A decir verdad, la zona es al cierzo, lo que Galicia a las borrascas…

Vamos, que aquí, y sobre todo si es invierno, o te acostumbras al cierzo, o vas haciéndote con la colección completa  de partidas de  Gari Kasparov, para aprender a jugar a un deporte menos sufrido. (No me veo como, Iñaki Karpov, así que, a dar pedales…)

Y es que a todos nos gusta rodar en primavera, cuando el tiempo es favorable, y el propio cuerpo te pide salir a disfrutar del campo y…

Y es cuando algunos, que no han salido en todo el año, dicen que van mal… y claro, es que, para ir bien en primavera, hay que dar pedales, cuando no apetece…

Algo antes de las nueve, estaba en el parque, quieto como un mazo, frente a lo que parecía era una rayadica de sol, que apenas me calentaba un poco, mientras esperaba al resto.

Aparece Carlos (Sierra) y al poco lo hace Chelu (And the Winner is…!!!), No tarda demasiado en entrar la troupé Tudelana compuesta por Patxi, Inés, Cesar y un Diego un poco perjudicado (pero ahí estaba!!! …y no como alguna, que se levantó a darle el desayuno al gato… y se volvió a la cama!!!).

Por fin aparece Guillermo; y como estamos seguros de que no va a venir nadie más (ni la del gato…pese a sus promesas…), nos vamos.

La verdad es que los árboles en el parque, al son del cierzo, emiten un estruendo que, vamos… nos animan más, a meternos a almorzar en algún bar, que a dar pedales, pero Diego, no se si viéndome otear las copas de éstos, suelta:

-“Este ruido asusta y no es para tanto…”

Convencidos por tan rotunda afirmación ( JAA!!!!) decidimos subir hacia Tarazona por el Tarazonica, a fin de ir algo más resguardados del viento (pese al aburrrrrrimiento, del trayecto).

Cuando atravesamos Tarazona,  vemos como “los Masters” (por cierto, no vi a Heeman) se preparan para disputar la prueba Turiasonense.

Pasamos junto a Fermín que al parecer va a participar y lo saludamos.

Pasamos por el polígono industrial de la localidad y acabamos cruzando la carretera para tomar la que conduce a Grisel.

Por esos lares estamos, cuando Patxi, nos habla del Castillo que se erige en Grisel y que tenemos que visitar…

Guillermo, se sonríe.

Básicamente ven las cosas de forma distinta….jejeje

Pasamos junto a las piscinas cubiertas de Grisel y la ruta se inclina anunciando que toca luchar el puertico de la Diezma.

Todos, subimos tranquilos y charlando, excepto Patxi y Cesar, que se enzarzan en una batalla sin cuartel por el premio de la montaña.

Dos cientos metros más atrás, el dolorido pecho de Diego y yo, charlamos animádamente.

La primera parte se hace especialmente suave pero la experiencia nos dice que el viento nos está empujando.

El problema vendrá tras la curva de 180 grados a mitad de subida que pondrá en nuestra contra, el antes aliado, cierzo.

Por suerte, la propia montaña nos tapa algo y podemos subir a gusto.

Ya reunido el grupo, Patxi, quiere bajar por un sendero que conoce, mientras la prudentísima Inés, no hace caso del “costillo” y decide bajar por carretera.

Al final, el pelotón se divide en dos y terminamos bajando, unos por cada lado.

El sendero no es nada complicado, si bien es verdad que por escasez de piedras no será.

Aun sin complicación, es divertido y bajo pensando, que es una pena que sea la primera vez porque sino, conociéndolo, iba a soltar frenos y disfrutar de algún que otro salto.

De vuelta en Grisel, vamos a parar al Castillo, donde otros ciclistas, se han apostado, para almorzar algo.

Tras una breve parada y toma de las fotos de rigor, montamos de nuevo y empezamos a deshacer el camino.

Nada más salir de Grisel, y en compañía del otro grupo de ciclistas, Carlos y yo, miramos detrás… y no vemos al resto del grupo.

Creo que Cesar y Diego iban delante y al bajar el ritmo los perdemos… Ha tenido que pasar algo, no es normal que en menos de dos kilómetros, hayan desaparecido el resto y….

Aparecen. Un pequeño problema con un cordón y una rueda que finalmente no pasa de la anécdota.

Reunida la primera parte del grupo, no tardamos en alcanzar a los otros dos que han hecho lo propio y esperaban a su vez al resto.

En el cruce entre la carretera de Grisel con la de Tarazona, no detenemos un par de minutos. Están pasando “los Masters”.

De allí bajamos a Tarazona y de nuevo al tarazonica, donde bajamos sin forzar la marcha, pero alegres (o lo alegremente que nos deja el viento, sin forzar las piernas…).

Aun no han dado las 12 del medio día y tras despedir a nuestros amigos de Tudela, acabamos tomando una caña, junto a Pirulo y la del gato… que al fin se ha levantado. :-)

 

La verdad es que , dada la previsión meteorológica para hoy, domingo.

Tenía pensado meterme bajo cubierto y pasar unas horas mirando el pulsómetro. Vamos, un plan relajante, técnicamente positivo para entrenar… pero muy aburrido!!

A las 7:35 a.m, miro por la ventana.  El termómetro marca entre -3 y -4 Cº y hace un viento (nombre técnico: “ciercera helada de tres pares de narices”) de esos que corta la respiración.

Bien desayunado y pertrechado, salgo de casa, y me encamino al parque. Hace viento, viento… desagradable… pero no es para tanto, a decir verdad…

Llego al parque y en unos minutos aparecen por allí:

Guillermo, Samuel, Roberto, Patxi, Carlos Saso, y yo (Iñaki).

En el último momento se nos une Aitor Alfaro.

Que si es mejor tirar hacia allí, que si el viento no se que….

La cosa es que finalmente acabamos yendo hacia Moncayo.

No es la mejor ruta para hacer base de entreno (mejor llanito que hacia arriba, no?), pero bueno, marcamos un ritmo tranquilo, mientras Roberto, nos enseña algunos caminos nuevos, para subir hasta Tarazona.

Da gusto ir ascendiendo, hasta ver la primera mancha de nieve, bajo un cañaveral sombrío, a la altura de Monteagudo. Ver incrementarse el tono blanquecino, en los campos y como, la superficie helada de los charcos helados, intenta soportar el peso a nuestro paso.

Llegamos al cementerio de Tarazona, y el asfalto está limpio. A los lados hay algo espolvoreado: ¿Tal vez, “azúcar glas” ?

Mientras Roberto y yo charlamos, sobre el asfalto, hay una línea de unos 5 metros de largo y unos 4 centímetros de ancho, de duro hielo.

Sin darme cuenta, mi rueda delantera cabalga sobre la arista y sale disparada hacia un lado.

Menos mal que ipsofacto consigo sacar un pié del pedal y con el apoyo de Roberto (apoyo real, ya que me apoyé lateralmente en el mozo) consigo no ir al suelo. Ufff que poco le ha faltado.

La bajada hacia la chopera  que hay bajo Torrellas, está peligrosa, con más hielo, y bajamos con mucha precaución.

La chopera está preciosa. Da igual la época del año en que se visite. Es un bonito lugar y siempre guarda encanto.

Patxi, me dice que pierde aceite, que tiene que parar, que se ve más bajo…

Y es verdad: La tija ha perdido fuelle, aceite, aire o vete a saber el qué, pero hay que hacer un apaño.

Por suerte, el mozo, es apañadico y en un par de minutos estamos rodando de nuevo.

Abandonamos “Los Fayos”, con una discusión entre Patxi y Guillermo.

El primero habla de la ermita de San Atilano donde estuvo de ermitaño junto a otro santo que…

Y a todo esto Guillermo, profesional de obras públicas, derribos y movimientos de tierra, quiere traducir el tema a: “en cuantos viajes de camión se traduce esa ermita”.

Con una subida de tensión arterial por parte de Patxi, continuamos.

Ya junto al curso del río Queiles, y en dirección a vozmediano, empieza la cuesta.

Vamos a ritmo suave y tranquilo. sin forzar lo más mínimo y disfrutando de un piso, que a veces es nivoso, otras de hielo y de cuando en cuando, mezcla una franja donde se ve la tierra congelada.

Es una sensación genial, la de escuchar la nieve que se aprieta bajo el peso de las ruedas. El leve derrapar de la trasera y los leves sustos al hacer fuerza sobre una placa de hielo.

Mientras, se suceden los kilómetros, charlando y disfrutando del paisaje.

La ruta es perfecta para hoy. Estamos al abrigo y no es de menospreciar!!

Llegamos a Vozmediano y decidimos acercarnos al nacimiento del río.

Desde la plaza del pueblo en adelante, la ruta se convierte en una pista de hielo.

Las estrechas y sombrías callejuelas, guardan perfectamente el hielo, que nos hace derrapar y casi caernos en bastantes ocasiones.

Tanto es a´si que nos detenemos en una casa a echarnos unas fotillos con unos carámbanos de hielo.

 

Carambanos4 Carambanos3 Carambanos2

 

Ya calmado el crío que llevamos dentro, proseguimos por las heladas calles hacia el nacimiento del río, con una capa de nieve importante.

Seguimos haciendo algunas fotos y damos media vuelta.

Desandamos el camino, no sin cierta precaución, a causa del hielo, hacia Los Fayos y desde allí bajamos a Tarazona.

Bajamos a Murchante por el Tarazonica y por fin llegamos a casa, donde una ducha caliente nos va a venir que ni pintada!!

Pensaba titular la crónica como:

“El ataque de las matas voladoras (mutantes)”

Pero cuando lo repetí en mi cabeza 3 veces, me di cuenta que no se trataba de una película de terror de bajo presupuesto (aunque alguno que estuvo por allí, aun piense que efectivamente, lo era…).

Desde el martes, mirando la previsión del tiempo. Sin riesgo de lluvias, pero, cada vez que miraba… incrementaban la velocidad del viento para el domingo.

A causa de esto, se preveía que el número de deserciones (lease: dolores agudos de garganta, a última hora, virus gastrointestinales repentinos  tras ruta con la flaca, o incluso salidas nocturnas hasta ciertas horas de la madrugada que hacía imposible salir a rodar: SOIS UNOS CAGAOS!!).

Una vez puestos los créditos (como en cualquier peli que se precie…), sigamos con la crónica:

Salgo de casa y le faltó un pelo, para volver a meterme. ¿¿PERO QUE LECHES ES ESTO??? Se puede saber quién ha cabreado a “La Pandora”? y lo que es más importante:

¿Se puede saber quien deja una caja llena de vientos cabreados a una persona tan… irascible?

En ese momento, llega el Whatssapp de Bauti:

-“Día cojonudo,  venga os esperamos en el puente del Ebro en 20 minutos”
(este tiene una pedrada peor que la del resto,porque vamos, que me diga eso… pasa de optimista y roza lo tratable por especialista… pero me sirve para dar las primeras pedaladas).
Unos minutos después, los  incautos valientes que acuden al parque son:

Fermin, Saso, Unai, Toño, Ezequiel y yo (Iñaki).

Aun no hemos salido del pueblo cuando se nos une Antonio.

Sería el frío, el viento “de cola” o un Fermín especialmente motivado, que nos plantamos junto al Ebro, en un plis plas.

Allí, Bauti y Diego se unen a la expedición y salimos hacia Bardenas Reales.

Por los sotos del Ebro, la vegetación y los árboles, nos resguardan y parece que no es para tanto la cosa. El tema se complica cuando alcanzamos el camino que enlaza con la carretera, donde nos pega de lo lindo. Solución: desvío por un camino  que por estar más bajo, se supone que nos resguardará algo. Problema: acabamos en “rotabator mode”, por un arrozal.

Por una vez, nos entra el sentido común y damos la vuelta para volver al último desvío y retomar el camino correcto.

En la recta de Arguedas, debía estar esperándonos Gerardo pero no hay noticias del moozo, por lo que continuamos, tranquilamente para enlazar a una pista que nos lleva hacia Bardenas.

Al fondo, a cosa de un kilómetro vemos un maillot amarillo.

Baaaa, que no será él. Me digo a mi mismo.

A ver si va a ser…

Pero que no…

La cosa es que el mozo lleva buen ritmo, pero con semejante viento (que en ese momento nos pega “de cuchillo”), el grupo avanza más y lo pillamos en las cuestas de las viñas.

-“¡¡¡Hombre Carlos!!!. ¿No te dije que si salías, me dieras un toque?”

Nuestro amigo, Carlos Palacios, con quien compartimos ruta en Moncayo, pocas semanas atrás, se une a la expedición y pasa a engrosar las filas del pelotón Karrikiri.

Llegados a la carretera de los militares, continuamos hasta los Aguilares, para volver a meternos por camino. Tras continuar sufriendo con el viento, un rato después estamos en Castildetierra,

donde nos esperan:

Samuel, Gerardo y Ramón.

Continuamos por la perimetral, hacia el Rayón que preside al fondo del paisaje. Por fin, giramos y el viento nos empuja,

Sin despeinarnos, avanzamos a mas de 45 Kmts/h.

Antonio tiene compromisos y tiene que darse la vuelta. Una pena, pero otro día seguro que podemos completar la vuelta con él.

El resto continuamos, a todo meter hasta la entrada al circo donde empieza la diversión.

El giro de 180º  grados, es como una bofetada, bien dada.

El viento nos da de llno y parece que  “su enfado” va a más. Avanzamos con piñones suaves y alta cadencia, sorteando grietas, mientras agachamos el cuerpo intentando pasar desapercibidos para el huracán.

Por fin llegamos bajo el Rayón y en vista a volver a casa con reservas de sobra en las piernas, comento con Diego, que mejor NO subir.

Mientras hablamos, el resto del grupo llega y se ponen a subir.

Pues nada, nada… al tajo.

Arriba parece que estamos tras el motor de un Boeing 747 a plena carga.

Unos descabalgan e intentan avanzar bici en mano, consiguiéndolo a duras penas, otros son descabalgados por Eolo y a mi, en una leve rampa, se me levanta la rueda sin desearlo, por efecto del viento.

En dos palabras: IN-CREIBLE.

Descendemos y volvemos al terreno “divertido”.

Atravesando algunas grietas, montículos y divertimentos varios, llegamos a: “la piedra de las fotos”, donde comprobamos, una vez mas que aguanta el peso de los Karrikiris posando (ya verás el día que no aguante el peso…).

Llegamos al momento culmen de la ruta, y nos situamos sobre el paso de los ciervos.

Arranca Samuel. Le dejo unos metros de ventaja y salgo tras el.

El terreno, esta vez está muy muy suelto y bajo los primeros 20 metros casi derrapando con ambas ruedas, mientras voy soltando freno para mantener la dirección.

La segunda parte está mejor y suelto las manetas para bajar en un divertido zig-zag, entre los dos precipicios que asoman a ambos lados.

Poco a poco, baja el resto de compañeros, con una sonrisa en la cara, y continuamos.

Toca una preciosa trialera, donde, si dejas fluir la bici, te encuentras, dando saltos, subiendo y bajando con poco esfuerzo y a buena velocidad.

Unos cientos de metros después reunimos al grupo para descender otra pendiente pronunciada.

Ahí, nos deleitamos con el estilo de Toño, que podría calificarse como…. como….

veamos…

Lo sinet pero no encuentro palabras…Hay que verlo. Indescriptible.

Continuamos junto al barranco, por una senda plagada de boquetes (también hay agujeros, pero la mayoría por tamaño, son boquetes) hasta que toca volver a la pista.

La vuelta comienza con viento lateral, hasta que giramos en dirección al cuartel militar.

El problema, ya no era el esfuerzo a realizar, ni el que el viento se empeñase en movernos la dirección de la bici (con el peligro que conlleva), sino que un e´jercito de matas voladoras (como las de las películas del Oeste, de esas), nos atacasen brutalmente.

Mientras avanzamos, vemos más adelante, en los cultivos, como decenas de estas 2matas maléficas”, ruedan en una dirección que las pone en nuestra trayectoria.

Algunas , incluso parece que se detienen para volver a tomar velocidad cuando pasamos.

Que se lo digan a Diego, quien tuvo un “affaire” con una,  mata.

O a Carlos a que “la mata madre de todas las matas” por poco le envuelve (salió de sus fauces, pero aun no se como).

Samuel, Gerardo y Ramón se despiden y vuelven al coche, para librarse de nuevo de la tempestad, a quienes se les une Ezequiel.

El resto volvemos, poco a poco a casa, tras una mañana en la que finalmente salen 90 kilometros de aventura, diversión y lucha contra el huracán.

 

Varios compañeros salieron ayer, sábado, puesto que las previsiones para este domingo eran algo así como un mensaje oculto diluido entre las palabras de los meteorólogos:

-“No se alarmen… pero… si tienen un arca, metan a su familia y  animales dentro y esperen a que pase lo que se les viene encima…”

Pero claro, como decía Confucio (o… era Samuel), un Karrikiri nunca se rinde… si es preciso pedalea con las manos…

Hicimos honor al proverbio y del parque “manaban Karrikiris”.

A ver si no me olvido de nadie:

Chelu, German, Jarauta, Samuel, Roberto, Jose, Saso, Patxi, Cesar, Fernando, Ines R, Vicente, Javi (Aouita), el cuñado del anterior, Unai, el híbrido y yo (Iñaki).

Ya cuando salí de casa, creía que me iba a quedar congelado antes de montar en la bici, pero cunado salimos hacia el cementerio, se confirmó: si sales con esa temperatura, no estás bien de la azotea… o eres un Karrikiri, claro está…

Pasan unos kilómetros y el terreno empieza a inclinarse, mientras charlamos animosamente lo que provoca que, sin querer aumentemos el ritmo y el pelotón se estire.

Pronto un compañero se empieza a descolgar, y reducimos la marcha.

Continúa la ruta y vamos ganando altura. De forma suave, sin grandes cuestas, pero hacia arriba en definitiva, con lo que vamos echando un ojo atrás, previendo, la mañanica que uno que se ve al fondo, va a pasar…

Poco antes de comenzar, la  verdadera subida, veo que Javi, lleva un solo plato.

Y un solo piñón.

Y horquilla rígida de carbono.

(están locos estos romanos)

La primera rampa es muy corta pero supera el 20 % de desnivel positivo, y ahí está “el peludo” en cabeza!!

Continuamos ganando altura, por una pista, rodeados de árboles. Cada vez se hace más estrecha, lo que le da un ambiente singular. Todo un placer rodar por ahí.

La pendiente se endurece y aparecen más piedras. Toca apretar los dientes y darlo todo… venga venga!!!!!

Y estamos “arriba”. Un “arriba”  con boca pequeña, porque aun no hemos coronado, pero nos hemos quitado un buen tramo de subida.

Nos detenemos a reunir al grupo que, al ser numeroso, llega disperso.

Una vez juntos, todos, continuamos por un pequeño llano, durante unos 300 metros, para volver a subir, por pista, y pendiente moderadamente fuerte. Menos mal que no llega a un kilómetro!!

La gravilla hace que tengamos que ir sentados, para no provocar el derrape de la rueda de detrás, así que Roberto y yo, nos lo tomamos con calma, mientras vemos a “ThepostMan” (al servicio de su majestad) ascender en solitario, con su único piñón, mientras nos grita:

-“ánimo!! venga chicos!!…”

Alguno cabecea, negativamente, con una sonrisa, mientras aprieta los dientes y pregunta a modo de confirmación:

-“¿De verdad que solo lleva un piñón?”

Por fin estamos todos arriba. Reunimos al grupo y dejamos que descanse el personal, mientras notamos como se nos va congelando el alma.Estar parados hoy, aqui arriba es, poco menos que una temeridad.

Empezamos una breve zona de toboganes que anuncia la inminente bajada y los “zumbaos” del descenso salimos en tropel.

Pasada una pronunciada curva, y ya seguros de que todos los compañeros han fijado el rumbo correcto, comenzamos a descender.

Voy delante, y justo detrás escucho jadear a Samuel. Sin verlo, si quiera, sé que a continuación estará Roberto.

Alcanzamos el siguiente desvío y decidimos detenernos. Al no ser el camino mas obvio,  es mejor volver a reunir al personal.

Continuamos por una serpenteante… pista/sendero? gritando de forma continua:

Piedra!! otra! cuidado!

Y volvemos a subir… “un pelín”.

No son mas de 300 metros en línea recta, hasta llegar al siguiente cruce, donde, volvemos a tomar posiciones y “Yahooo!!”

Nos lanzamos a todo lo que dan las bicis.

Llevo a Samuel justo delante y no se lo que marca el odómetro, pero le grito:

-“No frenes ehh!!!”

Me va saltando una lluvia de gravilla a la cara, fruto de su rueda trasera y bajo dando alaridos, mientras Roberto, situado detrás de mi
se da cuenta de que mi rueda es mucho más educada.

Abajo, nos detenemos y nos miramos con una sonrisa absurda

-“juajajuaujauj   jiji jjajaja jojo”

-“Que pasada eh…”

-“Si si si…. jijiji”

Esperamos a que la gente civilizada descienda para volver a retomar la marcha.

Toca rodar por buena pista, moderadamente descendente para seguidamente volver a subir en un tobogán, y otro…. y otro más… hasta cruzar la carretera.

Tras dejarla atrás, continuamos descendiendo, para volver a subir en otro tobogán… y bajar…. y volver a subir… y detenernos para reunir al grupo.

Creo que hace más frío que al punto de la mañana, y así lo confirman algunos de mis compañeros. Uffff, estas paradas te dejan frío, frío!!

Todos juntos de nuevo, volvemos a bajar. Encontramos varios charcos que intentamos sortear para volver a subir la última cuesta del día. Corta y de suave pendiente
pero cuestica al fin y al cabo.

Pasamos junto a una granja y giramos a la derecha.

El grupo va estirado, y los de delante, no nos damos cuenta (fallo nuestro), de que las cosas se vana a complicar detrás, a partir de este punto.

Continuamos, con una cosa en mente: La trialera de bajada que alcanzaremos un par de kilómetros más adelante.

Llegados a dicho punto, nos tiramos. Samuel nos coge la posición y Roberto y yo luchamos por coger la trazada buena, sin conseguirlo ninguno.

Resultado: Bajamos ambos en paralelo, pillando todos los saltos, piedras y dificultades habidas y por haber…a muuuucha velocidad…. jijiji

Al llegar abajo, todo son risas, mientras nos miramos…. ¡¡¡que brutos!!!

Nos detenemos, puesto que puede haber dificultades en ese punto y es mejor reunir al rebaño.

Van llegando… casi todos.

Faltan Javi y su cuñado.

Suponemos que Javi se ha quedado a esperar al sufrido cuñado, y esperamos… casi un cuarto de hora.

Al final optamos por ir deshaciendo el camino, hasta que, al fondo vemos el maillot amarillo del cuñado (¡¡que alivio!!).

Pero viene solo y dice que siguiendo el GPS que nos muestra!!!! Toma moreno!! Ahora se nos ha perdido el peludo!!

Le llamo a su  “LondonPhone”.

Tras varios tonos, un tipo empieza a decirme:

-“Plus… four… four…”

¡Vaya!, salta el contestador…

Suena mi teléfono.

Yo: -“Donde andas..”?

Javi:-“Me he quedado a esperar a este y al final ni lo he visto pasar y ahora he subido a unos molinos y estoy aquí ….blablabla”

Ufffffffff

Le indico como llegar a nuestra posición.

El resto del grupo se ha quedado congelado y optan por continuar. El frío es cada vez más intenso.

Viene Samuel, hasta mi posición. Cinco minutos después vuelvo a llamar a Javi.

-“Que tal vas, ¿Te orientas?”

Al final llegamos a la conclusión de que está al otro lado de los molinos y que con su GPS, tirará una línea hacia el pueblo.

Mientras hablamos, empieza a nevar. Madre como se está liando esto… hay que salir “por llantas”.

Sam y yo, emprendemos trote, y rodamos a todo meter.

Pasan los minutos y no vemos a nuestros compañeros, pero continuamos rodando como si detrás nuestra viniese una manada de hienas hambrientas.

Al fin, el ritmo da su fruto y vemos allí delante el pelotón y conseguimos alcanzarlo.

Llegamos al pueblo y algunos vamos a tomar algo (casi caliente).

Yo continúo con el tema en la cabeza y llamo a Javi, para ver donde anda, pero conforme descuelgo, lo veo por la ventana.

Ha llegado sano y salvo.

Terminamos una ruta preciosa, divertida y con muchas anécdotas que sino en Murchante, bien podría haberse desarrollado en Siberia (a tenor del frío, claro está).

 

 

Salimos de Tudela hacia el parque: Bauti, Diego, Cesar y Yo (Patxi) para encontrarnos con Fermin, Guillermo, Dani, Saso, Chelu y Roberto. Un buen número teniendo en cuenta que ayer también hubo salida.

Hoy el plan es fácil: Seguir a “Diego Bolsón” atravesando la tierra oscura del pantano del Val para arrojar al “enanillo” en la estación abandonada de la Nava (se puede tirar a cualquiera, pero creo que Chelú se lo olió a tiempo). Nos enfilamos por camino a Tarazona, alguno gruñe un poquito porque le aburre la pista, pero a mi personalmente, evitar el Tarazonica me alegra siempre (es tan práctico como aburrido). En cabeza de pelotón Bauti, Cesar, Diego y Roberto (según pulsaciones), los demás seguimos con distinta fortuna según los grados de inclinación del terreno. Eso si: también llevamos alguno con la cabeza como un pelotón (compensado el grupo).

Llegamos a Torrellas y tomamos una pista que nos situara sobre el pantano del Val, lo seguiremos entre pinares y desniveles constantes que acompañan el perfil del embalse.

Echamos alguna foto pero la parada es breve para cumplir con el horario de vuelta a casa.

Nos dirigimos a Soria, “camino de rosas, camino de flores, camino me engañas, camino me jodes”, nos va sacando el Machado que llevamos dentro, pero vaya… más que recitando versos algunos vamos resoplando como burros, cuesta parriba, cuesta pa´bajo, y otra, y otra…eso si algunos como Bauti no dejan de hablar, el resto contestamos con monosílabos. “ssi”, “nooo” “arf”, “burfff”, “arghhhhh”.

Daniel, Saso y Chelu se vuelven para llegar a tiempo a Murchante porque la hora de regreso comienza a ser algo incierta (aunque finalmente llegaremos según la hora programada por Diego).

Los kilómetros hacia la estación abandonada de la Nava se hacen duros por el desnivel acumulado y el aire en contra no facilita la tarea. En uno de esos momentos Fermín saca unos Kit Kat sobre la marcha que me saben a gloria, luego se amorra a la botella de coca-cola y llueven las sugerencias sobre posibles mezclas más apetecibles aunque salga un poco diluida la mezcla. Y finalmente para postre, reparte galletas príncipe que compartimos gustosamente como buenos compañeros para quitarle peso. (Aún así no disminuye el volumen de la mochila verde: ¿pero que demonios llevara dentro?).

Recorremos Monte Alto con viento en contra y pendiente constante, hasta el corral de Bolchaca. Es el cruce de caminos donde solemos parar habitualmente, por donde desciende la nocturna o continuamos hasta la antena camino de Valverde.

Hasta aquí parece que todo ha sido cuesta arriba desde que dejamos Murchante, ahora…¡¡¡¡a disfrutar!!!, nos lanzamos cogiendo velocidad y sentimos que por fin descansan algo las piernas, aunque en algún momento el aire nos daba bandazos muy fuertes o incluso obligaba a darle a los pedales. Cesar va delante (algún día no muy lejano te ganaré), le sigue Roberto, y en un intento juguetón, intento pasarle, pero al ponerme junto a él empieza a darle ritmo y parece que su método de entrenamiento da resultado porque me deja atrás. (lo tenía que haber dejado en el fondo del Val, que ahí si que no le iban a subir las pulsaciones)

Llegamos finalmente a Murchante, con sensación de cansancio (al menos yo) pero habiendo terminado un recorrido de 70 kms novedoso y bien trabajado. Ahora que cada cual descanse como pueda o le dejen, yo con mi siesta de manta de cuadros, y algún otro con los críos de peña en peña. Siempre ha habido clases.

El Club ciclista Turiaso, nos invitaba a probar el recorrido de la que será la cicloturista de Alcalá de Moncayo.

A las 7:30, Jarauta aparece en la plaza con la furgoneta y el “Karrikiri-karro”.

Con las 10 bicis cargadas, arrancamos hacia la falda de Moncayo:

Jarauta, Marta Bonilla, Samuel, Jose, Dani, Sara, Marta Garriz, Gerardo, Ezequiel y yo (Iñaki).

Un rato después llegamos a Alcalá de Moncayo, descargamos bicis y nos preparamos.

En unos minutos estamos, unos 40 compañeros dispuestos a disfrutar de una mañana, fresca, pero que promete dar paso, a un precioso día.

Allí me encuentro con mi amigo, Carlos Palacios, con el que compartimos ruta y diversión, y mientras charlamos nos llaman para, tomarnos la foto, cual alineación futbolística.

Dado que no sabemos cuánto detalle quieren guardar, los artífices de la ruta, acerca de la misma, intentaremos dar una visión de ésta, sin desvelar ciertos elementos.

Salimos muy tranquilamente, por pista, hasta un desvío con una pequeña bajada que da paso a un camino estrecho. Tras pasar un puente, ascendemos por una cuesta de cemento rayado que lleva casi… hasta el cielo :-). Lo que se llama un repecho majo, vamos…

Arriba, nos perdemos. Nos detenemos a esperar a compañer@s, que SE SUPONE, vienen por detrás, y perdemos al grupo de delante.

Pasado un rato, el mini-pelotón que integramos, decidimos seguir, con un único GPS que no quiere desvelar la ruta fácilmente.

Descendemos y casi abajo, vemos a nuestras “ovejas descarriadas”, que se han salvado de la subidita, por medio de no se que camino.

Ya reunidos, y engrosando un pelotón mayor, continuamos, escoltados por organizadores, continuamos por una pista, tendida, que llevará a una carretera.

Es momento de quitarse ropa y cambiamos los guantes de invierno por unos menos abrigados, eliminamos la “braga del cuello” y proseguimos para alcanzar a nuestros compañeros.

Tras un breve trayecto por carretera, volvemos a un camino que se irá estrechando e inclinando para convertirse en un ascenso pedregoso, entre  los árboles que le dan un ambiente digno de las mejores rutas.

Arriba, enlazamos con una pista y esperamos para agrupar al personal. Continuamos, esta vez ayudados por la gravedad, en un descenso con buen firme.

Abajo, hay que cruzar un riachuelo y más de un@, no ve la forma de cruzar sin acabar en el agua, pero finalmente todo el pelotón termina por superarlo y continuar por una nueva pista.

Ascendemos otra pequeña cuesta y continuamos un par de kilómetros hasta….¿¿¿ Encontrarnos a los de cabeza de frente???

Resulta que por casualidad, nos hemos confundido en un pequeño tramo circular y dice que hemos perdido unos dos kilómetros, así que damos la vuelta y les seguimos.

La mañana está perfecta, el ritmo es muy suave y todo es ideal, hasta que nos veo descabalgando, a todos, para  ascender a pié entre árboles en una suerte de senderos ascendentes entre risas y golpes de ramas. Esta sección, nos indican que será convenientemente adecuada para el día de la cicloturista, aunque personalmente pienso que tiene su atractivo y bien se podría dejar así. al fin y al cabo, es monte y cualquiera entendería que hay que lidiar con esos pequeños tramos de “Rotabator Mode”.

Ya en un camino, no avanzamos mas de veinte metros para ir a parar a una pista asfaltada. Al fondo, “la cuesta”.

Me he parado a atender el móvil y estoy muy atrás, así que me toca acelerar hasta que veo equipaciones KarrikiriBTT.

Justo antes del ascenso hay un pronunciado descenso, y le digo a Marta B:

-“Aquí no freno!!”

Y me lanzo cual misil, hacia el riachuelo que se ve al fondo.

Cuando lo atravieso, el odómetro,sobrepasa los 80 kmts/h, pero poco me durará, ya que el importante desnivel positivo que toca ascender, me frena poco menos que en seco.

Mirando hacia arriba se ve, como a los ladrones del cuento de Ali Baba, a los cerca de cuarenta esforzados bikers que aprietan dientes para coronar la subida.

La primera mitad de la cuesta me la tomo tranquilamente, hasta que veo unos cientos de metros más adelante, un amigo de amarillo que hace más “eses” que una culebra para escalar la dichosa cuesta.

Acelero el paso hasta alcanzarle y subimos juntos mientras charlamos entre jadeos.

Arriba, comemos algo y mientras esperamos, los primeros dicen que continuemos.

En nuestro caso, preferimos agrupar y esperar al resto de nuestros amigos, y una vez todos allí, dejamos algo más de tiempo para que coman (“por no hacer la parada del hijo…”).

Soltamos frenos y comienza un precioso descenso, por pista, de unos 8 kilómetros, hasta otra población cercana y pronto me veo con Oscar de Tarazona (agradecerte desde aquí el recibimiento y atenciones durante toda la ruta), y Samuel bajando a toda mecha con una sonrisilla en la cara.

En el pueblo, nos detenemos a por agua.

Continuamos realizando varias paradas y a ritmo suave, dado que hay compañeros con calambres y problemas varios, pero… no hay prisa.

Con esta coyuntura, los organizadores que nos acompañan, deciden no hacer la última subidilla que queda y continuamos por un camino más tendido a fin de facilitar el rodar a todo el mundo.

A escasos kilómetros de meta, nos toca realizar una pequeña reparación en el freno de una amiga, para continuar unos tres kilómetros por carretera y terminar el periplo satisfechos de haber realizado una ruta preciosa, completa y que a buen seguro se hará con un sitio en el calendario deportivo de la zona.

Tras degustar una cerveza en el bar de Alcalá, volvemos a casa, con ánimo de reservar el próximo 17 de Mayo para repetir esta preciosa vuelta por los alrededores de Moncayo.

Dar las gracias y la enhorabuena a los artífices de, tan grata ruta / atención, y desearles mucho éxito en su nueva cicloturista.

 

He sido bueno, muy bueno… y por ello he escrito una carta a los Reyes Magos de Oriente, con la esperanza de que caiga… al menos algo.

Y por si acaso, pensando en convencerlos  en persona, decidimos ir por las Bardenas, ya que según creo yo… si vienen de oriente y las Bardenas son el oriente de Murchante…. estos deben venir de… (lo ves? tu mente empieza a pensar igual, verdad?).

El caso es que nadie, que yo conozca, ha subido al Castillo de Peñaflor. Si, bueno, lo vemos desde abajo y sin embargo… que pasa si resulta que dentro de esa torre en ruinas esta el verdadero bastión de los Reyes Magos? EH? lo has pensado??

La cosa es que al contarlo a varios Karrikiris, se organizó una extensa expedición, DI-SI-MU-LA-DA… para poder dar con la guarida de los misteriosos Reyes y de paso… poner “el cazo” si no querían que revelásemos su paradero… (esto es España, oiga…y de cazos…. sabemos un rato…).

La cosa es que en el parque nos encontramos:

Guillermo, Chelu, Germán, Roberto, Sierra y unos prometedores canteranos: Unai, Alejandro.

Sí, también estaba yo, Iñaki.

Emprendemos hacia Tudela, atravesando el pueblo y bajando la cuesta de la cooperativa para hacer el trayecto por el camino que empieza tras e puente de la autopista.

Callejeamos por Tudela hasta el puente del Ebro y allí nos econtramos con Bauti y Patxi que nos esperan para completar la compañía del anillo el grupo.

Por los sotos del Ebro y hasta la recta de Arguedas, avanzamos tranquilamente, hasta que tomado el  camino paralelo a la recta de Arguedas, el viento sopla y nos ataca “de cuchillo”.

Pasado ese pequeño trance,  enlazamos con la carretera para entrar en la población, y pedaleamos por sus calles, para ascender hacia “el Yugo”, por la estrecha cuesta de cemento.

Enseguida se forman grupos y poco a poco Bauti y Patxi se nos adelantan a Unai y un servidor que imponemos un ritmo conservador mientras charlamos  entre jadeos.

Detrás, el resto del grupo se fracciona y cada cual sube como más le apetece o puede.

Arriba, hay un autobus… vacío. Alguno casi le retira la palabra a Patxi por la promesa de una legión de…

( se me ha olvidado…y si te quedas con la curiosidad… haber venido… claro…jejeje).

Todo lo que sube, baja y a nosotros, los Karrikiris, tambíen nos afectan las leyes de la física.

Como muestra tenemos que descender, dirección al plano a trote lechonero (lease: sin frenar y con una sonrisa en la cara… que nos lo hemos ganado!!).

Unos kilómetros más adelante, llegados a determinado cruce, giramos a la izquierda para notar el viento de cara.

Bauti y yo vamos hablando delante y para cuando queremos darnos cuenta, un par de compañeros han decidido darse la vuelta.

El resto del grupo, continuamos hcia el embalse del Ferial, un par de kilómetros más, hasta que un amabla paisano en un todo terreno, nos advierte que poco más adelante hay “batida de caza”. De lejos divisamos, la parafernalia con los chalecos, y vehículos.

Valorando como valoramos nuestro pellejo… decidimos no adentrarnos en terreno de caza (algunos estamos fuertes; los cazadores  muy probablemente acaban de meterse algúnos lingotazos acaban de almorzar, y no escuestión de que se cobren tan preciada pieza).

Hay que rehacer la ruta a aprtir de dicho punto y decidimos, ir en busca de la guarida de los tres camellos tipos que montan en camello.

Volvemos sobre nuestros pasos para atravesar el cruce y esta vez continuar recto, dejando el Yugo y su sierrra, a nuestra derecha.

Avanzamos por una pista hasta que grito: “Chelu a la izquierda!”

- Por aquí??

-Tira…!!

Vamos “campo a través” sabiendo, más  o menos donde estoy.

Alcanzamos un pinar, y cojo lo que podría llega a ser un sendero… si mucha gente pasa por allí a partir de ahora.

Subimos por aquí,,, equilibrio allí,  arrfffpprrffff.

Menudo cabezazo le he metido a la rama de pino, pensaba que estaba más alta.

Arranco y al fondo escucho la dulce voz de Chelu:

-“”Arrggrrfffff”

Y el mozo queda colgado de la camelback, cual marioneta de trapo…jijiji

Poco después le toca el turno a Bauti, a Guillermo, a Patxi y a Sierra que por poco da, otra de sus, ya características, “vueltas de campana”.

Mi sentido arácnido “nosequé” me dice que voy bien, y aunque nunca hemos hecho esa senda, entiendo que la pista que nos lleve a la tapadera de los tres tipos de oriente torre del Castillo de Peñaflor., debería de estar unos metros a nuestra derecha en algún sitio entre nosotros y una loma… pero no la veo…

Me detengo, antes de liarla (a ver si los estoy llevando al fin del mundo…), y en ese momento vemos la pista. Perfecto!!

Ya en el camino, atravesamos varios barrizales y al poco, allí arriba se ven las ruinas del castillo.

Patxi, intenta aleccionar a Guillermo:

-“Esta torre fundada por el rey tal, para proteger y…”

-“Yo pongo la herramienta de derribo…. y todo escombro…”

Patxi, manos en  la cabeza no asimila esta ligera percepción/valoración de la edificación y cabecea con una sonrisa en la boca…jijiji.

Vamos un poco justos de tiempo y por ello, descartamos subir a ver si los reyes están ahí dentro, pero nos detenemos a hacer unas fotos, justo debajo mientras, atentamente aguzamos el oído en busca de pistas sonoras que delaten el sonido de un camello sobrecargado (no se si estos bichos braman, barritan, gorjean o ladran así que si sabes como se llama el “berrido camellíl” me lo haces saber).

Como, no hay constancia alguna de la presencia del séquito real (que sé que están allí… pero no puedo demostrarlo…), reemprendemos el camino por un precioso sendero en el que Guillermo se empeña en hacer (dicho por el propio Guillermo): un apoyo, fronto-lateral forzado (que no caída técnicamente), mientras Chelu se descojona, mirándolo a ver si tiene alguna rama por la cabeza… (pero caída, lo que es caída… no fué… si acaso… un aterrizaje… eso si… totalmente “fronto-lateral”.

De ahí salimos a pista y atravesamos los dos barrancos que llevan hacia Castildetierra, no sin tocar más barro y algunas risas.

Saliendo del característica formación bardenera, nos cruzamos con Fermín que, en coche, van de visita familiar.

Ya en la carretera de los militares, nos detenemos un instante, para beber. Continuamos, por cierto lugar del que no me quiero acordar y atravesamos el “camino más pedregoso del mundo”, hasta la recta de Arguedas.

Poco después, por los mismos sotos del Ebro que veíamos horas antes, nos acercamos a Tudela y seguidamente a Murchante, tras una divertida ruta de 80 kmts.

Otro magnífico día en compañía de los Karrikiris!!! :-)

 

Una crónica…que no es una crónica

Publicado: diciembre 21, 2014 en Otros

Ya no recordaba la ultima vez que salí a andar en bici. Una de esas épocas que las circunstancias no te lo permiten, pero al saber qué se cocía… era la ocasión perfecta para retomar el tema.

Hoy, algun@s, no hemos hecho muchos kilometros pero ha sido tan especial y hemos disfrutado tanto… que  creo que por una vez (prometo no servira de precedente) no haré una crónica al uso. Lo guardaremos para los que hemos salido a la ruta Karrikiri de hoy.

En un momento dado, confesaba a uno de mis compañeros de ruta:

-“Cuando llevo un tiempo sin rodar, se me olvida, cuanto…cuantísimo, disfruto con este deporte…”

Y es verdad. Disfrutaba como un niño en un parque de atracciones.

Hoy he empezado la temporada de la mejor forma. Tarde, con mucho que recuperar en cuanto a esatado de forma…y también algo que perder (peso principalmente…jejeje) pero ha sido tan placentero que no sabría ni quiero intentar plasmarlo en un simple texto.

No dire por donde discurría la ruta, ni las peripecias ocurridas entre las muchas fotos que se tomaban.

Y alguno dará gracias al cielo… por no aparecer protagonizando la caída del día. ¿verdad?

Quedémonos con el ambientazo que hemos generado, y con que algunos, hoy, dormiremos soñando con la ruta  de una preciosa mañana de Diciembre.

¡¡Feliz Navidad!!

Pero dejaremos el porqué en suspenso, de momento…

Llego al parque a las…nueve??? las nueve antiguas, las nueve nuevas? cambié el despertador al contrario? son las ocho? las diez??

Mientras frío los sesos pensando y comprobando si realicé el cambio de hora de la forma adecuada, llega Saso.

-“Hola Iñaki!!”

-“Ya estaba haciendome películas con la hora…jejeje”

Seguido aparece Chelu, Guillermo, Samuel, Aitor, Dani, Jarauta, Jose y nuestro trio de  Tudelanos Bauti, Patxi e Inés con una “pedazo bici” en fase de pruebas…

Salimos hacia el cementerio, para girar, a continuación hacia el matadero de conejos de Bonilla y pasar bajo la “Campa de Santos”.

Poco después, dejamos los depósitos de agua a nuestra izquierda y continuamos para atravesar la carretera que va de Cascante al cruce de los nueves.

Pasamos por la gravera de Guillermo y junto a San Gregorio de Cascante para girar seguidamente a la derecha.

A partir de este punto tengo que poner el GPS mental, a funcionar de verdad.

Dani va unos metros delante del grupo, como a él le gusta rodar y yo le voy diciendo cada poco:

Izquierda, este a la izquierda otra vez, este a la derecha….

Y así se suceden un buen puñado de cruces de caminos mientras, poco a poco, ganamos altitud.

Atravesamos la carretera de los toboganes “Fitero-Cascante”, para seguidamente continuar tomando desvíos y algo más de altura.

Cuando la próstata de alguno… nos deja continuar…

Descendemos para ir a parar a una pista, antaño muy rota y que los Cascantinos han tenido a bien reparar. Ahora da gusto rodar por ella.

Un par de kilómetros más adelante, volvemos a girar a derecha y alguno me dice que es una ruta muy difícil de aprender… pues tanto mejor…jejeje

Volvemos a subir una pequeña cuesta, a la que sigue una pequeña bajada…

No nos relajamos porque un kilómetro más adelante volvemos a ascender pero ya sin parar.

Bauti me pregunta si aquí empieza la cuesta y yo le indico que con esta no contaba pero que si, que podemos añadir unos cientos de metros más al cómputo total de cuesticas.

Un par de minutos después, empieza la verdadera cuesta con una rampa fuerte. Por suerte es corta y le sigue un llano de unos doscientos metros, con un boquete medio señalado
en medio del camino que bien podría tragarse a alguno de nosotros.

Entramos en zona de bosque y algún bombero, me pregunta cuanto queda hasta arriba….

Tras mi respuesta, responde:

-“Alaaaa, no puede ser tanto…. no jodas que tal…”

Yo me callo y aprieto dientes.

Cojo la Rueda de Bauti y justo delante nuestra van Samuel y Dani.

Personalmente no he escuchado nada pero pondría la mano en el fuego, a que uno de estos dos, ha visto un Javalí corriendo
hacia nosotros, o al menos lo ha escuchado cerca, porque sino… no es preciso que subamos a este ritmo!!!!

Bauti así lo atestigua pero no hablamos mucho, que perdemos rueda.

Justo detrás está Jarauta, Aitor y Jose que deben de otear al “cochino javalín” tras sus traseros, dado que no pierden un metro.

Llevamos ya varios kilómetros ascendiendo entre pinos, por un bosque impresionante,  y el terreno se inclina más… parece una rampa corta pero “ufffff”…
Agachando la cabeza, coronamos esa parte y Jose pregunta que cuanto falta….

-“Calculo… que entre un kilómetro y uno y medio de cuesta arriba”.

Aitor, me mira, con media sonrisa y creo que empieza a creerme respecto de las distancias que indicaba abajo.

Toca un pequeño descanso, en una zona sin arbolado e intentamos bajar pulsaciones para lo que queda.

Entramos en pista ancha y el terreno vuelve a inclinarse. Esto es lo más duro.

Por fin arriba, esperamos a reunir al grupo y aprovechamos para sacar algunas fotos.

Continuamos por una zona de toboganes que tendrá unos 400 metros y empezamos a descender.

La bajada parece que nos la sabemos todos, hasta que…. tomamos un desvío!!

Muy pocos conocen ese camino, pues la entrada está cubierta de hierba y no da a pensar que detrás haya un terreno ciclable, pero ahí está y nosotros lo disfrutamos.

Unos minutos despúes, estamos abajo y continuamos por pista buena.

Donde el grupo piensa que vamos a girar a la derecha, lo hacemos a la izquierda y atravesamos la carretera, por un cruce magníficamente situado ( con buena visibilidad y seguro).

Continuamos por pista  buena, hasta llegar al “cruce de la hecatombe” y tras consultar al personal las distintas opciones, optamos por subir una pequeña cuesta para descender seguidamente
hacia Cintruénigo.

Controlando siempre las distancias, creemos que podemos subir una última cuestecilla,  y en un par de minutos estamos cerca del hogar de los “Cirbonitas”, inmersos en un reto que no conozco bien
pero que movió a un montón de gente de la citada población por esos caminos.

Nos acercamos al boquerón y tras consultarlo, giramos a la izquierda para rodar por la pista que asciende a los molinos, si bien antes de la cuesta, encaramos el manillar a la derecha para bajar por un “tramo divertido”.

Solo queda volver a casa.

Pasamos junto a la “granja de la Sociedad” y cruzamos la carretera de nuevo, para volver hacia el huerto de los malejanes.

Guillermo, lleva no se cuantos días soñando con escaleras y para quitarle el gusto, aprovechamos para ir a San Gregorio y bajar las escaleras.

Bueno… casi todos, porque algun@s optan por dar media vuelta y no probar el descenso.

No pasan más de cinco minutos y estamos en Murchante.

48 kilómetros, realmente bonitos, en una ruta  espectacular y a buen seguro repetiremos bastantes veces…

Dame pan y …

Publicado: octubre 6, 2014 en Crónicas
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Por fin un horario decente para poder dormir el domingo.

La ruta es a las 9 a.m.

Hoy componen el  pelotón Karrikiri: Guillermo, Roberto, Marta, Chelu, Bauti, Cesar, Emiliano, Hernando, Saso Jr., Jose, Germán y yo (Iñaki).

Una vez reunidos todos, queda patente que no hay ruta decidida y la gente tampoco está por pegarse la paliz, así que solo queda una idea en el aire:

“Hoy almorzamos”.

Alguien nombra “Roscas” y salimos del pueblo en dirección a fitero.

Pocos kilómetros más adelante, giro alternativamente la cabeza, izquierda (Fitero), derecha (Tudela).

Según Marta, lo de Fitero es Mordor (cielo oscuro) y a la derecha, parece que hay buena mañana y mejores perspectivas en lo climatológico.

Finalmente con el almuerzo en la mollera, decidimos dar una vuelta “por ahí” y la gente simplemente pedalea in pensar a donde los llevamos.

Cruzamos la carretera de Corella y nos acercamos a los molinos que hay junto a la Serna.

De allí rodamos bajo el rítmico silbar de las aspas, hasta que giramos para descender por una cuesta en dirección a Alfaro.

Continuamos unestro pedaleo, hacia el aeródromo en la margen contraria  de la autovía, a “la Guardian” y una vez alcanzado el camino que discurre paralelo al tráfico
volvemos a subir para acercarnos a Barcelosa.

Bajamos la pirmera cuesta hasta donde el canal sale de su entierro. Poco más adelante, a la derecha hay una cuesta que por alguna razón, tanto Roberto como yo,
(y cada uno sin saber que el otro pensaba en la misma) queremos llevar al grupo.

Tras algunas caida, atasco y risa, llegamos arriba, ocmporbando que el/los “torpes” (jijiji) están bien.

Desde este punto, tengo pensada el siguiente tramos de recorrido peor no diré nada para evitar… “vetos”.

Llegamos a la zona del tiro al arco y sin decir nada, giro a la izquierda.

Llevo 50 metros por el sendero y escucho gritos:

Guillermo:

– “No te pares, tira, tira que aun te van a meter una pedrada por venir por aquí….”

De fondo escucho a Doña Blanca junto a la Gintonica  a cada cual rabiando más…

Llegamos a la cuesta de la potabilizadora y pienso:

-“Si espero a que lleguen… pedrada o veto…”

Así que re emprendo la marcha:

-“Venga, ,venga que ya vienen!!!”

Nos internamos por otro sendero, precioso, con un terraplén a nuestra izquierda desde el que se ve media Mejana y el Ebro.

A decir verdad, meses atrás, ese sendero estaba bastante decente y no era peligroso, pero lo que nos encontramos es un pelín… emocionante.

De cuando en cuando, las antaño grietas, se han convertido en zanjas y donde había un paso que permitía rodar, ahora es un pequeño abismo que tenemos que
atravesar bici al hombro y saltando…

Alguno, quiso estrenar el casco nuevo, DOS VECES SEGUIDAS en cinco metros.

Que si ahora doy una vuelta de campana, que si ahora a ver que tal se cae de esta forma…

Roberto me adelanta y aumentamos el ritmo, hasta que tiene un ataque narcolépsico y decide echarse a dormir sobre unos arbustos…jujuuju

Ya en la carretera que sube desde Tudela a los depósitos de agua, reunimos al grupo.

Quienes  creían qeue se terminaba la diversión, se ven sobre un promontorio y una “cuestecica”….

Algunos bajamos y otros… optan por dar un rodeo…jejeje

Llegamos al polígono por encima de los bomberos y de ahí partimos a dar cuenta del almuerzo.

No es que hayamos hecho una kilometrada (creo que rondaría los 40 kmts al llegar a casa) pero lo hemos pasado bien.