Nota: Esto es MUY LARGO… si no eres lector paciente… ni intentes leer esta crónica.

Todos dicen lo mismo: “El Soplao” empieza el día que haces de la prueba un objetivo y empiezas a entrenar.

Hay quien me decía que era muy sacrificado eso de entrenar de forma metódica y “sacrificar” muchos días de salidas tradicionales en pos de entreno…

Y sin embargo, ha sido todo lo contrario. He disfrutado de la bici como nunca. Es más… he descubierto otra forma de ciclismo que me encanta y me llama.

El ver como tu estado de forma se incrementa día a día, la consecución de cada fase del entrenamiento y el tener el objetivo cada vez más cerca, te llevan a ver la bici de otra forma y posiblemente, nunca vuelva a verla como lo hacía antes de esta experiencia (que un no ha terminado, porque escribo desde mi casa la noche antes de viajar hacia Cabezón).

 A decir verdad, escribo por calmar los nervios que me llevan acelerado desde hace días.

Entre el catarro que se presentó de visita esta semana (¡¡el único del año!!), el ser novato y no saber exactamente cómo va a enfrentar tu cuerpo la paliza que a la que lo voy a someter y que, en foros y videos, presentan la prueba como el apocalipsis del btt… soy un manojo de nervios.

Es ahora cuando llegan las dudas. ¿Serán suficientes las horas invertidas entrenando? ¿Este catarro me tiene muy mermado? ¿Es eso que parece que quiere, dolerme una señal de lesión que aparece a pocas horas antes de la prueba?

Vamos, que ves dolores y cosas raras en cada músculo y quiero pensar que es por los nervios.

Y no soy el único, porque a las 5 de la mañana, harto de dar vueltas en la cama, me levanto y Chelu, mi inseparable compañero de entrenos, me traslada vía “WhatsApp” que también está despierto.

En un rato, toca ir a la oficina, y esperar a que llegue el medio día para salir pitando con el resto de amigos que hemos decidido acudir a la cita.

Por cierto: No había dicho que la crónica iba a ser corta así que si el prólogo ha sido este… coger aire para lo que pueda escribir el domingo (si es que aún tengo ganas de hacer algo…)

Por retarme, escribiré una frase más:

A día de hoy, estoy convencido de que el año que viene volveré al Soplao.

¿Pensaré lo mismo la próxima vez que siga escribiendo?

24 horas después de acabar el Soplao…

¡¡CONSEGUIDO!!!

¡¡¡Madre mía, que experiencia!!!

Es domingo, y hace unas 24 horas que pasaba por línea de meta tras acabar la más escalofriante y épica vivencia en BTT de toda mi vida (hasta ahora). Pero empecemos por el principio.

Llegamos el viernes y antes de ir al camping, nos acercamos a recoger los dorsales. Allí nos encontramos con Cabri, con el que charlamos un rato y nos dice que acaba de mirar el tiempo y no parece que vaya a llover. BIEN!!!

Tras prepararlo todo, nos acostamos y al poco suena el despertador.

Llegamos a cabezón sobre las 6:00 a.m. y nos situamos en línea de salida, para esperar dos horitas. El tiempo es bueno aunque, el cielo, está encapotado.

Poco antes de que den las 8:00, aparece Yoli y los hijos de Chelu. Lo hacen emocionarse y por poco acabo lagrimeando yo, al ver los ánimos y palmadas que le daba Diego en la espalda, muy serio, a su padre como diciendo:

-“Tranquilo papá, tu puedes…”

7:55 y empieza a sonar la canción: Thunderstruck de AC/DC…

No se si era yo o el equipo de megafonía que tenían pero a cada golpe de rimo me estremezco y me recorre un escalofrío… parece que voy a la guerra…

A los lados el público y varios de ellos con la boca abierta canturreando la canción… que sensación…

Salimos y al poco estamos dando pedales, cuidando de no perder a los amigos, pero intentando avanzar posiciones para evitar el atasco en el kilómetro 3.

Allí llegamos juntos, Feli, Chelu y yo (Iñaki) y por suerte no hay atasco.

Se oyen los cambios por doquier y empezamos a ascender. El primero. La gente empieza a resoplar y yo empiezo el mantra que Cabri me indicó el día anterior:

-”Guarda fuerzas, guarda, y reserva…”

La verdad es que voy nervioso y algo tenso de la emoción y no disfruto la subida del todo, pero con la niebla, tampoco es que se vea mucho paisaje. Lo importante es que voy muy bien de pulso y el cuerpo responde, así que me preocupo de no perder a los amigos, entre la muchedumbre.

Al fin coronamos San Cibrian y empieza la bajada.

Es camino bueno pero con mucha gravilla. Mi mayor miedo es que alguno baje descontrolado y me tire, pero por lo demás voy muy tranquilo, porque hay algún compañero que no le gusta mucho bajar, así que voy disfrutando el paisaje.

Es seguida comprendo que en Cantabria no tienen ni idea de lo que es un llano y lo del nivel como herramienta…. ni en los libros… Todo está inclinado de una forma u otra….

En cuanto termina la cuesta abajo, la emprende otra hacia arriba así que volvemos a cambiar coronas como locos y a darle de nuevo…

Van pasando los minutos, pasamos por San Vicente del monte, y bajamos para volver a subir hasta el alto de Carrancias.

Son todas subidas que, en nuestra zona, consideraríamos fuertes o muy fuertes, pero sabiendo lo que viene por delante, como para rechistar o decir algo…

En mi cabeza, voy dando vueltas a una pregunta:

“Y… entonces… como son las rampas que llaman…fuertes?….”

En estas estaba yo cuando bajamos pronunciadamente.

No sé en que momento, perdemos a Feliciano. Yo pienso que va unos metros tras de mi, con Chelu y el debe pensar que va entre ambos o detrás…

Empezamos a bajar y me encuentro solo, así que reduzco la marcha para enlazar. Miro atrás y veo decenas de tipos, lanzados cuesta abajo, pero ninguno de ellos es Chelu o Feli.

Justo después de ver un accidente, me alcanza Feli, al que grito, porque no se daba cuenta.

No pasa un minuto y aparece Chelu, con lo que respiro aliviado y encaramos la siguiente subida.

…Doy una curva y veo mucho público apostado en los lados del camino…

Camino??? Pero por dios, que es esto!!!!

Empieza la subida a “La cocina”… La verdad es que voy muy bien… pero es la risa…

Una pendiente de hormigón rayado, en el que las cubiertas se escuchan derrapar contra el terreno, pidiendo clemencia.

Son varios kilómetros y veo que eso va a ser largo… y la pendiente no mengua…

Nada, de momento voy bien, no me duele nada y el pulso  en torno a 135-140 pulsaciones…

Miro a gente de mi alrededor, resoplando y veo cifras de pulso que harían hervir el metal, mientras algún otro me adelanta …

De vez en cuando miro a ver si estos dos siguen a mi flanco y así es. Si acaso cuando me ven mover la cabeza y no los alcanzo a ver, enseguida, el avispado de Chelu, me grita: “Estoy aquí, tranquilo”.

Él me tiene bien localizado con mi mochila y zapatillas naranjas, que dice que se distinguen bien. Yo cuando miro por debajo del sobaco, siempre busco el casco naranja de Feliciano, que también es fácilmente identificable.

 Salimos de un camino y sin bajar un solo metro nos metemos en asfalto ascendente…

Por tanto… ¿Estaremos subiendo “el soplao”?

Parece que sí.

Nos adelanta gente pero nosotros continuamos en modo:

-“Guarda fuerzas, esto aún no ha comenzado, tu a tu 50% y como mucho!!!”

 Alcanzamos el primer avituallamiento y nos encontramos a Ramón que había salido a fuego.

Le digo que si viene con nosotros pero decide seguir por su cuenta.

Comemos algo, rellenamos líquido y mandamos un whattsapp a la familia para que sepan que sobrevivimos. Allí se supone que iba a estar Yoli, los chiquillos de Chelu y la Feli pero no aparecen…

Empezamos a descender y según nos han dicho, esta bajada, hasta Celís, es la más peligrosa.

Sigo a Feliciano y no puedo mirar atrás, si quiero conservar la dentadura, por lo que decido bajar concentrado.

Del resto no sabemos nada. Suponemos que Antonio ha ido por delante, mientas Sierra, Fernando y Jarauta, formarán un grupo algo más atrás, y Fermín irá con un amigo con el que había quedado a la salida. Pero todo son suposiciones…

Por fin abajo y sin necesidad de prótésico dental. En un par de minutos llega Chelu que parece que hoy está haciendo un master en bajadas… y la verdad es que cada vez va mejor, más confiado y rápido.

Avanzamos por asfalto y allí está nuestro equipo de apoyo. No les habían dejado subir así que estaban esperándonos aquí.

Tras parar, conversar con ellas y comer un plátano, continuamos, pensando en el “Monte Aa”. Miedo me daba pensar que según la información que tenía, las rampas eran más duras que las de la cocina… pffffff.

Nos metemos en camino y aquello se inclina… peor no es para tanto… menos mal…

¿Menos mal? Giramos una curva y veo aparecer el temido hormigón rayado…

Quien me mandaría dejar el piolet en casa…

Pongo plato pequeño y solo me queda una corona de reserva. Que en algún momento tengo que meter… la madre del ****

Mis compinches sigen a mi lado y allí no habla ni el perro…

Mirando hacia arriba aquello asciende y serpentea, hasta que por fín veo un cartel, hecho a mano: GOMINOLAS!!!

La famosa mujer de las gominolas se coloca en las últimas rampas del monte Aa y por tanto sé que aquello se termina.

Sonriente paso para recoger mi gominola y la mujer con la misma sonrisa me la pone en la mano, intentando llegar a todos, sin que tengamos que poner el pie en el suelo.

Seguidamente, paso por una chica ¿su hija?, que reparte manzana…(que buena me supo!!).

Y así, es… poco después estamos arriba y las vistas son realmente espectaculares.

Hace calor, bastante más del que las previsiones marcaban y vamos perdiendo líquido por lo que intento recuperar algo, antes de comenzar la bajada.

El descenso es muy bueno y Feli toma la delantera, no sé, si espoleado por cierta moza que bajaba echando fuego… vete a saber….

Como en ocasiones anteriores, Chelu baja un poco después, pero se nota que va cogiendo ritmo… casi no tenemos que esperar… ¡¡va sacando nota en cada bajada!!

Comentamos que tiene que ser algo relacionado con el agua, o las anchoas o algo de allí pero no es normal… tanto público, con tanta pasión, que te animan como s fueses el mismo Indurain, ascendiendo contigo unos metros con las venas en el cuello gritando:

-“Venga, una pedalada más, no te rindas, venga!!!!”

Y si fuesen cuatro forofos… se entiende…

Pero ver a mujeres de entre 60 y 80 años, unas con las cacerolas y los cazos aporreando la batería de cocina y desgañitándose al paso de cada grupo de ciclistas, o grupo de gente cualquier carretera perdida con pompones de animadora… o caminos apestados de coches a los lados con familias enteras, apostados y animando durante horas… como si fueses el primero que pasa por allí… no es normal…

Y quiero que quede claro: NO ES NORMAL!!!!

Y se agradece tanto, que no se ni como expresarles mi gratitud y sensación de apoyo transmitido.

Y hablando de cual sería la causa de tal desvarío mental de estos encantadores pobladores Cantabros… que nos plantamos en Ruente con muchísimo publico y poco después en el avituallamiento de Ucieda.

Volvemos a ver a Ramón que vuelve a irse, mientras nosotros paramos a echar aceite a las cadenas, y comer un bocadillo de Nocilla, ¡que bueno!.

Empezamos a ascender el Moral, puerto largo y duro, según dicen… unos 12 kilómetros.

Aquí se supone que empieza realmente el Soplao y todo lo anterior era el calentamiento… Un calentamiento de unos 2000 metros positivos…pero vaya… que esto funciona así… y aquí es donde se empieza a hacer la selección de verdad…

Conforme avanzan los kilómetros, las conversaciones disminuyen y las cabezas bajan mirando la rueda delantera. Esto es eterno…

No puedo aguantarme la curiosidad y pregunto a un ciclista si queda mucho…

Me dice que si que al menos 4 kilómetros…

¿Como? Si allí se ve que crestea y no hay nada más alto… como puede ser…

Y sí… sí que podía ser…

Al llegar al punto que yo tanto ansiaba, una curva cerrada daba paso a la otra ladera de la montaña, de donde aparecía una cumbre lejana y superior… vamos… para partirse de risa…

Voy con un dolor horrible de riñones y pienso que si a mitad de prueba voy a sí… mal voy y me empiezo a comer la cabeza… hasta que reflexiono.

De piernas voy nuevo, sin una sola molestia ni sensación de carga…

Pulso bien…

Venga ánimo… no puede quedar mucho…

Y por fin… veo la carpa del avituallamiento líquido.

Mis compañeros aparecen en menos de un minuto.

No soy el único que va con los riñones doloridos y tomamos un ibuprofeno.

Empezamos una larguísima bajada de unos 13 kilómetros que me sirven para relajar la espalda mientras hacía efecto el calmante… y voala!! Aquello desaparece como por arte de magia…

Llegamos a Juzmeana y a Barcena Mayor donde nos detenemos en el avituallamiento a comer un bocadillo, beber y hacer una parada más larga y relajada.

Allí veo a Cabri y nos comenta que el puerto que toca es el mas largo. Nos pone las cosas tal que si lo pasas con fuerzas de sobra, tienes mucho hecho a tu favor y sino… es casi imposible que completes la prueba.

Aquí Ramón se une al grupo y arrancamos juntos.

Reemprendemos la marcha, y empezamos a ascender cruz de fuentes. Unos 20 kilómetros de puerto, con un paisaje de película.

Pero la película, no acaba nunca y pasa la primera hora y aquello no se ve terminar.

Aquí cada cual tiene que poner su ritmo y subir según le dicta su cuerpo para evitar problemas.

Chelu me dice que hemos perdido a Ramón, hace un rato, y acostumbrado como estoy, me parece raro que no haya dicho que bajásemos el rimo para ir juntos.

La subida continúa y pasa el tiempo, mientras hago caso de los consejos, admirando el paisaje para no pensar en lo que queda.

A 3 kilómetros de acabar alcanzo a Unai Gonzalez, al que reconozco por sus vídeos en Youtube y con el que voy charlando animadamente, lo que me recupera el ánimo y me hace incluso disfrutar la última parte  del puerto.

De cuando en cuando miro atrás y alcanzo a ver el casco naranja… así que todo perfecto.

Bebo, relleno líquido, como algo y mando whatssapp a casa.

Miro la pendiente y allí se acerca Feli, con su casco que llega sin hablar, directo al agua.

Menos de un minuto después llega Chelu, al que también se le ha pasado el dolor de espalda. Así que estamos los tres bien y juntos que es lo más importante.

Allí un hombre con barba y unos chicos jóvenes que están de espectadores se acercan a animar y entablo conversación con él…

Me dice que lo que queda es (y pongo literalmente):

-“Es una putada, no te puedo mentir, pero venga que os veo bien…!”

Descendemos, y las nubes se ven amenazantes y negruzcas a lo lejos…. Malo….

Empezamos a ascender a Ozcaba y nos detenemos en las primeras rampas a cambiar el agua al canario, mientras empiezan a escucharse truenos a lo lejos…

Continuamos ascendiendo, por medio de un precioso bosque y de repente la tormenta descarga sobre nosotros…

Chelu y yo nos detenemos a ponernos el chubasquero y Feli dice que va totalmente mojado y que ya le pillaremos.

Al alcanzarlo, Chelu le mira y le dice a Feli:

-“Sonríe Feli…”

Quien responde:

-“Esta es la cara que tengo!!!!”

Esta el tema para pocas bromas….jajaja

Cuando caen las últimas gotas de la tormenta, llegamos al avituallamento de Ozcaba y nos detenemos buscando algo caliente que meter al cuerpo.

Por suerte, hay caldo y colacao que nos sienta genial.

Volvemos a montar sobre nuestras embarradas monturas, por caminos llenos de barro pero al menos no llueve.

Mirando a mi izquierda, veo la diagonal que trazan subiendo quienes llegan a “Venta Vieja” y unos minutos más tarde acabamos por llegar nosotros.

Bajamos con precaución y sin prisa… hay muchos hecho, estamos en buenas condiciones y no hay que echarlo a a perder por llegar antes o después…

Bajamos los tres juntos con un Chelu, crecido que ya se ha graduado en bajadas de todo tipo.

Un compañero de ruta, nos dijo kilómetros atrás dos axiomas:

1.- Si llegas al Negreo está conseguido aunque lo tengas que ascender a pie, sus terroríficos siete u ocho kilómetros.

2.- Ese puerto es una aberración.

Pero después de la jornada que llevábamos, el miedo había quedado atrás…

¿Rampas más duras que las del monte Aa? ¿Más Kilómetros que en El Moral?

Vamos que iba crecido…

Ascendemos por una pista asfaltada y se ve una pendiente impresionante en un cruce a la derecha.

Feli: -“como sea por ahí…”

Feli:-“A no, que marca a la izquierda tras esa casa…”

Feli:-“La madre que me…”

Y como dice  el refrán si no quieres taza… tazón!!

Ascendemos a “Correpoco” y por suerte la pendiente es corta, pero el terreno deja de ser asfaltado para convertirse en un camino que poco a poco deja de serlo para convertirse en una especie de rio de barro negro y piedras del tamaño de cajas de zapatos las más pequeñas y de cajas fuertes las mayores… pero que es esto!!!!

Con suerte y tirando de técnica conseguimos pasar montados, mientras muchos compañeros pasan las de Caín. Vamos que solo faltaba esto…jajaja

Comenzamos un rápido y retorcido descenso hasta acabar en una carreterica.

Al fondo, a menos de un kilómetro se ve mucho público y eso a estas alturas, ya comprendo lo que significa.

Giro a la derecha y lo reconozco de vídeos que había visto… pero en éstos… no parecía tan inclinado , ni de lejos…

La primera rampa del Negreo, se presenta como un muro, donde el publico mismo parece estar dispuesto en escalones, por la diferencia de altura entre ellos.

Me recuerda las míticas subidas del Tour de Francia, donde por las justas se ve el camino por la cantidad de gente que se aparta conforme avanzas.

Forofos con cencerros enormes mientras te jalean, mujeres aplaudiendo niños gritándote y jóvenes que se acercan para pedirte una pedalada más …

IM-PRE-SIO-NAN-TE.

Pongo todo lo que tengo y busco más coronas por si la cadena se puediera colocar sobre la cubierta trasera.

Voy a menos de 5 por hora, y me da tiempo de ver caras y gritos, puños cerrados haciendo gesto de fuerza y pedaleo. Pedaleo como si tirase de la misma tierra. Me decían que no pasaba nada por subir andando pero ahora merece la pena darlo todo.

Llego al avituallamiento. Chelu me ha dicho que tire y salimos Feli y yo  para arriba. Le esperaré arriba, hasta que llegue, me repito y pedaleo preocupado, pensando que tendré que esperar horas a mi amigo.

Curva a izquierda y la pendiente parece algo más clemente…hasta que vuelve a aparecer el hormigón rayado.

Esta es aún peor que la primera pero ya no me pilla de improviso.

Me preocupa la cantidad de participantes que arrastran maltrechos las bicis y a so que tengo que pedir paso para no echar pie a tierra.

Si tengo que desmontar, será imposible volver a hacerlo, pienso.

Culmino la rampa y giro de nuevo para encontrar la tercera. Tengo las piernas en perfecto estado así que, si tengo que vaciarme, lo haré, pero no desmonto ni aunque se me salga un ojo de tanto apretar los dientes.

Un pequeño descanso y encaro la cuarta rampa hormigonada, con más de un 30% (según dicen) de desnivel.

Me acuerdo de Cabri con su consejo de sentarse en la punta del sillín (donde llevo “acomodado” desde hace rato) y mordiendo el manillar para evitar que se levante la rueda delantera…

Y culmino… se supone que a partir de aquí la cosa sin ser una broma, ya no es para tanto.

Miro abajo y a cien metros viene el hombre de hierro con una cara que asusta, de fuerza y rabia.

Busco a Chelu por las “zetas”, más abajo y no lo diviso.

Paro a esperar (y con la excusa descanso), creo que Feli va muy mal, por la cara que trae…

Mi amigo desmonta y se acerca unos 5 metros andando… madre que drama nos espera (pienso).

Y al llegar, me dice:

-“Venga ya hemos tomado el aire…”

Que alivio!!!

Montamos y continuamos ascendiendo.

Busco a Chelu por debajo a cada curva que hacemos en la escarpada ladera.

Y cuando encaro la última recta visible del Negreo, escucho un grito:

-“Iñáki!!!!!”

BIEN!!!!

Es Chelu y no está, ni mucho menos, tan mal como yo temía.

Se ha recuperado muy bien y está dando pedales como un campeón.

Vamos hablando entre los penitentes que comparten ritmo y termino e puerto con Kike, que sin saberlo es amigo de Cabri. Un chaval muy majete al cual saludo desde aquí.

Al llegar arriba, nos detenemos a esperar, cada cual, a sus respectivos compañeros.

Enseguida llegan los míos y nos despedimos para continuar las pocas rampas que quedan del terrible pero ya derrotado Negreo.

No faltó quien casi echa alguna lagrimilla, al saberse vencedor entre la niebla cerrada que nos esperaba arriba.

Emprendemos la bajada y decidimos hacerla despacio y sin prisa.

Descendemos de forma muy relajada, mientras nos adelantan decenas de compañeros que buscan hacer tiempo.

Vamos casi anestesiados y con una sonrisa en la boca…. Lo que queda a meta es cuesta abajo y serán los 15 kilómetros más placenteros que nadie pueda nunca imaginar.

En la carretera de Ruente a Cabezón, vamos haciendo relevos y sin quemarnos alcanzamos una buena velocidad de crucero.

Entramos en Cabezón, pletóricos entre la muchedumbre que se agolpa aplaudiendo a los lados. Que bonito!!!!

Nos detenemos y tras las fotos de rigor empezamos a pensar en  nuestros compañeros, de los que no sabemos nada hace muchas horas.

Un rato después llega Ramón, recuperado y contento y mientras comemos vemos aparecer a Sierra, Jarauta y Fernando.

Solo queda Fermín…

Por fín su mujer nos dice que le ha llamado emocionado, y está empezando el Negreo. Lo cual quiere decir que lo va a terminar (¡que pasada de tío… que fuerza mental tiene!)

Nos iremos al camping a duchar, cambiar, y volvemos para recibirle y cenar.

Acabamos todos con una foto en la mítica rotonda de la bici con un sueño cumplido.

De momento hay quien dice que no vuelve… pero dejaré que las aguas se calmen y vean lo que han sido capaces de conseguir…

El año que viene…

Los Karrikiri cabalgarán de nuevo el Soplao.

 

Tiempos de paso como referencia a futuro:

  • 10:10 avituallamiento Soplao
  • 12:00 Empezamos a subir el Moral
  • 13:30 Arriba del Moral
  • 14:08 Avituallamiento Barcena Mayor
  • 15:54 Coronando Cruz de Fuentes
  • 17:10 Coronando Venta Vieja
  • 18:10 empiezo a ascender Negro
  • 20:19 Meta

La previsión meteorológica nos tenía en vilo…

Pero la verdad es que al final, desde radio, televisión e Internet, nos confirman que en lo climatológico, esta Javierada iba a ser desastrosa.

Claro, decididos como estábamos a peregrinar, no queda otra que intentar minimizar el tema y después de esperar a la última previsión, indicaba que en Carcastillo llovería sobre las 11 de la mañana, en Cáseda y Javier, empezaría sobre las 12:00 suave y a partir de la una, fiesta de maillots mojados…

Por otro lado, gente nueva se sumaba este año a la peregrinación Karrikiri y al no saber como ni cuanto andaban en bici queríamos asegurar al máximo la jornada…

Visto lo visto, decidimos madrugar más y salir pronto… tan pronto como las 6 de la mañana de Murchante, a fin de llegar a Javier pronto y evitar la lluvia al máximo.

El viernes, quedamos en el hangar del “KarrikiriKarro” para montar maletas en el “KarrikiriMovil” capitaneado por el Sheriff Chirico y la inestimable ayuda de Marta que este año va de apoyo.

Allí hablamos del tema, mientras cae una fina lluvia que hace prever lo peor.

La expedición por parte de miembros del club la componen:

Chelu, Carlos, Jarauta, Fermín, Unai, Patxi, Ines, Samuel, Feliciano y yo (Iñaki)

A los que se suman:

Victor, Miguel y Alfredo por parte de “los trotamúsicos” y un último fichaje “Tomás” que se incorporó a filas como uno más.

Tras las fotos de rigor, salíamos de madrugada desde la plaza de los fueros, camino a Tudela.

Con frío, pero menos del que se pensaba, bajamos hasta el puente del Ebro y poco después alcanzamos la recta de Arguedas.

Con la oscuridad e inmersos en conversaciones y cháchara, nos confundimos de camino (tres veces…), pero por suerte, no recorremos mas de 5 metros en cada ocasión, sabedores de que no era así el que buscábamos.

Finalmente, encaramos hacia los Aguilares y minutos después, estamos dando pedales con Castildetierra al fondo.

Ya huele a desayuno!!

Realizamos una parada en condiciones y sin prisa, pues parece que vamos sobrados de tiempo.

Caen pastas… muchas pastas de chocolate, que junto al cafecico que preparó horas antes Chelu, nos calienta y reconforta ante la fría mañana.

Tocan fotos y al poco, estamos otra vez sobre el sillín, por “la perimetral”.

Se suponía que iba a soplar bastante viento. unos 30Km/h con rachas de hasta 55km/h pero… A Dios gracias, lo que allí soplaba era más que soportable (cómodo, me atrevería a decir).

Aunque el terreno es eminentemente llano, vamos tranquilos y sin prisas, cuidando de que el rebaño vaya, mas o menos junto, y evitar desfondamientos, calambres y problemas varios…

La parte hasta el monumento del pastor la paso vigilado de cerca por Alfredo que me quiere atrás del grupo y si acaso… a su lado (peor nunca delante…jejeje).

Comentan que si alguno va un poco más flojillo y preguntamos a ver si come, bebe y se cuida como debiera. Por suerte, una vez metemos combustible, da visos de recuperarse lo suficiente como para llegar a Carcastillo.

En este pueblo, Alberto (Chirico) y Marta nos esperan parrilla en mano, llena de Panceta , chistorra, vino y demás viandas típicas de todo buen avituallamiento pro-tour.

Vamos adelantados sobre el horario que nos habíamos marcado y almorzamos tranquilos… muy tranquilos… y tanto es así que se nos va más de una hora en ello. que nos quiten lo “bailao”.

Emprendemos la marcha adelantando a muchos caminantes, adentrándonos por las primeras zonas de barro y charcos. La cosa es que como esperábamos peor tiempo, más barro y agua.. todo nos parece poco y si no es por las salpicaduras de barro, casi ni nos damos cuenta.

Llegamos a un punto, donde los peregrinos de a pie toman un camino hacia Montepeña y nosotros continuamos junto al río.

Es zona de toboganes y algunos disfrutamos las bajadas como chiquillos.

El ritmo ayuda, porque al ir relajados, podemos apretar los dientes unos segundos y relajar de nuevo hasta volver a reunirse todo el pelotón.

Llegando al puente de Cáseda, hay quien, con menos kilómetros en el zurrón, va justico, pero tirando de coraje y mandíbula, continua sobre la bici.

Ya en el pueblo, nos esperan, como es tradición, la pareja de apoyo. Unos comen, otras evacuan y todos paramos, antes de continuar.

Comento con un integrante del pelotón, que salga ya y que el acompaño para que, en las cuestas que se avecinan no tenga que ir con el gancho, “haciendo la goma” y vamos ascendiendo a ritmo muy suave.

Parece que va suficientemente bien y para cuando nos alcanza el grupo, ya llevamos la mitad de la subida hecha.

Como mi compañero va arropado por el grupo, y los lobos saltan, decido dar un pequeño arreón y gozar un poco subiendo.

Veo allí delante a Feliciano que ha saltado comandando la tropa y me lanzo a por él.

Lo alcanzo y me voy a un lado del camino, en lo más empinado de la cuesta, para adelantarlo.

Es cuando, “el mercancías”, me mira de reojo, saca hombro y “vira el timón”, inclinando la bici hacia mi (esa técnica la he bautizado como “la melé del ciclista”, puesto que solo un jugador de rugby venido a ciclista, puede ejecutarla, haciéndote sentir que se te echa encima un transatlantico).

-“Ande vas, animaaalllll”

Y allí me veo por el “labrao”, fuera del camino… mientras “el hombre de hierro”, a carcajada limpia, solo atina a decir:

-“Perdonaaa, que creía que eras Unai!!!”

Entre risas y cabeceos, aun no se como, consigo volver al camino, sin echar pie a tierra y coronar.

Arriba, nos reímos, mientras esperamos a reunir al personal.

Alguno echa pie a tierra en los últimos metros, pero ya se aprecia que tiene la convicción de terminar sin montar en el coche.

Esa es la actitud!!

Avanzamos ahora, junto al canal y adelantamos a gente que desciende de MontePeña.

Vamos tranquilos, pues hay amigos que van castigados, aunque Patxi y Unai, salen por delante enzarzados en un pequeño pique disfrutón.

No tardamos mucho y estamos descendiendo para acercarnos a Yamaguchi.

Allí, junto al restaurante, detenemos la comitiva de nuevo, para rellenar botellines y esas cosas.

Por delante, ya solo queda una cuesta, un poco larga, pero que a buen seguro, nadie va a rendirse tan cerca de la meta.

Es en este tramo, donde decidimos ir algo más a nuestro ritmo, pues, en general llevamos toda la mañana, sin desfogarnos.

Chelu, Unai, Patxi y yo, ascendemos a buen ritmo pero sin forzar y llegamos arriba mejor que nunca. Parece que el trabajo diario funciona incluso mejor de lo esperado.

Esperamos entre chistes (malos) y tonterías, al grupo y una vez reunidos, descendemos hacia Javier para retratar el momento.

Con las fotos realizadas, atacamos el último tramo del día, que nos lleva a Yesa.

Vamos tranquilos, y relajando pierna, mientras charlamos.

Cae una fina lluvia y comentamos:

-“Justo a tiempo!!!”

Aunque la verdad es que poco duraría y no se dio mas agua en la jornada (madrugar para nada, pero vaya…).

Buena ducha, mejor comida y regreso a casa tras pasar un día genial junto a gente del club y amigos que esperamos, se unan a más rutas en futuras ocasiones.

 

Ayer, mientras entrenaba sobre  la bicicleta estática en el gimnasio (quitando horas, de donde se deja, al día a día), un conocido se acercó y me comentó:

-“Te veo día tras día, si no es montado ahí, entrenando de una forma u otra y  me preguntaba… ¿Realmente merece la pena tanto esfuerzo?”

La verdad es que no esperaba ni la pregunta ni la forma tan directa de la misma pero respondí casi de forma automática:

-“Sí claro, por supuesto!!!”

Y cuando volvimos a estar solos (la bici, yo, y unas horas por delante para pensar en el sentido del universo…), le empecé a dar vueltas…

Y solamente me venía una frase contundente a la cabeza:

SI!!!, CLARO QUE LA MERECE!! SIN DUDA ALGUNA!!!

…Casualidad, por la noche me entretenía viendo un documental de un famoso Youtuber, sobre sus vivencias en  la Titan Tropic en Cuba y leía unas frases que decían algo como (es probable que no fuesen textualmente exactas pero creo que se entenderá):

  • “Vas a estar muerto por toda la eternidad”
  • “Que la muerte tiemble al recibirnos”
  • “Esta es tu vida y se está acabando a cada instante…”

Y muchas otras que la verdad… es que tienen su enjundia…

Y las frases reactivaron mi mente con lo que volví a darle vueltas a la pregunta que  me hizo este conocido…

Que piensas contar cuando seas viejo, si es que llegas, a tus nietos?

Estarás satisfecho de la vida que llevaste, cuando eches la vista atrás?

Y mil preguntas dignas de analizar con un psiquiatra o un amigo tras 30 cervezas juntos }:-P

Creo que  todos, admiramos y nos gustaría emular, en mayor o menos medida a grandes aventureros, gente que realiza enormes retos o alcanzar gestas inimaginables para la mayoría de los mortales. Y la verdad es que podemos hacerlo, aunque hay que pagar un precio por realizar los sueños (sacrificar tiempo, pensar, meter horas…).

Esto no quiere decir que todos debemos lanzarnos a escalar el K2 sin oxígeno, o intentar hacer apnea en la fosa de las marianas hasta llegar al fondo, …pero si soñar con aventuras, retos y sueños que, el día exacto en el que se cruzan por primera vez por tu cabeza, son poco menos que imposibles para ti (y precisamente eso es lo que las hace geniales y merecen la pena!!).

Y que pasa si al final, no lo consigues?

Lo que pasa es que aprendes bastantes cosas y obtienes grandes beneficios para el resto de tu vida diaria (no solo en la faceta deportiva):

  • Aprendes que el reto empieza el día del primer entreno y no cuando se da la salida (o incluso antes, con  la misma planificación inicial).
  • Que aprendes muchas cosas necesarias para poder acercarte al reto (sea de entrenar, de planificar un reto, de logística o de mil cosas relacionadas de alguna manera con aquello con lo que sueñas).
  • Que la aventura alimenta tu día a día y te hace más feliz,minimizando otros problemas que todos tenemos.
  • Que mejoras tanto física como mentalmente (osea que inviertes en ti mism@),
  • Que te haces mas fuerte (hablo de perseverancia, confianza propia…) y a esto le sacas partido desde el primer día cada una de las horas que tiene cada jornada.
  • Que aprendes a gestionar y optimizar  mejor tu tiempo (vaya que si lo haces…).
  • Que tienes una escapada mental al resto de tu vida cada vez que le dedicas minutos u horas a ese sueño (y hay días que lo necesitamos todos¿ verdad?).

Y todo esto, claro… si no consigues el reto, o sin ni siquiera llegar a tomar la salida…

Así que me pregunto:

¿Y si lo consigues?

El placer mental (debe ser la moneda de cambio al dolor físico, supongo) y la euforia debe alcanzar niveles de orden galáctico y en tu cabeza tiene que implantarse una idea durante mucho, pero que mucho tiempo:

-“Ahora sé que puedo superar lo que me proponga!!”

Y a buen seguro no estás cruzando la meta, ya tienes ideas de retos mayores o incluso mejora del mismo desafío, en ediciones posteriores (si no las tienes ya durante los meses de preparación).

Y me preguntan si merece la pena?

La respuesta adecuada, tal vez sea que probablemente, no merezca la pena vivir sin retos, ilusiones o metas superiores (y cuidado que no tiene porqué ser deportivas, sino de cualquier tipo).

Si tienes una idea, reto o necesitas, simplemente recuperarte de algo (que es un gran reto!!), tu puedes!! HAZLO!!.

Que cuando estés exhalando tu último aliento, estés deseando contar todo aquello que fuiste capaz de plantearte un día… allá a donde vayas…

 

Es un invierno raro.  Pero no peor o mejor que otros en lo deportivo. Simplemente, diferente.

Unos estamos centrados en entrenamiento para retos primaverales, otros están sumidos en “su guerra” con el triatlon e incluso los hay disputando carreras  de montaña a pie, con la familia, día sí, día también.

No faltan las que salen poco y cuando lo hacen (en muy contadas ocasiones) lo hacen por carretera… o quienes siendo híbridos, no aparecen ni con ruedas gordas ni con flacas.

Alguna indispuesta a la que recordamos esperando  que en breve vuelva a montar y correr como le gusta hacer y muchos otros…con su guerra e ilusiones diarias…

La cosa es que se pasa el invierno y los Karrikiris estamos separados por grupúsculos…pero con retos por doquier y entiendo que con la misma ilusión que siempre y retos futuros rondando las cabezas.

La directiva continúa preparando una nueva Night And Bike que va por su quinta edición y que preparamos con ilusión… y novedades, respecto de ediciones previas.

Hay mucho nuevo por contar al respecto, pero todo a su tiempo.

El fin de semana que viene, 5 de Marzo,  toca Javierada y a muchos nos vendrá bien para despejar la cabeza, reunirnos con amigos, con los que hace tiempo que no rodamos  e incluso para
olvidar el día a día (que tampoco es poca cosa y conviene oxigenar neuronas de vez en cuando).

Confiamos en disfrutar de una peregrinación con buen tiempo, pero visto lo visto… vete a saber que día tendremos. En cualquier caso intentaremos disfrutar independientemente del factor climatológico.

Tras la Javierada se abre un periodo de nerviosismo pues se acercan los retos y carreras peor además será teimpo de informar  sobre algunas de las novedades de  la Night And Bike.
Quedará aproximadamente una semana para abrir inscripciones (11 de Marzo) y aunque hemos estado más callados que de costumbre, todo tiene su sentido y razón.

En esta ocasión vamos a premiar a quienes antes se apunten (aunque el premio se conocerá a posteriori…pero vaya apuntando cada interesad@, porque podéis tener a buen seguro que va a ser así…).

Cambiando de tema, en poco tiempo, la tribu Karrikiri estrenaremos alguna prenda nueva. No es que interese tener que usarla mucho, pero cuando sea preciso, al menos iremos bien pertrechados…”y guapos”.

Y aunque no es todo lo que se puede contar, si que es todo lo que quiero revelar y por no perder la costumbre y mantener la cabeza ocupada, os dejo rumiando noticias o  la falta de éstas en los casos en las que no haya contado más.

Sed buen@s y pedalead mucho!!

No es que se me olvide escribir, o no me apetezca… pero la cosa es que estoy en una fase, que resulta especialmente difícil de relatar.

¿Imaginas una crónica de “20 minutos de meditación interior”?
(No…, no me ha dado por seguir a ningún gurú  indio. … De verdad… palabra de Karrikiri)

Pues algo parecido ocurre en este caso:

En mi caso, (soy Iñaki) aunque Patxi, me da algunos capotazos y escribe alguna crónica, no puedo estar continuamente pidiéndole que escriba, porque, entre otras cosas… es algo esclavo  y es un compromiso personal que no se puede transferir a terceros.

A lo que voy.

El tema es que “algunos” estamos entrenando (si, a ver… es eso que se hace, en vez de “salir en bici para divertirse”, y que tiene que ver más, con lograr objetivos futuros, que con divertimento propiamente dicho, pero… así es.

Y es que cada cual se busca sus retos, o sueña con ovejas eléctricas.

Relatar salidas de llano, a pulsaciones medidas, sin piques, subidas, zonas técnicas, en paisajes monótonos y demás adornos… no creo que resulte muy atractivo para ti, lector/a y de ahí que opte por no escribir acerca de ello.

Algunos de mis compañeros Karrikiris continúan saliendo y hacen rutas “de las de siempre”, divertidas y jugosas, pero como otros,  estamos, a lo que estamos… la parte periodística queda algo mermada en cuanto a mi experiencia personal (porque entiendo que a pocos o a nadie lo interesan los relatos de estrenos, que a menudo son similares, a excepción de pequeños cambios en duración, pulso y /o alguna serie…).

Las visitas al blog siguen mostrando que las entradas, históricamente más buscadas y leídas, (a excepción de las relacionadas con la Night And Bike  Murchante) son las de tipo más técnico o de temas más generales:

  • Empezar en el BTT: ¿Que bici me compro?
  • Vestimenta y BTT durante el otoño y el invierno
  • Y dices que para practicar BTT me debería de comprar un pulsómetro?
  • Postura adecuada en la bici

Por citar algunas de ellas.

Es cierto que las crónicas semanales tienen bastantes lecturas, en la semana en que se escriben y la siguiente, pero la suma del “día a día” con accesos de terceros, no suscritos, al blog, desde cualquier punto de Internet, hacen que las señaladas, vayan sumando, día a día, y sin pausa. Por tal razón, podría ser buen momento para escribir de… otras cosas relacionadas con la bici.

El problema es que no tengo mucho tiempo/ganas (30/70%) para estar pensando temas nuevos, por lo que si tienes inquietud en que escriba sobre algún tema (relacionado con la bici), házmelo saber (bien por e-mail) o dejando aquí debajo, un comentario.

No es preciso que estés suscrito al blog, no importa, tu idea será bienvenida.

Como supongo que no serán miles (jajaja) los que se animen, no te preocupes, no creo que me cueste mucho leerlo, pero aun así, si te diera por pedir algún tema, advertid@ quedas de que es más que probable que lo escriba… pero sin fecha comprometida (aunque si es el primero… vete a saber si no lo ves pasados un par de días… (¿he dicho yo eso?).

Y con ello, te dejo, deseándote sueñes con tus mejores rutas sobre la bici!!

A decir verdad, salí de casa con una actitud, digamos, poco ciclística.

Todos los años, cercanos a las fechas navideñas, realizamos una ruta corta, que de ruta tiene más bien poco, y que se asemeja más a una procesión, camino del bar de turno para almorzar en condiciones.

Y en esas estaba yo (Iñaki), viendo que era la última, antes de Navidad, salivando cual perro de Paulov.

Llego al parque y tras intercambiar cuatro palabras con Chelu, constato que viene en la misma disposición.. (ESTO PROMETE!! SI!!!).

Me comenta que Cesar también se ha interesado por el tema culinario y lo doy por hecho. Hoy toca almuerzo!!

Y llegan los Tudelanos: Ines, Patxi, Cesar y Diego.

Diego: He preparado una rutica de unos 85 Kilometros que discurre por…. …la tengo en el GPS…

Mientras Patxi, revisaba la rueda trasera de Inés, vamos discutiendo el tema… Y acaban por llegar Roberto y Unai…

Y el almuerzo?

Diego:-“Tengo la tripa llena de ayer… arreando…”

No negaré que hubo conatos de echar abajo la ruta. Unos porque decían de hacer otra, yo porque me aferraba a ese par de huevos con patatas fritas y Chelu me miraba desconsolado viendo la ilusión depositada, escurrirse hacia el alcantarillado…

El teniente, Diego, venía con las ideas, claras:

-“Hoy vamos a Valdegutur y de allí a Valverde de Agreda y tal… y si vamos “ligericos”, nos da tiempo y estamos a una hora decente en casa…”

Tan decidido venía y tal era su insistencia, que el grupo abandona cualquier idea gastronómica y ponemos rumbo a Cintruénigo.

Debía de haber preparado la ruta con mucho cariño en casa, por lo que al final había que darle gusto al mozo que tanto se había molestado…

Viéndolas venir… yo me hago cuatro cuentas mentales y los tiempos me salen muy muy justos… pero no digo nada.

Me veo en casa a las 4 de la tarde… Porque la ruta, me da, que blincará de “90 Kmts” desconocidos (siempre hay equivocaciones y demás…) y percances al final, salen de debajo de las piedras.

Con todo ello, animados por ese “ligericos” que Diego había proclamado en el parque, Cesar y un servidor, nos ponemos a desperezar al grupo.

Nos acercamos hacia el boquerón y de allí a Cintruénigo, para salir, en dirección Fitero, para tomar un camino, antes de abandonar el casco urbano, en dirección a esta otra población.

Atravesamos Fitero y salimos, por el puente, en dirección al puerto del Espinete.

Oigo un grito por atrás y nos detenemos.

La rueda de Ines va muy baja de presión.

Que si es esto, que si es aquello… que si no talona…

Bombona de CO2, y unas vueltas para que el líquido haga su trabajo y adelante.

La pobre dueña del velocípedo, no pone muy buena cara, que se torna preocupada, pero monta de nuevo y proseguimos… durante cosa de kilómetro y medio…

Volvemos a descabalgar y tras una sucesión de brazos bombeadores (hay que ver cómo drena las calderas Roberto…con el brazo derecho…) y otra botella de CO2, se destapa el problema real y por tanto el diagnóstico de la avería.

No sabemos si un palo o una piedra afilada, ha perforado el lateral de la cubierta que tiene un agujero con pocos visos de taponarse.

Ante el panorama, algunos volvemos a hacer campaña (política no, sino culinaria):

-“Lo veis? De aquí vamos al Sanda que está ahí mismo a pocos kilómetros y ya está, si es que el destino no quiere que….”

El Teniente, cabecea lentamente, mientras Ines y Patxi deciden volver a Fitero para llamar al rescate motorizado.

Resultado:

Ni Sanda, ni almuerzo, ni la madre del cut… asi no hay quien guarde las tradiciones (atención que no avisamos, pero el fin de semana que viene almuerzo si o si…y no le vale Valdegutur ni…)

A lo que iba (que se me nublan los recuerdos pensando en el almuerzo que pudo y no fué).

Diego pedalea hacia Roscas, y tanto Chelu  como yo, tras mirarnos tristemente, no vemos otra opción que arrear en la misma dirección.

Vuelvo a coger el ánimo y, ya que toca guardar la línea, disfrutaremos del trayecto.

Llegamos a la carretera de Cabretón y mientras Diego busca, no sé qué camino (al que nunca llegaremos) nosotros admiramos el paisaje.

El ritmo se torna más alegre y disfrutamos de unos “tironcillos divertidos”.

A pesar de todo, vigilo que sigamos todos juntos, y continuamos dando pequeños tirones, para amenizar la mañana.

En el cruce de Cabretón, donde se unen las carreteras procedentes de Baños de Fitero (por la que circulamos) y la que lo hace desde Valverde, giramos en dirección a esta última población, pero será por poco tiempo, porque el “capi”, con su GPS (“apagao” porque sino no se explica el tema…), nos dice que giremos a derecha…

-“Este es el camino!!”

Para 150 metros después dictaminar:

-“Media vuelta, que NO es el camino”

Salimos a la carretera y 10 metros más allá vuelve a anunciar, que sí, que ahora es el camino correcto.

No avanzamos 100 metros que vuelve a anunciar:

-“Pues no, este tampoco es el camino…”

Volvemos a la carretera y empezamos a ascender una cuesta,y es entonces,  donde se produce un conato de retirada de un miembro del grupo.

Por suerte, el ánimo del resto y seguramente la promesa de un restaurante cercano,  convencen para proseguir con el grupo, al disidente.

Salimos de la carretera y nos metemos de nuevo en camino. Parece que esta vez, el sherpa, si que ha dado con la ruta y avanzamos.

No tardamos en volver a la carretera y tras unos 400 metros, se nos ordena dar media vuelta…

Entramos en un pedregoso camino, cuesta arriba. Yo que voy abriendo ruta miro a Diego, a mi lado al ver que el camino da a un barbecho.

-“El camino debe estar allá arriba”

Y el guía mira allá a unos 200 metros sobre un terraplén que hay más allá de una acequia…

Yo empiezo a gozar como un crío.

No hay almuerzo eso es verdad, pero tenemos aventura, desconocimiento de la ruta, pedregales, barbecho, modo rotabator y cruces de río…

¿Se puede pedir más?

Tras un, casi perfecto, espagar realizado por Diego y un servidor, dignos de las mejores gimnastas de la antigua U.R.S.S., subimos el terraplén para descubrir que, en efecto, el camino está donde debiera y …”sin maldad alguna”, giramos nuestras cabezas, para disfrutar viendo como el resto del grupo hace cábalas para cruzar el riachuelo, seguros de que alguno acabará con “una pata” en el agua.

Unos mueven piedras de más de 100 kilos, para meterlas en el agua y cruzar, otros intentan lo propio por el lugar donde nosotros lo cruzamos y finalmente, tras un rato de caras divertidas y situaciones rocambolescas, todo el personal acaba por cruzar nuestro particular “mar rojo” (Nota: No se abrieron las aguas por más que yo me concentré).

Entramos en un camino muy chulo, de tierra blanca, casi amarillenta, y seca como la mojama, que a menudo está salpicada por piedras de diversos tamaños, en grupos de “a miles”.

Al mirar a la derecha, un pueblico, se erige ante nuestros ojos. Es Valdegutur.

A las afueras del pueblo, empalmamos una pista que asciende hormigonada y un amiguete tiene un momento de esos malos sobre la bici.

Decido subir junto a él y tras una parada para eliminar ropa, parece que se recupera y, el chaval, sube perfectamente. A decir verdad… mejor de lo que esperaba…

Arriba, miramos la hora y la ruta. Como temía, la sucesión de incidentes, nos ha hecho perder demasiado tiempo y nuestro objetivo se va alejando (si es que queremos llegar a casa… y no  dormir  en nuestros respectivos sofás…).

Antes de volver, decidimos bajar hasta el embalse que hay al fondo del valle y que realmente merece la pena visitar por su belleza y tranquilidad dle paraje.

Tanto es así, en cuanto a tranquilidad, que un poste situado junto al camino bautiza la ruta como: “Rutas del silencio”.

Solo diré que no es aconsejable ir a solas por la zona, ya que probablemente ante un percance, no vas a tener mucha compañía.

La verdad es que me quedo con las ganas de haber avanzado por ese valle, hacia Valverde de Ágreda, pero el horario manda y lo responsable es dar media vuelta.

Ascendemos de nuevo para volver a bajar hacia Valdegutur y cuando estoy en la cúspide, mientras el resto pone cara afilada y postura aerodinámica, yo miro a la izquierda y veo una sucesión de labraos, a modo de terrazas, y no me lo pienso, allá que voy.

Roberto que venía detrás me mira y le hago el gesto:

-“Vamos, vamos.. métete por aquí!!”

Bajamos como animalicos disfrutando de cada bote con una sonrisa en la cara.

El resto de compañeros que bajan por la pista cementada, al mirar a un lado y vernos bajar, se quedan con gesto confundido:

 

algunos de esos gestos y miradas, a buen seguro dicen cosas como:

-“¡De donde salen estos?”

-“¡Porque no me han avisado?”

-“¡Estos están taladraos”

Casi abajo, encuentro un punto en el que poder volver a la pista y terminar el descenso de forma más civilizada.

Entramos en Valdegutur y conforme entramos, ya estamos saliendo (no es Manhatan…las cosas como son). el pueblico, que tiene su encanto es pequeño y al poco estamos rodando hacia Cabretón.

Dada la hora que es y viendo que se nos echa encima el tiempo, decidimos deshacer camino por la carreterica y disfrutamos de unos buenos relevos a lo Karrikiri.

Nota del texto: Dícese del relevo Karrikiri, aquél que no guarda forma alguna ni orden, siendo más parecido al ataque de los Unos sobre Roma que a deporte de equipo alguno… en el mejor de los casos.
En la ilustración se aprecia un grupo de karrikiris en perfecto relevo.

braveheart

Una vez entrenada, nuestra depurada técnica de carretera, volvemos al camino que circunda Roscas, para, desde éste acceder a Fitero.

Salimos por el polideportivo de Fitero, hacia Cintruénigo y vamos vigilándonos unos a otros para que nadie se descuelgue.

Atravesamos el “planeta Cirbón”, para salir por su polígono industrial y terminar volviendo a casa tras unos 80 kilómetros aproximados con una muy buena sensación sobre las piernas.

En Tudela esperamos Inés, yo (Patxi) más dos amigos, Vicente y Oscar.

Nos sumamos al grupo de Murchante. Chelu, Iñaki, Guillermo, José, Roberto, Antonio Nonin y Unai, rodando un total de 12 madrugadores.

Cruzamos el puente dirección a la Negra con destino al Santuario de Sancho Abarca. Avanzamos jugueteando como críos por los toboganes junto a la carretera de Ejea para finalizar en esa cuestecilla corta pero empinada que a veces se sube sobre la bici, y otras no.

Nos desviamos en el km 12 hacía Portillolobo para encarar la subida de otra pendiente, ésta más larga y desafiante que nos dejará directamente sobre la Negra (paraje natural, no señora hiperpigmentada).

Aunque empezamos a subirla como buenos amigos y compañeros, al final la cabra tira al monte y veo por delante Iñaki, Unai, Roberto y manoletes que se van haciendo más pequeñitos con la distancia, ellos contarán en que acabó la cosa, yo solo puedo describir lo bonito del paisaje que bla,bla,bla (vaya, que no me apetecía ni podía forzar mucho la maquinaría).

Describo la anécdota de un individuo/persona humana con casco que bajaba en bici cuesta abajo, pero los ruedines traseros no debían caberle por la pista y mira que es ancha: aún se atrevió a amonestarnos por no echarnos al lado que quería él, recibió alguna contestación merecida que no pudo discutir porque para ello hubiera tenido que volver a subir, y no se le veía ni muy en forma ni muy educado. (además los esféricos centrales le debían pesar mogollón, es lo único que justifica que uno que baja descansado no tenga la cortesía de dejar paso a los que suben jadeando)

Agrupamos y llaneamos por buena pista por la que a ratos alguno tira que da gusto para el que pueda seguir ritmo. (Roberto, Iñaki…) y llegamos a la última pendiente en Sancho Abarca que algunos la suben al modo tradicional y otros optamos por el alternativo, escaleras arriba, que poderse se puede, haciendo el cabra loca. Resulta divertido y lo mejor es que se llega antes que por la pista.

En el bar tomamos alguna bebida al sol mientras esperamos al resto del grupo que no acaba de llegar. Luego nos enteramos de que Chelu ha tenido pinchazo y ha utilizado la espuma/nata para arreglarlo.

Llegamos a las cabañas de Farrique para descender por la Hoyaza. Me quedo él último (siempre quedará la duda de si por cortesía o capacidad) y encuentro a José y Carlos junto a la bici malherida de Chelu: sigue teniendo fuga de aire en la rueda trasera pese a la espuma. El equipo de sabios decidimos cambiar la cámara. La puñetera cubierta se resiste a destalonarse pero Sierra hace gala de la furia murchantina y la goma salta de la llanta sin rechistar. Chelu y José hacen el guarrete quitando con un calcetín viejo la espuma de la cubierta. Saco la cámara con liquido antipinchazos, intentan hincharla con una bombona de gas pero el obús se queda insertado en el adaptador y la válvula se queda sin él. Afortunadamente llevamos un obús de repuesto aunque Carlos intenta desenroscarlo con los dientes y se casca una paleta. Nosotros risas, Carlo no, el dentista si. Por fin, conseguimos montar la rueda y alcanzamos al grupo.

Encaramos hacía Fustiñana por carretera para acortar la vuelta a casa. Hace aire y el regreso de Sancho Abarca suele pasar factura con los kilómetros y el aire en contra. Oscar, Vicente, Roberto, Antonio y Nonin vuelven junto al canal a mayor velocidad. Mientras el pelotón carrikiri culebrea por el arcen de la carretera hasta que…otro pinchazo. La rueda trasera de Guillermo no ha soportado la velocidad ni su peso y  se ha deshinchado. La arreglamos y mal que bien conseguimos llegar a Tudela donde nos despedimos.

Dicen las malas lenguas que Guillermo aún pinchó otra vez, y que hay una foto en la que porta la bici en un hombro y la rueda en una mano, y suena una música triste mientras “una voz en off” pide donaciones para pagarle la vuelta a Murchante en taxi o burra, lo que sea, pero bici…no.

Crónica: Vozmediano

Publicado: diciembre 6, 2015 en Otros

Conste que “alguien” (que no soy yo…) debe una crónica y de ahí, este parón en el blog… Así que, Ejem….sigo esperando…

Hoy el día amanece gris y al salir a la calle noto el fresco típico de esta época, aunque a poco que empiezo a pedalear me doy cuenta que no hace tanto frío como otros dias y ademas… no sopla viento!!.

Llego al parque y como es tradición espero varios minutos a que lleguen mis compinches.

Es una manía como otra cualquiera, pero disfruto de ese rato a solas, tranquilo y con todo hecho, sin mas obligación que saborear el silencio en el parque y de ahí que cada domingo llego un cuarto de hora antes al punto de encuentro.

Por cierto, como casi siempre, el que escribe soy yo, Iñaki.

El primero en aparecer es Chelu al que sigue Roberto.

Al poco aparecen los Tudelanos: Ines, Patxi, Diego, Cesar, Antonio y  Samuel que se les ha unido en la calle mayor.

Aparece seguidamente Antonio Nonin y Guillermo cerrando los asistentes a la ruta.

Debatimos la ruta entre todos y en un par de minutos estamos pedaleando hacia el cementerio con la mente puesta en tierras mas altas.

Atravesamos la carretera de la balsa  y  un par de campos y acequias para llegar a un camino que nos deja en la carretera Cascante-Fitero.

De este punto continuamos hacia Monte alto, para girar en la muga con Aragón y poner rumbo a Tarazona.

Delante nos precede un grupo de Cirboneros al que alcanzamos y compartimos varios kilometros juntos (hasta las inmediaciones del embalse de Santa Ana).

Nuestros caminos se separan y el nuestro nos lleva hacia Torrellas y posteriormente a Los Fayos.

No me canso de admirar la chopera por la que llegamos a esta última población.

Independientemente de la época del año en la que pasemos, tiene un atractivo especial. Es un lugar sencillo, sin grandes paisajes pero que transmite paz y la belleza de los lugares especiales con un atractivo único.

Dejamos atrás el embalse y recorremos el camino paralelo al Queiles hasta que transcurridos algo mas de dos kilómetros tomamos un desvío a la derecha y empieza la cuesta de verdad.

Aquí cada uno sube a su ritmo…o como buenamente puede…

El terreno es muy suelto y se pierde tracción con facilidad, lo cual unido a una inclinación de cierto nivel, hace que se marquen ritmos diferentes.

El camino serpentea , lo que hace que la cuesta sea menos “psicológica”.Esto, unido a que cada vuelta permite ver el barranco que se forma en el valle excavado por el río, nos distrae del esfuerzo.

Arriba esperamos. En poco rato aparece el personal y recomponemos el grupo.

Proseguimos por el camino que discurre por la cresta y al poco, dirigiendo la mirada a la derecha, muy abajo, allá al fondo, se ve el pantano del Val.

Seguimos dando pedales de tobogán en tobogán, y tras algún conato de deserción y vuelta (sofocado a costa de jugarme el postre…) llegamos a la carretera que une Agreda y Vozmediano.

Rodamos dirección a este último pueblo sin llegar porque poco antes nos desviamos a un camino de bajada.
Algunos tienen prisa por llegar a compromisos familiares, mientras que un par se despiden porque van a seguir por Moncayo.

Disfrutamos de la bajada, donde al poco de empezar veo a Samuel a mi lado comandando el descenso.

Detrás y sin perder ojo Diego, Cesar y Antonio “Tudelano-Cabanillero”  cierran el grupo de los “derrapadores de la saeta”.

En cada curva y como si de una procesión sevillana se tratase, se escucha el derrape y la consiguiente saeta:

-“Aiiiiiiiiiiaiaiaiaiaiaiiiiiiiiii’
-“Uffff”

El camino esta con mucha gravilla y la verdad es que nos da algún sustillo aunque… Para que decir otra cosa: disfrutamos con la adrenalina generada.

Poco antes de llegar a Los Fayos, reunimos al personal y tomamos un desvío que lleva a un puentecico de madera tras el que parece haber un sendero de bajada…así que lo investigamos.

Resulta denominarse “Sendero Botánico” y la verdad es que en cosa de un kilómetro disfrutamos de un paisaje precioso.

Acabamos en asfalto y bajamos al pueblo para atravesar lo y salir por la misma chopera, que nos dió la bienvenida, horas antes.

Como parece que hay prisa y alguno ha tenido ya suficiente ruta por hoy, decidimos bajar a Tarazona por carretera. Son dos o tres kilómetros, pero no me siento seguro pensando en los posibles “estalentaos” con licencia de conducir…

Llegamos al Tarazonica y rodamos a velocidad constante. A buen ritmo pero sin forzar y a relevos, lo que nos permite llegar a casa bastante frescos y en hora.

Ha sido una ruta muy disfrutada de unos 80 kilómetros que se hacen cortos.

P.D: hoy ni repaso el texto así que erratas y faltas (mas de las habituales) espero sean perdonadas.🙂

Debe ser parte de la condición humana… y es que resulta que tras un fin de semana en el que muchos Karrikiris se dieron al desenfreno, este tocaba purificar
cuerpo y mente. De ahí que en el parque nos juntásemos un nutrido grupo compuesto por:

Chelu, Guillermo, Saso, Jose, Roberto, Unai, Fermín, Antonio Nonín y yo (Iñaki).

Ayer, propuse varias rutas por Whatssapp y tras un par de minutos, cerramos el destino entorno al Castillo de Peñaflor.

A ojo de buen cubero, comentaba que la ruta debía  extenderse a lo largo de unos 79 kilómetros y entre Unai y el que escribe
jugamos a ver si acertaba o erraba en la predicción.

Salimos de Murchante, hacia la Cooperativa de vinos, para atravesar bajo el puente de la autopista e internarnos en el camino que lleva a Tudela.

Pasamos Tudela, por una sucesión de calles que a buen seguro, nuestras bicis son capaces de realizar sin nosotros encima…

Aparecemos en la urbanización del Mercadona, vamos hasta la rotonda que hay bajo el juzgado, para proseguir hacia la que hay junto al chalet de la viuda de Añon.

Desde allí continuamos hacia el colegio “Virgen de la Cabeza”, y poco después pasamos bajo el cristo para enlazar una suerte de callejuelas que nos dejan en el
puente del Ebro.

Atravesamos el puente, con un río en total calma. Se nota que no corre una brizna de viento…

El día, neblinoso, es fresco, pero no tanto como pudiera parecer. Se aguanta bien, y más sin dejar de pedalear.

Por esos sotos del Ebro, que tantas veces hemos recorrido en nuestras rutas hacia las Bardenas, avanzamos entre conversaciones y risas, a ritmo constante
pero sin forzar.

Llegamos a la recta de Arguedas y escogemos un camino, paralelo a la carretera , para acercarnos al pueblo. Es un camino monótono, recto y aburrido que, gracias a la
compañía y una interesante conversación, acaba por desaparecer a nuestras espaldas.

Llegamos a Arguedas y hacemos una visita NO guiada, por muchas de sus calles.
Las que conducen al inicio del estrecho, están cortadas por obras, y hacemos encaje de bolillos para llegar hasta el inicio de la cuesta.

Nos tomamos el ascenso con filosofía y sin apretar.

Roberto y Unai avanzan posiciones y me uno a ellos. Han puesto un “ritmico” llevadero. Solo en el último momento, roberto parece que va a dar un hachazo y me levanto para arrear,
pero finalmente, acabamos de ascender los tres, al mismo ritmo.

A Unai, se le ocurre que en vez de coronar por carretera, podemos hacerlo por la rampa que arranca a la izquierda.

Hace años que nos ascendemos por la misma, así que puede estar bien, un cambio.

Esperamos al grupo y pese a algunas pequeñas protestas y dudas… “la manada”, acaba metiendo molinillo para ascender sin más problemas.

La niebla, sigue acompañándonos,y por más altura que ganamos, continúa ahí.

Pasamos junto a la entrada de “Senda Viva” y seguimos hacia el santuario del Yugo, ya queda poca cuesta.

Atravesamos el parking y dejamos la iglesia a la derecha, para empezar la bajada.

Hace ya un buen rato que me he quitado las gafas. Total, entre el agua que desprende la niebla, y lo que se empañan, gracias a mi propia respiración, no hay quien vea un carajo.

Suelto frenos y voy aumentando la velocidad…

Los ojos me lloran, cierro uno, para que las lágrimas se vayan con el viento, mientras intento ver con el otro y repito la operación a la inversa… Que difícil es esto…

Casi abajo veo a un par de cazadores, desesperados con la niebla. Miran al rededor, suplicando al cielo que levante para poder practicar su afición.

Paro y les pregunto, si saben de batidas por el Vedado de Eguaras, a donde nos dirigimos.

Me dicen que eso es otra zona peor que creen que no y mientras hablamos,  acaban viniendo el resto de Karrikiris.

Reunido el grupo, despedimos a los fans de “John Waine” y continuamos pedaleando.

Ascendemos la tachuela, que hay tras bajar del Yugo y ante nosotros se abre el paisaje  neblinoso de esta zona de la Bardena.

Al fondo, con la niebla algo más abierta, aun se intuye la elevación de “El Plano de La Bardena”.

Mientras ascendemos, comento a Unai, que ese mismo camino, es el que llevan los peregrinos  de Murchante, cuando van a Javier. Es el camino más directo y corto.

Arriba, y otra vez el grupo reunido, continuamos por, un Plano, yermo y desolado, donde parece que nunca ha pisado el hombre…
Tenemos que encontrar varios caminos para acercarnos al Vedado y permanezco atento para no equivocarme.

Tras un par de kilómetros giramos a la derecha. Pasamos junto a una caseta de pastores que tengo como referencia mental y continuamos para pasar junto a un montón de piedras
en un cruce, donde giramos a la izquierda.

-“¡¡Este es el camino!!”

No es que se vea muy lejos y de ahí que pierda algunas de mis referencias habituales, pero finalmente, la suerte nos acompaña y damos con la entrada al vedado.

Un camino, que sale en ángulo recto a la derecha y que al fondo se ve descender entre la vegetación.

Avanzamos junto a un campo de cultivo y comentamos las fotos con amapolas que hicimos hace años, en ese mismo lugar.

Es un camino que, si bien, cuenta con bastantes toboganes, en el cómputo total, es de descenso y disfrutamos de la zona, mucho más frondosa que los caminos
de kilómetros previos.

Acabamos bajando, no sin susto incluido al no contar con un árbol caído justamente en medio del camino y tenemos que desviarnos por la finca adyacente.

El terreno se abre y aunque no se ve, al fondo, está el Castillo de Peñaflor.

Nos acercamos y poco a poco vencemos niebla y  distancia para acabar viéndolo desde su misma base.

Aprovechamos para comer algo, recordar anécdotas (como la del “Zorro simpático” que vivía hace pocos años en la zona) y continuamos por los senderos, mientras
a nuestro flanco se extiende el barranco, con sus particulares formas.

No tardamos mucho en llegar a un camino que nos llevará al barranco grande, para atravesarlo y de allí acercarnos hasta Castildetierra.

Para evitar el campo yeco, hoy seguro embarrado, y la tortura que le supone a Chelu, los 10 kilómetros de camino pedregoso, que siguen a continuación, elegimos
ir por carretera hasta los Aguilares y desde allí…

Empezamos a rodar por la carretera de los militares, hacia Arguedas. Antonio se pone en cabeza y empieza a tirar.

Yo voy a rueda y veo como van bajando los piñones hasta que acabamos ascendiendo los toboganes a más de 30 Km/h.

El ritmo va aumentando y en una de las subidas, Roberto adelanta.

Antonio acelera para cogerle la rueda y yo hago lo propio.

De repente veo, el desvío, dejo de hacer fuerza sobre los pedales y les grito:

-“Ehh, que es por aqui…..Ehhhh Ehhhhhhh!!”

Ni caso, estos siguen a muerte…

Yo:

-¡¡¡¡Einnn???!!!

Aprieto dientes y acelero más y más. Parece que no voy a pillarlos nunca, agachados y dando pedales a relevos, van disparados, hasta que
consigo recuperar los 10 o 12 metros que me habían sacado. Sigo a ritmo y les adelanto.

Inmediatamente Antonio se levanta y acelera, seguido por Roberto a la caza, hasta que…

-“Alto!!!! que es por aquí… que es el último camino antes del pueblo!!!!!”

Por fin parece que hacen caso y nos metemos en el camino, entre sonrisas y resuello, felices de la batallita que acabamos de montar.

En pocos minutos aparece Unai, que se nos une.

-“¿El resto?”

Unai hace un gesto tipo

“Fa, Far away…”

Ala, ya la hemos liado…

Ahora no sabemos si se han metido por donde procedía… o han seguido nuestros pasos por la carretera… o qué…

Al final decidimos parar en un cruce donde, vengan por donde vengan, tienen que pasar obligatoriamente.

Allí esperamos y finalmente los vemos aparecer al fondo. Han continuado por la carreterilla tras nosotros.

A todo esto, una madre con varios niños, pasea en bici y uno de los pequeños se detiene con su pequeña montura a interrogarnos.

Que si de donde sois… a donde vais…

Y por poco acaba metiendo en un apuro a su madre cuando casi nos autoinvitamos a comer todos en su casa…

Nos acercamos a la recta de Arguedas y al poco de empezar a rodar, Chelu pincha.

Pensábamos meter una botella de CO2 pero no contábamos con la :

-“Mooochila Mooochila!!!!” (los que sois padres y madres con niños pequeños, sabéis que cancioncilla me refiero, verdad?)

No es que tengamos a Dora, en nuestro club, pero tenemos a Fermín, que deja la mochila de Dora la Exploradora al nivel del barro…

Saca una bomba, mejor dicho: Una lanza, una pértiga, un compresor de impulso humano,un….   (yo que sé)  de unos 50 o 60 centímetros de larga (una vez desplegada)
mientras el resto, ojipláticos, y mandíbula desencajada, no entendemos que sistema utiliza el mozo para meter desde un somier, a un tresillo en la mochila.

Recompuestos y seguros de que nada nos puede pasar si Fermín y su mochila están cerca, continuamos.

Volvemos a los sotos del Ebro, para meternos en Tudela y atravesar la plaza nueva. de ahí por el paseo del Queiles, seguimos hasta la rotonda
de debajo de los juzgados y comenzar el último tramo por el camino que va a Murchante.

Al final 79 kilómetros (clavaos Unai!!) de divertida ruta.

Una pena que algun@ se quedara practicando “caming” (y es que…..muchas excusas tiene ya ….!!!!)

 

 

El fin de semana de la hoguera del Cristo de la buena siembra en Murchante, implica… que la mañana del domingo se utiliza en su mayor parte a disfrutar de una productiva resaca y de ahí que el clan Karrikiri estuviera mermado en esta salida.

Subiendo hacia el parque paso junto a algunos bares y los más “madrugadores”, están ahí…disfrutando del “desayuno cubatil”.

En el punto de encuentro aparecen Guillermo (que es raro que no esté desayunando con la tribu de los bares) y Antonio Nonín.

Al poco aparece la caballería en forma de componentes Tudelanos del Club Karrikiri, encarnados estos por, Inés, Patxi, Cesar y otro Antonio (el artista invitado).

El grupo lo cierro yo (Iñaki) que propongo una ruta que, si bien hice no hace muchas semanas, no conocía ninguno de los asistentes a la ruta del día.

Con una niebla, que ridiculiza el clima londinense, salimos hacia el parque. La ruta continúa junto al cementerio, depósitos de agua….

Pasamos San Gregorio de Cascante y giramos a la derecha.

Rodamos por una pista en buen estado, lo cual se agradece, porque la visibilidad no es la mejor.

Alguno no sabe si está por “el estrecho” (como se conoce el paraje por el que circulamos) o en Calatayud…

Con el paso de los minutos nos acercamos al boquerón, cerca de Cintruénigo y continuamos hacia la carretera de Madrid, para cruzarla y entrar en el camino que nos dejará en el polígono industrial de Fitero.

Allí, pese a la niebla, hay un fiestón montado y digo fiestón porque los vehículos son de cazadores, los truenos, también lo son (no se supone que con niebla, está prohibido? será exceso de “Terri” en el desayuno de algún aficionado a la  cinegética?). Vaya usted a saber…

Pasamos, casi agachando el cogote por la carretera, junto al aparcamiento de los “escopeteros” y proseguimos hasta la entrada de Fitero, donde giramos sin llegar a cruzar el puente, entrando en la carreterilla del puerto del Espinete.

A pocos metros volvemos a desviarnos y alcanzamos el camino que recorre la huerta bajo, Roscas.

Una enorme cosechadora de uva y varios tractores después…

Llegamos a la carretera que va de Baños de Fitero a Cabretón y bajamos hasta la orilla del río, para recorrerla activamos el modo “Rotabator”. Antonio Nonín al venir del mundo de la carretera, no sabe donde está el botón pero unos kilómetros después lo encuentra…(ha empezado su transformación Karrikiri, con dosis extra de sendero cada 8 horas por vía intravenosa!!).

Entramos en un campo de manzanos, para continuar hacia un sin fin de senderos que recorren las laderas de las montañas sitas a la izquierda del valle que lleva a Cervera del Río Alhama.

Unos con más placer y otros con mayor resignación, avanzamos hasta el que debería ser el Balneario de la Albotea y que de momento no ha visto la luz, puesto que está cerrado.

Nos detenemos para comer algo y al pco continuamos, ya por el mismo sendero, ahora convertido en vía verde, muy divertida para las bicis.

Disfrutamos como enanos, hasta que llegamos a Cervera, donde el reloj nos dice que no debemos continuar hacia Aguilar, por muchas ganas que tengamos, si es que queremos llegar a la hora de comer, a casa.

Una parte del grupo, ha tenido sobredosis de sendero y optamos por volver hacia la rotonda del Sanda, por carretera y disfrutamos de unos relevos, hasta realizar la incursión en el paseo que hay paralelo a la carretera que nos dejará en la entrada de Fitero.

Desde allí, un Antonio con menos prisa, decide irse a subir el Espinete, mientras el resto encaramos manillares a Cintruénigo.

El resto es la ruta normal, por “El Boquerón”, pasando por el estrecho y accediendo al pueblo desde el monte de los pinos.

Una mañana divertida en la que alguno, tras pasar la noche alegre,  estará maldiciendo de cada tiro de escopeta que escuche a lo lejos…

P.D: 4 días, pero al final…acabada queda esta crónica.