Crónica: Los 10.000 del Soplao 2016

Nota: Esto es MUY LARGO… si no eres lector paciente… ni intentes leer esta crónica.

Todos dicen lo mismo: “El Soplao” empieza el día que haces de la prueba un objetivo y empiezas a entrenar.

Hay quien me decía que era muy sacrificado eso de entrenar de forma metódica y “sacrificar” muchos días de salidas tradicionales en pos de entreno…

Y sin embargo, ha sido todo lo contrario. He disfrutado de la bici como nunca. Es más… he descubierto otra forma de ciclismo que me encanta y me llama.

El ver como tu estado de forma se incrementa día a día, la consecución de cada fase del entrenamiento y el tener el objetivo cada vez más cerca, te llevan a ver la bici de otra forma y posiblemente, nunca vuelva a verla como lo hacía antes de esta experiencia (que un no ha terminado, porque escribo desde mi casa la noche antes de viajar hacia Cabezón).

 A decir verdad, escribo por calmar los nervios que me llevan acelerado desde hace días.

Entre el catarro que se presentó de visita esta semana (¡¡el único del año!!), el ser novato y no saber exactamente cómo va a enfrentar tu cuerpo la paliza que a la que lo voy a someter y que, en foros y videos, presentan la prueba como el apocalipsis del btt… soy un manojo de nervios.

Es ahora cuando llegan las dudas. ¿Serán suficientes las horas invertidas entrenando? ¿Este catarro me tiene muy mermado? ¿Es eso que parece que quiere, dolerme una señal de lesión que aparece a pocas horas antes de la prueba?

Vamos, que ves dolores y cosas raras en cada músculo y quiero pensar que es por los nervios.

Y no soy el único, porque a las 5 de la mañana, harto de dar vueltas en la cama, me levanto y Chelu, mi inseparable compañero de entrenos, me traslada vía “WhatsApp” que también está despierto.

En un rato, toca ir a la oficina, y esperar a que llegue el medio día para salir pitando con el resto de amigos que hemos decidido acudir a la cita.

Por cierto: No había dicho que la crónica iba a ser corta así que si el prólogo ha sido este… coger aire para lo que pueda escribir el domingo (si es que aún tengo ganas de hacer algo…)

Por retarme, escribiré una frase más:

A día de hoy, estoy convencido de que el año que viene volveré al Soplao.

¿Pensaré lo mismo la próxima vez que siga escribiendo?

24 horas después de acabar el Soplao…

¡¡CONSEGUIDO!!!

¡¡¡Madre mía, que experiencia!!!

Es domingo, y hace unas 24 horas que pasaba por línea de meta tras acabar la más escalofriante y épica vivencia en BTT de toda mi vida (hasta ahora). Pero empecemos por el principio.

Llegamos el viernes y antes de ir al camping, nos acercamos a recoger los dorsales. Allí nos encontramos con Cabri, con el que charlamos un rato y nos dice que acaba de mirar el tiempo y no parece que vaya a llover. BIEN!!!

Tras prepararlo todo, nos acostamos y al poco suena el despertador.

Llegamos a cabezón sobre las 6:00 a.m. y nos situamos en línea de salida, para esperar dos horitas. El tiempo es bueno aunque, el cielo, está encapotado.

Poco antes de que den las 8:00, aparece Yoli y los hijos de Chelu. Lo hacen emocionarse y por poco acabo lagrimeando yo, al ver los ánimos y palmadas que le daba Diego en la espalda, muy serio, a su padre como diciendo:

-“Tranquilo papá, tu puedes…”

7:55 y empieza a sonar la canción: Thunderstruck de AC/DC…

No se si era yo o el equipo de megafonía que tenían pero a cada golpe de rimo me estremezco y me recorre un escalofrío… parece que voy a la guerra…

A los lados el público y varios de ellos con la boca abierta canturreando la canción… que sensación…

Salimos y al poco estamos dando pedales, cuidando de no perder a los amigos, pero intentando avanzar posiciones para evitar el atasco en el kilómetro 3.

Allí llegamos juntos, Feli, Chelu y yo (Iñaki) y por suerte no hay atasco.

Se oyen los cambios por doquier y empezamos a ascender. El primero. La gente empieza a resoplar y yo empiezo el mantra que Cabri me indicó el día anterior:

-”Guarda fuerzas, guarda, y reserva…”

La verdad es que voy nervioso y algo tenso de la emoción y no disfruto la subida del todo, pero con la niebla, tampoco es que se vea mucho paisaje. Lo importante es que voy muy bien de pulso y el cuerpo responde, así que me preocupo de no perder a los amigos, entre la muchedumbre.

Al fin coronamos San Cibrian y empieza la bajada.

Es camino bueno pero con mucha gravilla. Mi mayor miedo es que alguno baje descontrolado y me tire, pero por lo demás voy muy tranquilo, porque hay algún compañero que no le gusta mucho bajar, así que voy disfrutando el paisaje.

Es seguida comprendo que en Cantabria no tienen ni idea de lo que es un llano y lo del nivel como herramienta…. ni en los libros… Todo está inclinado de una forma u otra….

En cuanto termina la cuesta abajo, la emprende otra hacia arriba así que volvemos a cambiar coronas como locos y a darle de nuevo…

Van pasando los minutos, pasamos por San Vicente del monte, y bajamos para volver a subir hasta el alto de Carrancias.

Son todas subidas que, en nuestra zona, consideraríamos fuertes o muy fuertes, pero sabiendo lo que viene por delante, como para rechistar o decir algo…

En mi cabeza, voy dando vueltas a una pregunta:

“Y… entonces… como son las rampas que llaman…fuertes?….”

En estas estaba yo cuando bajamos pronunciadamente.

No sé en que momento, perdemos a Feliciano. Yo pienso que va unos metros tras de mi, con Chelu y el debe pensar que va entre ambos o detrás…

Empezamos a bajar y me encuentro solo, así que reduzco la marcha para enlazar. Miro atrás y veo decenas de tipos, lanzados cuesta abajo, pero ninguno de ellos es Chelu o Feli.

Justo después de ver un accidente, me alcanza Feli, al que grito, porque no se daba cuenta.

No pasa un minuto y aparece Chelu, con lo que respiro aliviado y encaramos la siguiente subida.

…Doy una curva y veo mucho público apostado en los lados del camino…

Camino??? Pero por dios, que es esto!!!!

Empieza la subida a “La cocina”… La verdad es que voy muy bien… pero es la risa…

Una pendiente de hormigón rayado, en el que las cubiertas se escuchan derrapar contra el terreno, pidiendo clemencia.

Son varios kilómetros y veo que eso va a ser largo… y la pendiente no mengua…

Nada, de momento voy bien, no me duele nada y el pulso  en torno a 135-140 pulsaciones…

Miro a gente de mi alrededor, resoplando y veo cifras de pulso que harían hervir el metal, mientras algún otro me adelanta …

De vez en cuando miro a ver si estos dos siguen a mi flanco y así es. Si acaso cuando me ven mover la cabeza y no los alcanzo a ver, enseguida, el avispado de Chelu, me grita: “Estoy aquí, tranquilo”.

Él me tiene bien localizado con mi mochila y zapatillas naranjas, que dice que se distinguen bien. Yo cuando miro por debajo del sobaco, siempre busco el casco naranja de Feliciano, que también es fácilmente identificable.

 Salimos de un camino y sin bajar un solo metro nos metemos en asfalto ascendente…

Por tanto… ¿Estaremos subiendo “el soplao”?

Parece que sí.

Nos adelanta gente pero nosotros continuamos en modo:

-“Guarda fuerzas, esto aún no ha comenzado, tu a tu 50% y como mucho!!!”

 Alcanzamos el primer avituallamiento y nos encontramos a Ramón que había salido a fuego.

Le digo que si viene con nosotros pero decide seguir por su cuenta.

Comemos algo, rellenamos líquido y mandamos un whattsapp a la familia para que sepan que sobrevivimos. Allí se supone que iba a estar Yoli, los chiquillos de Chelu y la Feli pero no aparecen…

Empezamos a descender y según nos han dicho, esta bajada, hasta Celís, es la más peligrosa.

Sigo a Feliciano y no puedo mirar atrás, si quiero conservar la dentadura, por lo que decido bajar concentrado.

Del resto no sabemos nada. Suponemos que Antonio ha ido por delante, mientas Sierra, Fernando y Jarauta, formarán un grupo algo más atrás, y Fermín irá con un amigo con el que había quedado a la salida. Pero todo son suposiciones…

Por fin abajo y sin necesidad de prótésico dental. En un par de minutos llega Chelu que parece que hoy está haciendo un master en bajadas… y la verdad es que cada vez va mejor, más confiado y rápido.

Avanzamos por asfalto y allí está nuestro equipo de apoyo. No les habían dejado subir así que estaban esperándonos aquí.

Tras parar, conversar con ellas y comer un plátano, continuamos, pensando en el “Monte Aa”. Miedo me daba pensar que según la información que tenía, las rampas eran más duras que las de la cocina… pffffff.

Nos metemos en camino y aquello se inclina… peor no es para tanto… menos mal…

¿Menos mal? Giramos una curva y veo aparecer el temido hormigón rayado…

Quien me mandaría dejar el piolet en casa…

Pongo plato pequeño y solo me queda una corona de reserva. Que en algún momento tengo que meter… la madre del ****

Mis compinches sigen a mi lado y allí no habla ni el perro…

Mirando hacia arriba aquello asciende y serpentea, hasta que por fín veo un cartel, hecho a mano: GOMINOLAS!!!

La famosa mujer de las gominolas se coloca en las últimas rampas del monte Aa y por tanto sé que aquello se termina.

Sonriente paso para recoger mi gominola y la mujer con la misma sonrisa me la pone en la mano, intentando llegar a todos, sin que tengamos que poner el pie en el suelo.

Seguidamente, paso por una chica ¿su hija?, que reparte manzana…(que buena me supo!!).

Y así, es… poco después estamos arriba y las vistas son realmente espectaculares.

Hace calor, bastante más del que las previsiones marcaban y vamos perdiendo líquido por lo que intento recuperar algo, antes de comenzar la bajada.

El descenso es muy bueno y Feli toma la delantera, no sé, si espoleado por cierta moza que bajaba echando fuego… vete a saber….

Como en ocasiones anteriores, Chelu baja un poco después, pero se nota que va cogiendo ritmo… casi no tenemos que esperar… ¡¡va sacando nota en cada bajada!!

Comentamos que tiene que ser algo relacionado con el agua, o las anchoas o algo de allí pero no es normal… tanto público, con tanta pasión, que te animan como s fueses el mismo Indurain, ascendiendo contigo unos metros con las venas en el cuello gritando:

-“Venga, una pedalada más, no te rindas, venga!!!!”

Y si fuesen cuatro forofos… se entiende…

Pero ver a mujeres de entre 60 y 80 años, unas con las cacerolas y los cazos aporreando la batería de cocina y desgañitándose al paso de cada grupo de ciclistas, o grupo de gente cualquier carretera perdida con pompones de animadora… o caminos apestados de coches a los lados con familias enteras, apostados y animando durante horas… como si fueses el primero que pasa por allí… no es normal…

Y quiero que quede claro: NO ES NORMAL!!!!

Y se agradece tanto, que no se ni como expresarles mi gratitud y sensación de apoyo transmitido.

Y hablando de cual sería la causa de tal desvarío mental de estos encantadores pobladores Cantabros… que nos plantamos en Ruente con muchísimo publico y poco después en el avituallamiento de Ucieda.

Volvemos a ver a Ramón que vuelve a irse, mientras nosotros paramos a echar aceite a las cadenas, y comer un bocadillo de Nocilla, ¡que bueno!.

Empezamos a ascender el Moral, puerto largo y duro, según dicen… unos 12 kilómetros.

Aquí se supone que empieza realmente el Soplao y todo lo anterior era el calentamiento… Un calentamiento de unos 2000 metros positivos…pero vaya… que esto funciona así… y aquí es donde se empieza a hacer la selección de verdad…

Conforme avanzan los kilómetros, las conversaciones disminuyen y las cabezas bajan mirando la rueda delantera. Esto es eterno…

No puedo aguantarme la curiosidad y pregunto a un ciclista si queda mucho…

Me dice que si que al menos 4 kilómetros…

¿Como? Si allí se ve que crestea y no hay nada más alto… como puede ser…

Y sí… sí que podía ser…

Al llegar al punto que yo tanto ansiaba, una curva cerrada daba paso a la otra ladera de la montaña, de donde aparecía una cumbre lejana y superior… vamos… para partirse de risa…

Voy con un dolor horrible de riñones y pienso que si a mitad de prueba voy a sí… mal voy y me empiezo a comer la cabeza… hasta que reflexiono.

De piernas voy nuevo, sin una sola molestia ni sensación de carga…

Pulso bien…

Venga ánimo… no puede quedar mucho…

Y por fin… veo la carpa del avituallamiento líquido.

Mis compañeros aparecen en menos de un minuto.

No soy el único que va con los riñones doloridos y tomamos un ibuprofeno.

Empezamos una larguísima bajada de unos 13 kilómetros que me sirven para relajar la espalda mientras hacía efecto el calmante… y voala!! Aquello desaparece como por arte de magia…

Llegamos a Juzmeana y a Barcena Mayor donde nos detenemos en el avituallamiento a comer un bocadillo, beber y hacer una parada más larga y relajada.

Allí veo a Cabri y nos comenta que el puerto que toca es el mas largo. Nos pone las cosas tal que si lo pasas con fuerzas de sobra, tienes mucho hecho a tu favor y sino… es casi imposible que completes la prueba.

Aquí Ramón se une al grupo y arrancamos juntos.

Reemprendemos la marcha, y empezamos a ascender cruz de fuentes. Unos 20 kilómetros de puerto, con un paisaje de película.

Pero la película, no acaba nunca y pasa la primera hora y aquello no se ve terminar.

Aquí cada cual tiene que poner su ritmo y subir según le dicta su cuerpo para evitar problemas.

Chelu me dice que hemos perdido a Ramón, hace un rato, y acostumbrado como estoy, me parece raro que no haya dicho que bajásemos el rimo para ir juntos.

La subida continúa y pasa el tiempo, mientras hago caso de los consejos, admirando el paisaje para no pensar en lo que queda.

A 3 kilómetros de acabar alcanzo a Unai Gonzalez, al que reconozco por sus vídeos en Youtube y con el que voy charlando animadamente, lo que me recupera el ánimo y me hace incluso disfrutar la última parte  del puerto.

De cuando en cuando miro atrás y alcanzo a ver el casco naranja… así que todo perfecto.

Bebo, relleno líquido, como algo y mando whatssapp a casa.

Miro la pendiente y allí se acerca Feli, con su casco que llega sin hablar, directo al agua.

Menos de un minuto después llega Chelu, al que también se le ha pasado el dolor de espalda. Así que estamos los tres bien y juntos que es lo más importante.

Allí un hombre con barba y unos chicos jóvenes que están de espectadores se acercan a animar y entablo conversación con él…

Me dice que lo que queda es (y pongo literalmente):

-“Es una putada, no te puedo mentir, pero venga que os veo bien…!”

Descendemos, y las nubes se ven amenazantes y negruzcas a lo lejos…. Malo….

Empezamos a ascender a Ozcaba y nos detenemos en las primeras rampas a cambiar el agua al canario, mientras empiezan a escucharse truenos a lo lejos…

Continuamos ascendiendo, por medio de un precioso bosque y de repente la tormenta descarga sobre nosotros…

Chelu y yo nos detenemos a ponernos el chubasquero y Feli dice que va totalmente mojado y que ya le pillaremos.

Al alcanzarlo, Chelu le mira y le dice a Feli:

-“Sonríe Feli…”

Quien responde:

-“Esta es la cara que tengo!!!!”

Esta el tema para pocas bromas….jajaja

Cuando caen las últimas gotas de la tormenta, llegamos al avituallamento de Ozcaba y nos detenemos buscando algo caliente que meter al cuerpo.

Por suerte, hay caldo y colacao que nos sienta genial.

Volvemos a montar sobre nuestras embarradas monturas, por caminos llenos de barro pero al menos no llueve.

Mirando a mi izquierda, veo la diagonal que trazan subiendo quienes llegan a “Venta Vieja” y unos minutos más tarde acabamos por llegar nosotros.

Bajamos con precaución y sin prisa… hay muchos hecho, estamos en buenas condiciones y no hay que echarlo a a perder por llegar antes o después…

Bajamos los tres juntos con un Chelu, crecido que ya se ha graduado en bajadas de todo tipo.

Un compañero de ruta, nos dijo kilómetros atrás dos axiomas:

1.- Si llegas al Negreo está conseguido aunque lo tengas que ascender a pie, sus terroríficos siete u ocho kilómetros.

2.- Ese puerto es una aberración.

Pero después de la jornada que llevábamos, el miedo había quedado atrás…

¿Rampas más duras que las del monte Aa? ¿Más Kilómetros que en El Moral?

Vamos que iba crecido…

Ascendemos por una pista asfaltada y se ve una pendiente impresionante en un cruce a la derecha.

Feli: -“como sea por ahí…”

Feli:-“A no, que marca a la izquierda tras esa casa…”

Feli:-“La madre que me…”

Y como dice  el refrán si no quieres taza… tazón!!

Ascendemos a “Correpoco” y por suerte la pendiente es corta, pero el terreno deja de ser asfaltado para convertirse en un camino que poco a poco deja de serlo para convertirse en una especie de rio de barro negro y piedras del tamaño de cajas de zapatos las más pequeñas y de cajas fuertes las mayores… pero que es esto!!!!

Con suerte y tirando de técnica conseguimos pasar montados, mientras muchos compañeros pasan las de Caín. Vamos que solo faltaba esto…jajaja

Comenzamos un rápido y retorcido descenso hasta acabar en una carreterica.

Al fondo, a menos de un kilómetro se ve mucho público y eso a estas alturas, ya comprendo lo que significa.

Giro a la derecha y lo reconozco de vídeos que había visto… pero en éstos… no parecía tan inclinado , ni de lejos…

La primera rampa del Negreo, se presenta como un muro, donde el publico mismo parece estar dispuesto en escalones, por la diferencia de altura entre ellos.

Me recuerda las míticas subidas del Tour de Francia, donde por las justas se ve el camino por la cantidad de gente que se aparta conforme avanzas.

Forofos con cencerros enormes mientras te jalean, mujeres aplaudiendo niños gritándote y jóvenes que se acercan para pedirte una pedalada más …

IM-PRE-SIO-NAN-TE.

Pongo todo lo que tengo y busco más coronas por si la cadena se puediera colocar sobre la cubierta trasera.

Voy a menos de 5 por hora, y me da tiempo de ver caras y gritos, puños cerrados haciendo gesto de fuerza y pedaleo. Pedaleo como si tirase de la misma tierra. Me decían que no pasaba nada por subir andando pero ahora merece la pena darlo todo.

Llego al avituallamiento. Chelu me ha dicho que tire y salimos Feli y yo  para arriba. Le esperaré arriba, hasta que llegue, me repito y pedaleo preocupado, pensando que tendré que esperar horas a mi amigo.

Curva a izquierda y la pendiente parece algo más clemente…hasta que vuelve a aparecer el hormigón rayado.

Esta es aún peor que la primera pero ya no me pilla de improviso.

Me preocupa la cantidad de participantes que arrastran maltrechos las bicis y a so que tengo que pedir paso para no echar pie a tierra.

Si tengo que desmontar, será imposible volver a hacerlo, pienso.

Culmino la rampa y giro de nuevo para encontrar la tercera. Tengo las piernas en perfecto estado así que, si tengo que vaciarme, lo haré, pero no desmonto ni aunque se me salga un ojo de tanto apretar los dientes.

Un pequeño descanso y encaro la cuarta rampa hormigonada, con más de un 30% (según dicen) de desnivel.

Me acuerdo de Cabri con su consejo de sentarse en la punta del sillín (donde llevo “acomodado” desde hace rato) y mordiendo el manillar para evitar que se levante la rueda delantera…

Y culmino… se supone que a partir de aquí la cosa sin ser una broma, ya no es para tanto.

Miro abajo y a cien metros viene el hombre de hierro con una cara que asusta, de fuerza y rabia.

Busco a Chelu por las “zetas”, más abajo y no lo diviso.

Paro a esperar (y con la excusa descanso), creo que Feli va muy mal, por la cara que trae…

Mi amigo desmonta y se acerca unos 5 metros andando… madre que drama nos espera (pienso).

Y al llegar, me dice:

-“Venga ya hemos tomado el aire…”

Que alivio!!!

Montamos y continuamos ascendiendo.

Busco a Chelu por debajo a cada curva que hacemos en la escarpada ladera.

Y cuando encaro la última recta visible del Negreo, escucho un grito:

-“Iñáki!!!!!”

BIEN!!!!

Es Chelu y no está, ni mucho menos, tan mal como yo temía.

Se ha recuperado muy bien y está dando pedales como un campeón.

Vamos hablando entre los penitentes que comparten ritmo y termino e puerto con Kike, que sin saberlo es amigo de Cabri. Un chaval muy majete al cual saludo desde aquí.

Al llegar arriba, nos detenemos a esperar, cada cual, a sus respectivos compañeros.

Enseguida llegan los míos y nos despedimos para continuar las pocas rampas que quedan del terrible pero ya derrotado Negreo.

No faltó quien casi echa alguna lagrimilla, al saberse vencedor entre la niebla cerrada que nos esperaba arriba.

Emprendemos la bajada y decidimos hacerla despacio y sin prisa.

Descendemos de forma muy relajada, mientras nos adelantan decenas de compañeros que buscan hacer tiempo.

Vamos casi anestesiados y con una sonrisa en la boca…. Lo que queda a meta es cuesta abajo y serán los 15 kilómetros más placenteros que nadie pueda nunca imaginar.

En la carretera de Ruente a Cabezón, vamos haciendo relevos y sin quemarnos alcanzamos una buena velocidad de crucero.

Entramos en Cabezón, pletóricos entre la muchedumbre que se agolpa aplaudiendo a los lados. Que bonito!!!!

Nos detenemos y tras las fotos de rigor empezamos a pensar en  nuestros compañeros, de los que no sabemos nada hace muchas horas.

Un rato después llega Ramón, recuperado y contento y mientras comemos vemos aparecer a Sierra, Jarauta y Fernando.

Solo queda Fermín…

Por fín su mujer nos dice que le ha llamado emocionado, y está empezando el Negreo. Lo cual quiere decir que lo va a terminar (¡que pasada de tío… que fuerza mental tiene!)

Nos iremos al camping a duchar, cambiar, y volvemos para recibirle y cenar.

Acabamos todos con una foto en la mítica rotonda de la bici con un sueño cumplido.

De momento hay quien dice que no vuelve… pero dejaré que las aguas se calmen y vean lo que han sido capaces de conseguir…

El año que viene…

Los Karrikiri cabalgarán de nuevo el Soplao.

 

Tiempos de paso como referencia a futuro:

  • 10:10 avituallamiento Soplao
  • 12:00 Empezamos a subir el Moral
  • 13:30 Arriba del Moral
  • 14:08 Avituallamiento Barcena Mayor
  • 15:54 Coronando Cruz de Fuentes
  • 17:10 Coronando Venta Vieja
  • 18:10 empiezo a ascender Negro
  • 20:19 Meta
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