulsaciones)

Llegamos finalmente a Murchante, con sensación de cansancio (al menos yo) pero habiendo terminado un recorrido de 70 kms novedoso y bien trabajado. Ahora que cada cual descanse como pueda o le dejen, yo con mi siesta de manta de cuadros, y algún otro con los críos de peña en peña. Siempre ha habido clases.